ENTREVISTA

Nacho Vidal: "En el colegio yo era el que defendía a los que les hacían bullying"

El actor porno presenta el libro 'Mi nombre es Violeta', basado en la vida de su hija trans de nueve años

Foto: El libro está basado en Violeta, la hija trans de Nacho Vidal.
El libro está basado en Violeta, la hija trans de Nacho Vidal.

Con tres años, Violeta se preguntaba por qué sus padres la llamaban Nacho, aunque por aquel entonces, su nombre sería Sara. Fue más tarde cuando se decidió por el de Violeta, por ser el favorito de su madre. Violeta se puso su primer falda a los seis años y al momento comenzó a dar vueltas, feliz, mientras cantaba ‘Suéltalo’, de Frozen. “No se me va a olvidar nunca”, recuerda el actor Nacho Vidal. Violeta es su hija trans y ‘Mi nombre es Violeta’ (Planeta) es el relato que ha inspirado su vida.

El libro narra la historia de Violeta, cuyo personaje, más mayor que la Violeta real, se ve obligada a cambiar de instituto. Allí nadie sabe que hasta los cinco años fue Nacho y que todo el mundo la trataba como aquello que no era: un niño. Un libro de literatura juvenil que busca abrir los ojos y recobrar la fe por los finales felices.

'Mi nombre es Violeta' (Planeta)
'Mi nombre es Violeta' (Planeta)

PREGUNTA: ¿Cuánto de real tiene la historia del libro respecto a la vida de tu hija?

RESPUESTA: El libro no es la historia de Violeta porque mi hija tiene 9 años y esta tiene 14 o 15. Lo único que tiene de verdad son los flashbacks de los que habla cuando era pequeña, porque Santi (Anaya) se ha basado en eso para hacer luego la historia. De hecho ella no se ha leído el libro y por ahora no quiero que se lo lea porque no quiero sugestionarla y que piense que eso le va a pasar cuando tenga 15 años. Esperemos que no, que se quede en ficción.

P: ¿Y por qué hacer el libro?

R: Planeta me llama por teléfono y me dicen que, al ver que salgo en prensa, estarían interesados en hacer un libro sobre Violeta y lo primero que pienso es “Tiene 9 años, ¿qué vas a escribir sobre ella?” Me pareció perfecto una novela inspirada en ella. Santi empezó a venir a casa y a reunirse con ella a solas y a tener charlas. De ahí sacó la inspiración para desarrollar la novela.

P: Además de este libro has contado su historia algunas veces en televisión, ¿por qué crees que es importante contarlo, visibilizarlo?

R: Los niños cuando están en la adolescencia reciben esa mala educación de los padres que no los saben educar, por eso se convierten en lobos. Creo que es una manera de que ellos lean algo y sientan esa empatía con esa niña y digan “le están haciendo la vida imposible a esta persona y somos nosotros, la gente, el entorno”. Es un libro que podría haber sido sobre una niña con sobrepeso. Quizás hubiera sido más cercano porque hay más niños con sobrepeso que niños transexuales en las escuelas pero son libros que hacen falta para que los chavales puedan entender lo mal que lo pasan todos esos objetivos de ataque de bullying.

El objetivo también depende de cómo te sientas tú como diana. Si tienes la capacidad de esquivar los tiros, como dicen los mexicanos, “te vale verga” lo que te digan. Pero si te quedas quieta es importante que los padres que tienen esos niños transexuales les enseñen a que te digan lo que te digan, te entre por aquí y te salga por allá. Que solamente te acerques a la gente que te quiera.

P: En el libro se cuentan esas situaciones de bullying pero también hay una parte muy bonita, que es todo el apoyo a Violeta. Ya sea con Violeta o con otras personas trans que conozcas, ¿conoces más historias positivas o más negativas?

