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¿Qué es la 'autocienciaficción'? Cómo reventar la condición humana desde dentro
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¿Qué es la 'autocienciaficción'? Cómo reventar la condición humana desde dentro

La escritora Begoña Méndez publica 'Autocienciaficción para el fin de la especie', un ensayo poético con el que busca adoptar múltiples voces y explorar la identidad como grieta

Foto: La escritora Begoña Méndez. (Cedida)
La escritora Begoña Méndez. (Cedida)

En el libro del Génesis, se relata cómo dos ángeles llegaron a la ciudad de Sodoma antes de destruir la ciudad con fuego y azufre. Pasaron la noche en casa de Lot, al que avisaron de la furia que caería sobre la población si no encontraba diez hombres justos en ella. Al ver a los ángeles en la casa, los sodomitas pidieron a Lot que los entregara en sacrificio. Pero este personaje bíblico ofreció, a cambio, a dos de sus hijas. Los ángeles advirtieron a la familia aquella misma noche: si no escapaban, morirían con el castigo que Dios iba a infligir sobre la ciudad. La condición para no ser arrastrados era clara: mientras huían, no podían mirar atrás. La mujer de Lot lo hizo y, como castigo, quedó convertida para siempre en una columna de sal.

"Volver la mirada atrás implica llorar ahora, hacer del llanto denuncia. Refutar toda esperanza de la tierra prometida o los cielos protectores. Qué poco me importan las patrias perdidas o los reinos venideros; ningún territorio humano, ninguna casa de Dios podría mecerme con la morosa indolencia con la que me arrulla el mar. Qué poco me preocupa la salvación eterna, qué poco me interesa el goce futuro". La mujer de Lot, símbolo de una "desobediencia mansa", del rechazo al paraíso prometido por Dios, es solo una de las voces que la escritora Begoña Méndez adopta en 'Autocienciaficción para el fin de la especie' (Hurtado y Ortega, 2022).

placeholder Cubierta de 'Autocienciaficción para el fin de la especie'. (H
Cubierta de 'Autocienciaficción para el fin de la especie'. (H

Se trata de un ensayo poético, lírico, hasta delirado, en el que la autora busca "reventar la condición humana desde dentro", según explica a El Confidencial. La 'autocienciaficción' es, para Méndez, una especie de parodia de la denostada corriente de 'autoficción', el ensimismamiento literario que ha copado las estanterías desde las últimas décadas del siglo pasado. En su último ensayo, la escritora explora su identidad sirviéndose de la 'posesión' de varias voces: la de la mujer de Lot, pero también la de distintos iconos de la ciencia ficción reciente. Hari -la esposa suicida de 'Solaris'-, el personaje de Scarlett Johansson en 'Under the skin' o 'La Cosa', del filme de John Carpenter. A través de todas ellas, en un delirio de identidades múltiples, la autora se propone reflexionar sobre la feminidad y su peso sobre el cuerpo de las mujeres.

"Los cuerpos son carne atravesada por la palabra. Ser un cuerpo significa estar atravesado por unas construcciones culturales, unos discursos que tienen algo de lacerante para todos, porque son moldes y convenciones. De ahí surge la idea principal de 'Autocienciaficción': la de adoptar otras identidades, otros arquetipos femeninos que ya estaban escritos, para reventar esos discursos desde dentro. Para ver si, removiendo algunos cimientos, podía reventar esos moldes estrechos", explica Begoña Méndez. "El ensayo se centra en los daños de la palabra en el cuerpo de las mujeres, pero de ningún modo pienso que la masculinidad esté libre de esos daños. A mi alrededor, observo todo el rato esas masculinidades 'fuertes' que son incapaces de abrazar lo otro o lo extraño. No quiero decir que el peso de ser mujer implica más daño sobre nuestros cuerpos", explica.

"Ser un cuerpo significa estar atravesado por la palabra, por unos discursos que son lacerantes para todos, porque son moldes y convenciones"

"De hecho, con mi marido [el escritor Josep María Nadal Suau], pensaba que sería divertido escribir un ensayo a cuatro manos sobre esto. Yo, sobre las masculinidades y él, sobre las feminidades. En este sentido, creo que el daño que ejerce la masculinidad sobre el cuerpo de los hombres todavía está por pensarse". 'Autocienciaficción para el fin de la especie' llega a la trayectoria de esta escritora mallorquina tras 'El matrimonio anarquista', un ensayo sobre las implicaciones políticas, culturales y afectivas del matrimonio firmado junto a Nadal Suau.

Pero la premisa de 'Autocienciaficción' nace de una inquietud que Méndez ya plasmó en 'Heridas abiertas' (Wunderkammer, 2020), una reflexión sobre la escritura íntima, la identidad construida en el relato, a través de los diarios de varias escritoras: Sontag, Pizarnik, Vilariño, Santa Teresa de Jesús... "En los dos títulos, juego con la idea de que la identidad supone abrazar la extrañeza, abrazar lo otro. Y que, cuanto más intenta construirse y pensarse uno, más preguntas aparecen. Más huecos, más grietas. Para llenar esas heridas, huecos o como quieras llamarlo, he recurrido en este caso a otras voces que no son la mía: literarias, cinematográficas, de la ciencia ficción... He recurrido a ellas porque creo que preguntarse por la identidad puede resolverse al constuir un yo colectivo. Esa idea me interesa, porque quizá no dé demasiadas respuestas, pero sí preguntas muy fértiles", explica.

