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Sexo, amor y trabajo a los 50: ¿de verdad son los nuevos 30?

En las últimas décadas, el rol de los mayores de 50 ha cambiado para ofrecer una segunda juventud: ¿una nueva posibilidad o una obligación?

Foto: Lemercier en 'Los 50 son los nuevos 30'. (Caramel)
Lemercier en 'Los 50 son los nuevos 30'. (Caramel)

Lector, lectora. Ponga el cursor en su buscador predeterminado y teclee "los 50 son los nuevos 30". ¿Resultado? Alrededor de 140 millones de páginas relacionadas con su búsqueda. Publicaciones sobre moda y tendencias, sobre marketing, análisis sociológicos. A favor. En contra. Algo que comenzó como una rebelión contra las ataduras de los prejuicios sobre la edad y a lo que ahora sociólogos, antropólogos y opinadores varios señalan como causa-efecto —la pescadilla que se muerde la cola— de la infantilización de las generaciones post 'baby-boom'.

La actriz, guionista y directora francesa Valérie Lemercier estrena en España este próximo fin de semana su última película —terminada, porque ahora está inmersa en un proyecto de 'biopic' de Céline Dion en el que quiere interpretar a la cantante canadiense desde los 5 a los 50 que ahora tiene, no es broma—, que en la traducción al español de su título hace suyo el lema 'Los 50 son los nuevos 30' y que a través del humor apunta a las segundas oportunidades para aquellos que han rebasado la barrera del medio siglo de vida, a la infantilización de la sociedad, las relaciones madre-hija y el redescubrimiento del amor y la sexualidad más allá de la primera juventud.

En esta comedia de enredo, Lemercier cuenta la historia de Marie-Francine (la propia Lemercier), una mujer de 50 años que tiene un trabajo estable en un laboratorio, dos hijas adolescentes y un marido con el que comparte hipoteca. Pero en un arrebato de mal fario, en la misma semana, Marie-Francine pierde su puesto de trabajo, su marido le anuncia que está enamorado de otra mujer —más joven y lozana— y que se queda con la casa en la que vivirán él, sus hijas y su nueva pareja. Así que a Marie-Francine —que con el paro tan exiguo que le queda y con las perspectivas de reengancharse al mercado laboral en punto crítico— le toca volver a casa de sus padres.

Valérie Lemercier protagoniza 'Los 50 son los nuevos 30'. (Caramel)
Valérie Lemercier protagoniza 'Los 50 son los nuevos 30'. (Caramel)

'Los 50 son los nuevos 30' entronca con la reivindicación necesaria —tan de moda en las revistas 'de mujeres', mientras llenan sus páginas con imágenes de veinteañeras con un IMC por debajo de 17— de las segundas oportunidades, los amores de madurez, la juventud estirada de manera forzada. La vida no acaba a los 50 y se pueden subsanar los fracasos relativos y no convertirlos en absolutos.

En una sociedad tan competitiva, que castiga la fragilidad y tan dada a poner fechas límite, la película intenta desactivar tópicos como "si alguien de más de 30 años viaja en un autobús significa que ha fallado en la vida" —lo dijo Loelia Ponsonby, hija de un cortesano y mujer del segundo Duque de Westminster, a la que probablemente buscase la vida le costó muchos viajes de autobús— o salidas de tiesto como la polémica aseveración del publicista Jacques Séguéla que como argumento de defensa de que Nicolas Sarkozy tuviera un Rolex no se cortó en justificar que "si a los 50 años no tienes un Rolex es que has fracasado en la vida".

Una revista anuncia trucos para engañar al ojo y tener una piel perfecta a cualquier edad.
Una revista anuncia trucos para engañar al ojo y tener una piel perfecta a cualquier edad.

El mensaje de la película de Lemercier es positivo y esperanzador: da igual la edad, puedes sentirte atractivo, vivir un amor pasional, encontrar tu verdadera vocación y mandar a tomar por saco todas las convenciones con las que nos ceban como a ocas. Sobre todo y a nivel del físico, a las mujeres. En vez de sondas de maíz, tarros de antiarrugas. Pero cuando la opción empieza a convertirse en obligación, la cosa cambia: el 'puedes' no ha de pasar a 'debes'. Como todo, el lema de que "los 50 son los nuevos 30" también tiene un reverso tenebroso. Porque dentro en ese constructo los 30 siguen siendo la categoría que se presenta como envidiable y los 50 como la que sería deseable cambiar. ¿Por qué no puede ser "los 50 son los nuevos 50, pero más libres y desacomplejados"?

