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De Trump a los 'indepes' catalanes; los múltiples tentáculos de la extrema derecha
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De Trump a los 'indepes' catalanes; los múltiples tentáculos de la extrema derecha

El historiador italiano Steven Forti desgrana en su libro 'Extrema derecha 2.0' cómo los partidos radicales se han introducido en la sociedad y cómo se han hecho con la hegemonía cultural

Foto: El ultraderechista italiano Salvini con una esteleda independentista catalana
El ultraderechista italiano Salvini con una esteleda independentista catalana

Hace poco más de una semana, una respuesta de Steven Forti (Trento, 1981) truncó la constructiva, por dialogante, serie de entrevistas sobre su último ensayo, 'Extrema derecha 2.0. Qué es y cómo combatirla', publicado en Siglo XXI. El historiador italiano afincado en Barcelona rehuía a la precisión de nombres con una explicación más de contexto, donde definía a Junts per Catalunya como un mejunje nacionalpopulista Twitter se inundó de comentarios agresivos de independentistas radicales, y no tanto, sobre lo esgrimido por Forti, tildándolo, como él mismo colgó .en su cuenta, de falangista y pirado mientras pedían su denuncia a la universidad en la que imparte sus clases. La guinda fue un tuit donde una cuenta con identidad falsa alentaba a partirle la cara.

placeholder 'Extrema derecha 2.0', de Steven Forti
'Extrema derecha 2.0', de Steven Forti

El primer caso era, según Forti, una réplica de los usos trumpistas y salvinistas en redes sociales. El segundo una muestra de 'hate speech', el discurso de Odio. En este sentido, su libro había generado un espejo de sus argumentaciones finales, como si una forma de combatir a esa nueva extrema derecha fuera desnudarla ante la opinión pública por reacciones y métodos de acción en las mismas.

La obra de Forti, y el autor es muy consciente, nada en un mar de términos, siglas, geografías y periodos históricos muy difíciles de navegar porque raramente sus caminos se juntan con exactitud. Pueden ser una internacional de carácter global, pero en cada país o región varían directrices y tendencias. La confusión puede paliarse con un buen orden a la hora de diseccionar el cuerpo.

Fantasma del pasado

Aquí, se empieza con algo bien lógico. La identificación de extrema derecha con fascismo, término banalizado hasta la extenuación por su pésimo empleo, se corresponde a una comparación facilona por no estudiar cómo fueron los antecedentes fundacionales, a nivel canónico establecidos a principios de los años veinte en Italia con el ascenso de Benito Mussolini al poder. A este le acompañaría en la órbita europea el nazismo de Adolf Hitler, extendiéndose la influencia en otros países, como España o Portugal.

placeholder Reunión entre Mussolini y Hitler
Reunión entre Mussolini y Hitler

Durante la segunda posguerra mundial, la resaca de la derrota y la reticencia de los dirigentes a cambiar de postulados y estética, supuso un rotundo retroceso en sus posiciones. Olían a fantasma del pasado, con una liturgia antediluviana y dañina. Tras el 68, nació en Francia la Nouvelle Droite, con un lenguaje renovado, oponiéndose a la mezcla de culturas dentro de una misma sociedad, mientras abogaban por el derecho de los pueblos a mantener sus propias tierras.

La infiltración en el sistema tuvo distintas fases, siendo el preludio de la actual la explosión tras la caída del muro de Berlín, cuando, poco a poco, la democracia liberal entró en crisis por desconfianza de la ciudadanía en los partidos políticos, la debilidad de los sindicatos, incapaces de cumplir su función con los trabajadores, el derrumbe de las ideologías y la incerteza, suma de todos estos trances, acentuada por la velocidad vital e informativa.

Tras la caída del muro de Berlín la democracia liberal entró en crisis por desconfianza de la ciudadanía en los partidos políticos

El planeta se ha poblado de formaciones con características similares, algunas de ellas aupadas a lo más alto, hasta sacudir los cimientos geopolíticos de la época. Las victorias de Trump y Bolsonaro, son paradigmáticas, con las múltiples consecuencias de sus mandatos. Asimismo, China podría enmarcarse en el conjunto, si bien, como Rusia, disputan otra liga.

placeholder Steven Forti (Twitter)
Steven Forti (Twitter)

En Europa, donde Forti acota los episodios, el decálogo de esta extrema derecha iría de la mano desde el ultranacionalismo, un identitarismo exacerbado, la soberanía por encima de la Unión Europea, conservadurismo en el ADN, una buena dosis de islamofobia, un no sin paliativos a la inmigración y enfocar el fascismo como un eco lejano, casi inaudible. La deriva de la izquierda, para muchos sin responder a las urgencias de su target, allana la pasarela para cuajar este decálogo en la calle y la arena política.

