Su gira española, '¡México por siempre!', trae a un mito en su madurez

Luis Miguel en concierto en Madrid: el Frank Sinatra latino ya es 'cool' gracias a Netflix

A pesar de los prejuicios, Luis Miguel es uno de los grandes nombres de la canción en castellano de todos los tiempos

Foto: Luis Miguel. (EFE)
Luis Miguel. (EFE)

España sigue arrastrando uno de los peores prejuicios musicales posibles: pensar que la música cantada en nuestro idioma es inferior a la que se produce en el mundo anglosajón. Uno de los ejemplos más claros de esta injusticia es Luis Miguel Gallego Basteri (Puerto Rico, 1970), el gigante de la canción que lleva cuatro décadas arrasando gracias a una voz demoledora y una tremenda clase a la hora de interpretar material original y los grandes himnos de nuestro repertorio sentimental. Lo confieso: yo también fui uno de esos críticos pedantes y avinagrados que le miraba por encima del hombro, hasta que una noche de 2004 me tocó hacer una crónica en la Plaza de Toros de las Ventas y salí pensando que había asistido a un recital que nada tenía que envidiar a Frank Sinatra.

Es ya un tópico decir que el sector 'enterado' de los melómanos mitifica a los cantantes anglosajones y desprecia a los que vienen de América Latina, como si fueran subproductos del programa 'kitsch' '300 millones'. Por suerte, el gran público siempre ha tenido mejor olfato que la crítica. Luis Miguel sería un artista ideal para protagonizar una secuela latina de 'Música de mierda', el ensayo donde Carl Wilson retrata los prejuicios clasistas y elitistas contra la superventas Céline Dion. Curiosamente, fuera de nuestras fronteras, el superventas latino ya no tiene ese problema, sobre todo desde que Netflix apostó por hacer una serie sobre su vida, que se ha convertido en uno de sus grandes aciertos del año. Si tienen oportunidad, no se pierdan la gira de Luis Miguel por nuestro país, donde parece llegar en la cima de sus capacidades.

Debut ante un presidente

Aunque apenas se mencione, Luis Miguel tiene ascendencia española. Su padre, Luisito Rey, fue un cantante melódico gaditano, que solo consiguió un modesto éxito, 'Frente a una copa de vino' . Por cierto, en la serie de Netflix, el papel de progenitor lo interpreta Óscar Jaenada. "Yo entendí que Luis Rey era un hombre muy marcado por ciertos fracasos musicales y personales, y eso crea tipos que luego les cuesta ver esa delgada línea roja que separa lo ético de lo amoral. Sabemos dónde está el extremo porque alguien lo ha cruzado y pues, bueno, este es uno de esos personajes que te marca dónde están los extremos". La búsqueda de oportunidades del padre le lleva a continuos viajes por México, Argentina y España, donde Luis Miguel pasa varios años de su infancia. Los tumbos afectan a su vida escolar y hacen que se refugie en cantar, desplegando una voz muy potente para alguien de su edad.

Gracias a un fan con alto cargo en la Policía, Luis Miguel tuvo el debut más glamuroso: cantar en la boda de la hija del presidente de México

Cuando 'Micky' era un niño, su ídolo absoluto era Elvis Presley, a quien no deja de imitar. A final de los setenta, cansado de sus fracasos, su padre decide centrarse en la carrera del hijo, acompañándole con la guitarra. Gracias a un fan entregado, con alto cargo en la Policía, Luis Miguel tuvo el debut más glamuroso posible: cantar en la boda de la hija del presidente de México, José López Portillo. Corría el año 1981 y el chico tenía solo once años. El éxito fue tal que corre de boca en boca y termina fichando por la multinacional EMI. En plena pubertad, trabaja con exitosos veteranos de la industria como Sheena Easton y Juan Carlos Calderón. Con él último grabaría sus mayores éxitos, como 'Culpable o no -miénteme como siempre', 'La incondicional' y 'Fría como el viento', baladas destempladas que exploran los momentos más intensos de las relaciones amorosas.

Los boleros como "música para viejitos"

En aquella época, la parte más conservadora del público se incomodó porque un niño cantase piezas de cierto voltaje erótico, pero la tormenta remite al modificar la letra original de 'Decídete' y acercar su repertorio al pop de radiofórmula. Con dieciséis años, recibe la Antorcha de Plata de Viña del Mar, el festival más prestigioso de la canción melódica en castellano. Luego llegan las películas con la todopoderosa Televisa y su consagración absoluta en México. Luis Miguel vende millones de discos y entradas en una en las épocas más boyantes de la industria discográfica global, pero todos le ven como un fenómeno adolescente, que se apagará en cuanto cambie su voz, un claro error de pronóstico.

