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Así suena una ópera escrita en un campo de concentración nazi justo antes de morir
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el 'tren de los artistas' a auschwitz

Así suena una ópera escrita en un campo de concentración nazi justo antes de morir

Antes de ser asesinado en una cámara de gas, el compositor checo Viktor Ullmann escribió toda una ópera en un campo de concentración. Su historia se recoge en un documental presentado en el Festival de Málaga

Foto: Una de las animaciones del documental. (Cedida)
Una de las animaciones del documental. (Cedida)
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En el plan de exterminio de la Alemania nazi, el campo de concentración de Terezin cumplió una función esencial: la de engañar al mundo y servir como un escaparate amable de los guetos judíos ante la opinión pública. En un cortometraje rodado y distribuido por la propaganda de Hitler en 1944, los recluidos en Terezin se mostraban leyendo, asistiendo a conciertos e instruyendo a sus hijos dentro del campo. Las autoridades apresaron en Terezin a miembros notorios de la comunidad judía, a los que no podían hacer desaparecer sin explicaciones. Así que, hasta cierto punto, a los prisioneros de Terezin se les permitía desarrollar una vida cultural tras largas jornadas de trabajo forzado. Allí murieron unas 30.000 personas, porque el campo también servía como antesala a las cámaras de gas de Auschwitz. Antes de ser asesinado en una de ellas, el compositor checo Viktor Ullmann creó una ópera, con el libreto escrito en el reverso de los formularios que pudo encontrar en Terezin. La obra, que no fue estrenada hasta 30 años después de su muerte, se titula 'El Káiser de la Atlántida'.

Ullmann y el escritor Peter Kien, que también se encontraba recluido en Terezin, completaron su ópera y se las arreglaron para que el manuscrito se conservara antes de montar en un tren a Auschwitz. El músico era el encargado de las veladas musicales que se celebraban en medio del horror. Con una orquestación reducida y un elenco formado por otros prisioneros, 'El Káiser de la Atlántida' estuvo a punto de representarse en el campo. No se conoce con exactitud cómo transcurrieron los ensayos, ni cómo se ideó la puesta en escena. Pero el órgano de gobierno de Terezin, conformado por judíos recluidos, censuró la obra y prohibió la representación. Tanto el libreto como la música constituían una provocación directa al régimen que los asesinaría unas semanas más tarde. "Se jugaron la vida", explica Sebastián Alfie, director del documental 'El Káiser de la Atlántida', recién estrenado en el Festival de Málaga. "De día, enterraban cadáveres. De noche, escribían una ópera como podían, a la luz de las velas y sin casi material". La mayor parte de los músicos que participaron en los ensayos murieron en cámaras de gas.

placeholder Cartel del documental.
Cartel del documental.

Durante tres años, el documental de Sebastián Alfie sigue la pista del manuscrito y los testimonios cercanos al campo de concentración para reconstruir las circunstancias en las que Ullmann escribió su música. Una ópera que, hasta hace pocos años, permanecía olvidada entre todos aquellos artistas que el nazismo denominó "degenerados". La ópera retrata los delirios de grandeza de un emperador que decide declarar una guerra al resto del mundo. Inmerso en su delirio imperialista, este Káiser convoca a la Muerte para encabezar su campaña militar, pero ella se declara en huelga y decide no colaborar con el dictador. La guerra recién desatada pierde todo su efecto y dramatismo, porque ninguna de las víctimas del genocida puede morir. Este libreto, con continuas burlas veladas al régimen de Hitler, resultó demasiado arriesgado para el órgano de gobierno judío del campo de Terezin. El Consejo decidió posponer el estreno y matizar toda la simbología posible. La ópera, tal y como la concibieron Ullmann y el libretista Kien, no se estrenó hasta 1975. Y, para ello, fue necesario un largo proceso de documentación, reconstrucción del manuscrito y hasta la intervención de una 'médium musical' que decía hablar con el espíritu de Viktor Ullmann para completar la partitura. Todo se documenta en el largometraje exhaustivo de Sebastián Alfie. En un ejercicio de 'microhistoria', el legado de Ullmann es un alegato artístico más contra la barbarie del Holocausto. Pero 'El Káiser de la Atlántida' surgió en el centro mismo de la barbarie.

