gira 'lo niego todo'

Joaquín Sabina, un canalla trasnochado con bombín y nostalgia en la mirada

El artista jienense jugó con su voz de lija, con su espíritu canalla y con el paso del tiempo en la presentación de su gira 'Lo niego todo' en Madrid

Foto: Sabina en el primer concierto de los cuatro que ofrecerá en Madrid (Efe)
Sabina en el primer concierto de los cuatro que ofrecerá en Madrid (Efe)

El maestro, como le llaman sus incondicionales, se salva por la campana. Esa que sigue sonando a delicadeza, a su voz de canalla, a su imagen trasnochada, a su bombín negro (o blanco) y a su nostalgia. Joaquín Sabina jugó con su voz de lija, con su espíritu canalla y con el paso del tiempo en la presentación de su gira 'Lo niego todo' en Madrid. Aún le quedan tres actuaciones más en el antiguo Palacio de Deportes (este jueves y el 18 y 19 de julio) pero, a sus 68 primaveras y con la sombra del 'Pastora Soler' de hace tres años, el tema que da nombre a su nuevo disco tras siete años sin canciones nuevas, es toda una declaración de intenciones que tira por tierra y, a la vez, reivindica la caricatura que se ha hecho del artista.

Ni el ángel con alas negras ni el profeta del vicio, ni el cantante de orquesta ni el Bob Dylan español. Sabina sigue siendo el de antaño, el de la noche amarga y melancólica, el del amor que raja y del corazón borracho, pero, eso sí, los años pasan para todos. Pasan para su público, convenientemente sentado durante la primera mitad del concierto, y pasan para el artista jienense visiblemente emocionado en una cita como la de Madrid "grabada a fuego" en el calendario y a la que, reconoció, se enfrentó con un "nudo en la garganta". Y lo hace con nota, como el crápula (jubilado) que canta a la memoria y remueve nuestra vida con un cancionero repleto de frases certeras y de clásicos.

Joaquín Sabina durante su concierto en el WiZink Center (Efe)
Joaquín Sabina durante su concierto en el WiZink Center (Efe)

A Sabina o se le ama profundamente o se le odia. Anoche se hizo (y dejó) querer con la "familia" de siempre, la de ese público fiel y la de sus músicos encabezados por Pancho Varona, que con 'La del pirata cojo' levantó el ecuador de un concierto que daba paso a los clásicos imperecederos y por los que había pagado el respetable, y por Mara Barros, siempre espectacular con ese 'Y sin embargo' rompedor e imprescindible pero también con un regalo tan sensual como delicado inspirado por la mente de Gabo como 'Hace tiempo que no'.

"Superviviente sí, maldita sea" canta en sus 'Lágrimas de mármol' dejando claro que Sabina se ríe de Sabina, que sigue enfrentando con ironía sus mitos y sus leyendas, sus sálvese quien pueda y que sigue prefiriendo 500 noches más para alimentar el éxtasis sabinero. La noche de esta "gira especialmente intensa porque es estupendo estrenar canciones" comenzó con un puñado de esos nuevos sones que tanto le deben a Leiva y Benjamín Prado. "Alguna veces te recuerdo a alguien" cantó el artista tocado con su bombín negro y su traje color berenjena por culpa de esas noches de domingo que siempre acaban mal. Era una declaración de intenciones que llegaba tras 'No tan deprisa', 'Quien más o quien menos' o 'Qué estoy haciendo aquí'.

Joaquín Sabina presenta 'Lo niego todo' (efe)
Joaquín Sabina presenta 'Lo niego todo' (efe)

Ese recuerdo es el que agrandó en el segundo tramo del concierto con sus clásicos, esos que se tiñen de vivencias, de gloria y de canas un tren que Joaquín Sabina sabe hacer llegar a la estación de cada uno de sus fieles. El bombín blanco dio paso a esta parte rendida a la nostalgia y a la necesidad, a esas noches melancólicas y de bulevares de sueños rotos pero imprescindibles en la biografía del más pintado. 'Una canción para Magdalena' abrió fuego en esta nueva tanda necesaria y esperada para levantar a un público tan heterogéneo como sabinero. Padres, hijos, novios, amantes o dolientes. Sabina sabe dejar claro que, quieran o no, forma parte de su banda sonora y esa es la vuelta de tuerca más irónica de este auténtico canalla. Da igual que sea en un hilo musical o en la más estricta intimidad, él ya estuvo allí. Y sabe sacarle partido.

'Yo me bajo en Atocha' fue el tema que se convirtió en el himno de un Madrid muy necesitado de sus referentes y con tantas ganas de corear, bailar y aplaudir como de sentir. 'Por el bulevar de los sueños rotos', 'Ruido' o la emocionante 'Peces de ciudad' dejaron claro el poder cautivador de un artista que, más allá de crisis personales o profesionales, más allá de críticas o años, sabe cautivar a los suyos.

El cantautor Joaquín Sabina, durante su concierto en el WiZink Center (Efe)
El cantautor Joaquín Sabina, durante su concierto en el WiZink Center (Efe)

Y, sobre todo, de un músico que puso toda la munición encima del escenario: '19 días y 500 años', 'Aves de paso', 'Noches de boda', 'Y nos dieron las diez', 'Princesa', 'Contigo' y 'Pastillas para no soñar' redondearon un repetorio final de grandes éxitos que sobreviven su propia leyenda. La de un Sabina que te reconcilia con tu yo de hace 15 años y emociona al que da hoy nuevos pasos. La de un Sabina que sabe tocar esa tecla invisible. La de un Sabina "imputado por el tráfico de pastillas para (no) soñar" (como rezaban los recortes de prensa que abrieron el recital) una noche más. Y van muchas vacunado contra el azar y cantando que "si lo que quieres es vivir cien años, no vivas como yo"... pero, qué carajo, él sigue siendo un superviviente de la noche y de esos amores que, como el suyo, matan y nunca mueren.

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