estreno este viernes 4 de agosto

'Transformers: El último caballero'. Una saga que hace papilla tu cerebro y debe cerrar ya

Michael Bay se despide —esta vez en serio, promete— de la franquicia de Hasbro mezclando los robots espaciales con Merlín y los Caballeros de la Mesa Redonda. La crítica la ha destrozado

Foto: Fotograma de 'Transformers: el último caballero'. (Paramount)
Fotograma de 'Transformers: el último caballero'. (Paramount)

Parece que, al fin y al cabo, bajo todas esas densas capas de patriotismo y pasión por la acción híper ciclada y espídica y la inflamabilidad desatada, en el fondo, a Michael Bay no le falta sentido del humor. Si no fuera porque hoy en día no se ha acabado de rodar una película cuando ya se han anunciado sus subsiguientes secuelas, parecería que Bay le ha encontrado el gusto a mofarse de las esperanzas de aquellos críticos que, por Dios bendito, le ruegan que deje a los Decepticons aniquilar de una vez por todas al ser humano para enterrar por siempre jamás la franquicia 'Transformers'. Porque las dos últimas entregas de la saga, 'Transformers: la era de la extinción' (2014) y 'Transformers: el último caballero' —esta última, la quinta, se estrena este viernes 4 de agosto— hacen gala de todo menos de su título: ni son las últimas ni se van a extinguir.

El consejero delegado de Hasbro, la empresa juguetera creadora del concepto Transformers —es decir, de los muñecos—, desveló en mayo en una entrevista para 'The Hollywood Reporter' que la compañía tiene previstas más secuelas: hay confirmada una séptima cuyo estreno está previsto en diciembre de 2019 y un 'spin-off' protagonizado por Bumblebee para el año que viene. Eso sí, sin Bay detrás de las cámaras. El californiano publicó en febrero en su página web un comunicado en el que se despedía de la saga, esta vez, de verdad de la buena: "He vivido en esta franquicia durante más de 10 años [...]. Con cada película de 'Transformers' he dicho que sería mi última. Pero ver los 120 millones de fans de todo el mundo que ven estas películas, las enormes atracciones que se hacen de Transformers en los parques, los niños increíbles que me visitan en el set de rodaje gracias a iniciativas como 'Pide un deseo' y me impedía hacerlo [...]. Esta película ha sido especialmente divertida de hacer. Pero esta vez va a ser la última, de verdad. Así que voy a echar toda la carne en el asador". ¿Una decisión que llega demasiado tarde?

'Transformers: el último caballero' ha sido un moderado fracaso de taquilla desde tras su estreno en Estados Unidos el pasado 21 de junio. Con un presupuesto de 183 millones de euros (217 millones de dólares), en su primer fin de semana recaudó 37 millones de euros en la taquilla estadounidense, menos de la mitad que la anterior entrega, que, eso sí, acabó recaudando en todo el mundo más de 930 millones de euros. Y si bien es verdad que la crítica nunca se ha mostrado especialmente entusiasta —eufemismo— con los Autobots de Bay, la quinta parte es la que peor puntuación se ha llevado por parte no sólo de la crítica, sino también de los cinéfilos.

Mark Wahlberg protagoniza 'Transformers: el último caballero'. (Paramount)
Mark Wahlberg protagoniza 'Transformers: el último caballero'. (Paramount)

Según el crítico de 'The Guardian' Peter Bradshaw, 'Transformers: el último caballero' guarda "tanto infantilismo esteroideo como los cuatro filmes previos, el mismo sinsentido inductor de acúfenos". "Como tantas de las películas de Bay, ésta es una máquina que convierte tu cerebro en papilla", prosigue, "a pesar de que tengo cierta debilidad por una comedia de acción relativamente divertida que Bay estrenó en 2013 llamada 'Dolor y dinero'". Para Brian Tallerico, de la página rogerebert.com, la película es una sucesión de "escenas de acción mal coreografiadas, diálogos con menos fuerza que nunca y giros argumentales sin ningún sentido. En un momento, los protagonistas están en un submarino y juro por mi vida que no sabría decir por qué. Sólo me queda claro que a ninguno de los involucrados le importó la trama —[Mark] Wahlberg nunca había ofrecido una interpretación con tan pocas ganas como aquí— y que el montaje y los efectos son asombrosamente chapuceros".

