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"No escribí 'Taxi Driver' para ganar dinero, sino para no convertirme en un psicópata"

Paul Schrader, legendario guionista de Scorsese y director de culto, analiza su nuevo filme y el lado oscuro de su carrera

Foto: Paul Schrader en Sitges (EFE)
Paul Schrader en Sitges (EFE)

Un dato biográfico crucial para entender de dónde viene y a dónde va el director y guionista Paul Schrader (Michigan, 1946): su padre estuvo en la primera línea de las protestas contra el estreno de una de las películas escritas por su hijo: 'La última tentación de Cristo' (Martin Scorsese, 1988).

En efecto, el hombre que dinamitó el cine americano hace cuatro décadas con el guion de 'Taxi Driver' (Martin Scorsese, 1976) creció en un entorno ultrareligioso, hasta el punto de no ver su primera película (a escondidas) hasta los 17 años. "Crecí en una comunidad religiosa que no nos permitía ir al cine. No obstante, no tenía la sensación de estar perdiéndome algo porque nadie en mi entorno tenía interés alguno en este asunto", cuenta a este periódico Schrader, que está en el Festival de Sitges para presentar su nuevo filme como director, 'Dog Eat Dog'. 
 

Crecí en una comunidad religiosa que no nos permitía ir al cine

Paul Schrader, criado en una familia de estrictos calvinistas, iba para predicador, pero acabó desviándose del camino del señor, aunque fuera de manera un tanto  tortuosa: cuando en 1973 empezó a escribir 'Taxi Driver', Schrader había tocado fondo: divorciado, sin trabajo, alcoholizado y con fantasías suicidas.

Un cuadro depresivo que explica en parte los brutales niveles de violencia, odio, enajenación y alienación urbana de 'Taxi Driver', protagonizada por un psicópata llamado Travis Bickle (Robert de Niro). "La película refleja absolutamente mi estado de ánimo en aquel momento. Todo me iba mal y estaba entrando en una zona mental muy oscura. Sentía que tenía que escribir la historia de ese personaje... para evitar convertirme en él. No escribí 'Taxi Driver' para ganar dinero, sino como terapia", razona sobre las vísceras de un filme legendario que este año cumple 40 tacos. 

Guionista para Scorsese -'Toro salvaje' (1980), entre otras-, De Palma -'Fascinación' (1976)-, Sidney Pollack -'Yakuza' (1975)- o Peter Weir -'La costa de los mosquitos' (1986)-, Schrader tiene también una carrera como director que es para dar de comer aparte: si sus guiones le parecen a usted tormentosos, quizá es porque no ha visto películas como 'Hardcore, un mundo oculto' (1979), 'American Gigolo' (1980), 'El placer de los extraños' (1990) o 'Posibilidad de escape' (1992); tan estupendas como desasosegantes.

"No escribí 'Taxi Driver' para ganar dinero, sino para no convertirme en un psicópata"

Una diva fuera de sí

Nadie dijo que esta vida fuera a ser fácil, ni que el demonio no estuviera a la vuelta de la esquina, pero ni siquiera Paul Schrader estaba preparado para dirigir a una Lindsay Lohan fuera de control: el rodaje de 'The Cannyons' (2013), su penúltima y autofinanciada película, fue un descontrol, con la 'celebritie' Lohan celebrando su vuelta al cine adulto bebiéndose hasta el agua de los floreros, lo que dio lugar a un glorioso artículo del 'New York Times' sobre el sainete de rodar con una ex estrella de Hollywood en tremenda espiral autodestructiva. 

¿Fue tan terrible como lo pintan? "Pues en parte sí lo fue", responde Schrader ahora entre risas. "Como mínimo fue un reto bastante grande", zanja salomónico.

"No escribí 'Taxi Driver' para ganar dinero, sino para no convertirme en un psicópata"
 

Más placentera parece haber sido la elaboración de su último trabajo, 'Dog Eat Dog', pese a su conflictiva trama: tres ex convictos se reunen para dar un último golpe... que solo puede salir mal. La película, protagonizada por Willem Dafoe y Nicolas Cage, adapta una novela autobiográfica -'Perro como perro'- de otro maldito de la cultura estadounidense del siglo XX: Edward Bunker, ex presidiario, escritor de los bajos fondos y fugaz actor icónico de Quentin Tarantino: fue el Señor Azul en 'Reservoir Dogs' (1992). Bunker parece más vivo que nunca, y no solo por la adaptación de Schrader, ya que sus novelas viven una segunda juventud en España de la mano de la editorial Sajalín.

Preguntado sobre la modernidad de Bunker, Schrader responde resaltando la "ironía de un escritor que sabía captar la mentalidad del delincuente habitual, porque él lo fue, y advertía en sus libros sobre la imposibilidad de escapar del entorno de la delincuencia, aunque él lo logró", zanja. 

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