El mundo del cine que le espera, señor José Guirao, ministro de Cultura (bis)

Antes del 'incidente', le decíamos al señor Huerta lo que le decimos hoy al nuevo titular, José Guirao: "Con nosotros tiene usted, cuando menos, cien días de cortesía"

Foto: Màxim Huerta le entrega la cartera de ministro de cultura y Deporte a José Guirao. (EFE)
Màxim Huerta le entrega la cartera de ministro de cultura y Deporte a José Guirao. (EFE)

La verdad es que los Furtivos podríamos haber repetido casi al pie de la letra nuestro último artículo, que fue de bienvenida a quien resultó ser el más efímero ministro de Cultura en la historia de los Gobiernos de España. Antes del “incidente”, le decíamos al señor Huerta lo que le decimos hoy al nuevo titular, José Guirao: “Con nosotros tiene usted, cuando menos, esos cien días de cortesía para conocer sus planes, su actitud, su aptitud, su estilo y su respeto por el mundo del cine, que es lo nuestro”.

Algo ganado ya tiene, fruto de su trayectoria como gestor de larga experiencia y unánime reconocimiento. Y de saber escuchar antes de decidir. Lo acaba de hacer paralizando la fusión del Teatro Real con el de la Zarzuela, a todas luces un disparate promovido por los anteriores responsables. Recién llegado apunta maneras que, ojalá, alcancen también al mundo del cine.

No se preocupe por la exigua representación que ostenta hoy el partido del gobierno en el Congreso de los Diputados. Las decisiones se pueden tomar por autoridad, por una minoría dominante, por mayoría, o por consenso. Esta última es la que ayuda a los grandes líderes. Y usted sabe bien que es la más conveniente para los grandes retos de la cultura. Para que no sean dictados de gobiernos pasajeros sino acuerdos que superen los intereses partidistas.

En esta línea, los Furtivos venimos desde hace años proponiendo iniciativas, haciendo críticas que creemos constructivas y reclamando un cine a la altura que merece España.

Aquellos tiempos

Recordamos aquellos tiempos en que nuestra industria cogió impulso con la Presidencia de Felipe González, con Javier Solana en Cultura y con Pilar Miró en el ICAA. Llegaron entonces los “Oscar”. Llegó entonces la proyección internacional de nuestro cine; de nuestros productores, directores y actores. Cerramos filas más adelante cuando en la ronda del GATT Estados Unidos nos amenazó intentando suprimir la excepción cultural. Y nos salió bien.

No hace tanto, en diciembre de 2007, tras un largo año de negociaciones se aprobó una Ley del Cine ambiciosa que daba carta de naturaleza a las desgravaciones fiscales en convivencia con las ayudas directas. Bien se lo puede recordar la actual Vicepresidenta del Gobierno, Doña Carmen Calvo, que como ministra de Cultura inició en 2006 la tramitación de dicho texto. Una ley aprobada por TODOS los grupos parlamentarios, acompañada de una memoria económica que progresivamente elevaba el Fondo de Protección hasta los 100 millones de euros. Doce años después estamos en 30 millones, mientras nuestros vecinos franceses en más de 750 millones; los italianos en 400; los alemanes en 300.

No tenga duda ministro que el cine ha sido castigado por las políticas gubernamentales con respecto a otros sectores

La crisis fue la gran disculpa para vaciar de contenido la Ley; en su letra -remozada por Decretos al uso (o al desuso) que la descafeinaron- y, lo peor, en el casi vaciado de las partidas presupuestarias comprometidas. No tenga duda ministro que el cine ha sido castigado por las políticas gubernamentales con respecto a otros sectores. Acaben con la vergüenza del IVA al 21% -seis años, seis, distinguiéndonos de Europa- y equipárenlo al del libro, al 4 por ciento.

Restablezca, señor Guirao, un sistema de apoyo a la producción que sea objetivo, que fije un sistema de ayudas fiscales para las películas españolas o extranjeras que se rueden en España. También está en la Ley.

