ópera contra el poder

'El gallo de oro', una sátira contra los gobernantes ególatras y estúpidos

Podría ser Trump, Putin o cualquier de los políticos déspotas que plagan el mundo, pero Rimsi-Kórsakov parodió al zar Nicolás II en una ópera que sigue de plena actualidad

Foto: 'El gallo de oro' llega al Teatro Real (Matthias Baus | La Monnaie)
'El gallo de oro' llega al Teatro Real (Matthias Baus | La Monnaie)

No pudo ver su última ópera vivo. Fue tan arriesgado al criticar lo intocable, al reírse del sistema y ser tan ácido que le prohibieron. Nikolái Rimski-Kórsakov creó en 'El gallo de oro' una sátira política tan agresiva contra el régimen zarista que no se pudo estrenar. La censura le pidió que convirtiera a su zar en un general y aunque se negó, así fue como se estrenó un año después de su muerte.

Kórsakov fue osado y atrevido al criticar ferozmente a Nicolás II y su totalitarismo tras uno de los episodios que más le marcó: el Domingo Sangrieto. El compositor había sido bastante taimado hasta entonces en temas políticos, pero abrió tanto los ojos que decidió ridiculizar en esta ópera el despotismo del zarismo tras la desastrosa guerra contra Japón en 1904 y los acontecimientos del Domingo Rojo un año después. Ese día miles de obreros, mujeres y niños se manifestaron pidiendo mejores condiciones laborales frente al Palacio de Invierno de San Petesburgo en una masacre que terminó con la Guardia Imperial cargando contra el pueblo y más de 200 muertos y 800 heridos. Fue este episodio el que preparó el camino de lo que fue la revolución rusa e hizo que muchos intelectuales rompieran con el zarismo, pero no fue gratis.

'El gallo de oro' (escrita en 1906) no suena pasado sino a presente y futuro. Tanto es así que el zar Dodón podría ser Nicolás II, pero también Trump o Putin y aunque su director, Laurent Pelly, ha preferido no acotar este cuento a la actualidad pura y dura, esta rebosa por sus poros. "¡Qué atrevimiento! Quién se hubiera atrevido actualmente a hacer, por ejemplo, una obra sobre Trump o, más bien, Putin riéndose abiertamente del personaje como hace esta ópera de una forma muy maligna, con mala leche", asegura el director de escena.

La obra, coproducida por el Théâtre de la Monnaie de Bruselas, la Opéra National de Lorraine de Nancy y el Teatro Real, se estrena en el coliseo madrileño (del 26 de mayo al 9 de junio), es una sátira sobre la arbitrariedad de los tiranos, los abusos del poder y el conformismo de los sometidos. Con libreto de Vladimir Belsky, basado en el poema 'El cuento del gallo de oro', de Pushkin, sobre narraciones de 'Cuentos de la Alhambra', de Washington Irving, en esta ópera subyace un auténtico alegato antizarista que funde la despiadada crítica política con un cuento repleto de humor negro.

En 'El gallo de oro' el todopoderoso zar Dodón, un tirano que reina desde la cama mientra duerme y piensa en las mujeres, vago, grotesco, cobarde y déspota, domina su reino de forma absurda según los designios de ese gallo dorado y acompañado por dos hijos estúpidos e insolentes, un astrólogo manipulador y una zarina lasciva y perversa que le ataca en su punto débil: la bragueta. Y lo hace sin pelos en la lengua porque además de crítica política, esta ópera también respira erotismo. Aun así Kórsakov no salva a nadie. Muestra el mismo desprecio por el zar que por ese pueblo sometido, un rebaño dispuesto a dejarse pisar y que al final, libre por fin, se pregunta qué hacer con esa libertad. Una gran paradoja viendo la historia rusa.

'El gallo de oro', de Nikolái Rimski-Kórsakov (Matthias Baus | La Monnaie)
'El gallo de oro', de Nikolái Rimski-Kórsakov (Matthias Baus | La Monnaie)

"Es una sátira política de una agresividad brutal", afirma Joan Matabosch, director artístico del Real. "Si se plantease como un panfleto político no funcionaría. El formato de cuento está dando a la sátira política una agresividad que no tendría si fuera un panfleto. Recurre al cuento de Pushkin, pero inyecta una lectura en él. Es ese cuento y a la vez un manifiesto subversivo y una lectura satírica implacable contra el régimen zarista".

Es precisamente su componente de fantasía y cuento ilusorio el que dota de mayor realismo y crítica a esta ópera. De hecho, a ese elemento es al que se ha querido asir Pelly evitando arrastrar la historia a la actualidad aunque esta respire en cada palabra. "¿La ley? Mis caprichos y órdenes son la ley", canta con fuerza, por ejemplo, Dodón sobre su inmensa cama apoltronada sobre los escombros de su reino que son las ruinas de sus políticas pero también sus súbditos. "No me gusta reducir una obra a la actualidad", afirma el director escénico.

"Nuestra época aparece evocada a través de conceptos", pero "en mi trabajo quiero abrir la puerta a que el espectador pueda interpretar como quiera los matices. No quiero cerrar la puerta de este modo. No quería disfrazar al protagonista de Putin o Trump, eso cierra puertas a la multiplicidad de interpretaciones", añade. "Si hubiera que buscar una palabra" que atraviese toda la obra, zanja Pelly, "sería miedo". "El tirano tiene miedo de los enemigos, el pueblo tiene miedo del tirano y de los enemigos, todos tienen miedo y finalmente vemos que el miedo conduce al caos, que es algo que el tiempo actual no ha desmentido".

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