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'Cobra Kai': ¿pero quién diablos necesitaba otra secuela de 'Karate Kid'?

Netflix relanza la secuela del blockbuster de los ochenta 'Karate kid', que nos muestra la evolución de los protagonistas de la película

Foto: Protagonistas de 'Cobra Kai'. (Youtube)
Protagonistas de 'Cobra Kai'. (Youtube)

Vi la primera temporada de Cobra Kai en un pesadillesco autobús nocturno Barcelona-Madrid hace dos años. Acababa de estrenarse en Youtube y un colega, que es fan, me la grabó en un USB “para el camino”. 'Cobra Kai' es la serie secuela de 'Karate Kid' (1984), esa película que fue como la Rocky de los adolescentes palomiteros de los ochenta (de hecho, ambas películas fueron dirigidas por la misma persona, John G. Avildsen). Sí, es aquella de “dar cera, pulir cera”, el señor Miyagi y Daniel San. Y es un verdadero despropósito. Es un despropósito porque nadie en su sano juicio podría creerse que un pesado, arrogante y, admitámoslo, bastante sibilino chico con los hombros más estrechos que las caderas como Daniel Larusso (Ralph Macchio) podría jamás derrotar a Johnny Lawrence (William Zabka), el tío más duro de los Cobra Kai, el dojo de los malos.

'Karate Kid' hizo más por mi masculinidad tóxica que mi padre, el fútbol y el amor romántico juntos

Siempre he creído que parte de la fascinación que causó en nosotros 'Karate Kid' se debe a que sabíamos, secretamente, que en ella todo estaba al revés. Sí, sí, la idea era que nos identificáramos con el chico “normal” —o sea el pobre, el que es machacado, el de la madre soltera y curranta que busca sola un mejor porvenir para su hijo, el mismo que vive puteado hasta que por mero azar (conocer al señor Miyagi) alcanza la fantasía liberal de la “superación”— y sí, frente a todo esto los malos, los ricos, los bullys, solo nos ofrecían el mono de karate más cool de la historia de la humanidad. Pero ¿qué creen? Muchos nos quedamos con la ropa. Sí, ponerte el gi de los Cobra Kai te convertía casi instantáneamente en un desalmado hijo de puta, pero qué diablos. Tragarnos la fábula del perdedor redimido era pedirnos demasiado a los pubescentes que éramos perdedores a secas y sabíamos que no había redención posible en pulir cera. Joder, Karate Kid hizo más por mi masculinidad tóxica que mi padre, el fútbol y el amor romántico juntos.

Tres décadas después

Lo que nos lleva a 'Cobra Kai', la serie. Tras las primeras dos temporadas producidas por Youtube, Netflix ha tomado la posta, la ha relanzado y la ha convertido en un éxito global. A primera vista podría parecer la típica secuela, tres décadas después, que nos muestra cómo los malos siguen siendo malos y los buenos siguen siendo buenos. O la típica secuela en la que se explica que el bueno no era tan bueno y que el malo tenía razones para serlo (además de, en el fondo, un corazón noble). De hecho, durante años esta última teoría fue bastante difundida entre los fans. La frikada incluso se vio representada por el personaje de Barney, de 'Cómo conocí a vuestra madre', en un capítulo de la serie que para muchos, es la semilla de 'Cobra Kai'.

Pero creo que la serie en realidad no va de eso. Daniel y Johnny han seguido los derroteros del éxito/fracaso que corresponden a buenos y malos: Daniel es ahora el dueño de una exitosa cadena de venta de autos y Johnny es un chapuzas white trash, consumidor compulsivo de cerveza barata; y en efecto, se nos explica el otro lado de la historia, el punto de vista del malo, digamos. Pero para mí lo realmente interesante en 'Cobra Kai' (al menos en su primera temporada), y más allá de la nostalgia y los guiños a la película original diseñados para provocar frikgasmos múltiples, es que el personaje de Johnny es presentado como si hubiera estado en coma durante 30 años y se despertara igual de machista, racista e irresponsable, solo que más viejo. Y claro, no entiende nada de lo que está pasando en el mundo. Como cuando el alumno de su flamante dojo —el nuevo Cobra Kai—le intenta explicar qué es el sexismo (“No tengo idea de lo que estás hablando”), o cuando le llaman para preguntarle si acepta estudiantes de género no binario (“Gender ¿que?”), o cuando en el campeonato un participante habla de diversidad, tolerancia e inclusión (“pártele la cara a ese marica”).

Lo peor es haberle perdido el paso a la realidad y tener que aceptarte no como un hombre malo, sino como un hombre desfasado, sin lugar en el mundo

Porque el Johnny Lawrence casi cincuentón que compone brillantemente William Zabka, nos dice a sus contemporáneos que lo peor de haber sido un gilipollas en el colegio no es convertirte en un patético carcamal que come pizzas recalentadas, no sabe cómo encender un ordenador y ve (solo) películas de acción de los ochenta (auch); no, lo peor es haberle perdido el paso a la realidad y tener que aceptarte no como un hombre malo, sino como un hombre desfasado, sin lugar en el mundo. Y joder, necesitamos saber si para eso también hay redención posible. Porque si Johnny Lawrence es capaz de aprenderlo todo de nuevo sin quitarse el uniforme de Cobra Kai, tal vez nosotros también podamos.

*Un video de 'No more kings', escrito y dirigido por el propio Zabka en 2007, exploraba otro futuro posible de Johnny Lawrence.

**'Most', un cortometraje escrito por Zabka, fue nominado al Oscar en 2004.

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