R: Yo por mi trabajo en la industria del porno conozco historias muy fuertes de niñas que con 13 años recibían palizas de su padre porque no aceptaba que fueran transexuales hasta el punto de echarlas de casa y que tuvieran que prostituirse con 15 años para poder vivir. Son historias muy fuertes. La historia de Violeta, gracias a lo que sea, no es así. Su historia es de amor, de empatía, no hay ningún tipo de drama en su vida. Un niño le dijo una vez que no la iba a llamar Violeta, que la iba a llamar Nacho porque ella era un niño, y hablamos con la familia y el niño le escribió una carta pidiéndole perdón. Se arregló el problema. ¿Quién no recibe bullying en el colegio? Yo no porque suspendí 2º de EGB ¿Quién suspende 2º de EGB? (Risas) Iba un año atrasado y era un año mayor que todo el mundo, era el más grande, entonces yo era el que defendía a los que les hacían bullying. A uno por ejemplo traía dinero para la merienda y se lo robaban porque era delgadito y podían con él. El bullying existe en todos los lugares y todas las vertientes. En este caso una transexual.

P: Me acuerdo de lo que dice una amiga trans en un monólogo: “ya le hubiera gustado a España tener una transición tan bonita como la mía”.

R: Claro. Hablando de la transición, yo soy del 73 y recuerdo en los 80 que íbamos siempre a un parque cerca de mi casa y había un chico que se llamaba Toni. Tenía mucha pluma y recuerdo que era muy maltratado por todo el mundo y discriminado. Yo siempre jugaba con él, tenía mucha empatía, siempre he sido así. Recuerdo esa discriminación hacia el chaval y creo que estamos viviendo una transición también con los trans. Antes los homsexuales estaban escondidos y los señalaban con el dedo y no los dejaban entrar en ningún sitio ni trabajar. En la época franquista los metían en la cárcel, en Cuba era cadena perpetua… Hoy por hoy están en la televisión, son periodistas… Porque empezaron a ser aceptados por sus familias y la sociedad y se vio como algo normal. Esto creo y espero que es lo que va a pasar con los transexuales.

La gente tiene que aceptar a mi hija por empatía, no por imposición de una ley

P: La ficción también puede jugar un papel importante. ¿Falta representación de las personas trans en la ficción? Ya sea en libros, en cine, en series.

R: Si vemos atrás las cosas que han hecho los transexuales en el cine casi siempre han sido prostitución y ese tipo de papeles. Almodóvar los ha utilizado para hacer de prostitutas o de este rollo. Yo creo que sí, pero ya hay un cambio y lo vamos a ver gracias a que los padres estamos con una conciencia diferente a los padres de antes, que era esconderlos y que no los viera nadie. Hace 25 cuando empecé a trabajar conocí a una chica trans que se llamaba Laura, guapísima, rubia, alta, tenía 21 años. Pero venía de muy buena familia, pero era la oveja negra, se fue de casa y trabajaba en el Bagdad con su novio. Yo tiempo después en una discoteca me encontré un tío con perilla y calvo que me dijo “Hola, ¿te acuerdas de mí?” Pensé que sería un fan. Me dijo “Soy Laura”. Había vuelto a casa de sus padres porque tuvo unos problemas y estaba muy destrozada. Los padres le impusieron que si quería volver a casa, tenía que dejar de ser trans. Ella me contó que la tuvieron un montón de meses arriba de la casa escondida en una habitación encerrada, para que nadie la pudiera ver. La llevaron a cirujanos para que le quitaran los pechos, las prótesis del culo y todo lo que tenía que ver con una mujer. Dejó de tomar sus hormonas y a tomar testosterona para que volviera a tener barba. Le pregunté cómo se sentía y me dijo “Yo sigo siendo Laura, pero tengo que hacerlo así porque es la única manera de ser aceptada”. Hay historias muy duras. Mi hija está teniendo una historia maravillosa.

P: Quería preguntarte por tu opinión sobre el debate que hubo cuando Paco León interpretó a una chica trans en ‘La casa de las flores’.

R: Soy amigo de Paco León y no me he enterado de nada de todo esto (risas). ¿Sabes qué pasa? Que yo no miro la tele, noticias ni nada. Hoy estaba en Antena 3 y tenía ansiedad, digo “¿qué es esto? Qué horrible”. Pues no lo había oído. ¿Cuál era la historia?

P: Pues es una serie de Netflix que se estrenó hace poco y Paco León interpreta a una chica trans. Y lo que decía el colectivo trans es…

R: Pero es que el colectivo trans… Yo me salí de ahí corriendo.

