Relatos póstumos de EDWARD BUNKER

Atracador, escritor e icono de Tarantino

Edward Bunker pasó a la historia como el 'Mister Blue' de 'Reservoir Dogs'. Antes había estado en la cárcel, de allí salió convertido en autor de novela negra

Foto: A la izquierda, Quentin Tarantino; a la derecha, Edward Bunker
A la izquierda, Quentin Tarantino; a la derecha, Edward Bunker
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Quizás no sea un récord de los que te convierten en un ejemplo para la juventud, pero es un señor récord: Edward Bunker (Los Ángeles, 1933-Burbank, 2005) se convirtió en 1951 en el preso más joven de la historia de San Quintín, la cárcel más antigua de EEUU. El muchacho, que tenía entonces 17 años, iba cuesta abajo y sin frenos desde los cinco años. Padres alcohólicos, divorcio, centros de acogida, primeros robos, correccionales, trapicheos, choques con la autoridad, prisiones juveniles, etc, etc, etc. Una infancia entre los bajos fondos y la policía.  

En San Quintín descubrió su vocación literaria al cruzarse con otro preso histórico, Caryl Chessman, que convirtió su larga lucha por salir vivo del corredor de la muerte en noticia internacional. Chessman le contagió el gusanillo por la escritura. Dos décadas después de este encuentro, Bunker se convertiría en referente de la novela negra estadounidense al plasmar por escrito sus problemas con la ley. La editorial Sajalín, que ha publicado con éxito a Bunker en España, anuncia ahora su título póstumo: los relatos Huída del corredor de la muerte.

Un libro 100% bunkeriano: lenguaje directo y crudo característico del hard boiled, peripecias criminales basadas en hechos reales, picaresca y denuncia de los abusos del sistema judicial estadounidense. Ingredientes típicos del autor de libros como Perro come perro  y No hay bestia tan feroz, que ya va por la séptima edición en nuestro país.

Pero habíamos dejado a Bunker haciendo sus primeros pinitos como escritor en San Quintín. Por si su vida no fuera ya suficientemente cinematográfica por sí misma, Hollywood se cruzó varias veces en su camino. Bunker empezó a escribir en la cárcel gracias a una máquina de escribir proporcionada por  una antigua estrella del cine mudo, Louise Fazenda, casada con el no menos mítico productor de Casablanca Hal B. Wallis. Aunque los orígenes de la relación de amistad entre Bunker y Fazenda no están del todo claros, el hecho es que Fazenda se tomó como algo personal ayudar al preso. 

A principios de los cincuenta, Bunker empezó a aporrear la máquina hasta completar un manuscrito que se parecería mucho a su  debut -No hay bestia tan feroz (1973), la historia de un ex convicto forzado a volver al mundo del crimen para poder subsistir- solo que tuvo que esperar dos décadas a que alguien se animara a publicarlo. Bunker salió bajo fianza en 1955. Tenía 22 años y escasa experiencia en llevar lo que solemos denominar una vida normal. Lo siguiente fue la clásica recaída criminal tras varios intentos fallidos de enderezar el rumbo marcados por el estigma de los antecedentes penales. Un fallido atraco a un banco le llevó otra vez ante un tribunal, luego le tomaron por loco, volvió a las calles, delinquió y entró otra vez en prisión por trapichear con drogas. Así pasó Bunker una más que agitada década de los sesenta.

En 1975, dos años después de la publicación de su ópera prima literaria, Bunker salió de la cárcel por última vez tras completar 18 años recluido en diversas instituciones. Tiempo más que suficiente para leer miles de libros y pulir su estilo literario. Luego llegaron más novelas y el espaldarazo definitivo de Hollywood: Dustin Hoffman protagonizó Libertad condicional en 1978, adaptación de No hay bestia tan feroz coguionizada por el propio Bunker. El escritor también participó en el libreto de un pequeño clásico criminal de los ochenta -El tren del infierno (Andréi Konchalovski, 1985)- y en otra adaptación de sus libros, Animal Factory (Steve Buscemi, 2000), sobre las peripecias de un preso en San Quintín.

Y ahora viene la traca final. Bunker compaginó su carrera como guionista con la de actor secundario que aparecía brevemente en pantalla en diversos roles de tipo duro. Uno de esos papeles fugaces le proporcionó fama planetaria: el Señor Azul (Mister Blue) de Reservoir Dogs (Quentin Tarantino, 1992).  Bunker era uno de los atracadores de traje destinado a perpetrar un atraco desastroso.

Aunque el Señor Azul caería pronto abatido por las balas policiales y Bunker solo abriría la boca en la primera escena del filme, la mítica reunión en la cafetería para ultimar el golpe, Reservoir Dogs alcanzó dimensiones tan legendarias que puso a Bunker en órbita pop.

De hecho, años después publicaría su autobiografía recurriendo a su apodo del filme: Mister Blue. Memorias de un renegado (1999). Lógico: si Reservoir Dogs le hubiera hecho famoso por interpretar a un ejecutivo agresivo (pero de buen corazón), quizás se podía haber acusado a Bunker de oportunismo por explotar la tarantinomanía. Pero el Señor Azul se metía en el filme en uno de esos fregados criminales que tantas veces había protagonizado Bunker en la vida real, y que luego recrearía en sus novelas con un estilo que podríamos resumir así: directo y al mentón.  

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