entrevista

Gay Mercader: "Mandé a tomar por culo a los agentes de Madonna y Michael Jackson"

El legendario productor musical español, sobrino nieto del asesino de Trotsky, habla sin pelos en la lengua a propósito de un documental sobre su vida

Foto: Gay Mercader fue el primer promotor musical que trajo a España a los Rolling Stones. (EFE)
Gay Mercader fue el primer promotor musical que trajo a España a los Rolling Stones. (EFE)

Gay Mercader asegura que tiene muy mal carácter y que está "un poco zumbado". Pero al otro lado del teléfono, allá en una finca en el campo de Girona, donde vive rodeado de animales, el primer promotor musical que trajo a los Rolling Stones a España parece más bien un tipo afable y divertido. Habla mucho, come poco —"solo un plato, porque dicen que alarga la vida, y eso a pesar de mi amistad con los hermanos Roca, que me suben la comida todos los sábados"—. De familia burguesa huida a París, sobrino lejano de Ramón Mercader, asesino de Trotsky, y sobrino cercano de Vittorio de Sica y María Mercader.

Pasó de llevar esmoquin a cazadora de cuero, de ir para abogado a bala perdida, y en 1971 montó el primero de los 3.400 conciertos que han hecho de él uno de los nombres más importantes de la industria musical. Es el fundador de un conglomerado de empresas musicales encabezadas por Gay and Company que ahora forman parte de Live Nation. Y el pasado domingo, La 2 de Televisión Española le dedicó el documental ‘El gran mercader del rock and roll’, dirigido por Montse Mompó y Pilar Ruiz Cruz, dentro del programa ‘Imprescindibles’. “En el documental, cuando estoy en la ducha, le dije a Pilar, la directora: a mí que me saques en pelotas me da igual; me da más vergüenza mi barriga que mi polla, porque la polla viene de serie y la barriga viene por su propia cuenta". ¡Boum!

PREGUNTA. Dice que tiene mal carácter. Que es necesario colgar a alguien delante de la gente de vez en cuando para que las cosas funcionen. ¿Hace falta tener una personalidad fuerte o sacar las zarpas para llegar arriba?

RESPUESTA. Para llegar arriba hay que tener un carácter fuerte, primero para no derrumbarte cuando las adversidades se te echan encima. Y, de cuando en cuando, decir: "¡A tomar por culo!". Yo he mandado a tomar por culo al agente de Madonna, al agente de los Stones y al agente de Michael Jackson. Luego se arregló. Pero a veces hay que decir: "Bueno, hasta aquí hemos llegado, chicos". Por las mismas digo que, cuando te equivocas, hay que reconocerlo siempre, porque siempre se aprende de los errores. Pero sí, hay que tener un temperamento fuerte y, de cuando en cuando, sacar la zarpa. Y como dice el Loco en el documental, que se lo dije yo, de cuando en cuando colgar a alguien delante de todos para que no te pierdan el respeto.

Madonna en un concierto reciente en Zurich. (EFE)
Madonna en un concierto reciente en Zurich. (EFE)

P. ¿La sobreexposición mediática, las grandes multinacionales, la mercantilización de los artistas han cambiado la industria de la música? ¿Ya no hay rock 'n' roll?

R. Lo que ha cambiado es la industria. Antes éramos cuatro o cinco, generalmente apasionados por la música, porque si no, no te metes en este negocio. No me metí yo ni se metieron Sting ni Clapton ni Iggy ni Ringo Starr para ganar dinero. Los Beatles decían que si les duraba cinco años luego montarían una cadena de peluquerías y ya está. Nadie de mi generación se metió en esto por dinero, sino por una necesidad. Patti [Smith] lo decía, que ella se metió porque quería cambiar el mundo. Luego esto se ha convertido, afortunadamente para los que nos hemos lanzado, se ha convertido en una industria. Ya no industria: una megaindustria en la que hay espectáculos en los que les sacas todo el continente, es decir, los efectos especiales, y le quitas el contenido no queda nada. Un amigo me mandó hace poco unas frases. Y me gustó mucho una: "En una época de crisis económica, las pasiones mutan en intereses". Y se contrapone así la nueva ética burguesa a la antigua ética aristocrática: la institución dominante en la ética burguesa es el contrato; en las sociedades premodernas era el honor. Yo he hecho contratos de mucho dinero solo con mi palabra. Hoy día, o firmas la pasta y la pagas por adelantado o nadie te hace ni puto caso.

