ESTRENOS DE CINE

'Historia de una pasión': la soledad de Emily Dickinson llena un melodrama magistral

En este magistral drama de cámara, Terence Davies sintoniza con la singular personalidad de Emily Dickinson, la introvertida poeta que marcó la literatura estadounidense

Foto: Fotograma de 'Historia de una pasión'.
Fotograma de 'Historia de una pasión'.

"Estará sola en su rebeldía", amonesta una profesora del Mount Holyoke a una joven Emily Dickinson en el arranque de 'Una historia de pasión'. La estudiante no encaja en el rigor de ese seminario laico para señoritas, lo más parecido a una universidad femenina a mediados del siglo XIX, y no tarda en ser rescatada por su familia. Este prólogo nos anticipa la actitud poco ortodoxa de esta poeta que no se adaptó a lo que su época esperaba de una mujer. Pero también anuncia el aislamiento al que se condena en parte por voluntad propia Dickinson, que rehuyó toda su vida las formas más tradicionales de socialización para recluirse en la seguridad del hogar familiar.

'Historia de una pasión': la soledad de Emily Dickinson llena un melodrama magistral

Esta doble vertiente de la personalidad de Dickinson es la que explora Terence Davies en su nuevo melodrama en femenino, valga la redundancia, tras 'Sunset Song' y 'The Deep Blue Sea'. El cineasta británico nos presenta a una escritora consciente de su talento y ansiosa de cultivarlo, a pesar de que en aquellos tiempos las mujeres no se vieran alentadas a explorar sus habilidades artísticas. Pero, tanto por su propio carácter como por su conciencia de actuar al margen de lo corriente, Dickinson convierte su hogar en los límites de un universo propio tan arrebatado como replegado sobre sí mismo. Como ella misma explica en la película, encontró en la poesía el único consuelo frente a la eternidad que la rodeaba.

'Biopic' de cámara, 'Historia de una pasión' entronca con esta tradición artística de la pintura y el cine de interiores tan típica del centro y el norte de Europa. Antes de que las vanguardias asaltaran la institución Arte y en pleno apogeo de la pintura al aire libre, pintores como Vilhelm Hammershøi llevaron a cabo su propia revolución silenciosa. El danés convirtió su hogar en el tema de sus cuadros, de manera que pobló sus pinturas de estancias interiores habitadas por alguna figura femenina que rara vez mostraba su rostro al espectador. Los cuadros de Hammershøi, austeros, cuasi estáticos y de colores fríos, desprenden sin embargo cierto aura de misterio. Como si el arte se hubiera planteado por fin prestar atención —y plasmarlo— al universo interior de la vida privada de una mujer cualquiera en su casa. No por casualidad, la pintura de Hammershøi ejerció una enorme influencia en el cine de Carl Theodor Dreyer, uno de los primeros directores en centrar su atención en las tribulaciones personales de las mujeres a través de su cine de cámara.

Mucho de Hammershøi, de Dreyer e incluso de Ingmar Bergman se rastrea en la puesta en escena de 'Historia de una pasión'

Mucho de Hammershøi, de Dreyer e incluso de Ingmar Bergman se rastrea en la puesta en escena de 'Historia de una pasión'. La película apenas abandona el escenario de la casa familiar en que vivió Emily Dickinson. El hogar se convierte en el mundo en que la protagonista reserva su tiempo y espacio de trabajo (de madrugada), intenta hacerse un nombre como poetisa, departe de moral con su familia, estrecha lazos con sus hermanos y esboza tímidos intentos de enamoramiento. Es el espacio físico que delimita su mundo emocional, así como la frontera entre su vida interior y ese exterior con el que ella intenta comunicarse a través de la poesía.

Sin embargo, 'Historia de una pasión' no encorseta a su protagonista en el papel de mujer incomprendida y amargada en un drama de interiores. El filme cultiva cierto humor que pone de manifiesto tanto la inteligencia despierta de Dickinson al encarar los envites dialécticos como su liberalismo moral a la hora de aceptar la aparente superficialidad de su mejor amiga, una mujer mundana que siempre tiene a punto alguna réplica mordaz sobre las costumbres sociales. Este tono más jovial va ensombreciéndose a medida que avanza el metraje y Dickinson siente cómo el mundo cambia mientras ella se recluye en su habitación. Davies se confirma como el maestro de las transiciones temporales en una película que, a pesar de su linealidad cronológica, no se ajusta a la narrativa clásica más convencional. El director marca la mayor elipsis del filme con un sutil 'morphing' sobre los retratos de los protagonistas a través del cual vemos sus rostros cambiar desde la juventud a la vida adulta. El paso del tiempo resumido en una transición que pone los vellos de punta.

Tampoco cae Davies en la trampa fácil de presentar a Dickinson como una rebelde feminista que cuadre con los gustos y reivindicaciones contemporáneos. Uno de los grandes méritos del filme es cómo sintoniza con esa mujer que resultaba tan extraña para su época como para la nuestra.

Cartel de 'Historia de una pasión'.
Cartel de 'Historia de una pasión'.

En este sentido, 'Historia de una pasión' conecta con uno de los títulos más injustamente menospreciados de Terence Davies, 'La casa de la alegría' (2000), su adaptación de Edith Wharton, en que una protagonista de talante muy diferente se ve sin embargo progresivamente marginada de la sociedad donde quería triunfar. Ambos títulos comparten otra curiosidad: están protagonizados por actrices hasta entonces vinculadas a una serie televisiva. Si Gillian Anderson demostró su talento dramático más allá de 'Expediente X' gracias a esa película, en este caso es Cynthia Nixon quien sorprende con un rol en las antípodas del tipo de mujer expuesto en 'Sexo en Nueva York'. Su peculiar voz da fuerza y sensibilidad a los versos de Emily Dickinson, que acompañan y puntúan emocionalmente este magistral melodrama en torno a una mujer cuya pasión interior desbordó los límites de la poesía de la época.

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