P: ¿Por qué?

R: Porque son nazis. Porque yo no puedo imponer a alguien hacer algo que no quiere hacer. No puedo imponer a la gente que acepte a mi hija, la gente tiene que aceptar a mi hija por empatía, por amor pero no por imposición de una ley. Ellos dicen “Tienen que aceptarnos sí o sí”. Vete a tomar por culo. En el momento en el que obligas a alguien a aceptar algo, creas odio. Yo no quiero que la gente odie a mi hija y lo que le digo a la gente que no entiende su situación o que no la comparte es que se siente conmigo, conozca a mi hija y hable con ella. Luego saca tus conclusiones. Pero lo de hacer una ley para que en el colegio les enseñen la diversidad… Hay gente que no quiere que sus hijos estudien eso porque tienen su mente muy cerrada en Jesucristo o lo que sea. ¿Cómo vamos a pedir que nos respeten si no respetamos? Para nosotros ellos están equivocados, para ellos nosotros estamos equivocados. ¿Dónde nos encontramos en el camino? Tenemos que sentarnos y hablar pero no imponer.

Cuando salió lo del autobús me puse como una moto, pero luego con la calma dije “tienen todo el derecho de educar a sus hijos como les dé la puta gana”. Como si les quieren educar como terroristas, es su vida, no es la mía. Mientras no toquen a mi hija un pelo, no pasa nada. Hay mucha gente que me quiere y hay gente que me odia. Estas asociaciones no van conmigo.

P: Pero con lo del autobús de Hazte Oír se protestaba porque fomentaba el odio hacia los trans.

R: No, para nada. Porque la persona que odia a la persona trans la va a odiar sí o sí, con autobús o sin autobús. ¿Sabes? Perdona que me meta en eso, porque no tiene nada que ver, pero es como la gente que mata a sus mujeres. No sirve de nada hacer una ley. El que quiere matar a su mujer, la va a matar. No le importa un culo el tiempo que lo vayas a meter en la cárcel. No hay manera de arreglarlo poniendo leyes, la única manera de solucionarlo es la educación desde niños. Si a un hijo de las una bofetada a tiempo, luego no esperes que ese niño no le dé una bofetada a tiempo a su esposa. Yo no les he puesto la mano a mis hijos encima nunca, es algo que mi expareja y yo lo tenemos muy claro. Si les educas así, difícilmente tu hijo va a pegar a alguien. Todo parte desde la educación. Queremos resolver el problema cuando ya está formado y hay que resolverlo desde donde viene y viene desde la educación. Mis hijos me han dado muchas lecciones. Cuando digo por ejemplo “este está gordo” mi hijo me dice “¿por qué dices eso, papá? Eso no está bien”. Yo me quedo parado y digo “qué de puta madre”. Eso surge a través de la educación.

P: ¿Y esto no choca con lo que decías antes de que hay gente que no quiere que sus hijos aprendan sobre diversidad y que no se les puede imponer?

Mira, ahora por ejemplo querían volver a poner la asignatura del Corán en las escuelas. Mucha gente está en contra de eso. Yo no. Hay un montón de religiones y si mis hijos lo estudian se van a enriquecer. Si solo estudias la Biblia, el niño va a ser así (hace un gesto de un cuadrado) pero si estudia otras religiones se va a ampliar. Todo tiene que ver con la sabiduría y con el saber lo que hay en el puto mundo. Y que no hay que nacionalizar nada, ni una lengua ni una religión. Todo está y existe y tu puedes elegir lo que tú quieras, cada uno es libre de elegir el camino que quiera elegir, siempre y cuando no haga daño a los demás. Yo lo del autobús primero lo critiqué y luego pensé que hagan lo que les dé la gana.

'Son libros que hacen falta para que los chavales puedan entender lo mal que lo pasan todos esos objetivos de ataque de bullying.'
'Son libros que hacen falta para que los chavales puedan entender lo mal que lo pasan todos esos objetivos de ataque de bullying.'

P: ¿No te parece que el mensaje de Hazte Oír va en contra de lo de educar desde niños en el respeto?