El 'tren de los artistas'

Viktor Ullmann nació en lo que hoy es Polonia, en 1898. Después de servir como soldado en la Primera Guerra Mundial y graduarse como abogado, Ullmann estudió composición con Arnold Schoenberg y se formó en el contexto de las corrientes vanguardistas de entreguerras. Antes de ser internado en el campo de concentración de Terezin, llegó a cosechar cierta fama en la producción y composición de obras innovadoras, entre ellas algunas óperas. Antes de su detención por parte del régimen nazi, en 1942, el músico vivía en Praga. Se separó de dos de sus hijos pequeños y nunca volvió a verlos, porque fueron enviados a casas de acogida en el Reino Unido ante la cercanía de la guerra.

En 1942, el músico llegó al campo de concentración de Terezin, donde pronto recibió la tarea de organizar la vida musical permitida por las autoridades. "Terezin fue y sigue siendo para mí una escuela [...]. Antes, donde uno no podía experimentar el peso de la crueldad debido a la 'comodidad' (esa magia de la civilización), uno podía simplemente ignorarlo; era fácil crear la hermosa forma. Aquí, donde la sustancia artística tiene que conservar su forma diariamente, donde cada pedazo de inspiración divina se opone a su entorno, es donde uno encuentra una verdadera 'masterclass", escribió Ullmann en uno de sus textos biográficos del campo.

"Aquí, donde cada pedazo de inspiración divina se opone a su entorno, es donde uno encuentra una verdadera 'masterclass", escribió en Terezin

Durante los dos años que pasó en Terezin, Ullmann coincidió con el poeta checo Peter Kien, con el que colaboró para escribir 'El Káiser de la Atlántida'. La partitura de la ópera oscila entre la vanguardia musical que el compositor profesaba y el cabaret sombrío. La ironía y la crítica al régimen nazi se construye en sus referencias musicales: se citan pasajes de 'Salomé', la ópera de Strauss (uno de los compositores preferidos de Hitler), el himno de Alemania, algunos elementos del jazz y de la música afroamericana considerada 'degenerada' por el nazismo. Y el libreto ideado por Kien no se quedaba atrás. La Muerte es la antagonista de la ópera, que se declara en huelga por la indignación. Antes de la Primera Guerra Mundial —se queja la Parca— las guerras conservaban algo ceremonioso: los soldados se engalanaban con sus uniformes para enfrentarse cuerpo a cuerpo. Pero la guerra moderna se sirve de tanques y proyectiles, mata de un disparo a decenas de personas. Ante la barbarie mundial y sin rostro, la Muerte se siente incomprendida y se considera "un pequeño artesano del morir".

Aunque la obra se ensayó y estaba lista para estrenarse en el contexto de la limitada vida cultural de Terezin, terminó prohibiéndose. "A estos artistas los mataron dos veces", opina Sebastián Alfie, director del documental. "Una, cuando los enviaron a morir a una cámara de gas. Otra, cuando censuraron su obra y la dejaron morir en el olvido". En 1944, la Gestapo decidió parar todas las actividades de ocio en el campo. Ullmann y la mayoría de los músicos que habían participado en 'El Káiser de la Atlántida' fueron enviados a Auschwitz en el llamado 'tren de los artistas'. Peter Kien se encontraba entre los pasajeros, aunque no figuraba en las listas. Viajó voluntariamente porque sus padres sí tenían que subir al tren. Tenía 25 años.

