luces y sombras del mito

Joaquín Sabina: ¿Maestro o trilero musical?

Consultamos a cuatro expertos sobre la calidad poética y musical del artista: Nacho Vegas, Mercedes Cebrián, Patricia Godes y Fernán del Val valoran al mito

Foto: Joaquín Sabina en uno de sus bolos madrileños (Gtres)
Joaquín Sabina en uno de sus bolos madrileños (Gtres)

El cantante del bombín y la voz llena de grietas ha copado los titulares de diciembre. Primero, por su vuelta a los escenarios españoles, después por un ataque de miedo escénico que tuvo en vilo a sus seguidores.

Entre las urgencias de la actualidad, quizá se nos han pasado las más preguntas más importantes: ¿Resiste su legado el paso del tiempo? ¿Estamos ante un maestro, como le llaman algunos, o se trata de un trilero musical que cayó en gracia y supo jugar sus cartas? ¿Alcanza Sabina la altura de los grandes cantautores franceses, latinos y norteamericanos? Intentamos aclararlo con ayuda de los especialistas.

Cuestión de mercadotecnia

Patricia Godes, periodista musical, empieza por el principio: "Por un cúmulo de casualidades fui testigo de cómo se construyó el producto Sabina como ‘cantautor auténtico’". Le vi actuar en una fiesta del Partido Comunista de España (PCE) en 1984 ó 1985, cuando todavía se celebraba en primavera. No había apenas público. Sabina se movía mucho y llevaba ya un grupo de rock, pero lo que sonaba en el escenario no hacía que la gente se acercara, a pesar de que la actuación era gratuita y en un auditorio abierto. Me dio un poco de pena. Hablamos de un evento multitudinario, porque entonces lo era, pero su música no atrajo a nadie". ¿Cómo empezó su despegue comercial? "Sabina fue una apuesta personal de José María Cámara, director de Ariola, que estaba obsesionado con que iba a arrasar y no quiso escucharme cuando le hablé de la fiesta del PCE. Hicieron un gran lanzamiento de marketing y salió en todos lados".

Joaquín triunfó gracias a la industria del disco y al gran trabajo que llevaron a cabo en AriolaPor tanto, Sabina no fue un fenómeno natural, espontáneo, que saliera del público y recogiera la industria. Más bien ocurrió al revés: "Joaquín triunfó gracias a la industria del disco y al gran trabajo que llevaron a cabo en Ariola". Primer mito derribado: los artistas "de verdad" también se apoyan en los magos de la mercadotecnia cuando la situación lo requiere. 

Bohemia posmoderna

Esto no quiere decir que Sabina no tenga bazas personales que jugar. "Para el gran público, Sabina representa la bohemia, el artista y el rockero. Musicalmente, le salen las canciones redondas, eso es verdad, no son esas composiciones cojas de nuestros amigos indies. Se nota que ha escuchado mucha canción popular y que trabaja con músicos muy profesionales. En sus composiciones, una frase conduce a la otra y cada verso o estrofa incluye un pensamiento que realza la melodía y el ritmo. Las letras están bien engarzadas con la música, tiene muchos recursos, aunque algunos sean baratos, como los famosos ripios. Son canciones muy cantables y ese es uno de los motivos de su éxito", explica Godes.

Con la llegada de la Transición la función del cantautor pierde vigencia, y ahí es donde Sabina percibe que hay que cambiar el modelo ético y estéticoTambién tiene importancia el momento histórico en que aparece, según nos explica Fernán del Val, doctor en sociología volcado en el estudio de la música popular: "Sabina aparece en el contexto de la Transición, cuando comienza a producirse un cierto tipo de desencanto con determinadas formas de protesta. Los cantautores, durante el antifranquismo, habían servido como elemento de comunicación política, cantando en lenguas prohibidas sobre temas tabú. Con la llegada de la Transición esa función pierde vigencia, y ahí es donde Sabina percibe que hay que cambiar el modelo ético y estético". El cantautor de Jaén fue de los primeros en comprender que la militancia estaba demodé y supo aprovechar la coyuntura. 

