Populistas

Gil: el prototipo español de Donald Trump que hubiera podido reinar

Una serie de no ficción de HBO agita el revival Jesús Gil

Foto: Jesús Gil, en 'Las noches de tal y tal' (Mediaset)
Jesús Gil, en 'Las noches de tal y tal' (Mediaset)

Gregorio Jesús Gil y Gil murió el 14 de mayo de 2004 de una trombosis cerebral. Nunca ha llegado a estar claro el alcance total de su patrimonio. Empezó vendiendo recambios de coche, levantó la ciudadela especulativa de Los Ángeles de San Rafael durante el franquismo y en democracia convirtió Marbella en un paraíso de la corrupción y el saqueo con los votos de la democracia. Protagonizó la etapa más estrambótica del Atlético de Madrid, pero el magnate dejó una herencia de sólo 854 euros y un patrimonio ridículo, en términos gilísticos, que apenas daría para costear el chalet de Iglesias y Montero: 625.000 euros.

La muerte le llegó como un indulto divino. Desde la capilla ardiente brotó el humo de la leyenda urbana porque era muy difícil creer que un tipo tan astuto hubiera fallecido justo cuando se cerraba sobre su imperio el cepo de la investigación y la justicia. Era más comprensible imaginar una fuga millonaria: se dijo que había sido visto en Argentina y Chile como un jerarca nazi. En una reunión de la Real Federación Española de Fútbol en 2015, las cámaras capturaron un diálogo imposible: Ángel María Villar preguntaba a Miguel Ángel, primogénito de Gil, “¿qué tal tu padre?”, a lo que este contestaba “bien”, como si tal cosa.

Este año, Miguel Ángel Gil Marín entró en el top 200 de las personas más ricas de España con un patrimonio de 240 millones de euros pese a que el Tribunal de Cuentas tiene embargadas 150 propiedades de la familia. Mari Ángeles Marín, viuda, y sus hijos dirigen una galaxia empresas inmobiliarias entre las que destacan Miramco, Club Financiero Inmobiliario S.L, Monte Romano S.L., el Grupo los Ángeles de San Rafael, la Agropecuaria Valdeolivas y la inmobiliaria de patriarca, Gilmar. “¿Qué tal tu padre?” “Bien”.

Una serie de no ficción de HBO revisará próximamente la vida de Jesús GIl.

¿Gil o Trump?

Pero de Jesús Gil ha quedado algo más importante: la impronta política. El soriano fue el pionero de lo que, con Donald Trump, llamaríamos nacionalpopulismo. Aquel, como este, era un millonario experto en ruinas, un logorreico inculto pero elocuente, un mentiroso que presumía de decir siempre la verdad, un estratega brillante pero embrutecido, un gordo antipático pero campechano y, sobre todo, un tipo con un insaciable sed de poder. Auspiciado por la naciente televisión de Berlusconi, el dinero negro y la especulación inmobiliaria, Gil se convertiría en los 90 el prototipo del sátiro político de éxito del siglo XXI: una maqueta del monstruo que quizás no llegó más lejos porque España no estaba preparada.

La muerte le llegó como un indulto divino

¿De dónde venía su ambición? Freud no hubiera tenido la más mínima duda de que Gil estaba destinado a la avaricia. Su madre, Guadalupe, admitía: “Me casé por dinero. Siempre quise a otro hombre del pueblo, pero me interesaba el dinero y me daba igual que mi marido fuera gato o perro”. Recoge la cita Iván Castelló en 'Salvaje: la imperiosa historia de Jesús Gil y Gil (editorial Contra) y el autor remata por la escuadra con esta máxima: “Gil no formó una familia, sino en realidad otra empresa”.

En una entrevista a 'La Vanguardia' el 4 de junio de 1991, once días después de ganar por mayoría absoluta en Marbella, Gil dejaba claro su credo: “Yo me presenté a las elecciones para resolver los problemas de mi empresa inmobiliaria. Tengo 30.000 millones en apartamentos por vender”. Tres meses atrás, en plena pugna, había tranquilizado a la competencia: “Aznar no debe tenerme miedo. A mí sólo me interesa Marbella”. Solamente mentía en una de las dos declaraciones: unos años más tarde trató de conquistar España con su partido, el GIL, pero tras el batacazo electoral tuvo que conformarse con Ceuta y Marbella: una ciudad destruida por él y sus secuaces.

