DOCUMENTAL 'ABRO HILO'

Del chiste a la cárcel: hablan las principales figuras del humor en España

Movistar+ estrena '#AbroHilo', un documental sobre el fenómeno del humor tuitero en España que reúne a cómicos como Ignatius Farray, Berto Romero, Ana Morgade o Pepe Colubi

Foto: Ana Morgade e Ignatius Farray participan en el documental de Movistar , '#AbroHilo'.
Ana Morgade e Ignatius Farray participan en el documental de Movistar , '#AbroHilo'.

“Ahora que tengo más de cincuenta mil followers y me he tomado cuatro vinos podré decir mi mensaje: ¡El Holocausto fue un montaje!” Lo escribió el director Nacho Vigalondo allá por 2011 en Twitter. “Nunca se han visto las pirámides de Egipto tan poco transitadas, ojalá pronto se acabe la revuelta”, reflexionaba David Bisbal ese mismo año, en esa misma red social. Los chistes de judíos de Zapata o los de Cassandra Vera y Carrero Blanco son dos ejemplos más actuales de la repercusión que puede llegar a tener un mensaje en una red social. Las reacciones posteriores fueron las obvias, risas por un lado y críticas por el otro. Eso sí, en los casos más recientes, el final ha sido diferente: juicios, cárcel, multas o dimisiones.

¿Cuánta repercusión puede tener un chiste en una sala o un teatro? ¿Y en una plataforma con alcance mundial? Ha llegado un punto en el que Twitter puede llegar a generar juicios, mediáticos y reales. Así lo apuntan en Movistar+, plataforma que ha estrenado el documental ‘#AbroHilo’, dirigido por Antonio J. García y con guion de Beatriz Cepeda, sobre la situación actual del humor en España y el papel que ha desempeñado esta red social.

“El humor es una parte fundamental del ser humano”. La frase es de Pepe Colubi (‘Ilustres ignorantes’) pero podría haberla pronunciado cualquiera de los demás participantes del documental: Berto Romero, Ignatius Farray, Ana Morgade, Lucía Taboada, Manuel Bartual, Nacho Vigalondo o Carolina Iglesias comentan sus experiencias, debaten sobre los límites del humor y analizan la situación de Twitter como último bastión de la risa, así como su función publicitaria, el nuevo tipo de narrativa que impulsó Manuel Bartual o sus papel en la revitalización de los programas de televisión.

¿Cómo vamos a sobrevivir a España sin Twitter y sin humor?

“¿Cómo vamos a sobrevivir a España sin Twitter y sin humor?”, ríe Lucía Taboada, periodista y adalid del humor tuitero con más de 120.000 seguidores. La esencia de la red social es sencilla: conseguir sintetizar un pensamiento muy elaborado ya es de por sí cómico, resume el humorista Ignatius Farray. Con un sistema propio para hacer comedia, desde los memes hasta los hilos, Twitter “ayuda a entender la realidad con humor”. “El humor es una terapia fantástica para superar desgracias sin quitarles hierro ni minusvalorarlas”, define El Humanoide.

Una caricatura no es un retrato

Ahora, hablar de humor lleva casi automáticamente a nombrar los límites, las ofensas, la indignación y -también- las denuncias. “Si no te ríes no es humor”, opina El Humanoide respecto a los límites. “Es una limitación por inútil”.

Algunos de los entrevistados señalan la intencionalidad del chiste como aspecto clave en los que se refiere a los límites del humor y otros remiten a la ya conocida fórmula de que el humor debe ser de abajo a arriba, es decir, de los oprimidos a los poderosos.

Para el director Rodrigo Cortés, decir que no debería haber límites también significa ser deshonesto. “Nosotros mismos encontramos nuestros propios límites, cosas que nos parece que han excedido una línea”, opina. “Pero como esa línea es distinta en cada uno, cualquiera que trate de hacer gracia va a tener que jugársela”. Para Ana Morgade, hay que “ofender, deformar y distorsionar”. “Si no le estás pidiendo a una caricatura que sea un retrato. Entonces dejará de tener gracia”.

