Hiroshima, el 'Auschwitz' de EEUU que Japón enterró para ocultar su propio genocidio
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Hiroshima, el 'Auschwitz' de EEUU que Japón enterró para ocultar su propio genocidio

Un libro importante de Fernando Palmero y Ana Arias analiza las razones de una desmemoria flagrante

Foto: Hiroshima, año cero. (Getty/Keystone)
Hiroshima, año cero. (Getty/Keystone)

Ocurrió aquel 6 de agosto de 1945 a las 8.15 cuando explotó la primera bomba atómica sobre una ciudad, la única de la Historia junto a su hermana Nagasaki. El sonido de unas campanas, que conmemoran todas las mañanas esa hora cero, sobrecogen al lado del esqueleto en ruinas de lo único que queda en pie, el 'Genbaku Dome', la 'cúpula de la Bomba Atómica', el emblema que mejor representa el lugar en donde murieron 60.000 personas prácticamente en un instante.

Se hace difícil reconstruir los hechos, abrumado por la tenebrosa sensación de una ciudad que repite cada día ese fúnebre ritual y al mismo tiempo esconde muchas de sus claves. Lo que sonó aquel día brevemente, unos minutos antes de las 8.15, no fueron campanas, sino las alarmas antiaéreas, cuando un B-29 americano apareció amenazante en el cielo.

En Japón han gobernado siempre los nacionalistas, que no han querido revisar lo ocurrido en 1945

La historia de la bomba parece enterrada realmente en Japón, porque apenas nadie explica las causas ni las verdaderas consecuencias. Visitar la ciudad, su parque Memorial y el gigantesco museo de la Paz deja un extraña sensación. No hay nada sobre la guerra de exterminio de Japón. Nada acerca de la razón de que EEUU tiraba la bomba también con el objetivo de posicionarse con ventaja en la nueva guerra que se empezaba a librar con la URSS. Nada sobre por qué las autoridades japonesas prefierieron guardar silencio sobre el terrible acontecimiento, ni por qué todo lo relativo a la bomba parece como una desgracia "caída del cielo" y no un acto deliberado de guerra por el que EEUU ni siquiera ha pedido perdón todavía.

Sol, silencio, olvido

Es lo que les pasó a los periodistas Fernando Palmero de El Mundo y Ana Arias de El Independiente cuando viajaron allí en 2018 y decidieron escribir una pequeña joya: 'Hiroshima: Sol, silencio, olvido' (Confluencias) que se ha publicado estos días y que ahonda en cuestiones como el pacto de silencio de más de ocho décadas firmado tácitamente por vencedores y vencidos, la verdadera huella de la mayor salvajada bélica de la historia y el origen de todo el mal que acabó por tener su colofón más terrible la mañana del 6 de agosto de 1945. Lo explica a El Confidencial Fernando Palmero.

PREGUNTA. La mera visita a Hiroshima sobrecoge y desconcierta a un tiempo porque lo que encuentras allí es una pesada losa en donde el mensaje sobre la mayor salvajada de la historia es confuso.

RESPUESTA. Lo más increíble es que después de 75 años de la bomba atómica se siga interpretando aquel convencimiento histórico, que fue trascendental para la humanidad con los mismos parámetros de la propaganda de la posguerra. Eso responde en gran parte a algo que se suele pasar por alto y es que la realidad política de Japón, que ha sido gobernado desde el año 1955 por el mismo partido político, un partido nacionalista y conservador que se niega a revisar el papel del país en la historia, ha impedido que surjan nuevas interpretaciones, nuevos elementos de análisis.

No se quiere ahondar en la salvajada de Truman por la propia guerra de exterminio de Hiro Hito

Es cierto que una de las ideas que asaltan a cualquier visitante de Hiroshima es la sensación de que no se quiere ahondar en todo lo que había ocurrido antes o que sencillamente se rebaje la revindicación contra EEUU por el simple hecho de la brutal guerra de exterminio que llevó a cabo Japón durante 15 años en Asia.

placeholder ‘Hiroshima. Sol. Silencio. Olvido’
‘Hiroshima. Sol. Silencio. Olvido’

P. ¿Por qué el museo que explica aquella barbaridad es más que nada un alegato contra la energía nuclear en su conjunto y no un verdadero memorial sobre por qué se lanzó la bomba, cuáles fueron sus consecuencias...?

R. Sí, sí, no olvidemos que cuando surge el museo en 1955 que es para el décimo aniversario del lanzamiento de la bomba, acababa de terminar la presencia de EEUU en el país -que lo había ocupado hasta 1952 imponiendo incluso un modelo de constitución. Parece increíble pero es la primera vez que los supervivientes pueden hablar entre ellos, porque hasta ese momento había estado prohibido e incluso censurados los testimonios de los 'hibakusha' -el término con el que se designó a los supervivientes, literalmente 'los afectados por la bomba'. Todo esto era para evitar que se hiciera una revisión de lo que significó el papel de Japón durante sus 15 años de expansionismo en el Sudeste asiático así que se decide convertir ese museo en una alegato pacifista.

Se ha bloqueado cualquier intento de restitución a las víctimas o revisión de la historia

P. Da la impresión de que fue una operación exitosa porque cabe la tentación de pensar si el propio pueblo japonés asume que es mejor no remover nada contra EEUU para evitar que se juzguen sus propias acciones como la matanza de Nankin en China. ¿Estaban al tanto de lo que habían hecho ellos durante la guerra?

