Una bomba política explota en el cine
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Una bomba política explota en el cine

El cineasta portugués Miguel Gomes ha presentado fuera de concurso 'Redemption': los 25 minutos más bellos, emocionantes e importantes que se han visto

Foto: Un fotograma de la película 'The Wind Rises', con la que el director japonés Hayao Miyazaki ha anunciado su retirada en La Mostra.
Un fotograma de la película 'The Wind Rises', con la que el director japonés Hayao Miyazaki ha anunciado su retirada en La Mostra.

Se diría que el cine vive ajeno a la actualidad, que ha dimitido de toda voluntad de reflejar e influir en el presente, no hablemos ya de la vocación revolucionaria que alentó a tantos cineastas a lo largo de la historia. Lo digo a la luz del cine que se está viendo en Venecia, que quizás algún día pueda leerse metafóricamente, pero que en estos momentos es ajeno a lo que ocurre en el mundo. Me refiero a la crisis tan económica como política que vive la vieja Europa. Por esa razón ha caído como una bomba el mediometraje Redemption, presentado fuera de concurso y firmado por el cineasta portugués Miguel Gomes, el autor de Tabú y Aquele querido mes de agosto.

Redemption imagina cuatro momentos en la vida de otros tantos personajes de los que inicialmente desconocemos su identidad. Cuatro voces leen unos textos cuyo tono confesional imbuye de una profunda melancolía a las imágenes que los acompañan, películas familiares, noticiarios, fragmentos de algunos clásicos del cine perfectamente reconocibles (Milagro en Milán).

El director portugués Miguel Gomes durante la presentación de 'Tabu', en 2012. (EFE) Un niño portugués escribe en 1975 una carta a sus padres en Angola. En Milán, en 2011, un anciano recuerda su primer e imposible amor. Mientras, en París, en 2012, un político confiesa a su hija recién nacida que probablemente nunca se podrá comportar como un verdadero padre. Finalmente, en Leipzig, en 1977, durante una boda la novia no logra sacarse de la cabeza las notas del Parsifal wagneriano. Estas confesiones, que parecen nacer de una búsqueda desesperada de redención, se atribuyen en los rótulos finales a Pasos Coelho, Silvio Berlusconi, Nicolas Sarkozy y Angela Merkel.

Todas son fruto de la imaginación del cineasta (por si acaso, lo aclara un rótulo final) y, precisamente, en su carácter ficticio radica la potencia del mensaje político que nos lanza Gomes, que ha visto cómo en los últimos años la política de recortes del gobierno portugués paralizaba la producción cinematográfica de su país y ponía en serio peligro la continuidad de una institución tan prestigiosa como la Cinemateca Portuguesa.

En demasiadas ocasiones el cine político prefiere refugiarse en el pasado; Gomes prefiere intervenir en el presente y lanzar un mensaje a nuestros gobernantes, el primero de ellos, por supuesto, el de su propio país. Cualquier película palidece ante Redemption, los 25 minutos más bellos, emocionantes e importantes que se han visto hasta el momento en Venecia.

Los últimos días de Kennedy

Calificar de cine político a Parkland puede parecer una broma, pero es precisamente la ausencia de toda lectura política (o de algún tipo de teoría conspiranoica) lo que reduce el alcance de la ópera prima del norteamericano Peter Landesman. El título deriva del nombre del hospital de Dallas al que fue llevado John F. Kennedy tras ser abatido en las calles de la ciudad texana. Circunscribiéndose al día del asesinato, el 22 de noviembre de 1963 (están a punto de cumplirse los 50 años, por si alguien pregunta por qué ahora) y a los tres siguientes, Landesman reconstruye los sucesos de esos días con un estilo que recuerda al de United 93 de Paul Greengrass.

Casi siempre con cámara en mano y con un ágil y veloz montaje, la película producida por Tom Hanks centra su atención en una serie de personajes que podrían considerarse secundarios: el médico residente del Parkland que atendió a Kennedy y dos días después a su presunto asesino, Lee H. Oswald, el hermano y la madre de este, Abraham Zapruder, el cineasta aficionado que grabó con su cámara de Super 8 la caravana presidencial y el tiroteo, una de las películas más famosas de la historia, además de varios agentes de los servicios secretos y de seguridad del presidente norteamericano.

Este planteamiento le permite a Landesman atender a aspectos que hasta el momento no formaban parte del imaginario de aquella fecha, desde los enfrentamientos entre los agentes federales y la policía de Dallas por la custodia del cadáver a las prisas por trasladar el féretro a Washington metiéndolo de cualquier manera en el Air Force One. Parkland no deja de ser un más que competente y modesto telefilm en el que trasluce la mano de un cineasta con cierto porvenir. El final, anteponiendo el entierro de Oswald a las exequias de Kennedy, dice algo al respecto.

El adiós de Miyazaki

Junto a Night Moves, la otra gran película por el momento de la competición oficial es también una de las más esperadas de esta edición de la Mostra, The Wind Rises, la vuelta (y despedida) del gran Hayao Miyazaki, cuya película anterior, Ponyo en el acantilado, data de cinco años atrás. Siendo perfectamente reconocible en su universo Ghibli, The Wind Rises no deja de presentar novedades, en especial por su planteamiento realista a la hora de abordar la biografía del ingeniero aeronáutico japonés Jiro Horikoshi, el diseñador de los famosos cazas “Zero” de la Segunda Guerra Mundial.

El director de cine Hayao Miyazaki. (EFE)Pero esta es una biopic atípica, algo que podría sospecharse tratándose de una película de animación, una suerte de biografía onírica en la que el realismo, la reconstrucción del Japón de entreguerras, con la brutal crisis económica o sucesos como el terremoto de Kanto de 1923, se combina con los sueños del protagonista, la traducción en imágenes de algo tan esquivo y abstracto como la inspiración.

Plagada de referencias culturales, desde el propio título tomado de Paul Valèry, a La montaña mágica de Thomas Mann, los mejores momentos de The Wind Rises tienen lugar no en las secuencias de aviación (una de las grandes obsesiones de Miyazaki) sino en la historia de amor entre Jiro y su esposa, la que permite al cineasta japonés sacar a relucir todo el caudal poético de su cine.

El único reproche que se le podría hacer a Miyazaki es el modo en el que constantemente esquiva los aspectos más conflictivos de la biografía de Jiro y del Japón de entonces, embarcado en una carrera armamentística que, de la mano de la Alemania nazi, llevaría al país a la Segunda Guerra Mundial. Prueba de ello, la película finaliza convenientemente justo antes del ataque a Pearl Harbour. Lo dicho, la política no está de moda. Salvo para Miguel Gomes, claro.

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