crítica de su último disco

Serrat y 'Mediterráneo': cómo convertir el mejor disco popular español en un karaoke

¿Qué vamos a dejar para 2021, cuando el disco 'Mediterráneo' cumpla 50 años?

Foto: Portada de 'Hijos del Mediterráneo'
Portada de 'Hijos del Mediterráneo'

La hecatombe que se nos viene encima ya tuvo su anuncio el año pasado cuando el mismísimo Joan Manuel Serrat se marcó una gira por España tocando en orden y con los arreglos originales todas las canciones del disco. 'Mediterráneo da capo' se llamó la gira de celebración, y como el disco tenía entonces 47 años, una edad rara para efemérides, me presenté en el concierto en Madrid, no fuera a ser el último y me quedara yo sin presumir de haber escuchado el canto del cisne de Serrat, interpretando a un paso de la tumba su mejor disco.

Pero no, no era una despedida. Sin embargo, en la rueda de prensa en la que anunció la gira, más de un periodista ya preguntó por su estado de salud; incluso llegaron a plantearle cómo le gustaría que lo recordasen, a lo que contestó, afectando despreocupación y quitándole pompa al asunto, que “bien”, “¡total, no me voy a enterar!”. En el concierto de Madrid, y después en el resto de la gira, despejaba con humor las dudas en su primera intervención: “Algunos me decían que hubiera sido mejor esperar a que el disco cumpliese cincuenta años, que esa sí que es una cifra conmemorativa, pero, saben, no tengo el cuerpo para esperar, ¿qué razón puede existir para tener que esperar estos años para celebrar la alegría de haber podido compartir con estas canciones mi relación con el público, con la música y con la vida? Por tanto, basándome en que la fragilidad de la vida nos hace pecar de prudentes, yo también he preferido celebrarlo por anticipado. Es algo que recomiendo a todos que hagan: si tienen alguna cosa que celebrar, háganlo por anticipado.”

Serrat en concierto en 2018 en el Palacio de los Deportes de Madrid para celebrar los 50 años de su disco 'Mediterráneo'. (EFE)
Serrat en concierto en 2018 en el Palacio de los Deportes de Madrid para celebrar los 50 años de su disco 'Mediterráneo'. (EFE)

La verdad es que el disco 'Mediterráneo' no ha dejado de celebrarse desde que se publicó. Un acuerdo general lo encumbra como el mejor disco de la música popular española. Y si eso se dice del disco, qué decir de la canción, mil veces triunfadora de todos los concursos, número uno de todas las listas, incluso de las más tontas. El periodista Diego Manrique llego a recomendar medio en broma vetarla durante un tiempo en los medios, pues tantas veces citadas por políticos y personalidades como su canción preferida hacía que estuviera hasta en la sopa. Como un pelo en la sopa del que no hay manera de librarse. Y la música popular cuando supera ciertas cotas de difusión masiva se vuelve cansina, cebo selecto para gusanos cerebrales.

Joan Manuel Serrat - Mediterráneo (1971)
Joan Manuel Serrat - Mediterráneo (1971)

No fue posible, como era de esperar, reservar en barbecho la canción 'Mediterráneo'. Y ahora que se acerca al medio siglo, el amor por Serrat y su obra cumbre no va a dejar de dar la matraca en los próximos años. Como el amor es ciego, preparémonos para los excesos. ¿Están preparados, por ejemplo, para volver a escuchar alabanzas a su portada original? Sí, hablo del horroroso trabajo perpetrado por el diseñador Enric Satué, con Serrat superpuesto, desdibujado y algo zombi sobre un almibarado ocaso marino; una faena rematada con un marco violeta en el que el título del disco y el nombre del cantante se imprimen en letras propias de la música disco. Un pastiche al que el tiempo y el éxito volvieron familiar, pero que, a poco que uno se fije, se descubre como la marcianada que es.

