Científicos dan respuesta al misterioso origen de las momias del Tarim
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Científicos dan respuesta al misterioso origen de las momias del Tarim

A finales de la década de 1990, tuvo lugar el hallazgo de restos humanos momificados de forma natural de aspecto físico 'occidental'

Foto: Imagen de 'La Bella de Xiaohe', encontrada en Xinjiang Uyghur. (Creative Commons)
Imagen de 'La Bella de Xiaohe', encontrada en Xinjiang Uyghur. (Creative Commons)

El estudio genómico de las momias de la cuenca del Tarim, ubicada en el oeste de China, ha desvelado que estos enigmáticos restos humanos pertenecen a una población indígena que, en la Edad del Bronce, estaba genéticamente aislada, pero era culturalmente cosmopolita.

La revista 'Nature' ha sido la encargada de difundir estas conclusiones, las cuales han sido extraídas de una investigación a los habitantes en la Prehistoria de la región autónoma de Xinjiang Uyghur. Se trata de un lugar emplazado en medio de la Ruta de la Seda que está considerado un cruce de caminos para la cultura, la agricultura y los idiomas de Oriente y Occidente.

A finales de la década de 1990, en la cuenca del Tarim de Xinjiang Uyghur, tuvo lugar el hallazgo de cientos de restos humanos momificados de forma natural que datan de entre el 2000 a. C. y el 200 d. C., de aspecto físico 'occidental'. El descubrimiento reveló que esta población vestía ropas de lana tejidas y de fieltro, y seguía una economía basada en el ganado vacuno, ovino y caprino, el trigo, la cebada, el mijo y el queso kéfir.

El análisis a las momias

Estas momias, enterradas en ataúdes con forma de barco en mitad de un desierto, han supuesto un verdadero misterio para la comunidad científica. De hecho, han surgido numerosas teorías sobre su origen. Algunos expertos estiman que, por el ganado y su inusual aspecto físico, podría tratarse de los yamanaya, una población de pastores de la Edad de Bronce procedente de las estepas rusas que en pocos siglos se propagó por el resto de Eurasia.

Foto: Imagen de archivo de un pastel (Unsplash)

Otros sitúan sus orígenes entre las culturas de los oasis localizados en el desierto de Asia Central del Complejo Arqueológico de Bactriana-Margiana (BMAC), un grupo con fuertes vínculos genéticos con los primeros agricultores de la meseta iraní.

Para intentar dar respuesta a esta incógnita, los investigadores de la Universidad de Jilin, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania), de la Universidad Nacional de Seúl (Corea) y de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) han estudiado los datos del genoma de 13 momias (fechadas entre 2100 y 1700 a. C.) y de cinco individuos (de entre 3000 y 2800 a. C.) de la vecina cuenca de Dzungarian.

Los individuos de la vecina cuenca de Dzungarian eran descendientes de los afanasievo

El equipo ha concluido que estos restos naturalmente momificados no pertenecen a individuos foráneos, ya que parecían ser descendientes directos de una población del Pleistoceno que estuvo muy extendida y que había desaparecido en gran medida al final de la última Edad de Hielo. Este 'grupo', conocido como los antiguos euroasiáticos del norte, sigue presente en los genomas de las poblaciones actuales, especialmente en los indígenas de Siberia y América, que tienen las proporciones más altas (40% aproximadamente).

Sin muestras de mezcla

Si se compara con individuos del tiempo presente, las momias de la cuenca del Tarim no muestran signos de mezcla con ningún otro grupo del Holoceno (hace aproximadamente 11.500 años). En su lugar, forman un aislamiento genético desconocido hasta el momento y que seguramente sufrió un cuello de botella genético extremo y prolongado antes de asentarse en la cuenca del Tarim.

Por el contrario, el análisis de los restos de los individuos de la vecina cuenca de Dzungarian reveló que eran descendientes de las poblaciones locales y de los pastores esteparios occidentales, los afanasievo, un grupo con fuertes vínculos genéticos con los yamanya de la Edad de Bronce Temprana.

Foto: Se quedaron “realmente impactados” al ver el pie y la “manita” del feto. (Unsplash)

La investigación indica igualmente que los grupos de la cuenca del Tarim estaban aislados genéticamente, pero no culturalmente, hipótesis que demostró el análisis proteómico de su cálculo dental que confirmó que sus individuos practicaban la cría de ganado vacuno, ovino y caprino, y conocían bien las diferentes culturas y tecnologías de su entorno.

"Pese a estar genéticamente aislados, los pueblos de la Edad de Bronce de la cuenca del Tarim eran notablemente cosmopolitas desde el punto de vista cultural", concluye Christina Warinner, autora principal del estudio, y profesora de Harvard.

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