Manual del perfecto populista de Jesús Gil

La estrategia populista de Gil tiene, como hemos dicho, muchas conexiones con la de Trump. Dominaba la provocación, era un hombre sin complejos y no le importaba lo más mínimo convertirse en el blanco de las burlas y los ataques porque sabía sacarle rendimiento. En la sociedad frívola y permisiva de los años 90, Gil aparecía en un jacuzzi rodeado de fulanas o hablaba con su caballo Imperioso. Quería que sus enemigos difundieran su mensaje, así que atacaba sin cuidado ni piedad. Y funcionaba. Muchas de sus perlas están recopiladas en 'El libro marrón de Gil y Gil', editado por Cambio 16.

Sabía que insultar abiertamente a los periodistas era una forma de acaparar titulares. “Es disminuido físico y mental. Lo único que puedo hacer con el cojo es mandarlo a Fátima para que se cure allí”, dijo sobre José Javier Santos, de Radio España. “Pega más patadas al diccionario por minuto que la media de los españoles y, a pesar de eso, de creerse que es Robert Redford cuando se pone delante de un micrófono, tiene un mérito enorme. Gana dinero, está por encima de todo y reparte títulos de moralidad y de inteligencia”, sobre José María García. “Esos son unos auténticos hijos de puta; no conocen ni a su padre ni a su madre y deben ser hijos de algún toro cornudo”, sobre El Sol y El Independiente.

Freud no hubiera tenido la más mínima duda de que Gil estaba destinado a la avaricia

Un día, señalando a los periodistas en una rueda de prensa, soltó: “Tenía que coger una metralleta y matarles”. Y otro día dijo de un periodista de 'El Mundo' que le había criticado: “Yo creo que la basura es él y el medio en el que escribe, porque ya lo conozco, ahí nos conocemos todos muy bien... Yo creo que tiene que meterse con Gil porque si no no come, pobre desgraciado el pobrecito, bollero, bollero, bollero”. Sobre su actitud mediática, él mismo declaraba: “Me gusta ser zafio y esperpéntico porque así utilizo a todos y salgo en los periódicos. Es una estrategia de marketing. Además yo sólo ataco al que miente y al que falsea la verdad”.


Así que, como Trump, Gil decía combatir las “fake news” mientras las creaba. Por ejemplo, al loarse a sí mismo: “Soy único e irrepetible, el mejor alcalde del mundo”. “Soy el benefactor del Gobierno, el opio del pueblo, que conmigo olvida sus problemas”. “Yo soy el hombre más popular que hay en España”. “Puedo ganarme la vida friendo huevos”. “Yo creo que estos titulares que me monto son producto de una imaginación superior”. “Soy guapo hasta estando gordo”. “Estoy a gusto como estoy, ordinario en apariencia, puro y genial en el fondo”. “Mis discursos no me los escribe nadie, soy autodidacta en todo e incluso las faltas las pongo a propósito porque si me ven demasiado ilustrado no me creerían”.

Dominaba la provocación, era un hombre sin complejos y no le importaba lo más mínimo convertirse en el blanco de las burlas y los ataques porque sabía sacarle rendimiento

Sabía que el sexo puede ser un vehículo de gran cilindrada para esparcirse en las televisiones y no le importaba parecer grotesco: “Si yo fuera mujer sería tan fácil, tan fácil que no sabría negarme a cualquier hombre que tuviera un apetito sexual y el pobrecillo estuviera en estado de necesidad. Yo sería tan comprensivo que le diría que sí siempre”. “Tengo que contestarte directamente que yo sí me he acostado con alguna prostituta, como casi todos los españoles”. “Tengo bastante éxito con las mujeres, pero no puedo ejercer, porque la mía me ha dicho que tiene una tabla preparada para cortarme aquello en trocitos”.


Incluso escribió su panegírico: “En la lápida tendrían que poner: aquí yace aquel que cantó las 40 a los imbéciles, aquel que hizo y dijo lo que le dio la gana, aquel que fue el cómplice de todo un pueblo, aquel que sintonizó como nadie con la realidad de la gente lisa y llana, aquel que fue un tío cojonudo. Lógicamente en paz con Dios y lógicamente, si le dejó alguna deuda a Hacienda, pues mejor”. Vaya si se la dejó.

Cultura
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
4 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios