El hilarante timo del falso Rambo
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El hilarante timo del falso Rambo

Un documental cuenta cómo la serie B turca pasó varias décadas copiando plano a plano los grandes éxitos de Hollywood

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Rambo contra Rambo, duelo de titanes

“A ver, rodaba veintitantas películas al año, ¿cómo iba a tener tiempo paraescribir los guiones?”. Lo cuenta un director turco en el documental Remake, Remix, Rip-off,y uno no puede evitar solidarizarse con él: bastante tenía el hombre con filmar y montar un filme cada quince días, como para ponerse a escribir ripios. Pero claro, de alguna parte tenían que salir los guiones…

Bienvenidos al loco mundo de la serie B turca en los años sesenta, setenta y ochenta, una fabulosa máquina pop de reciclar y versionar clásicos y blockbusters de Hollywood con total impunidad:sin permiso, calcando no ya los guiones, sino los planos, eincluso reproduciendoescenas de losoriginales (copia y pega, literalmente) y hasta cancionesde la bandas sonoras. Pirateo no, lo siguiente.

En Remake, Remix, Rip-off, que estrena estos días el festival Docs Barcelona, tiene más chicha lo que se ve que lo que se dice: escenas de la versión turca de Con faldas y a lo loco (podría ser un sketch de Muchachada Nui), inenarrables secuencias del Mago de Oz otomano (ríete tú de la falta de medios de Ed Wood), descacharrantes efectos especiales para hacer creer que el Superman turco también vuela, remixes demenciales de películas:la música de La guerra de las galaxias en mitad de unapelícula de Superman... Enefecto, es elvale todo.

Por no hablar del increíble desparrame de las versiones piratas de El Exorcista, Rambo, E.T. el extraterrestre, la saga James Bond o Rocky. En dos palabras: la juerga. Vean, vean…

Una cosa tan loca como poco reposada/meditada: “Fui un día al cine a ver Por un puñado de dólares… y al día siguiente ya la estaba versioneando”, afirma el mismo director, lo que da idea del frenesí creativo de aquellos tiempos.

Sin ley ni orden

Otro cineasta aclara la situación legal: no había situación legal alguna. Entonces no estaban regulados en Turquía los derechos de autor,“aunque ahora tampoco lo están”, afirma. Barra libre pues. Reclamaciones, al maestro armero.

Otro dato crucial para entender el éxito de estas películas de bajo presupuesto entre la audiencia turca: los originales de Hollywood se estrenaban en las zonas urbanas, pero no en el resto del país, así que los directores y productores de la serie B tenían todo el interior de Turquíapara ellos solos. Hubo un tiempo en el que Anatolia adorabaCon faldas y a lo loco, aunque nadie había oído hablar por allí de un tal Billy Willer...

Películas artísticamente risibles, si se quiere, pero industrialmente musculosas, primero en los cines y luego en las casas tras el boom ochentero de los reproductores caseros.

Si grotescas eran las películas, no menos grotescas eran las condiciones en las que se producían. Los actores, por ejemplo, se encargaban también del vestuario. “Utilizábamos la misma ropa para distintas películas”, recuerda una actriz entre ataques de risa.

Los rollos de películas se compraban a veces en el mercado negro o llegaban desdeEuropa del Este de contrabando, así que no era raro que las películas cambiaran de pronto de color en mitad de una escena. El material escaseaba; de ahí que a nadie en su sano juicio se le ocurría repetir una toma por muy mal que hubiera salido... Y luego nos quejamos de que Al salir de clase era una catástrofe...

Resumiendo: de chapuzafílmica a fenómeno pop de culto. Así están las cosas.

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