entrevista

Emmanuel Carrère: "Creo ser sincero... pero no estás obligado a creerme"

El escritor francés apabulla con itinerarios inimitables en novelas tan celebradas como 'De vidas ajenas', 'Limónov' o 'El reino'

Foto: Emmanuel Carrère en Pollença, Palma de Mallorca. (EFE)
Emmanuel Carrère en Pollença, Palma de Mallorca. (EFE)

Dentro del panorama de las letras europeas contemporáneas Emmanuel Carrère (París, 1957) ostenta una posición de honor surgida de un punto de inflexión decisivo en su carrera. En 1999, como si de este modo quisiera emparentar su impronta con el inminente cambio de siglo, publicó 'El adversario', comparado desde su aparición con 'A sangre fría', de Truman Capote. Las coincidencias, más allá de los asesinatos presentes en sus páginas, no eran casuales y supusieron un renacimiento de la no ficción que Carrère cultivó y cultiva hasta ser casi un género en sí mismo con novelas tan celebradas como 'De vidas ajenas', 'Limónov' o 'El reino', donde apabulla con su naturalidad narrativa para abordar sus obsesiones con especial sutileza y prender la mente del lector mientras propone itinerarios inimitables, algo que muchos no entienden. En octubre Anagrama, editora de toda su obra traducida al castellano, recuperará 'Yo estoy vivo y vosotros muertos', su viaje biográfico por la singladura del escritor norteamericano Philip K. Dick.

Nos encontramos con Carrère en las Conversaciones Literarias del Formentor, en Palma de Mallorca, con motivo de la entrega al escritor rumano Mircea Cartarescu del premio que lleva el nombre del Hotel.

'El adversario'. (Anagrama)
'El adversario'. (Anagrama)

PREGUNTA: ¿Fue consciente del cambio de tercio narrativo que emprendió con 'El adversario'?

RESPUESTA: Inicié mi carrera con una prosa, digámoslo así, más convencional que cambió en muchos sentidos a partir de la novela que menciona. Ahora sí soy consciente de ese cambio, pero entonces no me di cuenta, surgió como surgió.

P: Usa el yo tanto en sus reportajes como en sus obras de no ficción. El yo en el periodismo parece maldito. ¿Cree que falsea algo dejar el yo fuera?

R: Uso el yo para ser más objetivo. Hablar en primera persona me parece una forma de humildad lo identificarán como exhibicionismo, pero en realidad es una forma paradójica de objetividad. Al fin y al cabo la objetividad es ficticia y las cosas se cuentan desde un punto de vista personal que proporciona exactitud.

P: Ahora mismo hay mucho periodista que está en el centro del relato.

R: No creo que sea exactamente estar en el centro. Al contar las historias siempre hay el filtro de quien las escribe, algo esencial, pues siempre debe existir un punto de vista concreto. El observador es quien desencadena la situación y, como es comprensible, uno debe ser consciente de ello, es un poco como en una película documental, el ojo del director modifica la realidad, y me parece algo ciertamente honesto.

Emmanuel Carrère. (EFE)
Emmanuel Carrère. (EFE)

P: ¿Le inquieta la salida de la cárcel de Jean-Claude Romand?

R: En absoluto, sólo volvería a su figura si se diera una situación excepcional. No sé si querrá verme. Si lo hace desde luego no lo rechazaré, pero no es un tema que me preocupe. En su momento escribí 'El adversario', pero ahora mismo es algo que forma parte del pasado.

P: ¿La situación le obliga a repensar la novela?

R: Si Romand sale de prisión, se casa, tiene una familia y al cabo de diez años los masacra pues sí me gustaría escribir otro libro sobre su figura, pero espero que eso no pase; si lleva una vida normal y se mete en un monasterio como dijo sólo añadiría una adenda de una página o poco más como conclusión.

Si Romand sale de prisión, se casa, tiene una familia y al cabo de diez años los masacra... sí escribiría otro libro sobre su figura

P: Al fin y al cabo debemos diferenciar entre persona y personaje.