Un ruego especial para llevarlo a cabo. Siga, por favor, con su buena costumbre de consultar a las partes, pero a todas. La Ley daba un salto importante convirtiendo el actual ICAA en una ambiciosa Agencia Estatal, responsable de la política audiovisual y cinematográfica, con carácter público y participación de los agentes del sector. Una suma del CNC y UNIFRANCE en Francia. Pero tampoco. Ahí sigue, obsoleto y convertido en refugio de unos cuantos productores como únicos beneficiarios de las ayudas del Estado, con un Director General que no puede poner en marcha una sola iniciativa. Acierte con el nombramiento del nuevo director general o directora, pues la industria se encuentra en un momento de gran transformación, con incorporación de interlocutores que representan a jugadores imposibles de imaginar hace pocos años.

Soportes básicos

La financiación de una película ha cambiado radicalmente. Hace unos años estaba sostenida por tres soportes básicos:

- Las subvenciones del Estado.

- La preventa de los derechos de TV, tanto de pago como en abierto.

- La explotación de la película en salas, video y ventas al extranjero.

Todo ello articulado con la colaboración de bancos privados y el ICO. Los productores procuraban desarrollar un proyecto atractivo, con un guion de interés capaz de atraer a un director solvente y un reparto de calidad. Las subvenciones estatales se regían por un sistema objetivo y su cuantía estaba condicionada por su presupuesto y el resultado comercial del filme.

La consecuencia de vaciar la Ley del Cine ha provocado que apenas un puñado de productores sean beneficiarios de apoyos económicos

El segundo soporte se podía obtener procurando el interés de alguna de las televisiones, públicas o privadas. Y el tercero, al ser una combinación de varios elementos, funcionaba relativamente bien; y cuando no, cabía la posibilidad de atraer algún inversor privado para cubrir el presupuesto. La consecuencia de vaciar la Ley del Cine antes aludida durante los últimos gobiernos, incluidos los del PP, ha provocado que apenas un puñado de productores sean beneficiarios de los apoyos económicos del Estado, siempre a través del ICAA.

¿Y las teles?

Procede otra reflexión tan importante como la anterior: el papel que deben ocupar las televisiones privadas en la producción de obra nueva. En el año 2017 la facturación de las televisiones en abierto ascendió a 1.931 millones de euros; de ellos 927 millones corresponden a Mediaset y 887 a Atresmedia. Entre ambas ingresaron el 94 por ciento de la publicidad. Copar el mercado no debe conllevar producir en solitario sus películas, pues el productor independiente no podría competir ni en la financiación, ni mucho menos en la promoción contra sus millonarias campañas. Las películas por las que optan cuando producen en solitario son aquellas realizadas con elementos habituales es sus pantallas y géneros donde predominan las comedias ligeras de bajo presupuesto. Aquí los productores creativos, con directores ambiciosos e iniciativas arriesgadas no tienen opción alguna. Con ello hemos degradado la industria a un nivel mediocre desde el punto de vista artístico, y de ahí nuestra ausencia en los festivales más importantes del mundo. Es un tema puro de competencia, y regulado convenientemente beneficia a todos.

En el año 2017 la facturación de las televisiones en abierto ascendió a 1.931 millones de euros; 927 de Mediaset y 887 de Atresmedia

Al productor independiente no le queda más que un mercado en pugna con televisiones a las que les es imposible pre-vender sus proyectos, lo que le obliga a acudir a Televisión Española; una TVE que anuncia dos convocatorias anuales para, con criterios muy discutibles, pre-comprar los derechos de emisión de unas 20 películas al año de entre las más de 200 proyectos que se le presentan. Este viernes pasado el Consejo de Ministros ha aprobado un Decreto para resolver con inmediatez el vacío producido en RTVE. Hablen, discutan, busquen consenso con el resto de fuerzas políticas, pero por favor acierten en la elección de la nueva cúpula. Nos va a todos mucho en conseguir una televisión estatal pública potente y respetada por la ciudadanía.

Así que, flamante señor ministro, siéntase Furtivo por un rato, escuche a cineastas, a responsables de las televisiones y de las nuevas plataformas y a todos aquellos implicados en el maravilloso mundo del cine, en su creación y en su distribución para entre todos situarlo donde le corresponde.

Con alguna de estas ideas -nada novedosas- y otras muchas que seguro ya tiene en cartera, acuda al consejo de ministros y gane su complicidad para hacer de nuestro cine un bien estratégico. El cine lo devolverá con creces.

Continuará...

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