Grandes éxitos y fracasos

Bajemos a las canciones concretas. ¿Cuáles son sus himnos destacados y los más prescindibles? Nacho Vegas, cantautor, comparte sus preferencias: "Desde pequeño me gusta Así estoy yo sin ti, que es una colección de símiles para describir la soledad, que a la vez producen el efecto de una enumeración caótica, que precisamente es un recurso más propio de la poesía que de la canción, y creo que lo hace muy bien y que contiene imágenes muy brillantes: Vencido como un viejo que pierde al tute / macabro como el vientre de los misiles o como un pájaro en un desfile o "más triste que un torero/ al otro lado del Telón De Acero. Conozco mucha gente a la que le irrita este último verso, pero a mí me flipa que en una sola frase describa un poco lo que era España y Europa en los ochenta".

¿Cuál de sus canciones no soporta? "Me produce rechazo un verso en la canción de La Magdalena, el que dice "con ese corazón tan cinco estrellas". Aparte de lo cutre de la metáfora, toda la letra desprende un tufo a paternalismo insoportable respecto a las prostitutas".

Mercedes Cebrián, poeta y escritora, encuentra lo mejor y lo peor de Sabina en la misma canción: Hay mujeres. "Me gusta particularmente la frase hay mujeres en cuyas caderas no se pone el sol. Se parece a uno de esos chistes hiperbólicos que empezaban siempre por ‘era un hombre tan gordo tan gordo que...’. O incluso a una greguería de Gómez de la Serna. Creo que es particularmente exitosa la metáfora, al emplear ese guiño al dicho de la España imperial de la época de Felipe II, cuando tenía tantas colonias repartidas por el mundo que siempre era de día en alguna de ellas".

Un poco antes, encuentra el bajón estético: "Me da cierta grima el primer verso, que dice Hay mujeres que arrastran maletas cargadas de lluvia. Creo que el recurso de la lluvia está demasiado presente en poemas y canciones cuando se pretende crear imágenes relacionadas con la melancolía. Llega un momento que ya no me creo tanta lluvia lírica", lamenta Cebrián. 

Despreciar a los vecinos

Patricia Godes apuesta por un himno clásico: "Para mi gusto, es autor de una canción muy buena, que es Calle melancolía, donde compara la gran ciudad con sentimientos de soledad y tristeza que todos compartimos. No es ese Sabina que desprecia al vecino de abajo porque es convencional y no se va de juerga”.

¿El mayor reproche a su repertorionbsp;"Sabina tiene canciones moralmente reprobables como Pacto entre caballeros, que es una sacralización del delito por parte de alguien que tiende a romantizarlo. Me parece una manipulación: la delincuencia es un drama y para las madres de esos personajes no tiene ninguna gracia. Sabina se cree muy audaz por tener contacto con todo eso y los oyentes burgueses también. Es una ventana abierta a un mundo que no conocen y que les excita, pero para los protagonistas supone una tragedia vital". Ya sabemos que hay burgueses, o artistas con mentalidad de señorito, capaces de disfrutar unas vacaciones en la miseria de los demás.

Altura internacional

Otra cuestión crucial es si Sabina está a la altura de mitos internacionales como Jacques Brel, Leonard Cohen o Violeta Parra. Patricia Godes se muestra rotunda: "Sabina es un producto carpetovetónico, que solo se puede dar en la sociedad española. Sus letras no contienen esas grandes ideas sobre el sufrimiento, el amor y la humanidad, que sí reflejan los cantautores que citas. El valor que le encuentro es su relación con la poesía popular, cotidiana... O las rimas de La Dolores, que salen en los envoltorios de los adoquines, esos caramelos gordos de Aragón. En el interior vienen frases que se burlan de la suegra, del matrimonio, chistes sexuales ligeros, etcétera. Ese es un lenguaje que maneja Sabina en muchas ocasiones".

Más que a Brel o a Bob Dylan, Godes apunta como referente a Rubén Blades, pionero de la crónica urbana en las canciones populares. "A Sabina le falta la profundidad de canciones como Maestra vida, Amor y control y Pablo Pueblo. Blades canta sobre el trabajador, el pueblo oprimido, la muerte en la familia…Son asuntos que tienen una complejidad y profundidad muy superior", señala Godes.

Las canciones de Sabina están estrechamente unidas al personaje que él encarna: hombre calavera que cierra bares y que rompe corazones femeninosCebrián se sitúa en una línea parecida: "Las canciones de Sabina están estrechamente unidas al personaje que él encarna: hombre calavera que cierra bares y que rompe corazones femeninos. En cambio, una canción de Violeta Parra cantada por otras u otros cantantes no me parece que pierda tanto. Eso, en mi opinión, es señal de que la canción en sí tiene más vuelo. Como personaje y cantautor, Sabina ha logrado un producto muy resultón y, por tanto, mítico. Igual que Alfredo Landa ha construido la imagen que tenemos del español medio, Sabina ha sabido fabricar la del tipo madrileño irresistible y canalla. En algún lugar de nuestro cerebro hay un deseo de escuchar y paladear estereotipos, y Sabina nos los da", afirma.  

