Caos, civilización y neurosis: Matarile lleva a escena las ruinas de Europa
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Caos, civilización y neurosis: Matarile lleva a escena las ruinas de Europa

La compañía de vanguardia desembarca este jueves en Madrid con su 'Trilogía de la fragilidad' y, por primera vez, abren a la prensa su proceso de creación

Foto: Ensayo de la pieza 'Inloca' (EDICIÓN RUSA)
Ensayo de la pieza 'Inloca' (EDICIÓN RUSA)

Lunes, 22 de noviembre. Cuatro de la tarde. Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Santiago de Compostela. En un búnker altísimo con paredes y techo de hormigón un hombre se aproxima a un micro y dice: “Europa es una habitación que se derrumba”. Es el actor Antón Coucheiro, ‘Cou’. Se le acerca Ana Vallés, directora artística de la compañía gallega Matarile, y le da indicaciones. Habla bajito y con suavidad, está probando escenas, construyendo la obra 'Inloca' con sus actores. Todo parece ir a ritmo lento. No hay urgencia, no hay gritos, no existe esa ebullición estereotipada tan asociada a los procesos de ensayos y creación en el teatro. El resto de la compañía se prueba vestuario o calienta en varias colchonetas. Son Vicente Colomar, Ana Cotoré, Claudia Faci, Celeste González, Alfredo Pérez, Alfredo Rodríguez, Ricardo Santana y Nuria Sotelo. Es la primera vez, dicen, que abren a la prensa su proceso de creación. Este jueves 2 de diciembre llegarán al Teatro de la Abadía con 'El diablo en la playa', la primera parte de este montaje.

La periodista observa desde una mesa, junto a la ayudante de dirección, Ana Contreras, que registra en su ordenador los cambios y las pautas de Vallés y Juancho Gianzo, productor, concentrado en la búsqueda de alojamientos en Madrid para el desembarco de la compañía en unos días. En otra mesa, Baltasar Patiño, director y cofundador de Matarile junto a Vallés, prueba sonido y músicas. Estamos en la cuarta semana de ensayos de su montaje más ambicioso en 35 años de trayectoria y su primera coproducción con el Centro Dramático Nacional (CDN), que dirige Alfredo Sanzol. La pieza nació durante el confinamiento y se alimentó del caos. Del caos que provocó el virus en nuestras vidas y del caos sobre el que tanto escribió el filósofo francés Gilles Deleuze en obras como 'Proust y los signos' o 'Diferencia y repetición'.

La pieza nació durante el confinamiento y se alimentó del caos

“El diablo en la playa' en realidad iba a ser la primera parte del espectáculo que íbamos a plantear para el CDN”, explica Ana Vallés en un descanso de los ensayos. 'Inloca' se estrenará el 14 de enero en el María Guerrero. Ambas obras forman parte de lo que Vallés ha llamado ‘Trilogía de la fragilidad’, que culminará con el estreno en 2023 de la pieza 'Europa después de la lluvia'.

placeholder Ana Vallés, directora de la compañía Matarile
Ana Vallés, directora de la compañía Matarile

“En 2019 empecé a trabajar con Claudia Faci y Celeste González (las dos únicas actrices de la pieza) y llegó la pandemia. Así que, para no perder la energía, 'El diablo' se convirtió en una pieza independiente. La obra surge como punto de partida de la teoría del caos de Gilles Deleuze y, a partir de ahí, apareció el tema de la distancia justa para comunicarnos, para entender el mundo y entendernos entre nosotros. Últimamente uso mucho como coletilla la frase ‘de lejos se ve mejor’, que saqué de una respuesta del director de cine Roy Andersson en una entrevista, en la que decía que el plano general de una persona, lo que la rodea, dice más de ella que el plano de su propio rostro. Y estoy de acuerdo porque si nos acercamos demasiado, perdemos la perspectiva del conjunto. Es esa falacia de la comunicación de ahora, de fotos retocadas en primer plano que no nos dejan ver nada más”, explica.

El pasado mes de mayo se pone en marcha la maquinaria de 'Inloca' y la directora comienza a escribir cartas a sus actores y actrices. Cartas, sí. Por correo electrónico y no postal, claro. En ellas les habla del origen del título: “In loca, libremente del latín ‘lugares a donde’. Y todo junto, Inloca, no loca. Un adjetivo inventado para negar la locura, lo que no supondría cuerda y, menos aún, razonable”. Les propone escuchar la canción de Vic Chesnutt 'Everything I say'. Les envía fotos de Patti Smith con un vestidazo negro; mapas antiguos; un fragmento de 'El espejo', de Andrei Tarkovski, en el que se derrumba el techo de una habitación; referencias al libro 'La idea de Europa', de George Steiner o una imagen de Notre Dame consumida por las llamas, acompañada de la frase “un arquitecto dijo: el edificio estaba tan lleno de significado que su fuego parecía un acto de liberación”.

