El Juli suplanta a Ayuso en la reapertura de Las Ventas
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El Juli suplanta a Ayuso en la reapertura de Las Ventas

El estrés electoral no alcanzó a profanar el acontecimiento de Las Ventas. Prevaleció la noticia del reencuentro. Y sobrevino la disciplina o la ortodoxia de las tardes de siempre

placeholder Foto: El novillero Guillermo García torea en la reapertura de Las Ventas. (EFE)
El novillero Guillermo García torea en la reapertura de Las Ventas. (EFE)

Llegamos a Las Ventas hablando de política y nos fuimos hablando de toros. Que si la maestría ecuestre de Ventura. Que si la plenitud de El Juli. Que si la espada de Manzanares. Que si la tauromaquia hipnótica de Perera. Que si el debut ilusionante de Guillermo García...

Era la manera de celebrar la reapertura de Las Ventas. Y de resarcirse de los peligros que revestía la injerencia de la propaganda política en la vigilia de la jornada de reflexión. Porque estaban 'anunciados' en Las Ventas Díaz Ayuso, Casado y Almeida, la Santísima Trinidad del PP, pero los contratiempos de la agenda les impidieron personarse en el ruedo de Madrid y atribuirse la resurrección de la tauromaquia como si la hubieran redimido ellos.

Los timbales y los clarines estremecieron la tarde de Madrid a las seis en punto de la tarde. No se escuchaban desde el 13 de octubre de 2019. Y se percibieron como la estridente sirena que alerta a los náufragos. Así han debido sentirse los aficionados a los toros de Las Ventas en estos 18 meses de abstinencia. No ya por la disciplina de parones invernales, sino por el escarmiento del coronavirus y porque Díaz Ayuso había clausurado los ruedos de la comunidad.

"Vuelven los toros a Las Ventas. ¡Gracias, Ayuso!", decían los papeles del PP

La decisión obedecía a motivos sanitarios y a criterios preventivos, pero no resolvía la incongruencia de acuerdo con la cual los madrileños podían asistir al teatro o a la ópera en espacios cerrados y en porcentajes de ocupación bastante superiores al 60%. ¿Por qué no podía abrirse la plaza de Las Ventas siendo, como es, un espacio abierto y civilizado?

La duda se ha despejado en sospechosa o flagrante coincidencia con el desenlace de la campaña electoral. No podía haber mejor fecha que el 2 de mayo para convertir la reapertura de la primera plaza del mundo en un ceremonial político y propagandístico de la presidenta. Así constaba explícitamente en los volantes electorales que el voluntariado nos entregó a los aficionados. “Vuelven los toros a Las Ventas. ¡Gracias, Ayuso!”, decían los papeles del PP.

Y Las Ventas ha vuelto a abrirse, pero también se ha vuelto a cerrar. No existe noticia de que vaya a reemprenderse la actividad de la plaza, entre otras razones porque la comunidad —titular del inmueble— y la empresa que gestiona la plaza —a cambio de un canon de 2,8 millones de euros— no terminan de ponerse de acuerdo en la forma de reconducir el contrato. O sea, que Las Ventas fue protagonista de un amago de reapertura y de un contubernio político.

Los ajustes de agenda de última hora o las advertencias de la Junta Electoral impidieron a Ayuso signficarse en un baño de masas

Era una manera de reclutar a los votantes y de sugestionar a los 6.000 espectadores que agotaron las localidades disponibles —el aforo completo alcanza los 23.000 asientos—, aunque la gran artífice de la operación política decidió ausentarse de la ceremonia. Se la esperaba. Y se le había dispuesto un homenaje a medida de la matriarca libertaria, pero los ajustes de agenda de última hora —el cierre de campaña, previsto a las 20:30, se adelantó a las 19:00— o las advertencias de la Junta Electoral respecto al uso propagandístico de los actos de gobierno —ya sancionaron a Ayuso por otro acto en Las Ventas— le impidieron significarse en un baño de masas.

Volvían los toros a Las Ventas en una tarde de primavera y de entusiasmo. Estaban llenas las terrazas aledañas. Y se percibía un ambiente de cierta normalidad, pese a la escena disciplinaria de 6.000 espectadores enmascarados. Se pusieron de pie el atronar el himno nacional. Y se jalearon vivas a España enfatizando un desgarro patriotero que no definía ni la heterogeneidad del público —mucha afluencia de jóvenes— ni todas las sensibilidades políticas reunidas.

No iban a escaparse los toros a las arbitrariedades de la campaña del 4-M. Porque Iglesias quiere prohibirlos. Porque Abascal quiere simplificarlos al costumbrismo de la fiesta nacional. Y porque Díaz Ayuso aspiraba a convertir la reapertura de la plaza en una nueva demostración de las libertades que hemos recuperado los madrileños. Pan y toros.

Foto: El torero Pablo Aguado. (Jorge Álvaro Manzano)

Menos mal que el estrés electoral no alcanzó a profanar el acontecimiento de Las Ventas. Prevaleció la noticia del reencuentro. Y sobrevino la disciplina o la ortodoxia de las tardes de siempre. O sea, la hostilidad del tendido 7, el trajín de los cabestros, los episodios de tedio y los pasajes de plenitud, no ya con la actuación premonitoria de Diego Ventura (dos orejas) en la 'obertura' ecuestre del festival, sino con la actuación soberbia y rotunda de El Juli. Impresionaron el temple y la hondura en el manejo de los avíos, pero también lo hicieron la elegancia, el desmayo y el refinamiento que dieron cuerpo y vuelo a su faena.

Se diría que El Juli estaba protagonizando una nueva mutación, ahora que ha cumplido con creces los 20 años y que ha perfeccionado las formas, las maneras. Tuvo a su favor la clase de un bravo ejemplar de Garcigrande, pero también el mérito de cruzar una nueva dimensión, más o menos como si el rigor de la cuarentena le hubiera servido para aquietarse.

La fuga de los espectadores al filo de las 21:00 pareció una falta de respeto al chaval, que demostró excelentes maneras

No salió a hombros El Juli por razones sanitarias, pero fue la referencia absoluta de una tarde interesante que penalizó en el sorteo a Ponce (ovación) y a Ureña (ovación); que puso en evidencia el poder de Manzanares (oreja) y la madurez de Perera (una oreja), y que hubiera resultado más honesta y coherente si no llega a producirse una indecorosa desbandada de aficionados antes de lidiarse el séptimo de la tarde. Le correspondía al novillero debutante Guillermo García, así es que la fuga de los espectadores al filo de las 21:00 tanto pareció una falta de respeto al chaval como contradijo las lamentaciones por 18 meses de abstinencia: ¿qué sentido tenía escaparse de Las Ventas después de haber orado tanto por su reapertura?

El castigo a los 'fugitivos' consistió en que se perdieron las cualidades de un torero de excelentes maneras y de gran pureza que representa en sí mismo la idea del porvenir. Y que marcó territorio en Las Ventas sin miedo a dejarse coger por el bravo novillo de El Parralejo. Oreja de ley.

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