"Hoy día, o firmas la pasta y la pagas por adelantado o nadie te hace ni puto caso"

P. ¿Qué piensa de los festivales? ¿Por qué los carteles se parecen tanto?

R. Hay pocos cabezas de cartel para 900 o 1.000 festivales que hay en España. Y en Inglaterra otros mil o mil doscientos. Cada país europeo tiene centenares de festivales. Casi todos llegan a los 1.000. Claro, ¿cómo repartes 15 cabezas de cartel cada verano? Se los van turnando. Son todos los mismos, que van dando vueltas. Este año, indiscutible solo estaba The Cure, que son artistas míos, pero nadie más. Para quien organiza un festival es jodido, porque ya no es que te tengas que dar de hostias con el resto de festivales de tu país, sino que te das con el resto de Europa.

P. Salvo en el caso de Rosalía, la mayor parte de los cabezas de cartel son grupos consagrados ya en los ochenta y los noventa...

R. Es buenísima Rosalía. Yo creo que ahora hay mucha gente que hace música. Yo que tengo una mala leche considerable, que tengo una lengua viperina como un travesti loco, a veces estoy viendo por la tele un grupo y pienso: Y estos, ¿por qué no han seguido estudiando? Porque, ¿para qué se han hecho músicos? Cuando los Who salieron, entraban corriendo en las tiendas para robar las guitarras. Antes los instrumentos eran muy caros y no había ordenadores con los que pudieses grabar tu música en casa. Ser músico era una cosa sacrificada y estaba mal visto. Hay una letra de los Stones, ‘Street Fighting Man’, que dice: “¿Qué otra cosa puede hacer un chico pobre que ser músico en una banda de rock ‘n’ roll?

Rosalía posa con sus premios Grammy Latinos en las Vegas. (EFE)
Rosalía posa con sus premios Grammy Latinos en las Vegas. (EFE)

P. A usted le costó la etiqueta de oveja negra de la familia, ¿no?

R. Lo odiaron. Yo tengo fotos por ahí a los 16 años vestido con esmoquin como la promesa de la familia. Y al cabo de dos o tres años aparezco con un colmillo colgando de la oreja. La culpa fue de mis primos y mis tíos. Me gustaba el mundo de mi tío Vittorio [de Sica]. Christian [su primo], me contaba cómo había estado con Ringo Starr, cómo había estado con los Stones de fiesta en su casa, porque la primera mujer de Keith, Anita Pallenberg, vivía en Roma. Y es que a los 16 ya iba a fiestas de gente que alquilaba castillos donde tocaban King Crimson y esos grupos, pero no era lo mismo que vivirlo, que ser parte de la farándula. Yo el futuro ya lo tenía más que asegurado y blindado, pero me parecía aburrido.

P. En el caso de muchos raperos, la música es la única forma de salir de pobres y tener aviones privados.

R. Ahí está la diferencia motivacional básica. antes se metían a músicos porque querían llamar las cosas, había una llamada vocacional. Hoy, los raperos —y no tengo nada en contra de los raperos— me disgustan profundamente las exhibiciones de diamante, oro y cosas de las que hacen alarde. Cuando hablan de las barbaridades que se gasta Kanye West, pienso: “Tío, que hay mucho pobre en el mundo, que tenemos nuestra responsabilidad. Vilallonga decía que el dinero no tiene que ofender. Ahora ves mucha gente que presume de que tiene mucho dinero. Me parece vergonzoso e inmoral. En los barrios negros, donde la discriminación racial sigue existiendo, meterse en la música es una oportunidad para salir de pobres. Pero si solo fuese salir de pobre… porque luego ves en el escenario a tantos tíos con tanto diamante y tanta mierda...".

