La enigmática 'pirámide sepultada', el hallazgo que 'mató' a su descubridor
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UBICADA EN SAQQARA

La enigmática 'pirámide sepultada', el hallazgo que 'mató' a su descubridor

Hace varias décadas, un equipo de arqueólogos dirigido por Zakaria Goneim descubrió los restos de una estructura desconocida. Poco sabía que aquello sería el principio de su fin

Foto: Los restos de la 'pirámide sepultada' de Sekhemkhet. (CC/Wikimedia Commons)
Los restos de la 'pirámide sepultada' de Sekhemkhet. (CC/Wikimedia Commons)

Egipto siempre ha presumido de ser una de las civilizaciones que más misterios esconde de todos los tiempos. Durante miles de años, sus secretos estuvieron ocultos por el paso del tiempo, pero en el siglo XIX eso cambiaría de manera radical: comenzaría una verdadera fiebre por tratar de desvelar cualquier enigma relacionado con uno de los pueblos más poderosos de todos los tiempos: pirámides, sarcófagos y tesoros ocultos provocaron una locura que, a día de hoy, continúa más viva que nunca. Y muchos secretos aún siguen sin desvelarse.

Eso es, precisamente, lo que ocurre con la conocida como 'pirámide sepultada'. De sobra son conocidas las pirámides de que Keops, Kefrén y Micerinos, al menos exteriormente, pues aún guardan ciertos enigmas en su interior. Posiblemente junto a este trío, la pirámide escalonada de Djoser sea otra de las más conocidas de Egipto, pero lo que muy poca gente sabe es que, a pocos metros de ella, se encuentra una pirámide que a mediados del siglo XX se convirtió en el centro de atención del mundo y que terminó por condenar a su descubridor.

Foto: Turistas disfrutan de un paseo a camello delante de la pirámides en Guiza. (EFE)

Corría el año 1951 cuando un equipo de arqueólogos encabezado por el egipcio Zakaria Goneim se encontraba trabajando junto a la pirámide escalonada. Cuál sería su sorpresa cuando, tras una investigación rutinaria en el entorno de esta, en Saqqara, encontraría, por casualidad, una serie de cascotes y ruinas bajo las dunas. El equipo pronto se puso a trabajar y no tardaron en descubrir que se trataba de los restos de una pirámide. ¿De qué podría tratarse? Cuando los arqueólogos desenterraron las primeras inscripciones, pronto descubrieron qué era: una pirámide levantada por el gran arquitecto real Imhotep en honor de Sekhemkhet, sucesor de Djoser y tercer faraón de la Dinastía III.

Sin embargo, las investigaciones pronto revelarían el motivo por el que esta pirámide no se encontraba en el radar de los expertos y de la que nadie sabía nada: se quedó a medio construir. Según pudo saber el equipo de Goneim, Sekhemkhet tenía intención de levantar una pirámide más grande que la escalonada, pues contaría con una base de 132 metros y una altura de siete escalones, hasta alcanzar los 70 metros. Sin embargo, su breve reinado, de solo seis años, provocó que la pirámide nunca se acabará y quedará a medio construir. El paso del tiempo y la arena del desierto terminaron por enterrarla en el olvido.

Goneim era consciente de que lo que tenía ante sí podía ser un verdadero tesoro. Ya a mediados del siglo XX, los saqueos y la venta ilegal de todo tipo de elementos del Antiguo Egipto se habían convertido en la norma. El arqueólogo egipcio sabía que podía ser el descubrimiento del siglo: una pirámide enterrada, de la que nadie sabía nada, y que, en un primer vistazo, aparentaba estar completamente sellada. Su equipo siguió investigando y, a cada paso que daban, los motivos para la euforia eran mayores: todo apuntaba a que nadie había entrado en su interior desde que fue levantada por Imhotep.

Una pirámide desconocida, llena de tesoros, con la cámara funeraria sellada y con un sarcófago cerrado en su interior. ¿Qué podía salir mal?