Así, Méndez dice escribir desde una grieta en la que anidan múltiples voces. Una de las ideas que atraviesan 'Autocienciaficción' es la del cuerpo como una entidad lacerada, herida tras el trauma que produce entenderse como un individuo: "Tras los muros que protegen las identidades, un montón de complementos (materiales culturales, dispositivos médicos y discursos de género) trabajan para fijarnos y hacernos reconocibles. Pero qué identidad no es fisura, qué yo no es molde cedido, qué yo no es horma rajada", propone Méndez en el texto.

Foto: Laura Chivite, 'Gente que ríe'.

"Porque un cuerpo es un proceso de negociación de límites (territorio demarcado, entidad señalizada), es también la ejecución de un corte, el producto de un descarte: lo que soy, lo que no soy. La Mujer, lo otro del Hombre. La Condición Femenina es sustancia excedentaria fuera de las murallas de la Identidad Masculina [...] Feminizar es un eufemismo muy elegante y discreto para decir que nos hacen pequeñas y nos llenan de terrores. Nos disminuyen y nos graban el miedo a fuego. Con la primera sangre que nos ensucia las bragas se inician los ritos de expropiación del cuerpo: el mecanismo mujer se pone en marcha y nos dicen que es mejor si andamos con el plexo un poquito enterrado. Una leve curvatura para que encaje bien el pavor que nos colocan encima de los hombros y sobre la espalda", propone la autora en el ensayo.

A esta idea del individuo como escisión de otro, como la grieta resultante, Begoña Méndez sugiere una serie de voces para ensayar un fin de la humanidad tal y como la conocemos. En 'Autocienciaficción', imagina la transformación a lo no-humano, a aquello despojado de género, política o identidad. Por ejemplo, en la voz de una adolescente que sufre una violación y termina transformándose en un ser anfibio retratado a lo 'body-horror'. "No recuerdo cuánto alcohol bebí ni cuántas drogas tomé. Yo era un muñeco de trapo. Sin volición ni fuerzas. Me besé no sé con quién. El tipo me metió en un cuarto y me vendó los ojos. Había un montón de chicos con los pantalones bajados. Yo estaba, sin saberlo, en el centro de un círculo. Me dijo que me arrodillara. Por turnos, me abrían la boca y me la metían. Yo ya estaba en otro mundo. No sentía nada. Uno de ellos me quitó los pantalones. Todos descubrieron mi cuerpo asqueroso, lleno de manchas y de hematomas".

Foto: La escritora uruguaya Cristina Peri Rossi. (EFE)

"Ya que asumo los cuerpos como una instancia cultural, me parece interesante entender así la humanidad, como un constructo cultural frágil. ¿Por qué no ceder los límites y tratar de buscar lo que tenemos de inhumano o de no-humano? Esta idea de los límites también me viene de Anne Carson, que sostiene que 'la civilización es una cuestión de límites', como lo es también la condición humana. De ahí mi interés por indagar en esas fronteras de la especie, en la que aparece esa adolescente que se convierte en sirena o La Cosa, ese virus que se expande en los cuerpos", explica Méndez a este periódico.

Una forma no-humana, inanimada y asexuada, como el mineral inerte en el que quedó convertida la esposa de Lot. Un poema de Wisława Szymborska da pie a la escritora para una de esas reflexiones surgidas en los márgenes de lo humano. "Miré hacia atrás apenada por mi escudilla de plata. / Por descuido, al atarme una sandalia. / Para dejar de ver la nuca justiciera de mi esposo, Lot. / Por la súbita convicción de que si caía muerta / él ni siquiera se detendría. / Por desobediencia propia de mansos", dicen los versos. Con la tesis que yace en las páginas de 'Autocienciaficción', Méndez propone una nueva lectura al castigo de la esposa de Lot. La desobediencia no supone un castigo, sino una liberación. La quietud de la estatua de sal, sin género ni cuerpo, es la última voz que le gustaría habitar: "Comprendo que la montaña de sal en que se convirtió la mujer no fue un castigo divino sino una decisión sabiamente tomada por ella misma".

En el libro del Génesis, se relata cómo dos ángeles llegaron a la ciudad de Sodoma antes de destruir la ciudad con fuego y azufre. Pasaron la noche en casa de Lot, al que avisaron de la furia que caería sobre la población si no encontraba diez hombres justos en ella. Al ver a los ángeles en la casa, los sodomitas pidieron a Lot que los entregara en sacrificio. Pero este personaje bíblico ofreció, a cambio, a dos de sus hijas. Los ángeles advirtieron a la familia aquella misma noche: si no escapaban, morirían con el castigo que Dios iba a infligir sobre la ciudad. La condición para no ser arrastrados era clara: mientras huían, no podían mirar atrás. La mujer de Lot lo hizo y, como castigo, quedó convertida para siempre en una columna de sal.

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