'Las furias' de Miguel del Arco: España como esa familia incapaz de entenderse
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61 edición de la seminci

'Las furias' de Miguel del Arco: España como esa familia incapaz de entenderse

El dramaturgo Miguel del Arco inaugura la Seminci con 'Las furias', su debut en el largo con un reparto encabezado por Carmen Machi, Mercedes Sampietro y Gonzalo de Castro

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Fotograma de 'Las furias' de Miguel del Arco

Miguel del Arco o Juan Sin Miedo. Sin miedo a probar ni a provocar. Si la pasada primavera le daba un tiento a la zarzuela con '¡Cómo está Madriz!' -junto a Paco León- y señalaba las vergüenzas de la política nacional a ritmo del género chico -con boicot incluido-, ahora el dramaturgo madrileño se atreve con la odisea de dirigir cine con 'Las furias', su debut en el largometraje, y que este sábado ha inaugurado la 61 edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).

¡Ay, la familia! Ese ni contigo ni sin ti tan español, una disección que hace Del Arco en 'Las furias' de esta gran contradicción, capaz de lo peor y lo mejor, y que podría ser la maqueta de una España tan de hermanos como de 'cuñados', un gallinero donde el cacareo aturde los "por favor", "gracias" o "perdón", tanto que a veces parecen palabras tabú.

Tráiler de 'Las furias'

Y para poner rostro a esta pirámide humana en constante tambaleo que son los Puente Alegre, Del Arco ha contado con un reparto de colaboradores habituales, pesos pesados tanto de las tablas como de la pequeña y gran pantalla: Carmen Machi, Gonzalo de Castro, Emma Suárez, José Sacristán, Mercedes Sampietro, Alberto San Juan y Bárbara Lennie. Un salto al abismo del cine con varios chalecos salvavidas y seguro a todo riesgo.

PREGUNTA. Miguel del Arco, uno de los dramaturgos nacionales más punteros del momento, ¿ha sentido la presión o la responsabilidad de cumplir las expectativas en su salto al largometraje?

RESPUESTA. No. Es una cosa que aprendí muy pronto. Cuando pegamos realmente el tirón con 'La función por hacer' (2009) pasamos de entrar en un hall de un teatro y no tener donde caernos muertos a hacer una gira nacional e internacional, volver a los teatros nacionales y a recibir la llamada de Nuria Espert. Todo fue tan bestia que cuando empezamos a hacer 'Veraneantes' (2011), y como trabajaba con los mismos seis actores, había sobre mí una presión gigante de decir "tienes que hacer un éxito, tienes que hacer un éxito, tienes que hacer un éxito". ¿Tienes tú la fórmula del éxito? No, porque no la tiene nadie. Así que pensé que teníamos que centrarnos en la historia que teníamos entre manos, en lo que teníamos que contar, pero sin el remanente de la necesidad de hacer un éxito como el anterior. Hay un vértigo grande, pero es un vértigo que mola. Hemos hecho lo que hemos querido, lo que hemos podido con el presupuesto que teníamos, esto es lo que hemos sido capaces de hacer. Sé que hay honestidad, que ha sido un trabajo ímprobo por parte de todo el equipo, con mucha energía y mucho amor.

P. Y como dramaturgo consolidado, ¿ha sido fácil o difícil encontrar la financiación?

Ha sido fácil a partir de la aparición de uno tan 'kamikaze' como nosotros que es Pedro Hernández: él se atrevió. Otros productores no vieron claro conmigo el camino, porque pensaban que 'Las furias' no era una película fácil ni sencilla. Pero Pedro leyó el guión, le gustó mucho la película, le gustó mucho lo que había, vio que veníamos con mucho trabajo hecho y se tiró con nosotros de cabeza. El riesgo fue enorme y gigantesco. Es muy complicado financiar una película en España. Muy, muy complicado.

El riesgo de producir 'Las furias' fue enorme y gigantesco. Es muy complicado financiar una película en España

P. Con 'Las furias' inaugura la Seminci. ¿De nuevo hay vértigo?

Estoy encantado. Cuando pienso en la Seminci me vienen a la cabeza Egoyan, Kiarostami, tantos directores maravillosos referentes de este festival. Cuando me dijeron que abría la Seminci yo no me lo podía creer. Me dio un ataque de vergüenza que no sabía dónde meterme. Me parecía completamente absurdo. Y hoy venía en el tren pensando en que iba a haber un grupo de periodistas que iban a ver la película, luego van a llegar a una rueda de prensa y me van a gritar todos "¡farsante!" a la vez. Pero no, es un momento mágico. ¡Alegría, alegría!

P. ¿Se podría definir 'Las furias' como una 'Celebración' ('Festen' 1998) menos protestante y más latina, más mediterránea?

Está bien definido [risas]. En 'Celebración' también hay ese punto de búsqueda de redención para volver a empezar. En 'Las furias', sin embargo, eso tan inconfesable que ha hecho el patriarca, el personaje de Pepe Sacristán, que les tiene a todos enfrentados con él no es tan pesante como en 'Celebración'. Muchas veces no se sabe siquiera discernir lo que te lleva a tener manía a un padre. En este caso, hay una figura paterna mayestática que ha triunfado en su carrera, que ha alcanzado un éxito que yo no puedo alcanzar, que ensombrece mi propia vida y hasta el fracaso de mi matrimonio en sí. Pero no hay un hecho tan bestia como es el caso del abuso, de la pederastia de 'Celebración'. Yo nunca quise partir de un hecho tan criminal.

