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¿Kaliningrado o Könisberg? La loca historia del aislado enclave ruso que tiene en vilo a Europa
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¿Kaliningrado o Könisberg? La loca historia del aislado enclave ruso que tiene en vilo a Europa

El legendario problema de los siete puentes de la ciudad a orillas del Báltico reaparece ahora como amenaza de una tercera guerra mundial que esconde una dramática lección de historia

Foto: El río Pregolya a su paso por Kaliningrado, antigua Königsberg. (EFE/EPA/MARTIN DIVISEK)
El río Pregolya a su paso por Kaliningrado, antigua Königsberg. (EFE/EPA/MARTIN DIVISEK)
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Cuando el matemático suizo Leonhard Euler se aplicó en 1736 a resolver el célebre problema de los siete puentes Königsberg, entonces capital de Prusia Oriental y hoy capital del 'oblast' ruso en 1736 de Kaliningrado, no tuvo éxito. Se trataba de un intrincado puzle que excitó las mentes de los matemáticos y aficionados centroeuropeos a los enigmas durante décadas en los siglos posteriores y tenía que ver con el recorrido óptimo para llegar a las cuatro regiones de la ciudad que divide el río Pregolia. ¿Cómo recorrer toda la metrópoli pasando una sola vez por cada uno de los puentes y regresar al mismo punto de partida?

Si Euler en siglo XVIII —coetáneo del filósofo alemán Immanuel Kant, nacido en el mismo Königsberg— no pudo resolverlo, los analistas contemporáneos de la geopolítica mundial se han encontrado desde la caída de la Unión Soviética en 1990 con otro puzle de Kaliningrado, también irresoluble.

¿Entonces Euler no resolvió el problema de los puentes? En realidad, sí, aunque de una forma poco intuitiva para el resto: el suizo demostró que en realidad no podía resolverse. Parece un sinsentido, pero su eco resuena en el conflicto diplomático actual desatado tras la invasión de Ucrania por Rusia. Para entender el problema de Kaliningrado habría que remontarse a un problema histórico que, como los siete puentes de Königsberg, atañe a cuatro regiones distintas: Polonia, Prusia, la Königsberg de Alemania durante el III Reich, y su estatus ya rebautizada como Kaliningrado en la Unión Soviética.

placeholder Cruce de trenes en Kybartai (Lituania), lugar de paso para los trenes rusos que se dirigen a Kaliningrado. (EFE/EPA/VALDA KALNINA)
Cruce de trenes en Kybartai (Lituania), lugar de paso para los trenes rusos que se dirigen a Kaliningrado. (EFE/EPA/VALDA KALNINA)

El territorio se quedó desde 1945 en limbo del derecho internacional y, ahora, en el fragor de una nueva contienda bélica en Europa, tiene en vilo a Europa después de que Lituania haya aplicado las sanciones de la UE en un territorio ruso aislado que solo tiene fronteras con la propia Lituania y Polonia, y que evidencia una situación claramente anómala. El problema euleriano de Kaliningrado para Putin —cuya exmujer Pútina nació allí— pasa por evitar a toda costa el bloqueo de bienes y servicios debido a las sanciones europeas pese a que el español Josep Borrell, alto representante de Exteriores de la UE, ha matizado que no es tal porque sencillamente se puede entrar aunque no salir —se refiere a la exportación de bienes rusos— y obedece a las sanciones impuestas a Rusia tras su invasión ilegal de Ucrania, no a una situación de aislamiento internacional aplicado a la fuerza. La UE juega todas sus cartas, pero se arriesga también a una escala de tensión insoportable: Lituania y Polonia pertenecen a la OTAN y, si Moscú cumpliera sus amenazas, el fantasma de una tercera guerra mundial podría volver a sobrevolar el continente.

