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El Festival de Almagro estrena una versión africana y zombi del mito de Don Juan
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El Festival de Almagro estrena una versión africana y zombi del mito de Don Juan

Ignacio García dirige una versión libre de ‘El Burlador de Sevilla’ con una compañía de Costa de Marfil

Foto: 'Don Juan' en Almagro
'Don Juan' en Almagro

Huye de Nápoles a España después de seducir y engañar a una duquesa. En Tarragona repite la jugada con una pescadora y en Sevilla hace lo mismo con la hija del comendador, don Gonzalo de Ulloa, al que termina matando después de un forcejeo. El rey ordena que sea apresado y nuestro protagonista busca refugio en una iglesia en la que, curiosamente, ha sido enterrado el hombre al que acaba de asesinar. Allí, ante su tumba, le invita a cenar con él esa noche. Se burla de los vivos y se burla de los muertos, es arrogante y su incapacidad de sentir empatía le aproxima a la figura del psicópata. Sabemos también que durante mucho tiempo se asociará su comportamiento con el de un seductor, un tipo carismático que enamora a las mujeres y después las deja tiradas, humilladas y rotas, aunque hoy tengamos bastante claro que fue un depredador sexual y un violador. Nuestro hombre es don Juan, ese personaje cuya creación se atribuye a Tirso de Molina, aunque recientemente se reconozca como autor a Andrés de Claramonte y, durante varias noches, en el Corral de Comedias de Almagro, este hombre recibirá la visita de aquellos a quienes hizo daño, que vuelven para hacer justicia, para vengarse, para que rinda cuentas.

Aquellos a quienes hizo daño tienen cuerpo de mujer. Son cuatro, llevan ropas oscuras, cascabeles en los tobillos, y rodean a un hombre con el torso desnudo que permanece quieto, impasible. Es el comendador. Las mujeres comienzan a cantar y a bailar, primero despacio, después con mayor intensidad, utilizando su propio cuerpo como instrumento de percusión. Minutos después, alguien pronunciará por primera vez unos versos que se convertirán en una especie de mantra: “Los muertos no están debajo de la tierra: están en el árbol que tiembla, están en el bosque que gime, están en el agua que fluye, están en el agua dormida, están en la choza, están en la multitud. Los muertos no están muertos”. El poema es del escritor senegalés Birago Diop y resuenan en el escenario y el patio de butacas del Corral de Comedias de Almagro, pero, en realidad, esta historia con ropajes de mito sucede muy lejos, en el continente africano.

Foto: Charles C. Mann. (Rob Clark)

Ignacio García lleva a escena una versión libre pero fiel al espíritu de ‘El Burlador de Sevilla’ con el título de ‘Don Juan. Los muertos no están muertos’, y lo hace con actores y actrices de la compañía de Costa de Marfil Alma Production. El montaje nació después de varios talleres organizados por el actual director del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro y el dramaturgo José Gabriel López Antuñano con estudiantes del INSAAC (Instituto Superior Nacional de Artes y Acciones Culturales) en la ciudad de Abiyán. Las jornadas de trabajo coincidieron con la pandemia y la compañía decidió entonces profundizar en la parte de este texto del siglo XVII que hace referencia a los muertos que regresan del más allá para exigir justicia a los criminales que continúan vivos.

Incoherencias

“Los muertos que se niegan a ser enterrados cuando tienen cuentas que saldar, los rituales de despedida y la limpieza de cadáveres, los cantos y bailes fúnebres marfileños representan una visión antropológica y ancestral de esta relación eterna entre los vivos y los muertos”, dice Ignacio García sobre esta puesta en escena que convierte la historia de don Juan en una fábula con danzas, música, cantos y ritos funerarios de Costa de Marfil. Y se trata de que los actores africanos no interpreten el texto de Tirso/ Claramonte, sino de que esos actores y actrices lean esa historia con otros ojos, los suyos. Pero hay alguna incoherencia en ese viaje inverso de apropiación cultural.