P. Esta película retrata los interiores de la familia, las vergüenzas, los cimientos. Y resulta que una familia no es tan fácilmente destruible, ¿no?

Toda la base de la tragedia griega siempre es el problema de la disolución de la familia: has matado a mamá, te has acostado con papá o esas cosas terroríficas que pueden suceder, no entre amigos, sino dentro de la familia. La disolución de dos amigos es chunga, pero no es una tragedia. La tragedia es cuando tienes que decirle a tu hermano "hasta aquí hemos llegado" o cuando le dices a tu hijo "no quiero volver a verte". Pero muchas veces esa horma de la que muchas veces querríamos deshacernos es lo que ha conferido sentido a nuestra vida y que acaba protegiendo. Personalmente, yo he vivido momentos duros con mis hermanos debido a la crisis. Para ellos era un refugio saber que tenían una familia que iba a responder por ellos. No es esa soledad inmunda provocada por una situación económica como la que tenemos ahora, que te expulsa a la calle con cuarenta y tantos años de profesional. Es horrible, pero sería peor sin una familia que estuviese ahí para lo que sea.

La familia es un refugio frente a esa soledad inmunda provocada por una situación económica como la que tenemos ahora

P. Pero es un concepto de familia muy católico. En las sociedades protestantes las familias no tienen la tradición de ser tan protectoras.

Por supuesto. En el mundo anglosajón o en Estados Unidos tienen muchísimas menos películas hablando de la familia que las que tenemos nosotros. Para nosotros es un vínculo infinitamente más importante.

P. 'Las furias' es una película muy simbólica y en la que el tema de la incomunicación está muy presente. Berlanga, que fue un gran maestro a la hora de retratar la incomunicación de las familias españolas, dijo: "Creo que la incomunicación es una enfermedad del hombre que, por lo tanto, tiene que tener solución médica. Al mundo le hace falta una psicoterapia a base de amor, de erotismo". Un poco como en su película, ¿no?

Estoy totalmente de acuerdo [risas]. Hay algo en el trasfondo de 'Las furias' que es así. Esta mañana con Javier Angulo, el director de la Seminci, hablaba de los finales felices. Pero hay finales que no son felices, en los que no se transforma nada y todos los problemas que hay en marcha siguen funcionando de la misma manera. Se baja el tono, se escucha el silencio y uno se da cuenta de que la única oportunidad es el amor. Es vamos a follar y vamos a querernos. Es el vive y deja vivir.

P. ¿Y eso se puede aplicar a España, condensada como metáfora en una familia?

Totalmente de acuerdo. ¿No es el pacto necesario? ¿Por qué se utiliza siempre la palabra como arma arrojadiza y no como elemento de comunicación. Cuando tenemos una clase política en la que la palabra es exclusivamente puñal, ¿qué se puede esperar de ellos? Además, en su lenguaje, la palabra no es lo que significa. Se retuerce. Ahora mismo oyes a cualquier político del PSOE explicar lo de la abstención, con todos los circunloquios posibles alrededor de la palabra abstención, y es completamente ridículo. Y han conseguido exportar a la política ese lenguaje de los programas del corazón, donde la gente se grita sin ánimo de escucharse, para que se vea la gran personalidad que tienen y cómo se les hincha la vena. Y así no hay pacto posible, no hay entendimiento posible. Estamos obligados a entendernos, porque romper la familia es una tragedia. Dice el personaje de Carmen Machi: "Hablar no es tan difícil". Pero sí, hablar es muy complicado, y también es obligación si queremos vivir en sociedad. Tenemos que sentarnos, hablar y entendernos.

Cuando tenemos una clase política en la que la palabra es exclusivamente puñal, ¿qué se puede esperar de ellos?

P. En 'Las furias' hay un nacimiento. ¿Un pequeño mensaje de esperanza, de fe en las nuevas generaciones?

Yo siempre tengo esperanza en la juventud. Yo siempre estoy en contacto con las generaciones más jóvenes a través del Pavón, de las charlas y los encuentros con el público, porque siempre hay una necesidad de ganar al espectador joven. Y estoy muy sorprendido con las generaciones que vienen. Estoy haciendo cosas con La Joven Compañía, por ejemplo, que está llena de gente muy joven que quiere ser profesional y me quedo 'patidimuerto' con el nivelazo. Pienso en mí con esa misma edad y no tenía las cosas tan claras como ellos. Eso me emociona mucho, porque pienso que seguro que algo mejor está por venir. Cada generación está obligada a mejorar el mundo al que llega.

P. Antes de 'Las furias' fue la zarzuela. Ahora quiere probar con la ópera, ¿qué le queda por explorar?

La ópera la estoy preparando para el 2018; es mi primera incursión en la lírica. Fundamentalmente hago teatro. Pero al final todo es lo mismo, al final todo son historias. Yo cuento historias, lo que cambian son los formatos, pero no me parecen saltos mortales. Bergman, Chéreau, Polanski, Haneke saltan de uno a otro con cierta naturalidad. Pepe Sacristán, por ejemplo, pertenece a esa generación de actores que por las mañanas te rodaban una película, por las tardes hacían teatro y por la noche seriales de radio. Y eso era lo normal. Pero ahora parece que se parcela todo: los de cine al cine, los de televisión a la televisión, los de teatro al teatro. Es que en España nos gustan las etiquetas.

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