bailarín y coreógrafo

El bailarín y coreógrafo Nacho Duato, Premio Max de Honor 2020

El comité ha resaltado su "carrera incansable" y "comprometida" con la danza y las artes escénicas de España y con su "visibilización por todo el mundo"

Foto: Nacho Duato, en una foto de archivo de 2018 (EFE)
Nacho Duato, en una foto de archivo de 2018 (EFE)
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El Comité Organizador de los Premios Max de las Artes Escénicas ha otorgado por unanimidad el Premio Max de Honor 2020 al bailarín y coreógrafo Nacho Duato por ser una "figura clave" en la historia de la danza de España, según ha expresado la Fundación SGAE en un comunicado.

El comité ha resaltado su "vasta trayectoria como intérprete y coreógrafo" y su "carrera incansable" y "comprometida" con la danza y las artes escénicas de España y con su "visibilización por todo el mundo", así como su "naturaleza pionera y revolucionaria y por su labor como embajador y representante de la danza contemporánea española".

El coreógrafo, afincado entre Madrid, Valencia y Moscú, recibirá el galardón previsiblemente el 7 de septiembre en el Teatro Cervantes de Málaga durante la ceremonia de entrega de la XXIII edición de los Premios Max de las Artes Escénicas que organiza la Fundación SGAE con la colaboración del Ayuntamiento de Málaga y del propio Teatro Cervantes.

Nacho Duato (EFE)
Nacho Duato (EFE)

"Me da cierta vergüenza regresar después de tanto tiempo fuera de España, pero también especial ilusión porque estos premios tienen mucho peso y son de gran prestigio. Me extraña que sea ya a toda mi carrera, porque sigo sintiendo que con cada trabajo comienzo de nuevo", ha declarado al conocer la noticia.

Juan Ignacio Duato (Valencia, 1957) cree que "un teatro debe estar vivo" y "sonar", por lo que ve "vergonzoso" mirar la programación de teatros como el Teatro Real y ver que "solo cuentan con 10 o 15 funciones de danza al año".

Empezó a bailar a los 16 años y firmó sus primeras coreografías con 23 años. Ha dirigido la Compañía Nacional de Danza (CND) entre 1990 y 2010, el Ballet del Teatro Mikhailovski en San Petersburgo (2011-2015) o el Ballet de la Staats Oper de Berlín (2015-2018) y ha creado centenares de coreografías, entre las que destacan sus piezas Arenal, Duene o Gilded Goldbergs.

El coreógrafo hará efectivo su compromiso con la constitución de una fundación propia durante este año con la que pretenderá poner el foco en la danza y llamar la atención de las instituciones públicas. "La danza parece la cenicienta de las Artes Escénicas y no entiendo ese rechazo, creo que proviene de los Reyes Católicos y esa aversión hacia la expresión del cuerpo. Dicen que la danza no gusta, pero nunca vi el Real vacío en los espectáculos que dirigí en España", denuncia.

Lo que he tragado yo no lo sabe nadie

En una entrevista con la agencia EFE, Duato afirma que si no tuviera "filtro" "se iban a enterar", aunque el artista no tiene pelos en la lengua y afirma que algunos políticos alemanes tienen "mentalidad nazi", que Pablo Alborán se podía haber ahorrado salir del armario y que el Premio Max de Honor que le dan llega demasiado pronto.

Ensayo de las coreografías de la albana Gentian Doda, el alemán Marco Goecke y el español Nacho Duato en la Komische Oper (EFE)
Ensayo de las coreografías de la albana Gentian Doda, el alemán Marco Goecke y el español Nacho Duato en la Komische Oper (EFE)

"Soy muy comedido. Si crees que no tengo filtro porque digo lo de los alemanes... Estoy siendo muy educado. Estuve 20 años aquí tragando todo lo que no te puedes imaginar. Lo que he tragado yo no lo sabe nadie. Lo que sí tengo es que todo me resbala. Me da lo mismo lo que la gente piense de mí", asegura el valenciano.