Tardaron más de dos años en localizar su entrada, ubicada en la cara norte, y las buenas noticias seguían llegando: la puerta también estaba sellada. Cuando consiguieron abrirla, ante ellos apareció un corredor descendente de varios cientos de metros; al llegar al final, tres grandes bloques de caliza bloqueaban en el paso. Efectivamente, se confirmaba que nadie había pisado en el interior de la pirámide. Tras varios meses de trabajo, consiguieron retirarlos, lo que dio lugar al acceso a un nuevo corredor, que estaba repleto de joyas de grandioso valor: se confirmaba que la 'pirámide sepultada' no había sido saqueada. ¿Que se encontrarían en su interior?

El equipo, tal y como explica 'National Geographic', hizo un inventario de todo lo que se fue encontrando por el camino: 21 brazaletes de oro, 388 cuentas de oro huecas, 420 cuentas de fayenza —una cerámica hecha de cuarzo— fachadas en oro, los restos de un cetro real cubierto de oro y un estuche de oro en forma de concha para almacenar pigmentos. El hallazgo ya había valido la pena, pero querían ir más allá: ¿estaría el propio faraón enterrado en su pirámide? Pocas fechas después, tras conseguir acceder por completo al final del corredor, llegaron al punto cumbre de la investigación: la puerta de la cámara funeraria, que también se encontraba sellada.

Antes de dar un paso más, Goneim se puso en contacto con el Gobierno egipcio, explicándoles lo que habían descubierto. Una pirámide desconocida, llena de tesoros que nadie había robado, con la cámara funeraria sellada y, posiblemente, con un sarcófago en su interior que podría guardar el cuerpo de Sekhemkhet: en caso de ser así, estarían encontrando al primer faraón del reino antiguo enterrado en su tumba, un hallazgo incluso por encima del descubrimiento de la tumba de Tutankamón. Las explicaciones pronto convencieron al presidente Gamal Abdel Nasser, que no dudó en convertir el descubrimiento en un espectáculo. Sin duda, estaba ante una campaña promocional que daría la vuelta al mundo.

El acto final

Fue el 26 de junio de 1954 cuando todo se puso en marcha para desentrañar el secreto final, en un acto en el que el propio Abdel Nasser decidió estar presente. Tras abrir la puerta sellada de la cámara funeraria, efectivamente había un sarcófago en su interior, que también se encontraba completamente cerrado. Varios trabajadores movieron a pulso un par de centímetros la tapa, para poder colocar unas cuñas que dieron lugar a la entrada de unos ganchos conectados a una polea para levantar la pesada piedra, de más de tres toneladas. Tras un trabajo de varias horas, el mecanismo consigu levantar la tapa…, pero el sarcófago se encontraba vacío. No había nada dentro.

La decepción fue evidente y, a partir de ese momento, corrieron diversas teorías para explicar por qué estaba vacío el sarcófago, siendo lo más popular que, al quedar a medio construir, nunca llegó a ser utilizado por el faraón. Este descubrimiento 'fallido' siempre persiguió Goneim, que incluso fue acusado por otros arqueólogos rivales de haber robado alguno de los tesoros hallados en esta cámara con el objetivo de enriquecerse, algo que no era cierto.

De hecho, no fue la única acusación que recibió, pues también fue señalado por robar un recipiente de oro hallado en la pirámide de Djoser. A pesar de que dicho artefacto fue hallado en un almacén del Museo Egipcio de El Cairo, su nombre y su reputación ya habían quedado manchados: el 12 de enero de 1959, Goneim apareció ahogado en el Nilo. Qué pasó con él sigue siendo un misterio: ¿suicidio o asesinato? Nadie lo sabe a día de hoy, pero lo cierto es que el descubrimiento de la 'pirámide sepultada' término siendo el principio del fin de su carrera.

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