Hubo una época en la que Michael Bay era un director de cine de acción al uso —con cierta tendencia a abusar de la artillería, sí, pero sin llegar a la autoparodia—, capaz de rubricar referentes del género como 'La roca' (1996), 'Armageddon' (1998) y 'Pearl Harbour' (2001). Pero a mediados de la década de los 2000 se topó con 'Transformers', la tormenta perfecta de la simbiosis cine-mercadotecnia en la que unos muñecos de acción se convertían en los protagonistas de un taquillazo de acción que provocaría la venta de más muñecos de acción que protagonizarían más taquillazos de acción y así en un bucle 'ad infinitum'. Un campo virgen en el que Bay podía elevar a la máxima potencia su concepto de cine de masas, que se asemeja mucho al de las cadenas de comida rápida: juntar todo lo que gusta a la mayoría en un único envase fácilmente digerible, mejor cuanta más carne lleve, que sobrecargue los sentidos, momentáneamente saciante y que incite a repetir el modelo con diferentes presentaciones. Con 'Transformers', Bay pudo apostar sin ambages por un montaje efectista y tan picado como la carne de una hamburguesa, bien de fuego de parrilla y explosiones y con unos arquetipos sacados del porno tradicional —el jovencito inexperto y la exuberante motera vestida de cuero, el mecánico musculoso y la profesora con taconazo y falda de tubo— eso sí, lo suficientemente rebajados como para adaptarse a todos los públicos.

Michael Bay en su papel de director. (Paramount)
Michael Bay en su papel de director. (Paramount)

Sin embargo, no es de extrañar que, cinco películas después, las ideas provistas a partir de unos muñecos infantiles acaben agotándose. En la quinta entrega, Bay ha querido aportar a la saga un toque más sofisticado —como la Royale con queso— y ha mezclado el universo de los Autobots y los Decepticons con las leyendas artúricas, Hitler —que en realidad fue derrotado por un reloj 'transformer'— y una batalla incendiaria en pleno Stonehenge. El resultado de este cajón de sastre: en la Edad Media, los Autobots liderados por Optimus Prime ofrecen su ayuda a los Caballeros de la Mesa Redonda y hacen entrega a Merlín de su varita mágica. en la actualidad, Cade Yeager (Mark Wahlberg), el encargado de un desguace californiano se encuentra el talismán de Merlín a la vez que la Tierra se enfrenta por enésima vez a su destrucción a cargo de un ser interespacial llamado Quintessa (Gemma Chan). Con Optimus Prime (Peter Cullen) fuera de juego, Yeager recurrirá a un lord inglés —interpretado por Anthony Hopkins, que siempre aporta flema y respetabilidad— y una joven profesora de Oxford, Vivian Wembley (Laura Haddock), quien resulta ser la última descendiente viva del mago Merlín (Stanley Tucci).

Con esta premisa —y seis guionistas y seis montadores— de partida ya resultaba difícil esperar el aplauso de la crítica. Aunque algunos, como Owen Gleiberman, crítico de 'Variety​', admiran el "sabor sexy de una distopía latente" y "la forma caótica e hiperactiva y el contenido nihilista de metal aplastado reforzándose el uno al otro", las opiniones han sido mayoritariamente negativas. Frank Scheck, de 'The Hollywood Reporter', escribe con mordacidad que "alguien capaz de explicar una trama que es casi incomprensible merece un premio de algún tipo. Basta decir que el mundo está en grave peligro, que hay montón de batallas entre robots buenos y robots malos y que Mark Wahlberg, que vuelve tras su primera aparición en 'Transformers: la era de la extinción', no ha dejado de seguir su rigurosa rutina de ejercicios".

Otro fotograma de la película. (Paramount)
Otro fotograma de la película. (Paramount)

Más hiriente es Brian Truitt, de 'USA Today': "Si Optimus Prime, líder autobot y un tío legal lo mires por dónde lo mires, realmente quería salvar a la humanidad habría detenido al director Michael Bay más o menos cuatro 'Transformers' atrás". Bay ha demostrado que, fuera de la franquicia, tiene algo —aunque sea mínimo— que aportar. Dentro de ella sólo ha conseguido convertirse en una autoparodia hipertrófica, una máquina de hacer dinero cada vez más perezosa y falta de ideas. Atendiendo a los mímimos estándares de calidad —si no la anterior— debería ser la última. Sin embargo, y a pesar de la marcha de Bay y de Wahlberg —sustituto a su vez de Shia Labeouf—, parece que la máquina seguirá rodando. Mientras genere beneficios, aunque no haya nada que contar, que el ritmo no pare.

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