Recibe el reconocimiento con "mucha humildad y agradeciéndolo al máximo" porque quienes lo tienen, y cita a Nuria Espert, Pilar López o María de Avila, están "por encima" de él. No obstante, precisa, le parece "un poco exagerado" y le hubiese gustado más "dentro de unos años": "Quizá es que los bailarines, como empezamos muy pronto, nos hacemos mayores antes o en los ojos del jurado ven que ya hemos dejado de bailar y que nos tienen que dar el premio pronto".

Se siente "de la edad que tiene", es decir, 63 años -"como Rajoy", se ríe-, y, claro, que le den "el premio a toda una carrera" cuando aún le queda "tanto por correr, tanto por delante, tanto por aprender..." aunque, admite, también es cierto que lleva "más de 30 años dirigiendo y más de 40 bailando".

Los políticos me trataban como a un gasterbeiter que iba ahí a limpiar váteres. Nunca me han escuchado como escuchan a otro alemán

Para hacer la entrevista ha elegido el Teatro Real, la que "debería ser", reclama, la sede de la CND: "Se tendría que exigir al ministerio de Cultura que viniese aquí y ordenase 'la CND tiene que bailar aquí mínimo de 30 veces'. Somos el único país que no tiene una compañía nacional estable en un teatro nacional, la única capital de Europa. Es un escándalo".

¿Ha hecho las paces con España? "Nunca he estado en guerra a pesar de que he dicho que no me siento español pero es que yo no me siento nada. La gente quiere que sea español, bailarín y valenciano y no me siento nada de eso", recalca.

Estuvo 20 años (1990 a 2010) dirigiendo la Compañía Nacional de Danza, de la que salió de forma tan poco amistosa que durante mucho tiempo prohibió que se bailaran sus coreografías pero ahora hay mucha sintonía y ha acordado con el actual director, Joaquín de Luz, que hará una coreografía para ellos, quizá en 2021: "Ya veremos", concluye.

Desde su salida de la CND ha estado en el Ballet del Teatro Mikhailovski en San Petersburgo (2011-2015), en el Ballet de la Staats Oper de Berlín (2015-2018) y ha vuelto al Mikhailovski aunque ahora solo pasa en Rusia cinco meses al año. De Berlín, de su público y de sus bailarines tiene muchas cosas buenas que decir, pero de algunos de sus políticos... solo malo.

Somos el único país que no tiene una compañía nacional estable en un teatro nacional, la única de Europa. Es un escándalo

"Ha sido la experiencia más terrible que he tenido en mi vida. No he visto nada igual en toda mi vida. Siempre recriminándote, que si esto está bien, que por qué no haces un estreno, que por qué no haces lo otro... Es como son los alemanes. Hay mucha mentalidad todavía nazi. Y no lo digo yo. Lo cuenta Ai WeiWei".

"El contrato original era por cinco años pero al segundo ya me estaban avisando de que tendría que irme cuando normalmente te lo dicen el año anterior. Ahí decidí que sería por cuatro años porque o me iba o me volvía loco y ponía una bomba al teatro".

"Los políticos me trataban como a un gasterbeiter -los trabajadores que emigraron a Alemania en los años 60-, que iba ahí a limpiar váteres, más o menos, no como un director de ópera al nivel de Barenboim. Nunca me han escuchado como escuchan a otro alemán".

No ha tenido nunca "críticas peores" que en Berlín, pero en Rusia, "la cuna del ballet", donde le podían poner "a caldo", le han acogido "estupendamente" y no quieren que se vaya: "Me miman, me respetan el trabajo", apunta.

Odia las banderas porque, asegura, "han hecho más mal que bien", incluida la gay. "Es que no hace falta", argumenta, como tampoco lo hace, en su opinión, una declaración como la de Pablo Alborán.

"No se ni para qué lo ha dicho a estas alturas. Yo salí del armario hace 23 años y se armó un poco de revuelo y Terelu dijo -y aflauta la voz para imitarla- 'si ya sabía que era homosexual para qué lo dice'. Pues lo digo porque lo tengo que decir yo. Ahora pues (Pablo), pobrecito, ya da lo mismo. Ya se sabía. Ahora ya da igual".

"A mí me tiraron huevos al día siguiente de decirlo por la plaza Mayor, pero ahora a Pablo no le van a hacer eso aunque hay que estar siempre alerta porque no hay momento del día en que no te echen la miradita, incluso a mí ahora", subraya.

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