Siempre aislada

¿Pero por qué Königsberg se convirtió en Kaliningrado? Ocurrió en la conferencia de Potsdam en 1945 tras la Segunda Guerra Mundial, pero ya antes, en los albores de la Gran Guerra, Königsberg, Prusia, era también una región alemana separada de la República de Weimar primero y del Tercer Reich después, hasta que los nazis invadieron Polonia en 1939, conjuntamente con la URSS tras el pacto Molotov-Ribbentrop. Una situación prácticamente idéntica a la de Danzig y el corredor polaco, para pesadilla diplomática y territorial.

Sin necesidad de remontarse a la Edad Media —el territorio fue fundado por los caballeros teutónicos—, ni a los vaivenes de la Edad Moderna, con Polonia y Prusia como alternos propietarios, la región del 'oblast', de mayoría alemana, se consolidó a mediados del siglo XIX con la unificación de Alemania llevada a cabo por Otto von Bismarck. Más aún, desde el Congreso de Viena en 1815 que certificó la derrota de Napoleón y las nuevas fronteras europeas hasta el Tratado de Versalles de 1919, Prusia estuvo poblada por una mayoría sin discusión alemana.

Foto: Oficiales y políticos se suben a los muebles para observar la firma del Tratado de Versalles tras la Primera Guerra Mundial el 28 de junio de 1919.

El origen de los problemas territoriales se iniciaría con el final de la Primera Guerra Mundial y el Tratado de Versalles de fondo, que partieron la Prusia Oriental para premiar a Polonia con una salida al mar Báltico: el corredor de Danzig o corredor polaco, una franja de 32 por 112 km que separaba Alemania de su enclave oriental y dejaba la ciudad alemana de Danzig —ahora la ciudad polaca de Gdansk— separada del resto y teóricamente ‘libre’ bajo tutela de la Sociedad de Naciones y en la práctica bajo dominio polaco. Sí, el Imperio alemán había perdido la guerra.

El acuerdo respondía a una de esas soluciones del estilo "laboratorio diplomático”, como la definiría más tarde Arthur Koestler en 'Promise and and Fulfillment' aplicado en este caso a las ciudades ‘libres’ de Jerusalén y Belén en Palestina —tuteladas por la ONU— en los albores de la partición y creación del Estado de Israel, también al final de la Segunda Guerra Mundial. Una solución, la del corredor, que no gustaba ni siquiera a Churchill y a Roosevelt, tal y como manifestaron en los años 30: se trataba precisamente de esos territorios desgajados que pueden avivar una guerra.

Bajo el puño de Stalin

Con la Gran Alemania de Hitler a partir de 1939 y la inestimable colaboración de la URSS que invadió Polonia por el otro lado, se borró el corredor, Dánzig volvió a Alemania y Königsberg sería también parte del Tercer Reich. Pero si el de Dánzig había sido un experimento fallido, aún quedaba la zona más al norte de la Prusia Oriental, tras el colapso de los nazis. Stalin se adueñó de Königsberg sin necesidad de ningún tipo de justificación histórica, ni de población: jamás hubo rusos allí, pero, en 1945, la mitad de Europa estaba ocupada por el Ejército Rojo.

En realidad, tal y como explica Raymond A. Smith —‘The status of Kalinigrad Oblast under International law’— el líder soviético ya había puesto con anterioridad los ojos en la salida al mar báltico: “En diciembre de 1941, Stalin expresó su interés al ministro de Relaciones Exteriores británico, Anthony Eden, en agregar la región de Königsberg a la RSS de Lituania tras la conclusión de la guerra. Sin embargo, esta idea permaneció latente diplomáticamente hasta la Conferencia de Teherán en diciembre de 1943, cuando Stalin propuso que se entregara Königsberg a los soviéticos a cambio de su acuerdo con la propuesta de Winston Churchill de que la Línea Curzon sirviera como la frontera de posguerra entre Polonia y la Unión Soviética”.