La sociedad postindustrial occidental se ha producido un fenómeno de infantilización consciente y cada vez más acusado, cuyas causas se han achacado principalmente a la coyuntura económica —no hay dinero para tener tu propia casa, mantener tu propia familia—, el cambio de paradigma en las relaciones amorosas —el compromiso tarda más—, el aumento de la esperanza de vida y la falta de ritos de paso, ahora hay que añadir el ahínco con el que el mercado explota el filón de vender la juventud como modelo de vida: los gustos de los adolescentes y de los jóvenes son los preponderantes en todos los estratos de la sociedad: fenómenos masivos como Justin Bieber, Bella Hadid o los youTubers e instagrammers con más seguidores han trascendido las barreras generacionales y la publicidad utiliza a jóvenes veinteañeros que visten ropa que, en general, las veinteañeras no se pueden permitir.

La sociedad vive en esa esquizofrenia que alaba la juventud y al tiempo reprende la inexperiencia, en la que los roles se han invertido y los hijos no se miran en el espejo de sus padres, sino que los padres acaban emulando a los hijos e incluso rivalizando con ellos. Según explica el antropólogo Marcel Danesi en su libro 'Forever Young', el sistema económico y los medios de comunicación no se cansan de "promocionar su filosofía de 'siempre joven' diariamente". El comportamiento como consumidores de los adultos se parecen cada vez más al del consumidor joven —sobre todo en el ocio—. Si hay un concepto —el palabro de turno es 'midorexia'— se puede comercializar.

Por culpa del paro o una ruptura sentimental hay adultos que vuelven a casa de sus padres

En 2004 'The New York Times' ya puso de moda otro pablabro, 'adultescent' —una remezcla entre adulto y adolescente— para referirse a una parte de la población que entre los 25 y los 34 seguían viviendo en casa de sus padres, jugando a la consola y respondiendo a gustos más propios, tradicionalmente, de la adolescencia. Al igual que los protagonistas de 'Los 50 son los nuevos 30', quienes "están totalmente desfasados, desajustados respecto a su edad", prosigue Lemercier. "Cuando a los 50 no tienes marido ni trabajo, cuando vives en el salón de tus padres", "estás infantilizada completamente frente a la sociedad". "Quería contar la historia de que gracias a esta caída los dos personajes protagonistas se encuentran, cosa que quizá probablemente no hubieran hecho si se hubiesen quedado en la comodidad profesional y sentimental. Pero también quería contar qué haces cuando no tienes dónde ir. Los protagonistas tienen los mismos problemas que un adolescente. Además de que, cuando te enamoras, da igual a qué edad, vuelves a ser un adolescente".

Burns y la moda juvenil. (Los Simpson)
Burns y la moda juvenil. (Los Simpson)

Pero la película también se centra en un aspecto bastante más novedoso, un cambio de tendencia sorprendente que cada vez es más habitual: los "hijos boomerang" o los "retornados". "Tengo un montón de amigas que han vuelto a casa de sus padres. A veces tres meses y a veces un año o dos. Padres a cuya casa vuelve su hija de 40 años y están hartos. Tienen que ayudarla pero se mueren de ganas de que se vaya", explica Lemercier, que ha hecho de este conflicto en centro de 'Los 50 son los nuevos 30'.

"Cuando a los 50 no tienes marido ni trabajo, cuando vives en el salón de tus padres", "estás infantilizada completamente frente a la sociedad

En un artículo reciente de la 'BBC', la periodista Katherine Sellgren citaba un estudio sobre 'La vuelta a casa de los hijos en Europa y los cambios que suponen en el bienestar de los padres' y que apunta a "las rupturas sentimentales" y "el desempleo" como principales causas de este fenómeno que contraviene la tendencia habitual durante el último siglo en la que la convivencia de varias generaciones bajo un mismo techo está decayendo.

¿Deberían ser los 50 los nuevos 30? Porque el pack completo, más allá de la turgencia y la capacidad de metabolizar el alcohol, también trae inestabilidad y perspectivas de futuro volátiles, alquileres de mierda —si se ha conseguido salir del nido— y pocas ganas de madurar. Y una cosa es querer sentirse bien con uno mismo y otra cosa es tener la obligación de cumplir unos estándares imposibles. Una nueva trampa para el ratón.

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