R: Y entonces yo obligo a esa gente a que eduquen a sus hijos como yo creo que es la manera de educarlos. Los obligo y cuando obligas a alguien a hacer algo, ¿qué consigues? Odio. Y no quiero que odien a mis hijos y aunque no piensen igual que ellos, que lo respeten. Parte de mi familia es del Opus (risas) y aman a mi hija y a mí que soy actor porno. Ellos me respetan y yo los respeto. Hay que respetar lo que otras personas piensen. Si esto es un ratito, si mañana estamos todos muertos y bajo tierra.

P: Volviendo a Violeta, este año por fin habéis cambiado de forma oficial su nombre y el género, cuéntame cómo ha sido el proceso, porque antes ya lo habíais pedido y os lo habían rechazado.

R: Es una incógnita por qué antes no y ahora sí. Yo antes hacía la comparativa en televisión de que en vez de un fiscal parece un portero de discoteca “Tú sí, tú no”. También entiendo que es algo muy nuevo y desconocido. Me parece perfecto, pero que uno me diga que sí y otro que no es de portero de discoteca. El primer año nos dijeron que sí si cambiábamos el nombre. No podía ser Violeta, tenía que ser un nombre ambiguo, Álex, nos recomendaban. Tú mira cuántos Álex transexuales hay en España. Porque todos se bajan los pantalones y dicen que sí. Pero es que mi hija se llama Violeta, no se va a llamar como a ti te salga del coño. El segundo año sí que nos lo aceptaron y ya está, no hay más drama.

P: En el libro se toca el tema de “una mujer de verdad”, cuando le hablan de que se tiene que operar. ¿A ti qué te parece la operación de reasignación de sexo?

R: Yo lo respeto, cada uno que haga lo que quiera. A mí me encanta mi hija porque se acepta tal y como es hasta el día de hoy. Cuando empezó todo ella se tapaba los genitales y hoy no. Hemos conseguido, con esa normalización, que se acepte. Cuando hablamos de la vaginoplastia ella dice que para nada, pero tiene 11 años, es muy pronto. A mí me gustaría que ella se aceptara tal y como es. Yo tengo amigas transexuales que tienen pene y se lo pasan bomba y otras que se han operado y se han vuelto locas porque no consiguen tener un orgasmo nunca más en su vida.

P: ¿Cómo es tu relación con tu hija?

R: Como un padre con su hija, no hay nada diferente. Yo hablo mucho con mis hijos, quizá conversaciones más profundas de las que tienen los padres normales. Los trato muy de tú a tú siempre y cuando ellos entiendan que yo no soy su colega. Les doy la confianza de que me cuenten cualquier cosa. La niña le cuenta más a la madre, para que me cuente a mí tengo que apretarla un poco pero con mucho tacto, con mucha psicología. El niño me lo cuenta todo. Cuando ven que no les juzgo, ellos se abren y cuentan todo.

P: ¿Y cómo fue cuando Violeta os dijo que era una chica?

R: Cuando dijo que ella no era un niño, que era una niña, fue con 6 años pero con 3 años ya dijo que por qué la llamábamos Nacho, que no se llamaba Nacho, que se llamaba Sara y era una niña. Ahí creímos que era un niño gay, será rico, no conozco a ninguno que no lo sea (risas). Cuando dijo que no se vestía de niño, que era una niña, fue con 6. ¿Cómo fue? Algo que yo tenía en un run run en la cabeza: “Que sea gay pero que no me salga transexual”. Mi mayor temor se hizo realidad. Imagínate. ¿Tu mayor temor cuál es?

P: Que este cuarto se llene de arañas, supongo.

R: ¿Tienes aracnofobia? (Risas) Mi hermana también y la llevé a ver una peli de arañas. Pues bueno, eso fue lo que me pasó a mi. Imagínate que tú tienes ese temor y no quieres que tu hija sepa que lo tienes porque ella es una araña. Te contienes y haces que ella no se dé cuenta. Yo tuve que sacar toda la fuerza para que ella no sintiera ese llanto.

P: ¿Cómo lo hiciste?