Extrema derecha: ultranacionalismo, un identitarismo exacerbado, la soberanía por encima de la Unión Europea, conservadurismo

En el Viejo Mundo, suele vincularse la financiación de muchos de estos partidos, del Front National a la Lega, con el Kremlin. Cuando le pregunto qué hay de cierto en esta inyección rusa para beneficiar a este tipo de formaciones, responde que “es difícil saberlo con precisión porque nos falta información al respecto. Lo que sabemos es que el Frente nacional francés recibió varios millones de euros de bancos rusos vinculados al Kremlín y que la Liga –como muestra el caso Metropol donde Gianluca Savoini, hombre de total confianza de Salvini, se reunió con dirigentes muy cercanos a Putin en Moscú– intentó lo mismo". Y prosigue: "El Ibiza Gate mostró lo mismo en el caso del FPÖ austriaco. Orbán, por otro lado, tiene una excelente relación con Putin y ha cerrado varios acuerdos con Moscú. Pero esta es solo la punta del iceberg. Hay que investigar más. Hay que añadir también todo lo que es la desinformación llevada a cabo por las granjas de trolls creadas por el Kremlin: no se trata de financiación directa a un partido de extrema derecha u otro, pero actúan como fuerza de choque en el entorno digital para difundir sus mensajes y allanarle el camino".

placeholder Putin y Viktor Orban (REUTERS)
Putin y Viktor Orban (REUTERS)

El populismo y la orgía de la distracción

El otro ingrediente de la ecuación típica para calificar a estos partidos siempre incluye populismo. El desarrollo de la palabra y su aplicación a la realidad ha sido, es y será fuente de muchos debates. Una de sus victorias en la extrema derecha 2.0 es la hegemonía en la guerra cultural, al plantear temáticas muy rebajadas que, bien alimentadas con un ruido insoportable, introducen en el escenario ejércitos de acólitos, activos o robóticos. Otras carpetas con más importancia quedan apartadas del mismo, sin asomar la cabeza por culpa del alocado calendario del día a día, siempre con nuevos trending topic en esa clínica orgía de la distracción.

Para Forti, “una de las características de esta extrema derecha 2.0 es el tacticismo exacerbado: lanzan globos sonda para ver si un tema funciona para polarizar más la sociedad y aumentar el consenso. Pueden cambiar de tema rápidamente, inclusive de una semana para otra, sin aparentemente entrar en contradicción. Piénsese en la actitud de Vox en los primeros meses de la pandemia: antes se debía cerrar todo, un par de semanas más tarde se debía abrir todo. Lo que pasa es que la memoria es cada vez más corta y casi todo el mundo se olvida de lo que se dijo hace seis meses o incluso hace tres días. Evidentemente, los cambios en el entorno mediático y la rapidez debida a las redes sociales facilita todo esto, así como el tema de que estamos viviendo en la era de la posverdad y de que existe una profunda desconfianza hacia las instituciones".

No importa la contradicción. Vox en los primeros meses de la pandemia: se debía cerrar todo. Y un par de semanas más tarde se debía abrir todo

El profesor de la UAB añade que “todo esto, efectivamente, permite distraer a la ciudadanía, al quedar lo importante relegado por un sinfín de vuelos y nimiedades. Los tuits nocturnos de Donald Trump lo ilustrarían. Sacaba de foco cuestiones más importantes, y problemáticas para él, mientras ganaba iniciativa política y marcaba la agenda, siguiéndole los demás sólo sea para criticarlo.”

La clase trabajadora

Otro de los tópicos sobre esta extrema derecha versa sobre cómo han captado el voto de la antigua clase obrera, desatendida por los gobiernos y compradora del programa electoral de Le Pen, Salvini o Abascal. Esta creencia más o menos arraigada oscila según el país. En España, VOX registró muchos sufragios en distritos militares, barrios pudientes y cosechó buenos resultados en algunas periferias. Muchas de sus papeletas han sido trasvases del PP y Ciudadanos, así como la Lega de Salvini, quizá ahora Fratelli de Italia, heredó el campo de la Forza Italia de Berlusconi.

placeholder Abascal en un mitin en Las Palmas (EFE)
Abascal en un mitin en Las Palmas (EFE)

El caso del Front National es arquetípico para enterrar otro mito, el de un proletariado occidental fiel a la izquierda. Los Le Pen tienen un feudo en el mundo rural, con un votante no sólo masculino como garantía en las urnas. En el Reino Unido, sin ir más lejos, en zonas desindustrializadas se ha blindado el giro de laboristas a conservadores.