R. No, la población japonesa no fue consciente y, de hecho, lo que hizo Japón durante esos años es poco conocido también ahora en la medida en que, a pesar de que se está abriendo allí el debate de la memoria histórica, todavía los planes de estudio de ese periodo de la historia son muy opacos, entre otras cosas porque el partido político es el mismo y porque las relaciones familiares en la élite aún permanecen: el abuelo del presidente más longevo, Shinzo Abe, fue un alto dirigente del gobierno de Hiro Hito y su el líder del Partido Liberal Demócrata durante muchos años en la posguerra. Es decir que los que han dominado el discurso sobre la bomba y el papel de Japón en la guerra han sido los mismos y su objetivo ha sido enterrarlo. Esto implica que sea bloqueada no solo cualquier iniciativa de restitución a las víctimas sino también la revisión de ese periodo.

placeholder La destrucción de la ciudad tras la bomba.
La destrucción de la ciudad tras la bomba.

P. Otra de las cuestiones fundamentales sobre la bomba de Hiroshima ha sido el debate sobre si fue necesaria o no para salvar vidas, tanto japonesas como estadounidenses ¿Había que lanzar la bomba?

R. Akira Kurosawa le dijo a Gabriel García Márquez cuando este le entrevistó ya con 81 años, al final de su vida, que en todo caso ahorró muertes de norteamericanos...Yo creo que el argumento de salvar vidas le funcionó muy bien a Truman de cara al interior porque es cierto que la Segunda Guerra Mundial para EEUU es una sangría increíble especialmente en el Pacífico, un chorreo de muertes de marines y soldados de 18 años que habían sido reclutados para luchar a miles de kilómetros de distancia. Sin embargo, la verdadera urgencia era la de terminar cuanto antes la guerra. Aunque pueda parecer lo mismo, se trataba ya de sentar las bases del nuevo conflicto que se avecinaba con la URSS.

P. Bueno, es el otro aspecto clave y quizás al que más atención se le ha prestado pero, ¿realmente la bomba se lanzó para amedrentar a la URSS?

R. Claro, había un doble objetivo por eso a la hora de elegir las ciudades donde se iba a lanzar, para saber cuál era el efecto real que iba a provocar se eligieron dos ciudades como Hiroshima y Nagasaki que no habían sido previamente bombardeadas... Es terrible pero no había mejor forma de comprobarlo: así se sabía cuál era el daño concreto que se hacía, el interés aunque parezca duro, científico. El otro, que era geopolítico era para decirle a la URSS que mucho cuidado porque nosotros tenemos este arma y tú no la tienes. EEUU entiende sobre todo a partir de Stalingrado que su enemigo próximo van a ser los soviéticos y de hecho esa política de contención dura hasta el año 1949 cuando Stalin consigue el desarrollo de la bomba atómica y al año siguiente ya comenzaban los puntos calientes de la Guerra Fría que es la confrontación en Corea.

placeholder El padre jesuita Arrupe.
El padre jesuita Arrupe.

P. Luego está la otra paradoja: las bombas de Hiroshima y Nagasaki fueron a la postre una garantía para la paz es decir, pusieron en marcha la disuasión nuclear a partir del concepto posterior de "destrucción mutua asegurada" cuando la URSS obtuvo también su arsenal nuclear.

R. Es cierto que la política de contención ha funcionado, pero el riesgo se va incrementando cada vez que se van sumando países que tienen desarrollo científico y tecnológico para la bomba atómica. En la situación actual un país como Irán puede llegar a desarrollarla y es posible que no aplicara esa misma política de contención. Aún así también es verdad que ahora la Guerra Fría la vemos con distancia y nos parece que tenía una coherencia pero todo se va desarrollando sin que se pudiera prever que se llegara a un equilibrio de la política de bloques en torno a la bomba.

“Creen que son salvajes como retrata el cineasta Frank Capra en uno de los documentales

P. En el libro además tratáis todo lo que implica la propia guerra racial de EEUU contra Japón, desde los campos de concentración en San Francisco en donde encerraron a los ciudadanos japoneses que vivían allí pasando por la nueva constitución que imponen y el tratamiento que les dan.

R. Sí, los norteamericanos creen claramente que están tratando con salvajes como retrata el propio cineasta Frank Capra en uno de los muchos documentales que se ruedan tras la victoria pero esa ocupación de seis años, bastante brutal en todos los aspectos, contrasta también con la prisa que tiene el general McArthur por estabilizar rápidamente al país. De hecho la primera decisión fue la de "perdonar" al emperador Hiro Hito al que se le eximió de ningún juicio de guerra por una cuestión puramente estratégica que era la de no colgar a quien los japoneses consideraban un dios. Todo esto tuvo sus implicaciones en el relato de Hiroshima claro.

P. Hay un héroe español en Hiroshima, el padre jesuita Arrrupe, el que luego fuera jefe de la orden durante muchos años y que entonces estaba en la ciudad.

R. Sí, en Hiroshima los jesuitas tenían una casa de oración y de acogida que estaba a las afueras de la ciudad. De hecho dos de los testigos que entrevista Hershey en su mítico reportaje son jesuitas que cuentan como vieron la bomba desde lejos porque están a seis kilómetros y se van rápidamente a la ciudad en que pueden ayudar. Concretamente el padre Arrupe era además médico con lo que su labor fue muy importante en esos días, se llevan a muchos de los 'hibakusha' a su residencia para curarles las heridas. Arrupe que efectivamente luego sería primero Provincial de Japón y luego Prefecto Generala de la orden relata que ante la insistencia de las preguntas que le hacían sobre aquellos días acabó escribiendo este mágnífico libro que es 'Yo viví la bomba atómica'.

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