Los actores y actrices contestarán a Ana Vallés con sugerencias de otros textos, otras fotos, otras músicas. Y, a partir del intercambio de todos esos materiales, se irá construyendo 'Inloca', un edificio en el que arde la idea de Europa.

Europa tiene la forma de nuestro cerebro

“Inloca es un paisaje, una metáfora de esos lugares a los que fantaseamos con llegar y a los que ponemos, anticipadamente, unos límites”, sostiene la directora de Matarile. “Europa es una construcción ficticia a la que hemos puesto límites geográficos, políticos, filosóficos. Y nosotros, (en la obra), ponemos en entredicho los límites del paisaje y planteamos la idea de construir una nueva Europa dejando de lado la utopía de la huida, representada hasta la saciedad”.

"Planteamos la idea de construir una nueva Europa dejando de lado la utopía de la huida, representada hasta la saciedad"

Cuenta Vallés que le interesa Europa porque todo lo que hacemos lo hacemos partiendo de nuestra condición de europeos, porque llevamos encima “una mochila y una carga de pensamiento, de iconografía, de comportamiento cultural, estamos cargados de algo común, aunque nos pese. Mi mirada y mi manera de estar en el mundo son europeas. Convivimos con eso y, además, lo hemos heredado”.

¿La obra plantea una mirada crítica sobre la construcción europea? “No quiero dar la sensación de querer poner a parir a Europa, pero ¿es un desastre? Sí. Estamos en las postrimerías de una Europa construida a base de mimar las ruinas del pasado, pero al mismo tiempo no podemos desechar el bagaje común, así que reconstruyamos a partir de ahí. No hace falta huir ni física ni mentalmente, se pueden inventar nuevos lugares en el propio lugar y creo que podemos crear algo con todos los que han creado antes: nunca pensamos ni hacemos nada solos”.

placeholder Un momento de los ensayos de la obra (EDICIÓN RUSA)
Un momento de los ensayos de la obra (EDICIÓN RUSA)

“Ven, devórame otra vez, ven, castígame con tus deseos, que el vigor lo guardé para ti, ay, ven devórame otra vez, ven, devórame otra vez…” Aquel hit lúbrico de los 80 de Lalo Rodríguez suena a todo trapo en el búnker. Pero el cantante puertorriqueño no es el único invitado a la fiesta. Lo hemos dicho antes y lo reitera Vallés: en 'Inloca' están Steiner, Tarkovski, Deleuze o Louise Bourgeois. Pero si hay alguien cuyo pensamiento sobresale en esta pieza es el escritor rumano Mircea Cartarescu. Ana Vallés incluye en la dramaturgia una adaptación de su texto ‘Europa tiene la forma de mi cerebro’, incluido en el libro 0El ojo castaño de nuestro amor' (Impedimenta), en el que habla de los tres clichés o “tres fantasías casi sexuales” en las que dividimos el continente -“Europa Occidental, Central y Oriental: la civilización, la neurosis y el caos”- y en el que explica: “Existe un gran número de Europas en el espacio y el tiempo, en sueños y en recuerdos, en la vida real y en la imaginaria. Yo reivindico para mí sólo una de ellas, mi Europa, fácilmente reconocible porque tiene la forma de mi cerebro. Y tiene esta forma porque ella me lo ha modelado desde el principio, a su imagen y semejanza. En su superficie hay arrugas y pliegues profundos, zonas motoras y zonas sensoriales, áreas del habla y áreas de la comprensión. Pero no hay en ninguna parte muros de hormigón, telones de acero ni fronteras”. La música sigue sonando y aparecen un torero y un payaso. Sobre una mesa, en un extremo del búnker, un zorro disecado observa la escena.

“La situación de las artes escénicas es una puta mierda”

Del plano general de Europa pasamos al plano general de la cultura y el teatro en España. Pero Vallés habla primero de su estado de ánimo: “Antiguamente me declaraba resistente-optimista. Después, pesimista-esperanzada. Y ahora estoy en el escepticismo. Pero, con todo, vuelve la esperanza una y otra vez, porque si no, no nos subiríamos a un escenario. Y aparece también la idea de ingenuidad, la de volver a hacer algo que sabes que no va a cambiar nada, que sabes que es solo un gesto de amor. Creo que estamos necesitados de ingenuidad, de esos gestos que no se hacen con un objetivo ni para que te vean”, explica Ana.

placeholder Durante los ensayos (EDICIÓN RUSA)
Durante los ensayos (EDICIÓN RUSA)