Para sorpresa del mundo del espectáculo, y del mundo en general, su registro vocal cambia a mejor, alcanzando una potencia y calidez a la altura de los verdaderamente grandes. Su entorno le aconseja que pruebe con los boleros, pero él los considera "música para viejitos". Pronto se dará cuenta de que ese género está hecho a medida de su registro y matices. Enseguida queda claro que ha nacido para modernizar ese repertorio sentimental que ha acompañado y consolado millones de subidones y desengaños. En 1991 conoce a Armando Manzanero en un programa de televisión mexicana (el de Verónica Castro) y toma el carril de adelantamiento que le convertirá en un mito de la canción popular española.

'Luismiguelmanía'

Más o menos por esa época, finales de los ochenta, llega la cima la fiebre por Luis Miguel. Existe un vídeo tronchante que resume el delirio pop de esa época. Me refiero a su actuación en 'Siempre lunes', programa de variedades chileno —enlazado más abajo—, donde llega en plan visita relámpago, entre los espasmos de un público compuesto íntegramente por seguidoras adolescentes, que gritan a cada gesto o sonrisa de su ídolo. La prisa con la que el cantante iba de un lado a otro queda clara en el maquillaje más chapucero de la historia, que puede hacer pensar que Luis Miguel es afroamericano. Si se fijan, el cuello de su camisa está ampliamente manchado de base marrón oscura. El baladista no deja de provocar y flirtear, diciendo que ha leído todas las cartas de sus fans chilenas, que la próxima vez aceptará la invitación a cenar de una de ellas y que agradece los calzoncillos que le han enviado. El ambiente artificial y circense —son 26 minutos impagables— queda compensado cuando se pone a cantar una pieza de Cuco Sánchez para la que va sobradísimo de voz. Poco a poco, la carrera de Luis Miguel se irá apartando del histrionismo para centrarse en subir a un plató o un escenario a bordar las canciones más grandiosas de la música popular en castellano. Descubre que no le hace falta ser simpático para ser el mejor.

La serie que le ha hecho 'cool'

Si algo se aprende sobre el verbo 'molar' cuando vas cumpliendo años es que es un atributo arbitrario, normalmente decidido por la industria cultural o por una casta de esnobs profesionales. Si algo parecía impensable en los años del 'grunge', cuando estallaba el fenómeno Luis Miguel, es que este cantante clásico y tradicional fuera a convertirse en el icono pop más 'cool' de 2018. Lo ha conseguido, sobre todo gracias a la cadena Netflix, productora de una serie que funciona como biografía autorizada del cantante. El escritor mexicano Daniel Krauze, que trabajó en los guiones, se pasó diez años intentando convencer a diversas revistas para hacer un reportaje sobre Luis Miguel, centrado en su ascensión a icono de los "mirreyes" (cachorros de la clase alta azteca). "Me parecía que en México hacía falta abordar a nuestras figuras pop sin ánimo de escarnio. Ninguna revista se interesó. Los tiempos cambiaron. Escribir para la serie fue una forma de reivindicar aquella curiosidad inicial: abordar a Luis Miguel como ser humano, cantante, ídolo y figura emblemática de una época en México y, claro, en mi propia vida", confiesa en una reciente columna.

Por su parte, el periodista y escritor mexicano Wenceslao Bruciaga también explica el rechazo de los sectores contraculturales hacia el cantante: "A Luis Miguel se le acusaba de pertenecer a la conspiración de telenovelas y noticiarios vendidos al Partido Revolucionario Institucional, que nos mantenía atrasados y alienados en una lobotomía supresora de cualquier intento de insurrección. Según las consignas populares contra el régimen, el partido que gobernaba con ese presidencialismo narcisista y pomposo vivió en los años ochenta su asfixiante y cínico esplendor", recuerda. Ahora la serie le ha rehabilitado, mostrando el lado oscuro de la clase dominante mexicana. "El desenfreno de la burguesía ochentera recuerda por momentos la moral ambigua de la juventud retratada en 'Menos que cero', la novela de Bret Easton Ellis", señala Bruciaga.

¿No les entran unas ganas tremendas de verla? Si lo hacen, lo más probable es que también quieran acercarse a alguna de las fechas de la gira española de "Micky", que pasa por Madrid (1 y 2 de julio), Sevilla (5), Murcia (7), Barcelona (8), Marbella (11), Calella de Palafrugell (13) y Valencia (14).

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