La atomización, pluralidad y, paradójicamente, el ultranacionalismo, con detalles inherentes a cada territorio, son una barrera para combatirlo. Forti sugiere una respuesta poliédrica, con medidas desde abajo. Desde las instituciones, deben plasmarse cordones sanitarios como el alemán. De lo contrario no hay duda de cómo la extrema derecha 2.0 recibe complicidades. Este veto de consenso ayuda a evitar la infiltración de los ultras en el entramado público. Desde esta tesitura, el Parlamento constituye un muro de contención y una salvaguarda de la Democracia al determinar sus conductas.

placeholder Marine Le Pen (EFE)
Marine Le Pen (EFE)

En Hungría, nada frenó el despiece de Viktor Orbán y su Fidesz. El Estado magiar, ya sin la República en su nombre, es como el laboratorio avanzado de la extrema derecha 2.0, con control de los aparatos de comunicación, previsible hegemonía de su relato, un liderazgo con altos índices de popularidad y leyes condenadas por la UE, quien, sin embargo, no la expulsa de su membresía. La dictadura democrática húngara junto a Polonia son “una de las paradojas tácticas de estos partidos, en este caso en el poder. Fidesz y Ley y Justicia no quieren sacar a Hungría y Polonia de la UE porque la gran mayoría de su población es europeísta y reciben miles de millones de euros de Bruselas, entre ayudas, fondos de cohesión y ahora el NGEU. Lo que quieren es quedarse en el club, pero hacer lo que les da la gana y, obviamente, frenar una posible mayor integración. Así que criticar a Orbán porque recorta derechos, pero al mismo tiempo continuar a financiarlo es un error garrafal. Lo que se debería hacer es ponerle un aut-aut claro a estos gobiernos: si no respetáis el Estado de Derecho y la Carta de derechos fundamentales de la UE, os cortamos el grifo. Esto los pondría en crisis realmente porqué sus gobiernos se basan en el clientelismo y la corrupción.”

"Criticar a Orbán porque recorta derechos, pero al mismo tiempo continuar a financiarlo es un error garrafal"

Una mirada al Procés

En su ensayo, Forti aborda el Procés sin intención de dedicar un capítulo a su omnipresencia mediática durante casi dos lustros. Dentro de toda la heterodoxia, queda inserido en una fórmula sui generis, remarcada cuando los partidos independentistas se adhieren al cordón sanitario del Parlament contra VOX, cuando meses atrás habían rubricado un pacto casi para jurar no acordar nada con el PSC.

placeholder Carles Puigdemont (REUTERS)
Carles Puigdemont (REUTERS)

Junts y el tipo de relato de este decenio se han dotado de una parafernarlia nacionalpopulista, más nítida tras 2017 en representantes de la vieja Convergència, con tintes y afinidades muy a la extrema derecha. Le pregunto a Forti sobre cómo en Catalunya, pese a todos estos signos, nunca encuadran en el imaginario colectivo ciertas conductas con esta ideología. “En Catalunya, afirma, se ha hecho pasar la idea de que cualquiera que es independista es democrático frente a una España supuestamente autoritaria y con tics franquistas. Ahora bien, es evidente que una gran parte del movimiento independista es demócrata, pero hay una parte, por cierto cada vez más ruidosa y radicalizada, que no lo es y que, además de franjas ultraminoritarias como el FNC, ha encontrado acomodo dentro del extraño mejunje que representa JxCAT.”

A este silencio sobre estos comportamientos, declaraciones y ensoñaciones no mayoritarias de extrema derecha ha contribuido el aparato de los medios públicos y algunos privados, hasta normalizar anomalías. Para Forti, y concluye, “esta propaganda ha influido para que una gran parte de la población lo vea como la normalidad y que otros eviten decirlo para evitar problemas y ser tachados de “colonos”, “ñordos” o “fachas”, neolengua en consonancia con otras latitudes donde la extrema derecha ejecuta la misma melodía desde otros parámetros. La extrema derecha 2.0 ha venido para quedarse".

Hace poco más de una semana, una respuesta de Steven Forti (Trento, 1981) truncó la constructiva, por dialogante, serie de entrevistas sobre su último ensayo, 'Extrema derecha 2.0. Qué es y cómo combatirla', publicado en Siglo XXI. El historiador italiano afincado en Barcelona rehuía a la precisión de nombres con una explicación más de contexto, donde definía a Junts per Catalunya como un mejunje nacionalpopulista Twitter se inundó de comentarios agresivos de independentistas radicales, y no tanto, sobre lo esgrimido por Forti, tildándolo, como él mismo colgó .en su cuenta, de falangista y pirado mientras pedían su denuncia a la universidad en la que imparte sus clases. La guinda fue un tuit donde una cuenta con identidad falsa alentaba a partirle la cara.

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