R: Efectivamente, son dos cosas por completo distintas. Al fin y al cabo si escribiera una nueva historia su relación con 'El adversario' sería por el personaje, pero por nada más, serían textos distintos, algo comprensible, entre otras cosas, por la cronología. Lo escrito, escrito está; cambiar 'El adversario' sería como modificar una foto con Photoshop. Hace un tiempo mi editor me pidió publicar 'L’amie du Jaguar', mi ópera prima que ahora juzgo un horror. Contemplé dos posibilidades. Reescribirla o dejarla tal cual. Opté por la segunda opción. La otra carecía de sentido y era una impostura.

P: A partir de su no ficción he pensado muchas veces en cómo la usa. Su prosa parece desbordar sinceridad. ¿Es una percepción, una realidad o una máscara?

R: Yo creo ser muy sincero... pero como es natural no estás obligado a creerme (Risas). Hay tres grados. El primero es la exactitud factual, es un objetivo al que acceder. Pongamos el ejemplo de 'El adversario'. La exactitud de los hechos puede establecerse por los hechos y el proceso de instrucción. Con este material debía ser muy riguroso. En este punto creo que hay otro factor muy importante. Si los hechos ofrecen nebulosas y no pueden mostrarse con toda la precisión necesaria es justo decirlo. En cierto sentido este punto surge de las necesidades y prácticas esenciales del periodismo.

Emmanuel Carrère. (EFE)
Emmanuel Carrère. (EFE)

P: ¿Cuál sería el segundo grado?

R: La sinceridad es un deseo, hay que intentar serlo lo más posible, decir las cosas como uno las siente a través de la experiencia propia. Hay que realizar un esfuerzo moral para acceder a la misma. Podríamos equiparar la sinceridad con la honestidad, las considero sinónimas. El tercer grado sería la verdad, es difícil de alcanzar, por mucho que queramos no depende enteramente de nosotros.

P: Un narrador puede ser sincero y apostar por la verdad, pero también puede falsear e inventar pasajes si el texto lo requiere. ¿Ha usado este recurso desde su giro a la no ficción?

R: Hay un ejemplo de lo que dice en 'A Sangre fría'. En un momento de la fuga de Perry Smith y Richard Hickock ambos atropellan a un perro. Un periodista le preguntó a Capote si eso era cierto o una fábula que encajaba bien en la trama. Respondió muy indignado, afirmando que de haberlo inventado se hubiera traicionado a sí mismo al destruir la coherencia artística de su libro. En mi caso si invento lo digo, es el modo de ser consecuente con uno mismo. En algunos casos, y con cierta frecuencia, sí que invento, como en 'El reino', donde la imaginación juega un papel muy importante porque la parte de las hipótesis tiene mucho peso. La cuestión es dejar clara la diferencia entre los hechos contrastados y la invención. Es una forma de ser honesto y lo más transparente posible para con el lector.

En mi caso si invento lo digo, es el modo de ser consecuente con uno mismo

P: Precisamente en 'El reino' menciona extensamente tu período creyente. ¿Crees que en ese momento había alguna contradicción con serlo y escribir el tipo de periodismo que practicas?

R: Todo depende del punto de vista. En principio sí es contradictorio, pero si uno es consciente del papel que tiene como creyente pueden darse ambas cosas al mismo tiempo. Simplemente el lector debe saber que el punto de vista es el de un creyente. Haciéndolo mostramos que lo escrito no es una verdad absoluta. Hará cosa de veinte años en la televisión había un personaje que trataba temas sociales. Siempre lo presentaban como psicoanalista. Lo que nadie sabía es que, en realidad, también era cura. No decirlo falseaba por completo su función.

P: ¿Se siente bien con la velocidad de crucero del periodismo en el siglo XXI?