R: “Mañana vamos a H&M y te compro toda la ropa nueva de niña”, le dije. La solté ahí como si fuera un pitbull y le vi la cara. Yo antes pensaba que tenía un hijo feliz y no lo era. Esto sí es felicidad. Cambió totalmente. Faltaba un mes para que terminara la escuela y en la escuela nos dijeron que ya lo sabían pero que si iba a venir de niña que esperáramos hasta el siguiente curso. Yo a Violeta le dije que no podía ir con la ropa pero ella no quiso. Le hice entender que si se ponía una falda después de que la hubieran conocido de niño, seguramente se meterían con ella. La respuesta fue heavy: “A mí me da igual lo que me digan, yo sé lo que soy”. Se fue con falda y entró en la clase con su ropa nueva súper feliz y se rieron de ella. La profesora cogió a todos los niños y los puso de pie y les empezó a señalar lo que llevaban. “Yo soy Ana, soy mujer, llevo un pantalón. Que sea la última vez que os reís de un compañero porque lleva falda o pantalón”. Me acuerdo cuando se puso la primera falda, empezó a dar vueltas cantando la canción de ‘Frozen’ (risas).

Atacar a la pornografía por todo lo malo es el recurso fácil

P: ¿Cómo conviven el mundo familiar y el mundo del porno?

R: No hay confusión, estoy acostumbradísimo a que me reconozcan por la calle y ellos están acostumbrados también. Nunca les dije de qué trabajaba pero hoy por hoy ya saben perfectamente lo que hago porque todos los niños en el colegio tienen tablet. Pueden entrar en internet y poner “Nacho Vidal” y desde que salí en un reality pues imagínate.

P: Antes me has contado que por el trabajo conocías a actrices trans, ¿estar en ese mundo te ha influido a la hora de tener una mentalidad más abierta en esto?

R: Yo siempre he sido muy abierto, si no no hubiera lo que he hecho toda mi vida. Pero sí, obviamente el conocer historias de personas transexuales me hizo entender que la vida de mi hija tenía que ser diferente. Me ayudó conocer a personas que estaban en esa situación y tenían una vida diferente. Nos dimos cuenta de que existía otro mundo.

P: ¿Cuál es tu opinión sobre el porno feminista y la afirmación de que la industria es machista?

R: Es que para mí las palabras feminismo y machismo no deberían existir. Nadie debería defender a la mujer porque no tendría que necesitar defenderse, porque tendríamos que estar en igualdad de condiciones siempre. El otro día una chica me vino con esta historia y yo le enseñé una página web en la que hay hombres que son maltratados por mujeres y les hacen limpiar la cocina, les pegan y les hacen toda una serie de barbaridades cuando es un sumiso. Hay otra parte del mercado y estamos hablando de pornografía que es ficción y que es un producto. Como producto hay diferentes mercados. Si tú solo buscas la pornografía en la que la mujer es el objeto sexual, vas a pensar que es machista. Pero si eres un poco inteligente y buscas un poco más adentro, de 60.000 películas que se producen al año, te aseguro que hay unas 40.000 en las que el hombre está a cuatro patas y hay dos tías haciéndole de todo. ¿Por qué nadie habla de eso? Me da mucha rabia eso. Es mi trabajo desde hace 25 años y yo no considero que sea una persona machista y que mi trabajo sea machista, sino que es un mercado y un producto y yo vendo el producto al que me lo compra. Quizá el producto en el que la mujer es más sumisa que el hombre es el que más vende. Ese rollo del porno machista es lo fácil, es el vox populi, lo que están vendiendo ahora.

P: Cuando sale algún caso de abuso sexual, algunos lo relacionan con el consumo de porno.

R: ¿Sabes que en la industria del porno está prohibido rodar violaciones? Búscame una escena en internet donde haya una violación a una mujer. Está prohibido. ¿Has visto la película ‘Reversible’? Hay una violación de Monica Belucci que es brutal. El cine convencional filma violaciones, en el cine porno está prohibido. Nosotros tenemos unas reglas que no podemos sobrepasar. Al cine convencional nadie lo capa pero a nosotros sí. Nosotros no enseñamos a violar, el que quiere violar va a violar porque es un hijo de la gran puta, y lo va a ser vea porno o vea ‘Reversible’. Atacar a la pornografía por todo lo malo es el recurso fácil.

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