Nacho Vegas, en cambio, sí coloca al de Jaén a la altura de los grandes:

Me gustaría poder hablar de la obra de Sabina sin que interfiera algo la imagen del progre farlopero que hizo el anuncio de la ceja de Zapatero, pero es difícil"Gusta a muchísima gente y su cancionero ha trascendido en el tiempo. En eso es igual a cualquiera de esos nombres que citas. El problema también es que tenemos al personaje demasiado cerca. Me gustaría poder hablar de la obra de Sabina sin que interfiera algo la imagen del progre farlopero que hizo el anuncio de la ceja de Zapatero, pero es difícil. Sin embargo, yo lo intento, de verdad. Mira, de José Alfredo Jiménez se puede decir que es machista, individualista, alérgico al compromiso... Y sin embargo, no me cuesta tanto decir de él que es un gran escritor de canciones". A Jiménez, señala, le ayudó que otros artistas explotaran su cancionero "de manera sublime", especialmente Chavela Vargas, capaz de resignificarlo en clave homosexual. Un fenómeno así todavía no se ha producido con Sabina. ¿Lo veremos alguna vez?

Tibieza de la crítica

Fernán del Val señala que el cantautor del bombín tampoco tiene especial respaldo en la prensa musical. Junto con otros sociólogos y musicólogos, Del Val participó en un estudio de la Universidad Complutense (Madrid) para identificar los discos más alabados del último medio siglo de pop-rock español. "Sabina entró dentro de los cincuenta artistas de nuestra metalista, justo en mitad de la tabla, en el número veinticinco, por su álbum 19 días y 500 noches (1999), con 76 puntos".

Joaquín Sabina en su último concierto en Madrid (EFE)
Joaquín Sabina en su último concierto en Madrid (EFE)

Se trata de una posición tirando a pobre, por debajo de cantautores amigos como Serrat e incluso de nombres de culto como Sisa. Del Val explica que revistas modernas como Rockdelux desprecian al jienense, usando incluso el adjetivo "sabinero" de forma peyorativa. "Me sorprende que Sabina figure tan abajo en el listado de Efe Eme, revista que en general le ha apoyado mucho. Es interesante ver que Sabina está presente sólo por 19 días y 500 noches, un disco que la crítica ha señalado como el mejor de su carrera, el más equilibrado, su gran obra de madurez, y el que más vendió", apunta.

Favorito del PP y del PSOE

¿Un dato curioso para terminar? Uno de los lugares donde Sabina recibe más cariño es en el Congreso de los Diputados. Del Val recuerda los resultados de una pequeña encuesta de la revista Rolling Stone, que señalaba que Sabina era querido tanto entre los diputados de derecha como entre los de izquierda.

Artistas de la izquierda progre como Sabina, Miguel Bosé, Ana Belén etcétera tenían muchos fans entre gente de derechasNacho Vegas hace un comentario inquietante sobre este fenómeno: "Un día hablando con Christina Rosenvinge me comentaba una cosa que al principio me extrañó, pero que luego comprobé que era cierta. Decía que artistas de la izquierda progre como Sabina, Miguel Bosé, Ana Belén etcétera tenían muchos fans entre gente de derechas. Luego me di cuenta de que tengo amigos de familias muy ‘peperas’ a las que efectivamente les gustan estos artistas. Pero no es rollo PPSOE, en este caso hablo de gente de la derecha más conservadora, a los que de alguna manera disfrutan su ración de entretenimiento canalla, maricón o progre. Les gusta que exista, pero no en sus vidas, sino allá en la farándula. Christina acabó de contármelo con una frase que me dio miedo: 'Es que en realidad no somos más que eso, sus bufones'. Me dije, así ingenuamente, que yo no quería ser un bufón, que no quiero gustarle ni a gente de derechas, ni a la reina Letizia, ni nada por el estilo. Pero luego me sentí muy tonto, como ¿quién me creo yo para no querer gustarle a alguien?".

La pregunta que flota en el aire es si un artista debería preocuparse por el hecho de figurar entre los favoritos de eso que hoy se suele llamar casta

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