La justificación de Stalin para reclamar este territorio alemán fue que la URSS no tenía puertos libres de hielo en el Báltico

La justificación de Stalin para reclamar este territorio alemán fue que la Unión Soviética no tenía puertos libres de hielo en el Báltico y que Königsberg les permitiría lograr esa ambición largamente anhelada. Aunque Franklin D. Roosevelt estuvo de acuerdo en privado, Churchill resistió al principio, con la esperanza de que los soviéticos permitieran que toda Prusia Oriental se convirtiera en territorio polaco. Sin embargo, Stalin se mantuvo inflexible y amenazó con rechazar toda la fórmula de la Línea Curzon a menos que este "reclamo mínimo" fuera suyo.

Resumiendo, Prusia Oriental había sido desgajada definitivamente de Alemania, que incluso en un tratado posterior a la reunificación del país renunció a los territorios que no formaran parte entonces de las dos Alemanias que habían quedado tras la Guerra Fría: la República Democrática y la República Federal.

La antigua Königsberg prusiana, por otra parte, había desaparecido literalmente, pues la población alemana fue expulsada de allí por los soviéticos en 1947, cuando se hizo obvio, además, que Stalin ni siquiera entregaría la zona a Polonia. Además, los bombardeos de la RAF británica durante la Segunda Guerra Mundial habían destrozado el casco antiguo: la herencia prusiana y teutónica de los siglos se había hundido con las guerras y la colonización posterior soviética.

Optimismo ingenuo

Lo más llamativo del problema de Kaliningrado con la distancia es comprobar el ingenuo optimismo de los analistas de los 90 y la década de 2000, que tendieron a analizar el problema del territorio ruso enclavado en medio de Lituania y Polonia como una oportunidad para el encuentro entre Rusia y Europa, una suerte de arreglo de los desmanes causados sucesivamente por la Primera Guerra Mundial, la Segunda y la Guerra Fría. No hace falta explicar que apenas 20 años después es escenario de otra y hasta un posible campo de batalla tras las amenazas del Kremlin a Lituania.

Mientras tanto, en todos esos años, el problema de Euler se había resuelto sin ningún nuevo teorema, a las bravas: dos de los puentes de Königsberg fueron destruidos por las bombas en la Segunda Guerra Mundial y, ante la nueva situación con los cinco restantes, ya se podía pasar sin problema una sola vez por cada uno de ellos recorriendo la ciudad para llegar, eso sí, al mismo sitio: Kaliningrado, que nunca ha sido Rusia, sino Königsberg, Prusia.

placeholder El problema de los siete puentes de Königsberg, formulado por Euler.
El problema de los siete puentes de Königsberg, formulado por Euler.

El problema ruso es otro inverso, sin embargo, Kaliningrado no era una preocupación para la URSS cuando no había puentes que cruzar para llegar allí, puesto que Lituania formaba parte de la Unión Soviética y Polonia, un estado satélite, del Pacto de Varsovia: es decir, aunque técnicamente existía la frontera polaca, en la práctica era un continuo.

Todo cambió una vez que se desintegró la URSS: Polonia se quitó el yugo de Moscú y Lituania se independizó, y creó un nuevo estado de forma que reapareció el problema de Euler en su versión agresiva geopolítica y agravado por la inclusión de ambos países en la OTAN. La solución de Putin y su amenaza parece ser la que no contemplaba nunca Euler: borrar del mapa los puentes, que es exactamente lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, se traduce, eliminando la abstracción, en amenazar militarmente Lituania, solo que quizás, a diferencia de la condición matemática, no llegaría al mismo sitio.

Cuando el matemático suizo Leonhard Euler se aplicó en 1736 a resolver el célebre problema de los siete puentes Königsberg, entonces capital de Prusia Oriental y hoy capital del 'oblast' ruso en 1736 de Kaliningrado, no tuvo éxito. Se trataba de un intrincado puzle que excitó las mentes de los matemáticos y aficionados centroeuropeos a los enigmas durante décadas en los siglos posteriores y tenía que ver con el recorrido óptimo para llegar a las cuatro regiones de la ciudad que divide el río Pregolia. ¿Cómo recorrer toda la metrópoli pasando una sola vez por cada uno de los puentes y regresar al mismo punto de partida?

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