placeholder 'Don Juan'
'Don Juan'

“Nosotros hacemos un viaje, ahora que está tan de moda, con esta idea de la apropiación cultural, pero la usamos positivamente porque queremos que otra cultura, en este caso la marfileña, se apropie de un texto del Siglo de Oro para hacerlo desde su propia sensibilidad, con su música, con su lenguaje”, explica el director a este diario. Sin embargo, el actor Missa N'dri, que interpreta al comendador, explicó a este medio, tras el estreno de la obra, que los actores y actrices de la compañía no leyeron el texto original de Tirso de Molina, sino que trabajaron en los talleres a partir de un argumento proporcionado por López Antuñano e Ignacio García. Quizá, si la compañía hubiera realizado una lectura propia de la obra barroca, la dramaturgia hubiera ido por otros derroteros. Pero son ese director y ese dramaturgo europeos quienes definen el punto de partida, son ellos quienes resumen la historia, quienes sientan las bases argumentales de ese montaje que sí, incorporará luego ritos, bailes y danzas africanas tras un trabajo conjunto, pero nada que rompa con esa expectativa estereotipada que se genera en la cabeza de un europeo cuando lee en el programa de mano que lo que va a ver es una versión marfileña del Burlador de Sevilla. Lo rompedor hubiera sido no ver a esos intérpretes de Costa de Marfil bailando y cantando como se espera de ellos. Así que esa apropiación cultural buenista e inversa que plantea el director es más colonialista que decolonial.

Aunque el montaje sea de una plasticidad hermosa y de una organicidad hipnótica, Ignacio García y José Gabriel López Antuñano reducen la obra original a una pieza que tiene más empaque como musical que como obra de texto, reducido a la mínima expresión y ajustado a un argumento que transita por los momentos clave de la historia -enamoramiento, engaño, descubrimiento y venganza- pero que simplifica muchísimo una dramaturgia que acaba resultando pobre, aunque el texto incorpore los versos de Diop o el famoso soneto de Quevedo sobre el polvo enamorado. ‘Don Juan. Los muertos no están muertos’ es, simplificando tanto como la obra, una versión africana del mito de don Juan con zombis que cantan y bailan maravillosamente y sí, acaban haciendo justicia.

‘Don Juan. Los muertos no están muertos’. Adaptación: José Gabriel López Antuñano e Ignacio García. Dirección: Ignacio García. Reparto: Rebecca Kompaore, Eve Guehi, Missa N’dri, Kassemla Kone, Jules Daple y Armanda Achie. Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, Corral de Comedias, del 1 al 3 de julio.

Huye de Nápoles a España después de seducir y engañar a una duquesa. En Tarragona repite la jugada con una pescadora y en Sevilla hace lo mismo con la hija del comendador, don Gonzalo de Ulloa, al que termina matando después de un forcejeo. El rey ordena que sea apresado y nuestro protagonista busca refugio en una iglesia en la que, curiosamente, ha sido enterrado el hombre al que acaba de asesinar. Allí, ante su tumba, le invita a cenar con él esa noche. Se burla de los vivos y se burla de los muertos, es arrogante y su incapacidad de sentir empatía le aproxima a la figura del psicópata. Sabemos también que durante mucho tiempo se asociará su comportamiento con el de un seductor, un tipo carismático que enamora a las mujeres y después las deja tiradas, humilladas y rotas, aunque hoy tengamos bastante claro que fue un depredador sexual y un violador. Nuestro hombre es don Juan, ese personaje cuya creación se atribuye a Tirso de Molina, aunque recientemente se reconozca como autor a Andrés de Claramonte y, durante varias noches, en el Corral de Comedias de Almagro, este hombre recibirá la visita de aquellos a quienes hizo daño, que vuelven para hacer justicia, para vengarse, para que rinda cuentas.

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