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¿Alguien tiene algo mejor? Elija su sistema preferido para sustituir la democracia

La democracia no vive su mejor momento, pero no existe nada parecido a un acuerdo sobre qué modelo podría mejorarla. David Runciman analiza las opciones en su último ensayo

Foto: Urnas almacenadas en Bangkok, Tailandia. (EFE)
Urnas almacenadas en Bangkok, Tailandia. (EFE)

"La democracia representativa contemporánea está cansada, es vengativa y paranoica, se engaña a sí misma y es engorrosa y, con frecuencia, ineficaz. Buena parte del tiempo vive de glorias pasadas. Este penoso estado de cosas es un reflejo de aquello en lo que nos hemos convertido. Pero la democracia actual no es lo que somos. Es solo un sistema de gobierno que nosotros construimos y que nosotros podemos sustituir. Así que, ¿por qué no lo reemplazamos por algo mejor?". A fin de cuentas, se plantea el brillante politólogo de Cambridge David Runciman en su nuevo libro 'Así termina la democracia' (Ariel), no podemos seguir repitiendo el adagio de Winston Churchill por toda la eternidad, ya saben, aquello de que "la democracia es la peor forma de gobierno a excepción de todas las demás".

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'Así termina la democracia'. (Paidós)
'Así termina la democracia'. (Paidós)

¿Y si el problema en tiempos caóticos y tumultuosos es que nadie está dispuesto a mover un dedo por defender algo tan poco estimulante como el mal menor? Es cierto que los otros sistemas que investigamos en el pasado fueron un desastre. Pero, ¿qué nos impide inventar otra cosa? ¿Alguien tiene algo mejor?

Ojo, el elocuente y sugestivo ensayo de Runciman no es un epitafio. Su investigación acerca de la tormenta perfecta que embate contra el viejo orden liberal en todo el mundo despertando virulentos populismos, nacionalismos intransigentes y todo tipo de identidades innegociables es pesimista pero no definitiva. A fin de cuentas, en otras peores nos hemos visto, como los años treinta del aciago siglo XX cuando parecía imposible que la democracia pudiera sobrevivir a la santa alianza de los totalitarismos y que tantos ecos tienen en nuestro presente. Pero el ejercicio de pensar otras posibilidades de vivir juntos en un mundo global al que se aplica en la parte final de su libro resulta tremendamente sugestivo. ¿Qué tenemos en el menú? Veamos.

Alternativas a 'La Catedral'

Los enemigos de la sociedad abierta se muestran tajantes. El filósofo británico, Nick Land, por ejemplo, advierte que, o abandonamos la democracia en la cuneta de la Historia o la civilización se desmoronará: "A medida que el virus democrático va arrasando la sociedad, las costumbres y actitudes relacionadas con la inversión prudente, humana, industrial y con vistas al futuro, que tanto costó afianzar en su momento, son sustituidas por el consumismo estéril y orgiástico, la incontinencia financiera y el circo político en formato de 'telerrealidad'. El mañana podría pertenecer al equipo contrario, así que mejor comérselo todo ahora". Lane llama a la democracia actual 'La Catedral'.

David Runciman.
David Runciman.

Empecemos pues a plantear modelos alternativos a 'La Catedral' aunque, como afirma Runciman, ahí es donde empiezan los problemas.

Modelo A: el Estado Corporación

Imaginen que su Estado funciona como una gran corporación con su propio consejero delegado no elegido por la ciudadanía. Los ciudadanos son clientes y, por tanto, pueden dejar de interesarse por los oscuros tejemanejes de la política y, en caso de que la cosa no funcione, presentar una queja al departamento de atención al cliente o, en un momento dado, elegir un nuevo proveedor. Tal sería el modelo del citado Lane y del gurú informático Curtis Yarvin, alias Mencius Moldbug. Los llaman neorreaccionarios pero ellos, fans de Hobbes, prefieren presentarse como restauracionistas: la política moderna eligió el camino equivocado en 1688 y toca dar la vuelta atrás.

