arqueología

La gran invasión: cuando los agricultores de Oriente conquistaron y esclavizaron Europa

Hace entre 9000 y 5000 años los cazadores recolectores que habitaban Europa fueron completamente sustituidos por nuevos habitantes que llegaron del Levante; ¿qué ocurrió?

Foto: Inhumaciones de Gougenheim.
Inhumaciones de Gougenheim.

Los primeros habitantes de Europa fueron cazadores igualitarios de piel oscura y ojos azules, sobrevivieron a la última glaciación —cuando el Cantábrico se heló por completo y temibles banquisas aparecieron frente a las costas del norte de la península ibérica— pero aparentemente no a la irrupción de una masa superior en número de feroces campesinos llegados de Oriente de piel blanca, ojos negros e inquebrantable organización jerárquica que acabaron desplazándolos. Entretanto también mantuvieron relaciones sexuales, lo que permitió que un puñado de genes de aquellos ancestros primitivos viaje aún hoy en nuestras células.

Los potentes y cada vez más rápidos métodos de secuenciación genética, capaces de extraer de pardos fósiles milenarios datos que los historiadores del pasado nunca pudieron imaginar, han permitido emerger la verdadera historia del poblamiento pasado de Europa aclarando y, en ocasiones, enmendando los hallazgos siempre parciales y confusos de la vieja arqueología. Y el resultado es tan sorprendente como inobjetable: hace unos 10.000 años comenzaron a llegar a Europa sucesivas oleadas de orientales que en los siguientes cinco mil se alzaron como los amos del continente obligando a los cazadores-recolectores originales a refugiarse en lugares remotos y aislados —como la península ibérica—. La historia completa de esta gran invasión la cuenta uno de los mayores paleogenetistas actuales, el alemán Johannes Krause en el deslumbrante 'El viaje de nuestros genes' (Debate), firmado junto al escritor y divulgador Thomas Trappe y traducido al español por Jorge Seca.

'El viaje de nuestros genes' (Debate)
'El viaje de nuestros genes' (Debate)

Hasta hace poco, el consenso de los historiadores dictaba que, aunque la agricultura y la ganadería neolíticas habían nacido originalmente en el Creciente Fértil de Oriente Medio al término de la última glaciación hace unos 11.500 años, posteriormente los cazadores-recolectores europeos la fueron inventando por su cuenta en diferentes lugares propicios del continente. Pero esto hoy es insostenible. La historia comparativa de los genomas de los fósiles hallados en yacimientos y de los europeos actuales cuenta que la agricultura llegó del este, fue desplazando poco a poco a unos cazadores que observaban con recelo a los recién llegados —aunque también en ocasiones se mezclaron con ellos— y finalmente alrededor de hace 5.000 años una nueva y aún más demoledora invasión en esta ocasión de jinetes de las estepas —ayudados por el recién nacido bacilo de la peste— se adueñaron del continente. Y así, según Krause, la historia de Europa es la de sus migraciones.

¿Cómo fueron exactamente las relaciones entre aquellos originales cazadores morenos y los pálidos campesinos recién llegados? Inquietantes, según ultimísimos descubrimientos arqueológicos que mostrarían los primeros ejemplos conocidos en la historia de esclavitud.

Amos y esclavos

Aquellos huesos descubiertos en un enterramiento en Gougenheim, en la Alsacia francesa, datado hace unos 6.000 años, contaban una historia inquietante. Algunos cuerpos habían sido depositados con respeto reverencial pero otros que los acompañaban fueron arrojados de cualquier manera y presentaban amputaciones y signos de quemaduras. El análisis del ADN mitocondrial reveló que los primeros pertenecían a agricultores de origen oriental mientras que los segundos eran cazadores recolectores, tal vez esclavos sacrificados para acompañar a sus señores en su muerte. Es la tesis de algunos investigadores que recoge la escritora y periodista científica Laura Spinney en un reciente artículo publicado en 'Investigación y Ciencia'.

Algunos cuerpos fueron depositados con respeto reverencial pero otros fueron arrojados de cualquier manera con amputaciones y quemaduras

Como refleja Johannes Krause en 'El viaje de nuestros genes', con la agricultura entraron en escena la jerarquía y el dominio, la acumulación de excedentes por parte de unos pocos, la guerra a gran escala, la esclavitud. Los primitivos cazadores-recolectores europeos se movían de un sitio a otro en pequeñas comunidades de iguales y trabajaban lo justo. Una vez cobrada la pieza de la jornada, disponían de un dilatado tiempo de ocio como jamás hemos vuelto a conocer. Y por tanto observaban con extrañeza a aquellos campesinos recién llegados que se deslomaban de sol a sol, apenas comían carne pero, eso sí, eran mucho más numerosos, ferozmente jerárquicos y hostiles.

