'Spaceship Earth': el alucinante experimento real que ensayó cómo colonizar otros planetas
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DOCUMENTAL EN FILMIN

'Spaceship Earth': el alucinante experimento real que ensayó cómo colonizar otros planetas

El documentalista Matt Wolf recupera las imágenes de archivo del proyecto y entrevista a los biosferianos que permanecieron dos años aislados dentro de la Biosfera 2

placeholder Foto: Los biosferianos frente a un primer prototipo de lo que más tarde se convirtió en Biosfera 2. (Filmin)
Los biosferianos frente a un primer prototipo de lo que más tarde se convirtió en Biosfera 2. (Filmin)

"Biosfera: conjunto de medios en los que se desarrollan los seres vivos. Conjunto de los seres vivos del planeta". En Oracle, cerca del desierto de Sonora en Arizona, todavía hoy se levanta el edificio futurista de cristal y aluminio que destaca sobre la tierra seca. Dentro de sus 1,3 hectáreas de extensión, las cúpulas transparentes guardan en su interior "una selva de 1900 m², un océano de 850 m² con un arrecife de coral, un manglar de 450 m², 1300 m² de sabana, un desierto de 1400 m², 2500 m² de tierras cultivables" y varias instalaciones para alojar a los cuatro hombres y cuatro mujeres que permanecieron aislados en su interior desde el 26 de septiembre de 1991 hasta el 26 de septiembre de 1993 en la que fue la primera gran construcción de un ecosistema autosuficiente cerrado, la Biosfera 2, en vistas a ensayar sobre las necesidades del ser humano en el caso de que éste intentase colonizar otro planeta. Casi treinta años después de este experimento único, el cineasta Matt Wolf ha estrenado en Filmin 'Spaceship Earth' -podría traducirse como 'Nave nodriza La Tierra', un documental que rescata aquella aventura improbable que se convirtió en el circo mediático del momento y que hoy apenas nadie recuerda.

Tráiler de 'Spaceship Earth'

Financiado por Ed Bass -heredero de la cuarta fortuna más importante de Estados Unidos, basada en el petróleo-, el programa costó 200 millones de dólares de la época, lo que ahora equivaldría a unos 326 millones de euros, una cantidad que no parece desorbitada frente a la ambición del proyecto. Pero lo más sorprendente, más allá de las dimensiones y la innovación de la iniciativa, es descubrir que detrás de todo este reto de la ingeniería, la biología y las ciencias en general no se encontraba un grupo de reputados científicos, sino una organización de idealistas nacida en los últimos coletazos del movimiento hippie que tenían casi tanto de actores, gurús y espíritus libres que de reputados investigadores.

Después de estudiar en Harvard -entre otras universidades- y de trabajar en la metalurgia, en 1963, con 34 años, John P. Allen decide echarse al hombro el petate y recorrer el mundo como aventurero. A su vuelta a Estados Unidos, Allen fundó una compañía de teatro vanguardista, El Teatro de Todas las Posibilidades. Y preguntarán, ¿qué tiene que ver la vida de un caricato trotamundos con la Biosfera 2? Allen fue el principal impulsor de la construcción del ecosistema cerrado junto a un grupo de colaboradores cercanos con los que vivía en comunidad y con los que había construido, entre otras cosas, un barco bautizado Heráclito con el que había recorrido el mundo estudiando la diversidad marina desde 1975. La 'familia' creada por Allen estaba compuesta por artistas, activistas y biólogos de formación heterodoxa y en las que las ciencias, las letras y las artes se entremezclaban sin una jerarquía y sin una intención más allá que comprender el mundo. En su momento, los medios de comunicación peor intencionados compararon la asociación con una secta.

placeholder Los ocho integrantes del equipo de Biosfera 2. (Filmin)
Los ocho integrantes del equipo de Biosfera 2. (Filmin)

El grupo sobrevivió a base de pequeños proyectos y actividades con las que consiguieron autofinanciarse hasta que en su camino se cruzó Bass, que permitió que sus pretensiones se elevasen de categoría. Desde que comenzó la construcción de la biosfera en 1987 hasta que se puso en marcha la misión en 1991, Allen y compañía buscaron y entrenaron a voluntarios dispuestos a pasar dos años encerrados y monitorizados por el bien de la ciencia. Durante esos cuatro años, los candidatos aprendieron a cultivar, a criar animales, a reparar maquinaria y a recoger datos para que, llegado el momento, los ocho biosferianos pudiesen sobrevivir sin necesitar ni ayudas ni recursos del exterior. También recorrieron el mundo recogiendo especímenes de diferentes especies animales y vegetales para crear una suerte de arca de Noé, un comienzo necesario para imaginar cómo podría construirse una colonia en Marte o en la Luna en un futuro que ellos no adivinaban tan lejano.

Gracias al metraje de la época -tanto de los reportajes de televisión como las procedentes del sistema de cámaras de la biosfera- Wolf reconstruye el impacto del proyecto en los medios y cómo éste afectó al correcto desarrollo del experimento. Wolf reproduce la rutina dentro de la biosfera, con sus inquilinos repartiéndose las tareas y los cuidados de todos los seres vivos dentro de la estructura: en un ecosistema tan pequeño, cualquier acción humana tenía un efecto directo y notable dentro del ecosistema. Explica Linda Leigh en una de las entrevistas del documental cómo debían escoger los cultivos más productivos y reducir la ingesta de calorías para que aquello fuese sostenible durante dos años. Uno de los participantes del experimento, el excéntrico médico Roy Walford, había utilizado su propio cuerpo como campo de pruebas de cómo la restricción calórica, a largo plazo, podría ayudar a mejorar la salud y a aumentar la longevidad. Walford afirmaba que siguiendo su dieta un ser humano sano podróa vivir hasta los 120 años.

placeholder Los edificios y cúpulas que conforman Biosfera 2. (Filmin)
Los edificios y cúpulas que conforman Biosfera 2. (Filmin)

Como cualquiera puede predecir y en tanto en cuanto ni usted ni yo ni nadie vive actualmente en Marte podemos presumir, sin miedo al 'spoiler', que el experimento no salió del todo bien. Primero porque no contó con la aprobación de la comunidad científica, que veía Biosfera 2 más como un programa de "ecoentretenimiento" que un trabajo científico serio del que se pudiesen extraer conclusiones válidas y, segundo, porque a pesar de todos los cálculos y toda la investigación previa, el factor imprevisible siempre acaba siendo el humano. Los biosferianos tuvieron dificultades de convivencia a medida que el experimento comenzó a mostrar sus deficiencias, llegando incluso a poner en peligro su vida. Y el escrutinio público y científico no fue en absoluto benévolo con esta utopía.

'Spaceship Earth' propone, además, una lectura macroeconómica del cambio social y de pensamiento acaecido desde el fin de los años sesenta, la década del activismo ecológico y los derechos sociales, hasta hoy, cuando las grandes corporaciones marcan los tiempos de la legislación ecológica en favor de sus propios intereses y no los de una ciudadanía cada vez más ensimismada. Como sorpresa final la aparición de uno de los personajes más oscuros de la historia política reciente de los Estados Unidos -no revelaremos el nombre-, que actúa como antagonista de los protagonistas y como resumen de un poder económico que se hace con el control de un proyecto ideado para el beneficio común simplemente para explotarlo, pervertirlo y destruirlo. Un canto a los últimos hippies que sobreviven, como pueden, escondidos en sus propias reservas intentando salvar lo que dan de sí sus manos de un mundo que languidece y enferma.

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