Modelo B: el Autoritarismo Pragmático

Miren a los chinos: crecen sin fin, tocan ya con la punta de los dedos la prosperidad que hasta ahora había pertenecido en exclusiva a Occidente y, en fin, si no son libres, tampoco parece importarles. Pero no hace falta implementar un estado totalitario como China, basta con desarrollar un autoritarismo, digamos, más pragmático, que pueda prescindir de los engorrosos horrores del lager nazi o del gulag estalinista. En vez de dignidad personal y beneficios colectivos, como prometía la vieja democracia liberal, promovamos beneficios personales y dignidad colectiva. Make America Great Again! En ello andan Trump, Rusia, Polonia, Hungría, Brasil o los partidarios del Brexit en Reino Unido. "El desarrollo económico rápido unido a la autoafirmación nacional tiene un atractivo evidente para Estados que necesitan aportar resultados en un periodo relativamente breve. En esos lugares, la democracia muchas veces parece la apuesta más arriesgada", confiesa Runciman.

Basta con desarrollar un autoritarismo más pragmático que prescinda de los engorrosos horrores del lager nazi o del gulag estalinista

Modelo C: la Epistocracia

Platón fue uno de los primeros enemigos de la democracia y no era capaz de aceptar porque todo el mundo debía votar: ¿También los ignorantes? ¿Los tontos? ¿Los locos? Mucho mejor que se encargaran los que verdaderamente saben, por ejemplo, los filósofos como él. Hoy a nadie se le ocurriría ofrecer el gobierno a algo tan desprestigiado como un filósofo... pero sí a un técnico. La epistocracia es el gobierno de los que saben y hoy pensadores como Jason Brennan proponen que el voto sea discriminado y ponderado según el nivel de conocimiento de quién lo ejerza. Ahora bien, no es fácil saber quién sabe más. Brennan aboga por una suerte de examen real que "cribe a los ciudadanos y excluya a los que estén muy mal informados sobre lo que está en juego en unas elecciones o lo ignoren por completo, o a los que carezcan de los conocimientos básicos en ciencias sociales".

Modelo D: la Robotcracia

Dejémonos de líos. Las máquinas van poco a poco sustituyendo con mejores resultados a los humanos en un número cada vez mayor de tareas. ¿por qué no habrán de hacerlo a la hora de decidir las mejores políticas públicas para todos? Bienvenidos a la 'Robotcracia'. Cuenta Runciman que en 2017 la empresa tecnológica estadounidense Kimera Systems anunció que estaba a punto de dejar lista una inteligencia artificial llamada Nigel que mostraría a los votantes qué deberían votar antes de que ellos mismos lo supieran. Con la cantidad de datos que se guardan ahora mismo de todo el mundo, sería perfectamente posible saber por adelantado qué opción política conviene más a sus gustos y a sus necesidades. Si Siri te recomienda libros que quieres leer, Nigel haría lo mismo con partidos y posicionamientos políticos.

Modelo E: la Nueva Anarquía

Este último enfoque niega rotundamente la mayor. Qué importan los resultados. Lo que el ser humano desea, sea una quimera o no, es sentirse libre, expresarse sin cortapisas. ¡Y al diablo las consecuencias! Reinventemos pues el Anarquismo, antaño una fantasía fugaz que hoy los avances tecnológicos podrían hacer realidad. Ambos extremos del espectro político exigen algo así, por un lado los 'libertarians' herederos de Robert Nozik rechazan cualquier intervención del Leviathan estatal en nuestras vidas. Por el otro los izquierdistas como Paul Mason eligen un opresor distinto, no el Estado redistributivo sino el libre mercado capitalista. Y no hace falta esperar. Las redes tecnológicas abren la puerta a la anarquía posible aquí y ahora.

Qué importan los resultados. Lo que el ser humano desea, sea una quimera o no, es sentirse libre, expresarse sin cortapisas

Para concluir, y tras tan imaginativo como desasosegante desglose de soluciones no democráticas, David Runciman nos devuelve a la realidad y a un moderado optimismo: "La democracia occidental está pasando por lo que en las personas es la típica crisis de los cuarenta o de los cincuenta: una crisis de madurez, en definitiva. Con esto no pretendo quitarle hierro al asunto: las crisis de madurez pueden ser desastrosas y hasta mortales. (...) Cuando un hombre de mediana edad en plena crisis se compra una moto llevado de un impulso repentino, puede estar cometiendo una temeridad. Si la suerte no le acompaña, tal vez acabe estrellado o envuelto en una bola de fuego. Pero la peligrosidad de tal acción no es ni remotamente similar a la que esta tiene cuando es un adolescente de diecisiete años. Lo más normal es que lo máximo a lo que nuestro hombre maduro se arriesgue sea a hacer un poco el ridículo".

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