Johannes Krause. (MPI-EVA Leipzig)
Johannes Krause. (MPI-EVA Leipzig)

El empuje de aquella masa de agricultores del este fue incontenible. Llegaron en barco por el Mediterráneo o a pie a través de los Balcanes con sus familias siguiendo el Danubio hasta Europa Central con sus azadas y su cerámica de bandas, aprendiendo a fundir el cobre en el camino, y avanzaron a toda velocidad hacia el oeste. En algún momento debieron toparse con aquellos cazadores que habían poblado Europa desde África hacía 40.000 años y aunque lo cierto es que no se han hallado señales de violencia de aquellos primeros encuentros, justo en ese momento, de repente, los cazadores-recolectores se desvanecen del registro genético y arqueológico. ¿A dónde fueron?

Escondidos

"Los desplazamientos genéticos tras la inmigración de los agricultores", explica Krause, "permiten deducir una clara superioridad numérica frente los cazadores y recolectores que ya vivían aquí. En los siguientes siglos dominó en Europa el ADN de Anatolia. Esta superioridad numérica de los recién llegados se intensificaría con el tiempo, ya que al fin y al cabo tenían una mayor cantidad de hijos como consecuencia de su forma de vida. Dado que el ADN de los cazadores y recolectores volvió a ganar terreno posteriormente, es obvio que no fueron desbancados por completo, pero sin duda sí tuvieron que ceder al principio. A los antiguos moradores solo les quedaron aquellos territorios en los que no tenían nada que hacer los agricultores, es decir, las sierras de mediana altura con pocos pastos y escasa superficie para la agricultura o el frío norte de Europa. Había suficientes zonas donde apartarse porque las condiciones ideales para la agricultura no eran la norma general a comienzos del Neolítico en nuestro continente".

Mapa de 'El viaje de nuestros genes'. (Debate)
Mapa de 'El viaje de nuestros genes'. (Debate)

Resumamos. Entre el 10.000 y el 7.000, los campesinos anatolios llegan a Europa y los cazadores continentales se esconden en una coexistencia desigual pero en principio pacífica. Entre el 7.000 y el 5.000, numerosos enterramientos dan testimonio de masacres bélicas, también como las imponentes construcciones defensivas que se alzan entonces y los investigadores creen que los conflictos obedece a las disputas entre diferentes grupos de agricultores cada vez más densamente poblados por las mejores tierras de labranza pero también a la contraofensiva desde Escandinavia de cazadores ya convertidos también en campesinos que traen de vuelta el ADN indígena hasta ese momento ausente. Finalmente, hace 4800 años llega la gran traca final: una gigantesca invasión 'yamma ' desde las estepas al norte del Cáucaso toma Europa definitivamente. En los enterramientos de estos 'yammas' los paleogenetistas han descubierto al antepasado claro de la 'yersinia pestis', el bacilo de la peste negra en la primera de su serie de incursiones que desde entonces diezman a nuestra especie. Armas, gérmenes y acero.

Tres acervos genéticos confluyen así en los europeos actuales: cazadores, agricultores y guerreros esteparios

Tres acervos genéticos confluyen así en todos los europeos actuales: el de los cazadores, el de los agricultores y el de los guerreros esteparios. Concluye 'El viaje de nuestros genes': "Con absoluta certeza los inmigrantes dejaron su impronta en Europa, y sin ninguna duda los desplazamientos poblacionales trajeron consigo mucho sufrimiento. La historia de la migración es también la historia de las enfermedades mortales, la de la peste, por ejemplo, que se remonta a la Edad de Piedra. Es muy probable que trazara un reguero de muertes a través de Europa, allanando el camino a aquellos humanos cuyos descendientes prepararían posteriormente la Edad del Bronce. (...) Ahora bien, nadie puede negar que la movilidad forma parte de la especie humana. Nuestro punto de vista es que la sociedad global que ha sido ensayada desde hace milenios también será en el futuro la clave del progreso, incluso, y sobre todo, para Europa".

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