entrevista

Paloma Bravo: "Nadie puede darnos el 'carné de buena feminista'"

La escritora y periodista publica 'Las incorrectas', una novela que retrata la amistad entre mujeres y el "feminismo sin ortodoxias"

Foto: Paloma Bravo. (Asís G. Ayerbe)
Paloma Bravo. (Asís G. Ayerbe)

Una abogada, una actriz, una taxista y una filósofa de formación. Mujeres de cuarenta y tantos que no comparten nada salvo el equipo de fútbol de sus hijos y una crisis vital. Esta es la premisa de 'Las incorrectas' (Espasa, 2019), la última publicación de Paloma Bravo. La escritora y periodista radiografía la amistad en una novela coral e "incorrecta", en una "ficción cercana" sobre mujeres normales.

Feminismo, maternidad tardía, educación o luto. Bravo se aproxima a la actualidad (y a más de un tabú) "con cierta crítica y ternura, nunca sarcasmo" y a través de la historia de unas mujeres "que podrían ser tus amigas". Esta red femenina es el germen de 'Las incorrectas'. "Vitales, solidarias, disparatadas, rebeldes, sinceras y peleonas". Paloma Bravo charla con El Confidencial sobre su tercera novela, "tras la que hay, en fin, mucha vida".

Paloma Bravo. (Asís G. Ayerbe)
Paloma Bravo. (Asís G. Ayerbe)

PREGUNTA.- ‘Las incorrectas’ se anuncia como “el único alegato feminista que firmarían el 100% de las mujeres”. ¿Complicado, no?

RESPUESTA.- Sí, es complicadísimo. Creo que no es tanto un alegato, sino una novela sobre amistad. Más allá de firmar o no, pienso que todas las mujeres se podrían reconocer en las protagonistas. Aunque sean de edades, clases sociales o ámbitos diferentes, podrían identificarse y pasárselo bien con el libro.

P.- En la novela, también se habla de un feminismo “sin politización ni ortodoxias”. ¿Qué significa? ¿En qué se diferencia del resto?

R.- La misma diferencia que puede haber entre cualquier teoría y la práctica. En el caso del feminismo, ni siquiera es una sola teoría, sino varias. La práctica cada uno la hace a su manera. Me gusta mucho el concepto de una amiga mía: el feminismo practicante. Se demuestra andando, como el movimiento. Todas tenemos que practicar y exigir la igualdad constantemente. Los hombres también. Me parece difícil imaginar a una mujer que no quiera los mismos derechos que un hombre. Pero sí creo que cada una puede hacerlo a su manera. Nadie puede darnos el “carné de buena feminista”. La libertad está en la esencia del feminismo, cada mujer tiene que ejercerlo a su manera.

Portada de 'Las incorrectas', la última novela de Paloma Bravo. (Espasa)
Portada de 'Las incorrectas', la última novela de Paloma Bravo. (Espasa)

P.- 'Las incorrectas' tiene cierta carga crítica con algunos aspectos del movimiento.

R.- Todos los personajes son bastante autocríticos. Antes de culpar al mundo, de sentirnos víctimas de una injusticia y achacarlo a los demás, las protagonistas intentan ver en qué parte fallan o pueden mejorar. En ese sentido, se pueden percibir varios feminismos, en plural. Hay que defenderse de quien te intenta juzgar como mal o buen feminista. El otro día, una periodista me preguntaba por esto mismo. Según el feminismo ortodoxo, ¿te puedes depilar? Es que no podemos llegar a meternos en la vida de cada uno. Puedes hacer lo que quieras mientras estés practicando y defendiendo la igualdad.

Nuestras vidas son muy complejas, y las de las mujeres de esta novela también. Tienen hijos, un trabajo, ambición profesional… Me parece importante que se definan por su carrera, no por su pareja o el hombre que las acompaña. Con hijos o no, con trabajo o sin él, y buscando un espacio para ti misma, a veces no hay tiempo para las teorías ni para lo formal. Me parece mucho más importante demostrar las cosas haciendo y no diciendo. Decir es muy fácil, hacer es mucho más complicado.

P.- ¿Pero incluir el feminismo en las reivindicaciones políticas, establecer unas reclamaciones consensuadas, no es hacerlo posible en la práctica?

R.- Depende de lo que entendamos por politizar. Sí que creo que lo personal es político y que es maravilloso que las mujeres nos hayamos unido en los últimos años para defender nuestros derechos. Pero hay una diferencia entre politizar y socializar, entre tratar un tema social y teorizar o dividir a la gente entre “buenos o malos feministas”. Sobre todo, utilizando la reivindicación como un arma arrojadiza. La igualdad es necesaria y para eso necesitamos a todo el mundo.

P.- En la trama aparecen otras inquietudes, como la depresión. Una de las protagonistas, que la padece, reflexiona sobre el tabú en un momento duro de su enfermedad: “¿Por qué la muerte de cáncer es heroica y la mía, una puta vergüenza?”

R.- La depresión es una enfermedad y parece que, si la sufres, eres una persona débil. Creo que la vulnerabilidad, el saber cuáles son tus debilidades, facilita que pidas ayuda y sentirte más fuerte. La autosuficiencia es más peligrosa que la vulnerabilidad. Las mujeres de este libro se conocen bien y saben pedir ayuda. Cuando una depresión conduce al suicidio, es una muerte por enfermedad. No es algo débil, despreciable o de lo que avergonzarse. Es muy importante llamarla por su nombre para que la gente la reconozca y sepa que es bueno pedir ayuda. Se puede salir de la depresión, pero lo primero es identificarla.

Cuando una depresión conduce al suicidio, es una muerte por enfermedad

P.- Las protagonistas no sólo tienen problemas distintos, sino que pertenecen a distintas clases sociales.

