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"Da igual que te peguen en casa, nadie quiere estar en un centro de menores"
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61 edición de la seminci

"Da igual que te peguen en casa, nadie quiere estar en un centro de menores"

Alberto Morais dirige 'La madre', un drama seco en el que Miguel, un chaval de 14 años, protagoniza una huida hacia adelante para evitar entrar en un reformatorio

Foto: Fotograma de 'La madre'
Fotograma de 'La madre'

Miguel (Javier Mendo) tiene 14 años, no sabe quién es su padre, ni tiene a nadie que le prepare la merienda al volver del colegio. Los servicios sociales lo buscan para llevarlo de vuelta a un centro de menores y protegerlo de una madre (Laia Marull) ausente e irresponsable. Pero nadie le ha preguntado qué es lo que él quiere. Que es seguir con su madre. Que es trabajar y sacarse las castañas del fuego.

Alberto Morais dirige 'La madre', su tercer largometraje de ficción tras 'Las olas' (2011) y 'Los chicos del puerto' (2013), que se ha proyectado en el marco de la Sección Oficial de la Semana Internacional del Cine de Valladolid (Seminci) y se estrena este viernes en las salas comerciales. Un drama humilde y seco sobre el desamparo de los adolescentes de familias desfavorecidas, sobre la huida, la búsqueda y con el desmoronamiento de la sociedad del bienestar de telón de fondo. Una apuesta sobria "que restringe la paleta de color a grises y marrones, grabada con ópticas de 40 mm y con mucho plano secuencia y mucha coreografía de los personajes", como explica su director.

Tráiler de 'La madre', de Alberto Morais

Para sacar adelante este tercer largometraje de ficción, Morais ha contado con "fondos propios y con el respaldo de organismos como el ICAA, Cinema du Monde, Eurimages y una coproducción con Rumanía. "Las televisiones no me dan dinero. TVE no la compró, y eso que la película estaba muy bien financiada; si hubiese entrado hubiésemos tenido más días de rodaje -al final fueron sólo seis semanas- y más tranquilidad", se lamenta.

El guión nació cuando leí la noticia en 2014 de que en España había casi 3 millones de niños bajo el umbral de la pobreza

"El guión nació cuando leí la noticia en 2014 de que en España había casi 3 millones de niños bajo el umbral de la pobreza", explica. Además, en un viaje a Moscú para asistir a un festival, "me enteré de que cuando se desmoronó la unión soviética, en el 91, los orfanatos cerraron por falta de dinero. Los huérfanos se metieron en el metro de Moscú y allí empezaron a hacer su vida, a alimentarse, a hacer grupos entre ellos, casi como en ‘El señor de las moscas’. Eran niños de 7 u 8 años y vivían ahí dentro porque hacía calor. Fue una reestructuración de una forma brutal, radical y tercermundista". Y fue de ahí, de esa infancia 'dejada de la mano de Dios', de donde nació Miguel.

"Han calificado mi película de dura", analiza Morais, "pero yo creo que es que la realidad y sobre todo la época que nos ha tocado vivir son bastante duras. Creo que está habiendo un desmoronamiento generalizado de los sistemas públicos de todo tipo. Desde el año 2008, desde la supuesta crisis económica que yo llamo guerra sistémica, porque no creo que sea una depresión dentro de la normalidad del sistema, sino que creo que hay una guerra de clases en curso. Y al igual que Rossellini dio fe del tiempo en que vivía, yo debo dar fe del tiempo en el que vivo".

En una decisión a priori audaz, la película de Morais se cimenta sobre los hombros del joven actor Javier Mendo en su primer papel protagonista en un largometraje, al que el director sigue muy de cerca, cámara en mano, durante toda la película. "Hay una univocidad en esta película, un único punto de vista, que es el del chaval todo el rato". Un adolescente que asume en soledad muchas más responsabilidades de las que se deberían esperar de una persona de su edad, pero lo lo hace en silencio, consciente de que es la única forma de mantenerse a flote. "El chaval intenta ser lo más adulto posible y la madre, por el contrario, se comporta como una adolescente porque la vida ha pasado por ella como un camión. Es una persona llena de contradicciones, un poco desastre, pero no la moralizo. Me gusta ese cambio de roles porque en esta sociedad a la gente de mi generación, de en torno a 40 años, nos intentan infantilizar mientras que los de 20 años se están poniendo las pilas a saco".

Da igual que te peguen palizas en casa; nadie quiere estar en un centro de menores. Todo el mundo quiere estar con su familia

En 'La madre', los servicios sociales, la vuelta al centro de acogida representa el gran miedo del que huye Miguel. "He visitado centros de menores, en particular uno en Ávila, y he visto un desarraigo muy fuerte", relata el director. "Da igual que te peguen palizas en casa; nadie quiere estar en un centro de menores. Todo el mundo quiere estar con su familia porque es como si te cortaran el cordón umbilical más fundamental. Lo que pasa es que el Estado cree que es más conveniente que estés allí, un sitio donde no hay una afección personal. Es algo muy artificial, muy duro, a pesar de que los chavales tienen una capacidad brutal para adaptarse".

"Normalmente, si alguien ve una anomalía, la Fiscalía de Menores actúa de oficio. La película es mucho más magnánima con el sistema que en la realidad. El sistema pasa más, no se implica tanto. Además, no pone fácil la normalización de la vida de estos chavales. Es como si hablamos de la cárcel. ¿La cárcel sirve para rehabilitar a los presos? ¿O para castigar y como sistema de venganza?", se pregunta Morais. "Yo creo más que para lo segundo".

Unos chavales que muchas veces tienen carencias emocionales que les impiden relacionarse de forma convencional con el entorno."En el caso de Miguel hay una rabia interna con la madre que él intenta controlar. Está a punto de explotar todo el rato –en el guión estaba mucho más presente que en la película- y al mismo tiempo es muy desconfiado. Y es que si vas a un centro de menores te das cuenta de que son muy desconfiados; tú vas con una sonrisa e intentas ser amable ya desconfían, porque piensan '¿por qué es amable conmigo?'. Si eres duro con ellos te entienden más".

El entorno rural es la única salida que tienen muchos inmigrantes en España porque en las grandes ciudades no se pueden integrar laboralmente

Morais también ha aprovechado para retratar una sociedad en la que la inmigración se ha integrado en el día a día de las zonas rurales "de una forma muy diferente y atípica a cómo la cinematografía suele retratar a la gente de fuera". Miguel, en su huida, acabará en casa de Bogdan (Ovidiu Crisan), el ex novio rumano de su madre, que ha conseguido instalarse en la normalidad de un pueblo del interior. "El entorno rural es la única salida que tienen muchos inmigrantes en España porque en las grandes ciudades no se pueden integrar laboralmente. Si ya es difícil para nosotros cuando lo intentamos en Inglaterra, por ejemplo, donde acabas durando dos o tres meses en una experiencia muy dolorosa, pues imagínate la gente de la costa africana mediterránea".

Miguel (Javier Mendo) tiene 14 años, no sabe quién es su padre, ni tiene a nadie que le prepare la merienda al volver del colegio. Los servicios sociales lo buscan para llevarlo de vuelta a un centro de menores y protegerlo de una madre (Laia Marull) ausente e irresponsable. Pero nadie le ha preguntado qué es lo que él quiere. Que es seguir con su madre. Que es trabajar y sacarse las castañas del fuego.

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