Bajo la sombra del Vesubio: ¿realmente Plinio murió por la erupción del volcán que asoló Pompeya?
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Bajo la sombra del Vesubio: ¿realmente Plinio murió por la erupción del volcán que asoló Pompeya?

Un extraordinario ensayo histórico de la especialista británica Daisy Dunn desgrana las vidas paralelas de un tío y su sobrino

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Representación de la flotilla con la que Plinio el Viejo se habría dirigido al Vesubio

Las viñas alfombraban aquella ladera célebre por su fertilidad cuyos vinos se apreciaban en todo el Imperio romano. Sus habitantes eran conscientes de que bajo aquel Edén bullían poderosas energías telúricas que se manifestaban cada tanto en forma de temblores y terremotos. Pero la tierra era tan pródiga y hermosa... ¿Quién iba a preocuparse por los signos cada vez más frecuentes de que estaba a punto de abrirse la mismísima puerta del infierno? Y cuando ocurrió, cuando el Vesubio entró en erupción en el año 79 d.C. y sepultó bajo toneladas de lava y piedra pómez las prósperas villas de Pompeya y Herculano y a miles de sus habitantes, dos hombres estuvieron allí para contarlo, uno murió por ello incluso y tal vez no sepamos tan bien como creemos lo que le ocurrió. Eran tío y sobrino, el primero de 55 años, el segundo de 17. Y los dos se llamaban Plinio.

Recuerda Daisy Dunn en 'Bajo la sombra del Vesubio' (Siruela) que durante casi un milenio se pensó que Plinio el Viejo y Plinio el Joven habían sido una misma persona. Solo tras una serie de asombrosos descubrimientos en los siglos XV y XVI pudo al fin diferenciarse al almirante de la flota romana y erudito autor de la primera enciclopedia conocida por el nombre de la 'Historia Natural' de su sobrino abogado y senador que ocuparía importantes cargos administrativos durante la dinastía Flavia y se cartearía de manera habitual con el emperador Trajano. Ambos se vieron por última vez una tarde de verano en una suntuosa villa del cabo de Miseno en el golfo de Nápoles cuando un penacho de humo asomó en el horizonte.

placeholder 'Bajo la sombra del Vesubio'. (Siruela)
'Bajo la sombra del Vesubio'. (Siruela)

'Bajo la sombra del Vesubio' es tal vez el mejor libro publicado este año en nuestro país. Un extraordinario ensayo histórico en torno a los dos Plinios tan apetitoso para el intelecto como de feliz lectura. Lo que logra aquí la británica experta en el mundo clásico Daisy Dunn parece sencillo, pero no debe serlo: fusionar la historia con la vida de sus protagonistas, agitar hechos y deliciosas anécdotas, despejar un mirador a la Roma Antigua donde observamos a prósperos ciudadanos en sus cuitas cotidianas, enfriando el vino con nieve, discutiendo sobre la moralidad de comer marisco, urdiendo versos, conjuras, nepotismos, familias. Plinio el Viejo es el sabio fascinante al que su curiosidad le llevó a la muerte. Plinio el Joven se salvó de milagro, heredó la fortuna de su pariente y vivió una larga vida que quedó registrada en su abundante correspondencia que hoy leemos con deleite. Pero ¿qué pasó exactamente aquella tarde en la bahía de Nápoles?

El incidente

Pudo ocurrir el 24 de agosto del año 79 como recoge la tradición o tal vez el mismo día de octubre como creen hoy los historiadores. La madre de Plinio el Joven fue la primera en observar "una nube extraña y enorme que se alzaba como sobre una especie de tronco alargado y se extendía en forma de ramas" al otro lado del golfo. Su tío historiador, naturalista y militar laureado suspendió por un momento el estudio para otear el horizonte. ¿Qué era aquello? Debía averiguarlo. Ordenó que le prepararan un barco y preguntó a su sobrino si quería acompañarle, pero este declinó, salvando así su vida. Justo antes de embarcar recibió una carta de su amiga Rectina que vivía a los pies del Vesubio en la que, aterrorizaba, le daba cuenta de la erupción y suplicaba ayuda. Empujado ahora tanto por la curiosidad como por su sentido del deber, Plinio el Viejo se echó a un mar embravecido con una flotilla de cuatrirremes mientras una lluvia de ceniza comenzaba a caer sobre ellos.

Ordenó que le prepararan un barco y preguntó a su sobrino si quería acompañarle, pero este declinó, salvando así su vida

Transcurrieron horas angustiosas de navegación en las que el almirante se negó a dar la vuelta pese a las súplicas de sus marineros porque, decía, "la fortuna ayuda a los valientes". El agua ardía saturada de rocas ígneas e impedía el acceso a la costa por lo que la misión tuvo que cambiar de rumbo y dirigirse a Estabia, una ciudad portuaria a diecisiete kilómetros de Pompeya, al sur del Vesubio. Atracaron allí al caer la noche y recibió al sabio, su amigo Pomponiano, que tenía ya hechas las maletas y esperaba vientos favorables para huir. Plinio mostró entonces una serenidad impresionante, pidió bañarse antes de la cena que disfrutó sin prisas, sosegó los ánimos de sus histéricos anfitriones que no podían apartar la vista de las llamas que escupía la montaña y se durmió sin dificultad.

