CINE

Fama, alcoholismo y... maltratos: así fue Joan Crawford vista por su hija

Llega por primera vez a las librerías en español 'Queridísima mamá', las memorias de Christina Crawford que desvelan la peor cara de la estrella de Hollywood

Foto: Joan Crawford junto a sus hijos mayores, Christopher y Christina. (Notorious)
Joan Crawford junto a sus hijos mayores, Christopher y Christina. (Notorious)

En una secuencia de 'Feud', Joan Crawford cena con sus hijas gemelas, Cynthia y Cathy, cuando su sirvienta le recuerda que debe enviarle un ramo de flores a su hija mayor Christina, quien al día siguiente debuta en una obra de teatro. Pero la actriz decide que no mandará ningún tipo de ánimo a su primogénita: "No, no lo haré. Mi madre a mí nunca me mandó flores. ¿Crees que alguna vez me mandó algo? Desde los 12 años yo ya me sacaba las castañas del fuego limpiando letrinas. ¿Me quejé? Ni una vez. ¿Esperé que me mandasen tarjetas de felicitación o flores? Nunca. [...] Primero esperaremos a las críticas y luego, si eso, le mandamos flores".

Portada de 'Queridísima mamá'
Portada de 'Queridísima mamá'

La escena es terriblemente representativa de lo que fue la relación entre una de las actrices más importantes del Hollywood dorado y su primera hija adoptiva, que también hizo sus pinitos en la interpretación —pocos, eso sí—, pero a la que sobre todo se recuerda por las memorias que publicó en 1978, en las que acusaba a su madre de alcohólica y maltratadora, y hasta ahora inéditas en España. 'Queridísima mamá' (Notorious, 2019) desvela, por un lado, una estrella en decadencia maniática, inestable y que ha perdido el control sobre sí misma y, por otro, una hija con ánimo de revancha y notoriedad. Carnaza que Hollywood no pudo dejar escapar con una adaptación al cine en 1981 con Faye Dunaway en el papel de Crawford y Diana Scarwid en el de Christina y que arrasó en los Razzie de aquel año.

"Muerta. Joan Crawford. Ciudad de Nueva York, 10 de mayo de 1977 a las 10.00 a.m. hora de verano del Este. Causa oficial de la muerte: paro cardíaco", comienza 'Queridísima mamá'. Porque Christina esperó al fallecimiento de su madre para revelar los episodios más escabrosos de la relación con su madre, que en un artículo de 1978 en 'The New York Times' calificaron de "película de terror".

Christina y Joan Crawford
Christina y Joan Crawford

La gran estrella de la Metro se casó cuatro veces —la primera en la veintena y con el hijo de Douglas Fairbanks— pero no tuvo ningún hijo. Al parecer, Crawford sufrió hasta siete abortos naturales antes de decidir adoptar. La primera vez —y fueron hasta cinco—, durante su matrimonio con Franchot Tone. Tenía 35 años y "una sed insaciable de amor", según Christina. "Fui su primogénita, su bella niña y preciosa princesa, la nenita de cabellos de oro que tanto había deseado". Sin embargo, Crawford apenas tuvo relación en sus últimos años con sus dos hijos mayores —con Christopher rompió cualquier tipo de relación cuando el niño tenía 14 años, con Christina simplemente epistolar— y en los tiempos previos a la muerte de la artista los cuatro hermanos Crawford se veían a escondidas.

Antes de ser Joan, Crawford fue Lucille La Sueur y Billie Cassin

Antes de Joan, Crawford fue Lucille. Lucille Fay Le Sueur, una texana con aspiraciones artísticas que llegó a Los Ángeles con veinte años huyendo de una familia pobre y rota compuesta por una madre desapegada, dos padres desaparecidos y un hermano con el que tampoco tuvo demasiado contacto. Pero antes de Joan también fue Billie Cassin, bailarina de charleston y extra de musicales de la MGM. Por eso a la actriz le resultó natural cambiar el nombre de sus primeros hijos, independientemente de la edad que tuvieran: Christina nació como Joan Crawford Jr., aunque pronto le llamaron Christina, y Phillip Terry Jr. pasó a llamarse Christopher en el momento en el que Phillip Terry Sr. se convirtió en exmarido de la actriz. Pero es que, además, hubo un quinto hermano transitorio llamado también Christopher al que Crawford tuvo que devolver a su madre biológica cuando ésta pidió recuperarlo. Porque, además, Crawford no dudó en recurrir al mercado negro para conseguir unos niños que no podían tener, según las leyes de California, una madre soltera.