Ignatius, uno de los representantes más importantes de la comedia y el stand-up comedy actuales, afirma que se puede hacer comedia sobre cualquier tema, pero no de cualquier manera. Farray señala el papel del profesional del humor como fundamental y remite al filósofo Bertrand Russeld: el cómico, por ser lo que es, no solo puede tener libertad para decir ciertas cosas, sino que debe hacerlo. “A un cartero se le permite llegar al portal de una casa y tocar en todos los timbres. Eso, para otra persona sería intolerable, porque sería un pesado que está molestando”, ejemplifica. “Un cómico debería entenderse como una profesión a la que la sociedad le concede ese margen”.

Uno de los tuits de Ignatius, marcado como favorito por Albert Rivera ('#AbroHilo')
Uno de los tuits de Ignatius, marcado como favorito por Albert Rivera ('#AbroHilo')

“Me he encontrado a una persona que necesita ayuda pero no es ni mujer ni LGTB ni disfuncional ni pertenece a ningún colectivo racial desfavorecido así que le he pegado una paliza por facha”, escribió Ignatius en enero de 2018. “Sé que mucha gente piensa que yo voy a provocar pero no es mi ambición, mi ambición es dejarlo un poco en el filo y que sea ambiguo”, explica en el documental. “Me gusta encontrar ese límite pero no me gusta que la gente lo pase mal por algo que yo haya dicho”. Por este tuit, al cómico le llovieron críticas, pero también risas y un 'like' inesperado: el de Albert Rivera.

"Controlar lo incontrolable"

Lo que está ocurriendo con Twitter traspasa pantallas y las consecuencias de lo que ahí se publica pueden llegar, incluso, a los tribunales.

“Antes te preocupabas por la carrera de Vigalondo, no de que lo juzgaran”, analiza Hematocrítico sobre el cambio de paradigma. Un ejemplo, también reflejado en el documental, es la diferencia en la reacción desde la cuenta de Twitter de la Policía en solo dos años. “‘¡Ojalá se mueran (o una bomba)..!’ es una mezquindad, una idiotez, pero no es delito. ¿Por qué no les ignoras y bloqueas? Te cabrearás menos”, escribían en 2013. En 2015, el mensaje era diferente: “En Internet, decir canalladas puede no solo dejarte como un canalla… También te puede llevar a la cárcel”.

El cambio de opinión de la Policía en Twitter ('#AbroHilo')
El cambio de opinión de la Policía en Twitter ('#AbroHilo')

En este aspecto, Taboada encuentra más de una laguna. “A nivel judicial se ha hecho una selección del odio a nivel ideológico, no se persigue igual a alguien que tuitea hacia una ideología que hacia otra”, asegura.

“En la tele y en la radio o en la prensa la gente sabe cómo tiene que comportarse. Sabes que hay cosas que no dirías”, compara Berto Romero. Twitter, en cambio, es un lugar más novedoso y el cómico, en concreto, recuerda el caso de Cassandra Vera, para quien pedían un año de cárcel por sus tuits en clave de humor sobre Carrero Blanco. “Creo que hay una sensación de que se les puede ir de las manos y están intentando dar ejemplo castigando de forma excesiva. Están intentando controlar lo que aparentemente era incontrolable: la expresión del pensamiento de la gente de forma libre”.

Ana Morgade coincide: se está intentando regular el sentido del humor, algo que no va a conseguir “modificar nada”. “No todo tiene gracia pero, ¿quién lo decide?”, se pregunta. “Normalmente es gente que ni se dedica al humor ni tiene ningún sentido del humor. Si yo no regulo la medicina interna, ¿por qué alguien tiene que venir a regular el humor si no sabe hacerlo?”

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