ARQUITECTURA

Sáenz de Oíza: el arquitecto que catapultó al futuro la España del franquismo

La Sala ICO de Madrid acoge la exposición dedicada a sus obras más emblemáticas hasta el 23 de abril

Foto: Torres Blancas. (Fred Romero)
Torres Blancas. (Fred Romero)

Quiso estudiar Arquitectura porque anhelaba ser un hombre bueno y su padre había sido ambas cosas. Sáenz de Oíza siempre citaba a Lorca. "Si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios, o del demonio, también lo es que lo soy por la gracia de la técnica, del esfuerzo y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema". Porque, en esencia, la arquitectura y la poesía responden, en esencia, a lo mismo. Hablaba de la pulsión, de la irracionalidad del arte, de la iluminación. Francisco Javier Sáenz de Oiza (Navarra, 1918) fue el arquitecto español más influyente de la segunda mitad del siglo XX.

Catapultó al futuro el paisaje urbano de Madrid, entre otras ciudades: el edificio Torres Blancas —proyectado en 1961—, es Moebius antes de Moebius; el Colegio Nuestra Señora de Lourdes, construído entre 1961 y 1963, con clases circulares para democratizar las distancias, y la Torre del Banco Bilbao, donde se eliminaron las aristas en busca, de nuevo, de la curva. Para él, la arquitectura podía ser una herramienta para hacer un mundo mejor. También, fuera de Madrid, diseñó uno de sus primeros proyectos: el Santuario de la Virgen de Aránzazu, donde la fachada de piedras terminadas en punta integra la construcción en la naturaleza agreste de las montañas de Oñate. Allí, además, conoció en el baile de las fiestas a Felisa Guerra, quien sería su mujer. "Las posibilidades que tiene la obra de transformar la realidad personal es enorme", solía bromear.

Estudio de Oíza. (ICO)
Estudio de Oíza. (ICO)

Maquetas y planos de sus proyectos más icónicos. Materiales y bocetos. Fotografías. Cuadros. Manuscritos. Inspiraciones varias. Más de 400 piezas que recoge la exposición 'Sáenz de Oiza. Artes y oficios' del Museo ICO de Madrid y que podrá visitarse hasta el 26 de abril.

Hijo del desarrollismo, seguidor de Le Corbusier y Frank Lloyd Wright, inseparable de Jorge de Oteiza, intelectual, Sáenz de Oiza quiso relacionar su arquitectura con el resto de las artes. De nuevo, la poesía. "Lo que me parece agobiante es una ciudad monótona, densa, con ruidos, contaminaciones, ventanas cuadradas por todas partes, lo mismo en Madrid, que en Cleveland, que en Nueva Zelanda. Da igual, todas son iguales. Y uno lo que quiere es romper esa situación de crisis por la que atraviesa el mundo. Porque, efectivamente, la arquitectura está expresando que vivimos un periodo de crisis. Y hay que romper ese periodo de crisis como sea", afirmó en una entrevista para Televisión Española.

Una imagen de archivo de Oíza.
Una imagen de archivo de Oíza.

Oteiza consideraba ya superado el funcionalismo y la racionalidad de la Arquitectura de la primera mitad de siglo. La humanidad necesitaba algo más que cubrir sus necesidades primarias. Si un váter es necesario, también lo es una catedral, venía a parafrasear. Una casa no sólo tiene que dar cobijo: una casa debe conmover en la medida de sus posibilidades.

Me agobia una ciudad monótona, densa, con ruidos, contaminaciones, ventanas cuadradas por todas partes, lo mismo en Madrid, que en Cleveland

Su primer Premio Nacional de Arquitectura fue en 1946, junto a Luis Laorga, por el proyecto de la plaza del Acueducto de Segovia. El segundo, en 1954, junto a José Luis Romany Aranda, por el proyecto de capilla en el Camino de Santiago que nunca llegó a construir y en el que también colaboraría con Oteiza.Pero su proyecto más ambicioso, el que cambió el perfil urbano de la capital, fue Torres Blancas, un edificio imaginado como una ciudad jardín vertical, alejada de la simple superposición piso tras piso de un rascacielos, la beríntico, expresionista, dominado por las curvas y los módulos gaudianos. En sus propias palabras, quiso plantearlo como -"un organismo vivo". Fue un trabajo encomendado por el constructor Juan Huarte, admirador y coleccionista del arte de Oteiza, y que en principio iba a contar con dos torres y un revestimiento de color blanco; nada de eso llegó. Fue su proyecto más ambicioso y el que más le hizo sufrir.

Plano de Torres Blancas. (ICO)
Plano de Torres Blancas. (ICO)

Ecléctico en los materiales pero siempre fiel a la curva, siguieron la Ciudad de Alcudia de Palma de Mallorca, y el famoso'ruedo' de viviendas de la M-30, construído este último entre 1986 y 1989 y que aspiró a alojar a 346 familias de bajos ingresos, realojadas del poblado chabolista del Pozo del Huevo en Vallecas. En el documental de la serie 'Imprescindibles' que Televisión Española dedicó al arquitecto, se presenta a unos vecinos enfrentados a Oíza por el diseño de los pisos asignados por el IVIMA. Los futuros vecinos no entendieron la distribución de un edificio que consideraron incómodo y difícil de amueblar. "Lo mejor es que dejes esta casa y te hagas arquitecto", le espetó a uno de los realojados que cuestionó su proyecto.

Una de sus últimas obras, que no llegó a ver acabada, fue la Fundación Jorge Oteiza: su amigo puso como condición que fuese Oíza el encargado de diseñar el edificio que albergaría su trabajo escultórico. Inspirado en el túnel de Aránzazu donde trabajó Oteiza, Oíza quiso simplificar lo máximo su diseño para enaltecer las esculturas de Oteiza, que tampoco vio abierto su museo. El último testamento que dejó Oíza sobre su obra fue: "Lo que yo significase, más importante que lo que soy".

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