R: No mucho, la verdad. Los reportajes requieren tiempo, dinero y espacio, algo que cada vez es más complicado por la paulatina carencia de esta particular trilogía. Cuando empecé en el periodismo eran los años ochenta del siglo pasado y todo funcionaba bien distinto, casi recuerdo esa época como una pequeña edad de oro para la profesión.

P: Dos de sus últimos temas periodísticos son de plena actualidad. Pienso en 'Calais' y el reportaje sobre Emmanuel Macron. ¿Se siente más comprometido con el presente que en otras épocas de tu trayectoria?

R: Sí, seguramente sí. Al mismo tiempo a lo largo de mi vida, sobre todo al principio, me he comprometido mucho con el presente, como los reportajes sobre Rumanía tras Ceaucescu y el foro de Davos. El tema de Macron no lo elegí, me lo propuso The Guardian y me apeteció hacerlo, como un reto.

La ideología extremista crece en toda Europa mientras la izquierda no logra llenar huecos que ella misma dejó vacíos

P: Lo decía porque tengo la percepción que el escritor actual está menos comprometido con su época y por eso considero los textos mencionados como una notable excepción.

R: Sí, eso es verdad y da para pensar mucho. Tengo curiosidad para con el presente, me interesa el tiempo que me ha tocado vivir y es natural que insista en reportajes de este tipo, forma parte de una necesidad de comprender lo que nos rodea. Me preocupa ver cómo, pienso en Calais, toda la ideología extremista crece en toda Europa mientras la izquierda no logra llenar huecos que ella misma dejó vacíos. Siempre existió el radicalismo de derechas, pero toda la xenofobia actual me preocupa sobremanera.

P: El drama de la inmigración como uno de los grandes problemas europeos de principio de siglo.

R: Sí, sin duda, pero aquí debemos ver cómo planteamos la cuestión. Desde un punto de vista burgués podemos decir que la cuestión no afecta a nuestras existencias, pero ello no excluye su gravedad. Para las personas de Calais el cambio ha sido enorme y la oleada migratoria ha alterado el paisaje desde múltiples perspectivas. El análisis debe hacerse situación por situación. Por otro lado el reportaje sobre Calais no fue mi idea, surgió porque el editor de la revista XXI me pidió un artículo con un punto de vista particular enfocándolo en sus habitantes, no en el campamento de los recién llegados. Al focalizarlo de este modo lograba desplazar la mirada y plantearla con una óptica alejada de lo convencional. Como no fue mi idea puedo decir que me resulta genial.

'Yo estoy vivo...' (Anagrama)
'Yo estoy vivo...' (Anagrama)

P: Ahora Anagrama reedita 'Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos', su biografía de Philip K. Dick. ¿Cómo encaja este libro de 1993 en el conjunto de su trayectoria?

R: Me encanta que vuelvan a publicarlo, es un libro que me gusta mucho, del que conservo muy buenos recuerdos. Lo curioso es que la biografía de Philip K. Dick no dista tanto de otras obras mías, como 'El Reino', donde San Pablo no dista tanto del escritor norteamericano. Uno inventó un fenómeno religioso y el otro lo intentó, aunque al final sólo se dedicara a la literatura. La comparación ya sería de una asombrosa precisión si en vez de K. Dick habláramos de L. Ron Hubbard, quien además de escribir sí logró fundar una religión con la Cienciología, éxito que, debo decir, no me inspira ninguna simpatía porque considero esa fe más bien estúpida y peligrosa.

P: Philip K. Dick, Jean-Claude Romand y Eduard Limónov, por citar sólo algunos ejemplos, son lo que podríamos considerar outsiders. ¿No has pensado nunca enfocar un libro de no ficción a partir de la existencia de un hombre normal?

R: Es muy interesante tu apreciación. Nunca había pensado lo que has dicho y hay gran parte de verdad en tu reflexión. No, nunca contemplé plantear una novela a partir de un hombre normal, pero podría hacerlo, cada existencia, hasta las más anodinas, contienen elementos de conflicto e inflexiones dignas de ser narradas.

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