"Ahora ves mucha gente que presume de que tiene mucho dinero. Me parece vergonzoso e inmoral"

P. Su primer concierto fue en 1971. ¿A quién trajo?

R. ¡Uy! Unos que no conoce nadie que se llamaban Titanic, que el cantante era inglés y los músicos eran noruegos. Lo hice en el Pachá de Sitges, donde acabé siendo portero. Soy muy amigo de Ricardo Urgell y Piti Urgell, los hermanos que fueron dueños del emporio. En aquella época, los grandes grupos también venían a discotecas, porque no había otros espacios.

P. Dice que se encontró una España gris, pero ya empezaban a aparecer grupos modernos, como Vainica Doble.

R. Yo empecé por egoísmo, para ver los grupos que me gustaban y que no venían aquí. En París los había visto, pero aquí no llegaban. Yo sabía que las especies, también la humana, no se rigen por lo que oyen, sino por lo que ven, y en cuanto vieran a un grupo de guitarras e instrumentos también se mimetizarían y sacarían grupo. Yo no soy pensador, soy 'reflexionador'. Y, siendo pretencioso, es lo que decía Montaigne. Yo viví la apertura de forma lateral, porque en el terreno nacional ya había agentes y yo iba al nicho que me interesa, a mi pasión, que eran los grupos ingleses y estadounidenses.

P. ¿Tuvo muchos problemas con la censura?

R. ¡Joder! Si te digo que el gobernador civil de Madrid me jodió Bob Marley por subversivo… ¿Tú me puedes explicar qué hay de subversivo en un público fumado? O, ¿qué hay de subversivo en un hombre que canta que no tienes que juzgar a los seres humanos por el color de la piel? La censura era ‘heavy’ porque eran los últimos coletazos del franquismo. Yo no sé si Paquito se enteraba de algo, pero los que estaban en el funcionariado, que eran los que te tocaban los huevos, estaban muy alerta. Afortunadamente me di cuenta de que no entendían nada de inglés y yo les ponía la letra que me salía de los huevos. O eras pillo e inconsciente —yo había dejado París en junio del 68; acabábamos de tirar piedras a la policía— o nada. Yo venía de otra realidad. Si me hubiese criado aquí, hubiese sido más acojonado.

"Quizá nos tendríamos que aclarar: por un lado el discurso feminista y por otro, todas enseñan el culo"

P. ¿Cuáles son los conciertos más inolvidables de su carrera?

R. En 3.400 conciertos que he hecho ha habido muchos. Pero Marley me gustó mucho. Vi el concierto desde encima del escenario, detrás del batería, porque si ves hoy el montaje que llevaban sería de orquesta de fiesta mayor pequeña. No había ni telón de fondo. Marley tenía las rastas, pero no las que vemos hoy. Las tenía con fango. Eso quería decir que no te lavabas el pelo en mucho tiempo. Y yo estoy un poco zumbado. Y conmigo mismo reflexionaba sobre lo que debía de circular por ahí dentro, si había cucarachas… Marley era además puntal, porque aparte de la hierba que fumaba, siempre actuaba en éxtasis. Lo vivía. También me impresionó la gira del 'Bridges to Babylon' de los Stones. Y Michael Jackson, porque en escena era una fiera. Era un bailarín… Me impresionó que a mitad de canción paraba y se quedaba como una imagen fija, y en unos segundos volvía todo a la acción. Y la primera vez que vi a Patti [Smith] supe que iba a crear escuela. Era una tía que sin pedir permiso se subió a un escenario con ese aspecto andrógino que tenía. enseguida tuve clarísimo que muchas mujeres después de Patti empezarían a tocar sin complejos, sin tener que llevar falda ni maquillaje. Fíjate ahora que es al revés. A mí, como me gustan mucho las mujeres, me parece bien que ahora se lleve estar todo el día moviendo el culo. Quizá nos tendríamos que aclarar: por un lado el discurso feminista y por otro, todas enseñan el culo. Tina Turner también me gustó mucho la primera vez que la traje. Perdí mucho dinero. Todavía era negra, luego la blanquearon. Venía directamente del rhythm ‘n’ blues y de su relación tormentosa con Ike.