R.- En nuestro país, muchas mujeres soportan solas el peso económico de su casa. Con la crisis, estamos todos muy cerca de cambiar de clase social. Un ERE, un despido, y todo cambia. Me parecía importante contar, porque se ha contado poco, la influencia del dinero en nuestras vidas. Y sin embargo, aunque no estemos al mismo nivel económico, nuestras inquietudes y nuestros problemas vitales son parecidos.

P.- ¿Por qué reivindicar la amistad entre mujeres?

R.- Porque mis amigas me han dado muchísimo y quería contarlo. Existe el tópico de que las mujeres somos malas entre nosotras, aunque hace mucho que no lo oigo. No sé si es verdad, pero la amistad entre nosotras puede ser profunda y práctica. Está ahí, en el día a día, que en el fondo es su esencia. Las mujeres están, lo que no quiere decir que los hombres no. No me atrevería a generalizar así. Pero la amistad entre nosotras es muy rica porque es profunda y no juzga.

P.- ¿No es una generalización igualmente?

R.- No, porque estoy hablando de una amistad real. Seguro que hay relaciones entre mujeres que no son así. Tendremos gente cerca que no nos caiga bien o con la que no nos interese mantener un vínculo. Cuando se habla de historias de mujeres, se tiende mucho a buscar un retrato de todas las mujeres, al 100%. Aquí sólo cuento la historia de seis de ellas. Ni son todas, ni por supuesto representan a “la mujer”. La historia de esta amistad que cuento sí que es real y profunda. Habrá otros tipos, pero esta es así.

"Por alguna razón que a se me escapa, en redes sociales funciona mucho mejor el sarcasmo y el ataque que la construcción y la luz"

P.- La tecnología incide de manera fundamental en la trama, y también la polarización de las redes sociales...

R.- Creo que el mundo se ha vuelto muy binario, hay que estar a favor o en contra de todo. Por alguna razón que a mí se me escapa, en redes sociales funciona mucho mejor el sarcasmo y el ataque que la construcción y la luz. No acabo de entenderlo. Pienso que eso se da más en Twitter. En Instagram, los defectos son otros. También me preocupa la cultura del ‘selfie’. En lugar de mirar hacia fuera, la cámara te mira a ti como si fuera un espejo. Que todo sea salir guapa, tener ‘likes’… Si piensas en el concepto, es muy perverso.

P.- El punto crítico de ‘Las incorrectas’ es algo irónico.

R.- Sí, pero hay una diferencia entre el sarcasmo y la ironía. Esta última parte de la empatía con el otro. Tomando distancia, entendiendo que podrías encontrarte en el mismo lugar. Pero el sarcasmo está más cerca de la crueldad. La frontera a veces se cruza, es fina, pero creo que en la novela hay crítica con ternura. Sarcasmo, seguro que no.

En tiempos en los que casi nadie lee, hay que ponerlo fácil

Quería hacer un homenaje a la amistad entre mujeres. En estos tiempos en los que casi nadie lee, hay que ponerlo fácil. La lectura me ha dado muchísimo, es algo que las series no pueden sustituir, aunque sean fabulosas. Leer es una experiencia muy íntima: tú y el libro. Y si el escritor lo hace bien, la obra te acompaña, te envuelve y te explica cosas que sientes y a lo mejor no habías puesto en palabras. Me parecía que el humor y el relato coral son mejor recibidos por el lector. Volviendo a lo que hablábamos sobre el feminismo, en lugar de estar soltando una tesis, estás contando y mostrando, dejando que el lector lo reciba sin necesidad de escribir un discurso.

P.- El relato coral y la abundancia de diálogos puede recordar a una obra audiovisual.

R.- Sí, probablemente tenga una influencia de ese lenguaje, pero no es deliberado. En una obra coral, es importante que los personajes ‘se cuenten’. Como es la historia de la amistad entre cuatro mujeres, el narrador no puede explicarlo todo. Se hacen amigas ellas, contándose cosas las unas a las otras y explicando quiénes son sin grandes historias. Con cotidianidad. Algún lector me ha dicho: “Gracias por contarnos”. Es la necesidad de sentir que lo que nos pasa puede pasarles a otros también. ‘Las incorrectas’ ayuda a sentirse acompañado y comprendido, con una sonrisa.

P.- ¿Cómo te han llevado tus anteriores publicaciones hasta ‘Las incorrectas’?

Portada de 'La novia de papá'. (Plaza & Janés)
Portada de 'La novia de papá'. (Plaza & Janés)

R.- Mi primera novela, ‘La novia de papá’, tenía un sentido del humor parecido y algo de reivindicación y un mensaje de tolerancia, pero divertida. Creo que, como obra literaria, ‘Las incorrectas’ es más sólida, completa y redonda. ‘Solos’, mi anterior publicación, me gusta mucho, pero no tiene tanta luz. Es bonito porque la gente está recibiendo ‘Las incorrectas’ con ganas de compartirla y de sonreír. No lo digo desde el punto de vista de la autoayuda, pero sí es bueno que salgamos a la calle con ganas de construir, de iluminar, y no de atacar a nadie.

La recepción está siendo buena, y algunos lectores me dan las gracias por retratarlos. Creo que todos estamos cansados de esa ficción que nos es lejana, que no nos atañe. O de las historias de mujeres perfectas. La gente me escribe: “La he leído, me ha encantado y se la voy a regalar a mis amigas”.

P.- ¿Hay que ser más incorrectas?

R.- La desobediencia es obligatoria, no nos podemos quedar con lo que se espera de nosotros. Ni en lo personal, ni en lo profesional, ni en nuestro aspecto. Hay que ser más incorrectas y muy libres. Desgraciadamente, parece que ahora la libertad es incorrecta.

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