Ana Vallés y Baltasar Patiño fundaron Matarile en 1986, compañía con la que han estrenado más de treinta montajes, además de crear y gestionar el Teatro Galán en Santiago desde 1993 a 2008 y organizar durante 12 años el festival de danza contemporánea En Pé de Pedra. Después de volcarse en crear un proyecto cultural que impulsara la danza y la creación contemporánea, Matarile tira la toalla ante la falta de apoyos y se centra en su compañía. Pero llega la crisis del 2008 y, tras girar con su espectáculo 'Cerrado por aburrimiento', deciden darse un tiempo y parar. El silencio dura tres años, de 2010 a 2013, y vuelven a los escenarios cuando les vuelven las ganas de subirse a ellos. Estrenarán entonces obras como 'Staying alive', 'Circo de pulgas', 'Antes de la metralla', 'Los limones, la nieve y todo lo demás' o 'Daimon y la jodida lógica', entre otras. Después de todo ese viaje, dice Vallés que ahora tiene “menos paciencia y menos que perder, ya no estoy en ninguna pelea, odio las hazañas épicas, esa pelea por estar y ser visible (…) Tras años de desgaste en esa actitud de resistencia, te planteas dejarla porque el paisaje es inhóspito y no reacciona y dejas de pedirte a ti misma situarte en una posición que seguramente fue épica y fantasmal, cuando creímos que todo estaba por hacer”.

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Durante los ensayos de 'Inloca' (EDICIÓN RUSA)

¿Cómo de inhóspito es hoy el paisaje de las artes escénicas en España? “Si en general la situación escénica en España es una puta mierda, Galicia es la ralentización de la mierda. Es saber que va a suceder lo mismo año tras año. ¿Cómo no te vas a situar fuera de la resistencia? No tiene ningún sentido. Por eso me estoy alejando también de Slavoj Žižek, que parece que defiende el mal que nos hace mejores, siempre con la resiliencia, ya no puedo con eso”, contesta Ana Vallés.

“Si en general la situación escénica en España es una puta mierda, Galicia es la ralentización de la mierda. Va a suceder lo mismo año tras año"

En ese paisaje pandémico perduran unos males endémicos que, según la directora de Matarile, se han agudizado: “No hay protección, al contrario, hay menoscabo y menosprecio continuados. Solo hace falta mirar a otros países de Europa, con unas condiciones que nos suenan a ciencia ficción. El confinamiento nos llevó a reforzar la situación de miseria en que vivíamos. En España se vive en la miseria, la alta cultura se gasta millones y por otro lado estamos los demás. La situación es de desproporción absoluta”.

Un referente que apenas actúa en Galicia

Baltasar Patiño, que se ha sumado a la conversación, escucha a su compañera y, cuando termina, le dice: “No te veía tan oscura desde hace tiempo”. Sin embargo, Juancho Gianzo, productor, distribuidor y jefe de prensa de la compañía, apunta que “los presupuestos municipales destinados a artes escénicas se han reducido en un 40%” y recuerda que Matarile apenas consigue entrar en los teatros gallegos, en parte porque sus montajes “son en castellano -hay ciudades como Pontevedra donde solo hemos actuado una vez, en 1986-, y en parte porque el lenguaje contemporáneo no es bienvenido en Galicia, te lo puede decir cualquier compañía de danza o de teatro”. A eso se suma que “no hay directores artísticos al frente de los espacios, sino técnicos, que no viajan ni están al día de las propuestas”.

"Los presupuestos municipales destinados a artes escénicas se han reducido en un 40%"

Patiño cree que “ha habido una falta crónica de apoyo institucional a la compañía por motivos políticos y lingüísticos. Hemos actuado más en el País Vasco que en Galicia. Los grandes regalos que nos han hecho nos han venido de Madrid, del Teatro de La Abadía, del Festival de Otoño o de la propuesta para dirigir un Valle Inclán que Gerardo Vera le hizo en su día a Vallés, aunque ella rechazó hacerlo. Estamos muy a nuestro aire, creo que es eso lo que pasa, pero, institucionalmente, nunca hemos tenido apoyo exterior. Por ejemplo, (en materia de subvenciones) presentamos 'Inloca' al Ministerio de Cultura y al Instituto Gallego de las Artes Escénicas, y la puntuación artística que obtenemos en el primero se sale de la tabla y en el segundo está al 30 o 40%. Las comisiones que puntúan a las compañías siempre tienen un carácter político y la manera de rebajarnos las ayudas es castigarnos en las puntuaciones subjetivas”.

”¿Por qué os quedáis en Galicia? “Yo también me lo pregunto, pero decidimos quedarnos aquí a pelear y porque tenemos nuestra vida asentada aquí, nos resultaría duro marcharnos, no te creas que no me jode”.

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