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El cine español no es una mierda y Resines te explica por qué

Este 22 de noviembre se estrena 'Historias de nuestro cine', el salto a la dirección del actor junto a Ana Pérez Lorente

Foto: Fernando Trueba, Carlos Boyero y Antonio Resines de 'Historias de nuestro cine'. (Universal)
Fernando Trueba, Carlos Boyero y Antonio Resines de 'Historias de nuestro cine'. (Universal)

A Maribel Verdú la ficharon por la calle, a lo Lana Turner. La pararon en una tienda de golosinas, con trece años, porque se parecía ligeramente a Victoria Abril, y la ofrecieron interpretar el papel de la hermana menor de la actriz en un episodio de 'La huella del crimen' dirigido por Vicente Aranda. A David Trueba, Jorge Sanz le quitó el papel de quinceañero pajero en 'El año de las luces', dirigida por su hermano mayor Fernando. Loles León no paró de dejarle mensajes en el contestador automático a Pedro Almodóvar, hasta que el manchego, harto, le dio el papel de secretaria en 'Mujeres al borde de un ataque de nervios'. ¿Sabía usted que Pepe Isbert apareció ya en un corto de 1912 interpretando al asesino de Canalejas? El anecdotario del cine español es infinito e infinitamente entrelazado: la gran familia del cine español tiene mucho de eso, de familia, de estirpes de sangre o del bar de la facultad de audiovisuales o de la escuela de teatro, y de casualidades.

Repiten las lenguas más críticas aquello de que "el cine español es una mierda", pero el documental 'Historias de nuestro cine', el salto a la dirección —junto a Ana Pérez-Lorente— de Antonio Resines demuestra que no. Que hay historia e historias más allá de Buñueles y Berlangas, que el celuloide no se acaba en Pedro Almodóvar y que cuarenta años en el gremio, como son los que lleva trabajando Resines, dan para más de chascarrillo y medio. El resultado: en salas este 22 de noviembre.

Él mismo entró en el cine de carambola, de la mano de sus compañeros en la Complutense Fernando Trueba, quien le empujó a probar suerte como actor, y Carlos Boyero, que más allá de algún papel secundario en un par de cortometrajes en los setenta y los ochenta, prefirió ser el azote implacable de sus colegas en las columnas de crítica cinematográfica en 'Guía del Ocio' y 'Diario 16', antes de dar el salto a 'El Mundo' y 'El País'. Aparte del "tú y yo no nos jalamos una rosca desde mayo del 68", imperdible el movimiento de caderas de Boyero en el corto 'Tunait is de nait', de Julio Sánchez Valdés.

Alfonso XIII encargaba películas pornográficas a través del conde de Romanones

Cuenta Trueba, que además de cineasta es una base de datos y un anecdotario andante, que el primer gran 'productor' de cine español fue el rey Alfonso XIII. De cine porno, en concreto. Encargaba, a través del conde de Romanones, filmaciones eróticas muy explícitas a Ramón y ricardo de Baños, unos hermanos valencianos que, además de cineastas eran beatos de no saltarse la misa del domingo. "El rey les daba hasta los argumentos", explica el director de 'Belle Époque'. A quien le interese conocer las filias sexuales del monarca, que sepa que las copias de 'El confesor', 'El ministro' y 'Consultorio de señoras' —los únicos títulos que sobrevivieron a la orden de destruir la colección tras la muerte del rey— se encuentran en la Filmoteca de Valencia. Trueba también bromea sobre la que es, para él, "la primera película gay de la historia": 'Soldados bailando', en la que un grupo de militares bailan unos lentos en parejas. El repaso por los grandes hitos del cine español comienza por la figura de Segundo de Chomón, uno de los pioneros injustamente tratados por la memoria colectiva, inventor de 'los efectos especiales', los forillos y los cristales pintados.

Un fotograma de 'El confesor'. (Universal)
Un fotograma de 'El confesor'. (Universal)

Verdú, los Trueba, Colomo, Bonilla, Carmen Maura, Ana Belén y Verónica Forqué, entre muchos —muchos— otros desvelan secretos de la trastienda y repasan la filmografía de los muchos de los grandes, desde que el 11 de mayo de 1896 se proyectasen por primera ver en España —fue en el Teatro Circo Price— las primeras imágenes en movimiento. Resines y Pérez-Lorente dedican la primera parte de su documental a trazar una escueta cronología de las principales figuras del cine español. Una cronología inevitablemente coja por culpa de tres incendios en los principales laboratorios y estudios de la primera mitad del siglo XX y que acabaron con, según estiman algunos historiadores—, el 85% de la producción previa a los años 30 habría desaparecido. El celuloide también fue víctima, aparte, de la política convulsa de España en el siglo XX, primero debido al parón de la producción por culpa de la Guerra Civil y después a causa del férreo tutelaje del gobierno de Franco.

El documental también cuenta cómo Buñuel le salvó la vida a Sáenz de Heredia cuando lo apresaron en una cheka madrileña, cómo Franco mandaba desde el Pardo hasta el rodaje de 'Raza' un emisario a entregar diálogos nuevos para las escenas o cómo el doblaje lo institucionalizó la Segunda República —a causa del bajo índice de alfabetización de nuestro país—, pero el Caudillo lo convirtió después en obligatorio como causa patriótica y censora. "El cine español nace, para mí, con 'Esa pareja feliz' (1953), la primera película hecha por alumnos que habían estudiado cine", sitúa Trueba en referencia a Bardem y Berlanga.

Un fotograma de 'El mundo sigue' (1965)
Un fotograma de 'El mundo sigue' (1965)

'Historias de nuestro cine' no descubre en este caso nada nuevo. Sin embargo, en su segunda parte, cuando la conversación se aleja del academicismo y se relaja y los protagonistas pasan a relatar sus experiencias personales dentro del medio, es cuando el documental se destaca con una identidad propia. Trueba, admirador confeso de Berlanga y Azcona, cuenta como la llegada del guionista a la vida de Berlanga fue un revulsivo no solo para la obra del director de 'Plácido', sino para el cine en general. Cómo Querejeta cambió el estilo de producción español y abrió las puertas de la producción nacional a los grandes festivales internacionales. De cómo Cerezo, antes de ser el "dueño del cine español", fue meritorio de Cukor en 'Viajes con mi tía', y de la influencia de Marisol en las actrices de la generación de los 80.

Y el documental tampoco se escapa a los líos de faldas y de facturas a deber. Así contaba Azcona que Marco Ferreri, cuando venía a España, "sólo caminaba por una acera de la Gran Vía. Porque en la otra debía. Había dejado a deber los zapatos, las comidas, un traje que se había mandado hacer. Una era para dejar a deber y otra para caminar", explica Trueba. Así recuerda Verdú cómo Manuel Alexandre siguió siendo un seductor hasta nonagenario, y así confiesa Carmen Maura cómo ella y Fernando Colomo acabaron "ligando". Al fin y al cabo, un viaje entre amigos por los entresijos del 'showbusiness'.

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