El padre que perdió el encanto de su voz

El 15 de noviembre se publicó 'Hijos del Mediterráneo', en el que cantantes de hoy rinden homenaje al disco del que se consideran descendientes. La particularidad de este tributo organizado por Amaro Ferreiro y producido por Ricky Falkner es que mantiene el orden y los exuberantes arreglos del disco original. Sí, como si de una función de Karaoke se tratase. Serrat en la gira “da capo” había mantenido los arreglos de Gian Piero Reverberi, Antoni Ros Marbá y Juan Carlos Calderón, pero simplificados para el directo por Ricard Miralles –con un molesto exceso de teclados, todo sea dicho–; aquí, en 'Hijos del Mediterráneo', no hay espacio para la reinterpretación musical y la orquesta Fundació Victoria de los Ángeles ataca con fidelidad casi absoluta los arreglos grabados en el disco de 1971. Y digo casi absoluta porque, siendo un trabajo de una pulcritud admirable, en algunos momentos la orquesta se entrega a una reproducción mecánica sin el brío original, y porque también resulta imposible replicar las mezclas de entonces.

En algunos momentos la orquesta del nuevo disco se entrega a una reproducción mecánica sin el brío original

Es comprensible que Amaro Ferreiro optara por mantener los arreglos. Ya son varios los discos de homenaje a Serrat que abordan libremente su repertorio, con algunos hallazgos que para muchos mejoran al original, como es el caso de Los Enemigos con 'Señora', de Lole y Manuel con 'Poema de amor', de Antonio Vega con 'Romance de Curro el Palmo' o de Ketama con 'Aquellas pequeñas cosas'. Incluso la propia 'Mediterráneo' cuenta con una sentida versión en boca de Lolita, que le puso al tema todo el amor no correspondido que sintió en su juventud hacia el cantautor.

Hay otra razón que hace pertinente la ocurrencia de reproducir el disco con otros cantantes y es el mismo Serrat, que hace años perdió el encanto de su maravillosa voz. Tan querido como inteligente, Serrat es de los pocos que en nuestro país se ha vuelto una referencia intocable, nadie osa decir que su voz hoy empaña su brillante memoria. Como el amor es ciego, en el concierto del año pasado en Madrid sería yo el único entre el público que no entró en la catarsis. El disco 'Mediterráneo' no es nada fácil de cantar y empeñarse en cantarlo da capo para el Serrat de hoy resultó una exhibición fallida y desafinada; una experiencia nostálgica, pero en sentido etimológico, de regreso con dolor a lo que un día fuimos y ya no seremos.

Joan Manuel Serrat durante su concierto en Barcelona en 2018 dentro de la gira 'Mediterráneo da Capo'. (EFE)
Joan Manuel Serrat durante su concierto en Barcelona en 2018 dentro de la gira 'Mediterráneo da Capo'. (EFE)

Es una pena que a Serrat le haya pasado lo que a muchas grandes folclóricas cuando envejecen, que su voz se convierte en una incómoda caricatura de lo que fue. Entiéndanme, no estoy hablando de la acción del tiempo que todo lo destruye, sino de una afectación imitativa de la propia expresión: ese trémolo alargado, esos melismas que desfallecen sin gracia, esa falta de compás. No solo le pasa a él, también le pasa, por ejemplo, a Víctor Manuel, y a otro de mis grandes amores, al mismísimo Santiago Auserón, que riza tanto el rizo cuando canta que parece un guiri que aprendió español de la mano de Nat King Cole.

Concha Piquer, que decía que había que cantar con la cabeza, no con el corazón, se despidió de los escenarios con 52 años, después de que la voz le fallara en un concierto en Isla Cristina (Huelva). Nadie se percató de aquel gallo, pero para la Piquer fue suficiente para retirarse y hurtarle a su público el espectáculo de su decadencia. La Piquer era de otros tiempos, ahora, ya se sabe, los roqueros nunca mueren y los cantautores se escudan en que la voz no es lo más importante, que al fin y al cabo son contadores de historias, humildes transmisores del mensaje.