Otro momento de ambas
Otro momento de ambas

En 'Queridísima mamá' Christina comienza resumiendo los grandes éxitos de su madre en el cine para enseguida adentrarse en su juventud e infancia junto a la protagonista de 'Alma en suplicio', su único Oscar. Cuenta Christina que en sus primeros años Crawford se volcó con ella, incluso de manera obsesiva: "Guardaba cualquier mechón que cortaran de mi cabeza, todos los dientes que se me caían". La niña la acompañaba en los rodajes y las dos se mostraban en prensa como el epítome de la felicidad. Pero la realidad de puertas para adentro eramuy diferente.

Es difícil discriminar cuánto hay de llamada de atención o cuánto hay de 'vendetta' en 'Queridísima mamá'

Es difícil discriminar cuánto hay de llamada de atención o cuánto hay de 'vendetta' en 'Queridísima mamá'. El relato es tan delirante que sólo puede ser verdad. Verdad —¿en qué medida?— rellena de hipérboles y resentimiento. Como cuando afirma que antes de los seis años Crawford ya había roto cinco peines en su trasero durante una azotaina. O que les despertaba a ella y a su hermano en plena noche y les obligaba a limpiar la casa en un ataque de histeria. O cuando le pegó por encontrar una percha de alambre en un armario —las detestaba—. O que, como de pequeña padeció desnutrición, no dejaba que sus hijos dejasen comida en el plato. No cabía otra opción. Aunque la comida hubiese esperado una semana en el plato. "Dediqué más de veinticuatro años a cerciorarme de que mi queridísima mamá me amaba, a tratar de ganar su aprobación y aceptación para que no se enfadase tanto que también me hiciera desaparecer".

Hija y madre juntas en una foto de archivo.
Hija y madre juntas en una foto de archivo.

“Desde que tengo memoria se nos prohibía abandonar la cama por las noches para ir al bañoo para beber agua sin permiso. En ocasiones griotábamos a todo pulmón sin que nadie acudiera. [...] ", afirma. O "me dolía la cabeza por donde me había tirado del pelo y, cuando me la froté, cayeron unos cuantos mechones. Pero el terrible zumbido de mis oídos había comenzado a desvanecerse. Agradecía que hubiera terminado la paliza". Ya como adulta, en las últimas páginas de 'Queridísima mamá', Christina apunta a la consciencia de la actriz de su decadencia en Hollywood la que amargó todavía más el carácter de Crawford. Con papeles de serie B y alejada del éxito de antaño —de ahí la necesidad de relanzarse con '¿Qué fue de Baby Jane?' (1962)—, Crawford se entregó a la bebida, lo que le impidió "trabajar más de un día seguido".

Pero tampoco le impidió robarle a Christina el personaje de la serie 'The Scret Storm' (1968) que acabó interpretando Crawford después de que su hija, que llevaba tiempo en sequía laboral, cayese enferma. "Dios mío... era otra vez el monstruo, la gran farsa, que levantaba su cabeza y arremetía contra mí. Mamá llevaba sin trabajar como actriz un montón de tiempo, era la oportunidad perfecta.... ¿quién podía resistirse?". [...] "Mi madre quitándome el trabajo... ¡una madre alcohólica! Qué crueldad, qué humillación. Además llamándome para contarme lo genial que lo estaba haciendo, lo maravillosos que eran todos, lo bien que se lo estaba pasando". Cuarenta y un años después de la publicación en inglés, 'Queridísima mamá' ha marcado las vidas de ambas mujeres hasta el punto de que ya no se habla de Joan Crawford sin aludir a la mala relación con su hija y sus problemas de alcoholismo y agresividad y no se hablaría de Christina si no fuese por el libro. Porque la gente corriente y moliente irá al cine cada vez menos, pero los buenos chascarrillos de Hollywood siempre tendrán su público.

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