Antes de subirse al tren del que nadie regresaba, el músico decidió legar el manuscrito en las manos de uno de los supervivientes del campo. Y este, a su vez, lo legó en las manos del músico británico Kerry Woodward, responsable del estreno mundial de la ópera en 1975 y colaborador en la representación que produjo el Teatro Real en 2016 y que sirve de hilo conductor para el documental. "No fue fácil", relata el músico en el documental de Sebastián Alfie. "La mitad del manuscrito eran hojas de papel separadas. El orden no estaba muy claro, había dos letras y faltaba alguna hoja". En el documental estrenado en el Festival de Málaga, Sebastián Alfie y su equipo revelaron una de los engranajes que permitieron llevar el confuso manuscrito de Ullmann al escenario por primera vez. Woodward contactó con Rosemary Brown, una pianista inglesa conocida por afirmar que los compositores muertos le dictaban nuevas obras musicales. En los años 70, estrenaba obras 'transmitidas' por el espíritu de Chopin, Liszt o Schubert, muertos décadas atrás.

placeholder El músico Kerry Woodward, en un fotograma del documental. (Cedida)
El músico Kerry Woodward, en un fotograma del documental. (Cedida)

Cuando Woodward le mostró el manuscrito en el que trabajaba, del que Rosemary no sabía nada, la pianista-médium dijo percibir el espíritu de Ullmann en la habitación y comunicarse con él. La colaboración de Brown fue necesaria para reconstruir la partitura que se estrenó en 1975. "Estábamos grabando a Kerry y nos pidió que paráramos un momento. Fue hacia un armario que tenía y sacó las grabaciones de varias sesiones con Rosemary Brown contactando con el espíritu de Viktor Ullmann", cuenta Alfie. "Al principio, lo tomé con mucho escepticismo. Pero varios compositores, entre ellos Leonard Bernstein, habían acudido a ella. Eso me dio credibilidad. Y, cuando escuché las grabaciones, Rosemary contaba detalles de la biografía de Ullmann que no tenía forma de saber en ese momento. Después se comprobó que las correcciones musicales que ella había propuesto también eran correctas", explica Alfie. "Quiero que sea el espectador el que decida el grado de credibilidad que le da a esta parte de la historia. Es un juego que planteamos en la película".

Más allá del matiz esotérico que toma la historia, la biografía de Viktor Ullmann y 'El Káiser de la Atlántida' constituyen uno de los testimonios artísticos más destacados y olvidados del Holocausto. Y el libreto de la ópera, con un dictador belicoso como protagonista, tiene resonancias evidentes en la actualidad. "La ópera llama a desconfiar de cualquier líder que nos quiera llevar a la guerra. Es tan fácil para algunos de nosotros expresarnos, expresar nuestras quejas, poner un tuit... Ellos se jugaban la vida y creo que es un ejemplo de lo que hay que hacer: levantarse y negarse a convivir con el fascismo", opina el director del documental. Entre aquellos músicos que participaron en los ensayos del campo de concentración de Terezin, solo uno de ellos sobrevivió: el que interpretaba a la Muerte. El resto falleció junto a las decenas de miles de personas que fueron víctimas de ese otro káiser, al que los músicos quisieron burlar en sus últimos días. De Ullmann solo queda una placa conmemorativa en Praga. Allí, como destaca irónicamente el documental, el nombre grabado del compositor está mal deletreado.

En el plan de exterminio de la Alemania nazi, el campo de concentración de Terezin cumplió una función esencial: la de engañar al mundo y servir como un escaparate amable de los guetos judíos ante la opinión pública. En un cortometraje rodado y distribuido por la propaganda de Hitler en 1944, los recluidos en Terezin se mostraban leyendo, asistiendo a conciertos e instruyendo a sus hijos dentro del campo. Las autoridades apresaron en Terezin a miembros notorios de la comunidad judía, a los que no podían hacer desaparecer sin explicaciones. Así que, hasta cierto punto, a los prisioneros de Terezin se les permitía desarrollar una vida cultural tras largas jornadas de trabajo forzado. Allí murieron unas 30.000 personas, porque el campo también servía como antesala a las cámaras de gas de Auschwitz. Antes de ser asesinado en una de ellas, el compositor checo Viktor Ullmann creó una ópera, con el libreto escrito en el reverso de los formularios que pudo encontrar en Terezin. La obra, que no fue estrenada hasta 30 años después de su muerte, se titula 'El Káiser de la Atlántida'.

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