Hijos aplicados y hermana díscola

Así que vienen voces más jóvenes a refrescarnos con su 'Mediterráneo' y uno a ratos descubre que el que de verdad tenía una voz prodigiosa era aquel Serrat de veintiséis años. Aquella voz hacía creíble cualquier historia que cantase: con fuerza pero sobre todo con una gran delicadeza, dándole sentido a las palabras, perfectamente empastado con la música, elegante y con la afectación suficiente. Así, 'Tío Alberto' en la voz nasal de Iván Ferreiro resulta involuntariamente ñoña; 'Qué va ser de ti', interpretada por la temblorosa Tulsa, al remarcar las sílabas con su languidez habitual imprime un drama excesivo para el lamento de una madre con el síndrome del nido vacío; Santi Balmes le pone testosterona a 'Vagabundear', pero le falta calidez, y se queda empequeñecido ante la riqueza tímbrica del Serrat veinteañero; en 'Aquellas pequeñas cosas' Eva Amaral resulta demasiado correcta y uniforme; y Josele Santiago, no es que lo haga mal en 'Vencidos', pero en las estrofas aparenta que no se ha leído el Quijote y le quedan algo grandes los versos de León Felipe.

Mi admirado Jorge Drexler flaquea en el estribillo de 'Mediterráneo', se echa de menos un poco más de fuelle que hinche las velas de la que, según el uruguayo, “es la mejor canción que se ha escrito en idioma castellano”. En uno de los vídeos de promoción del álbum, Drexler reconoce que “hay que ser un poco inconsciente y temerario para meterse a cantar Mediterráneo” y resume la dificultad: “te das cuenta de lo difícil que es frasear, respirar en las pausas, clavar las notas”. Estoy convencido de que, a su aire, sin tener que amoldarse a los arreglos originales, Drexler habría hecho una gran recreación de 'Mediterráneo', acentuando más el carácter brasileño del tema que tanto recuerda en su comienzo a la samba “Crickets Sing for Anamaria” de Marcos Valle.

Andrés Calamaro ha sufrido ya la ira de los primeros oyentes en el perfil de Facebook de Warner por atreverse con 'Lucía' –al parecer, una azafata con la que Serrat vivió un fugaz romance–. En los comentarios del post publicitado de la discográfica se pueden leer mensajes contra su caprichosa manera de cantar y sus devaneos ideológicos (con alusiones ingeniosas a su gran VOX). Calamaro era un gran cantante, pero desde que se puso a versionar clásicos con exageración, esputos y carraspeos se ha vuelto cargante, afectado también él seriamente por el síndrome de la folclórica envejecida, ya saben, por esa manía de subrayar los tics expresivos hasta convertirse en la propia caricatura. Dicho esto, es probable que los seguidores del argentino, acostumbrados a los arranques y aterrizajes forzosos de su voz, encuentren esta versión sublime.

Calamaro era un gran cantante, pero desde que se puso a versionar clásicos con exageración, esputos y carraspeos se ha vuelto cargante

Sale bien librado del desafío DePedro que hace creíble 'Pueblo blanco', una de las canciones más complicadas de cantar del repertorio. Y Xoel López, que tiene el mérito de hacerse cargo de 'La mujer que yo quiero', para mí, uno de los peores temas de Serrat, lastrado por unas rimas consonantes de lo más empalagosas.

La que sí sale de sobra victoriosa del envite es Sílvia Pérez Cruz, que borda con delicadeza y profundidad 'Barquito de papel', como si se estuviera cantando por primera vez y nunca antes la hubiéramos escuchado. Si el resto de versiones del disco confirma que el original es insuperable, 'Barquito de papel' en la voz de Sílvia Pérez Cruz demuestra que es posible lo imposible. Los hijos aplicados del Mediterráneo quedan a años luz de esta hermana inspirada que aparece en el noveno corte del disco y, como quien no quiere la cosa, mata al padre nada más abrir la boca.

Actualización

Unas horas después de haber despachado las líneas anteriores salgo a la calle con los auriculares puestos y con la impuesta penitencia de escuchar de nuevo el disco entero. Y, oye, liberado ya de la atención extrema de tener que juzgarlo, me suena mejor. Mucho mejor: este disco va a ser merecidamente uno de los más vendidos estas Navidades. En definitiva, han conseguido lo que valientemente se propusieron. Y sobre lo que hay de fracaso en el empeño se puede decir que es parte de su triunfo, pues, más que superar al mito del joven y poderoso Serrat, se trataba de un admirado homenaje. Ríndanse a la celebración por anticipado de Mediterráneo y, háganme caso, no confíen en lo que les pueda decir un aguafiestas como yo.

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