Gay Mercader. (EFE)
Gay Mercader. (EFE)

P. ¿Cómo era su relación con los artistas?

R. En aquella época era otra cosa. Podías atravesar La Rambla con Bruce Springsteen o con Elton John con unas plataformas que tenías que andar pasito a pasito, porque con las cacho plataformas que llevaba no podía andar muy deprisa. O cenar por ahí con Tina. O con los Queen. O te metías dos días en la habitación de un hotel con Iggy y te volvías loco. Había una proximidad con el artista que ya no existe. Era un tú a tú.

P. ¿Con quién no se cruzaría más?

R. Yo, a los que sabía que eran unos bordes, los he evitado y no los he saludado. Ya lo sabes si eres gato viejo. Yo ya sabía que Van Morrison era un borde. Adoro su música y tengo toda su discografía, pero nunca le he dicho buenas noches. A mí me pagan para ser eficiente, pero no para sonreír. Lo mismo con Lou Reed, que era un cretino, un hijo de la gran puta, un amargado.

P. En el documental, se queja de que la gente lloró mucho la muerte de Bowie, pero que aquí en España no llenaba las salas.

R. Bowie nunca fue un gran vendedor. Era tan mutante su música, que la gente no lo pillaba. Nunca se me ha ocurrido preguntar a mis colegas grandes cómo les iba con Bowie. Aquí no funcionó nunca. Cuando se muere, todo el mundo: "Ah, Bowie, Bowie". Pues haber estado en su momento. No sirve de nada lamentarte. Luego que la gente es muy resentida. En 2007 los Rolling cancelan una serie de conciertos.

"Lo que hizo Mercader fue algo que no puedo entender, yo que practico el culto a la amistad"

P. ¿Por el cocotero?

R. Sí. Primero fue el cocotero y luego la voz de Mick. La gente, que es imbécil, porque no hay una palabra que los defina mejor, me dicen que si los Stones han boicoteado y se han ido de marcha. Al año siguiente volvimos a hacer los bolos y no llenamos ninguno. La gente prefirió la mala leche a la música. Luego a la siguiente gira lo llenaron. Pero, ¿es que estáis majaras? Son los putos Rolling Stones. Nunca sabes si la va a pringar uno. Ronnie tuvo cáncer de pulmón, Charlie cáncer de garganta, Mick Jagger problemas de corazón… Fíjate que Keith Richards al final ha sido el más sano, si evita los cocoteros. Está más sano que una manzana.

P. ¿Cómo se vive en su casa lo de ser parientes de Ramón Mercader? ¿Es algo de lo que hable la familia?

R. No es un tío del que estar orgulloso. Lo que hizo el tipo, en definitiva, fue algo que no puedo entender, yo que practico el culto a la amistad. Traicionar a un amigo, no lo puedo entender. El caso de este tío… Ganarte la confianza de Trotsky, que te abra las puertas de su casa y luego apiolarlo… Era adversario de Stalin, pero tampoco era un santo. Fue el fundador del Ejército Rojo. En la familia no se hablaba de esto. Mi padre, el que más. Luego, el hermano de Ramón Mercader venía a pasar los veranos a la casa de mis padres en la montaña. Y era un hombre muy simpático. Así como estábamos y seguimos estando muy orgullosos del tío Vittorio y la tía María, esto es otra historia.

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