Poco después, debido a la acumulación de ceniza y piedra pómez ante la puerta de su habitación que amenazaba con dejarle atrapado, los sirvientes despertaron a Plinio y tuvo lugar una reunión urgente para tomar la decisión definitiva sobre el siguiente paso a tomar. Optaron por huir atando almohadones sobre sus cabezas para protegerse del infernal pedrisco. El amanecer despuntaba semejante a la noche, "solo que una noche más negra y más densa que todas las noches que hubieran existido". Plinio se adelantó hasta la orilla con el fin de averiguar si aún era posible escapar. Pero el viento seguía contrario y la mar, gruesa. Se tumbó sobre un lienzo en la playa, pidió por dos veces agua fresca y entonces les embistió una nube ardiente de flujo piroclástico. Plinio intentó levantarse, pero se derrumbó.

placeholder 'El último día de Pompeya' (Karl Briulov, 1830-1833)
'El último día de Pompeya' (Karl Briulov, 1830-1833)

Lo encontraron muerto al día siguiente y su sobrino, que por su parte había luchado con éxito al otro lado de la bahía por salvar su vida y la de su madre, concluyó que su tío había fallecido asfixiado por los gases tóxicos. Pero, advierte Dunn en su libro incorporando así una intriga inesperada, el cuerpo de una víctima de impacto térmico suele estar rígido y con los puños contraídos como pudo observarse cuando fueron desenterradas tantos en Pompeya, mientras que el cadáver de Plinio se mostraba, por el contrario, intacto y plácido. Más que muerto, parecía dormido.

¿Qué ocurrió?

Es increíble que existan hasta 22 hipótesis acerca de una de las pocas muertes de grandes personajes de la Antigüedad que está tan documentada. Muchos años después de la muerte de Plinio el Viejo, su sobrino le contaba lo ocurrido por carta al historiador Tácito a requerimiento de este último: "Me pides que te cuente el final de mi tío, para poder transmitirlo a la posteridad de la manera más verídica". ¿Más verídica que otras? Ya por entonces circulaban diversas versiones del deceso, se citaba incluso un posible suicidio, y Plinio el Joven quiso fijar la suya como testigo privilegiado de una vez por todas para acallar las habladurías y salvaguardar la honra de su excelso pariente. Pero uno de los mayores especialistas plinianos, el francés Guy Serbat, apunta a otra opción en su prolija y admirable introducción a la versión de la 'Historia Natural' publicada en español por Gredos. La contradicción es la siguiente: ¿cómo es posible que una autoridad como Plinio, la más alta del lugar, se comporte con semejante tranquilidad e inconsciencia al llegar a Estabia? "Hay una sola explicación: él está ya medio vencido por el grave mal que acabará con él en las primeras horas del día siguiente".

placeholder Esculturas de Plinio el Viejo y Plinio el Joven en Como (Italia), su posible lugar de nacimiento
Esculturas de Plinio el Viejo y Plinio el Joven en Como (Italia), su posible lugar de nacimiento

"Algunas hipótesis hay que descartarlas absolutamente", afirma Serbat, "como la de una asfixia por los gases. No solamente el lugar estaba barrido por un viento violento que impedía la concentración tóxica suficiente sino que, sobre todo, si tal hubiera sido el caso, habrían muerto también sus compañeros. Y, por otra parte, una muerte por asfixia no hubiera dejado el cuerpo en la actitud tranquila en la que fue hallado. (...) Son los médicos los que han formulado las hipótesis más plausibles sobre las causas del fallecimiento de Plinio. De sus reflexiones podemos quedarnos con que Plinio sucumbió a una crisis cardíaca, sin duda a un infarto de miocardio".

Una muerte por asfixia no hubiera dejado el cuerpo en la actitud tranquila en la que fue hallado

Así, el obeso y muy sedentario Plinio habría sufrido un infarto en el barco a punto de llegar a su destino, habría desembarcado hecho ya un despojo y lo que su sobrino enmascara en su relato evocando la calma del estoico habría sido en realidad el recibimiento y cuidado a un hombre gravemente enfermo al que cazaría la parca al pie del Vesubio pero no debido a la erupción.

Vivir es estar despierto

'Bajo la sombra del Vesubio' dedica sus primeras páginas a la erupción volcánica que sepultó a Pompeya y Herculano en un sarcófago de endurecida lava negra durante siglos hasta que, en 1738, un ingeniero militar español llamado Roque Joaquín de Alcubierre iniciara las excavaciones de ambas villas congeladas en el tiempo y sacara a la luz sus espléndidos murales, sus bien nutridas bibliotecas, sus teatros y sus numerosísimos burdeles. Pero el libro es mucho más. Perseguimos en sus páginas, en el incomparable escenario del primer siglo del Imperio, las vidas de dos hombres tan parecidos como distintos. A ambos les dominaba la pasión por el estudio y el trabajo que a duras penas les dejaba dormir ('Vida vigilia est' - "Vivir es estar despierto"). El Viejo era una auténtica fuerza de la naturaleza que vertió en su 'Historia natural' lo leído en más de dos mil volúmenes que citaban investigaciones de geógrafos, botánicos, médicos, artistas, parteras y filósofos griegos y romanos. El Joven fue una figura política importante de su tiempo, sobrevivió al Vesubio y fue abogado, senador, (mal) poeta, coleccionista de villas, supervisor de alcantarillados y embajador personal del emperador.

El Viejo era una fuerza de la naturaleza y el Joven fue una figura política importante

Concluye Daisy Dunn: "Plinio el Viejo y Plinio el Joven fueron hombres renacentistas de su tiempo. Bajo sus estatuas en la catedral de Como sus fructíferas vidas se detallan en cuatro paneles: Plinio el Viejo aparece primero en su estudio rodeado de libros, leyendo, ajeno a los ciudadanos que se agolpan ante su puerta. En la siguiente escena se aleja del volcán, impasible y sereno mientras el Vesubio entra en erupción y envuelve en llamas a los aterrorizados habitantes de Campania. Su sobrino aparece absorto en la lectura en su estudio. Cuando termina sus investigaciones, se dirige al Senado, sube a un podio, y allí se dispone a pronunciar su discurso dedicado a Trajano. Tras respirar hondo, comienza a hablar..."

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