auge y caída de los abajo firmantes

De la 'ceja' al ostracismo, la decadencia de la intelectualidad progre

El último manifiesto de figuras populares vinculadas históricamente al PSOE ha sido ignorado por gran parte de la sociedad. ¿Estamos ante el fin de una era?

Titular de 'El País' la semana pasada: "Intelectuales, artistas y sindicalistas reclaman un 'Gobierno del cambio". Donde "Gobierno del cambio" significaba una llamada a Podemos a respaldar el acuerdo entre PSOE y Ciudadanos. Y donde "intelectuales, artistas y sindicalistas" significaba los abajo firmantes, que solemos asociar al progresismo oficial: Juan Cruz, Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel, Ana Belén, Aitana Sánchez Gijón, Fernando Schwart, Joaquín Estefanía,  Ángel Gabilondo, Diego López Garrido, etc.

[El gran zasca a figurones como Vargas Llosa, Javier Cercas y Luis Garicano]

Pero la noticia no es que el entorno cultural vinculado tradicionalmente al PSOE se movilice en un momento delicado para la suerte del partido, sino que el manifiesto haya pasado desapercibido en prensa y no haya logrado influencia directa alguna, con la militancia de Podemos votando masiva y aplastantemente en contra de un "Gobierno del cambio" con Ciudadanos. ¿Estamos ante la decadencia política de toda una generación de intelectuales y artistas?

Otro dato: el líder del PSOE, Pedro Sánchez, intentó emular a Zapatero montando una plataforma cultural de apoyo la pasada campaña electoral, pero su capacidad de convocatoria rozó la insignificancia: los rostros populares de la 'ceja' zapaterista prefirieron quedarse en casa. ¿Qué está pasando?

De la 'ceja' al ostracismo, la decadencia de la intelectualidad progre

¿La ola regeneradora que azota al país está afectando también al mundo de la intelectualidad? ¿Fin de ciclo o mera coyuntura? Hablamos con cuatro expertos para solventar dudas. 

PREGUNTA. ¿Por qué el manifiesto por un Gobierno del cambio no ha tenido la influencia de los manifiestos de otras épocas?

Guillermo López García (profesor de Periodismo de la Universidad de Valencia y editor de 'La Página Definitiva'): Le daría la vuelta a la pregunta: ¿qué manifiestos de intelectuales han tenido influencia en los últimos años? Sobre todo, si hablamos de intelectuales y activistas de toda la vida, que llevan 40 años ocupando una posición muy relevante en el espacio público, opinando, influyendo, haciendo manifiestos... El público al que va dirigido es cada vez más estrecho, por razones que son tanto ideológicas como generacionales. Es muy dudoso que un votante joven que quiere un cambio (y esto incluye tanto a votantes de Podemos como de Ciudadanos) se vea cautivado por un manifiesto de los de siempre, versión a la izquierda, diciendo más o menos lo de siempre: que aquí hay dos alternativas, PP y PSOE, y la cuestión es cuál de las dos gobierna (con independencia de para qué gobernará, o en qué condiciones).

Guillem Martínez (periodista y coordinador del ensayo 'CT o la cultura de la Transición'): Por el retraso de su aparición y -no puedo evitar este juego de palabras; tengo poco ingenio, pero me pierde- por el retraso de los firmantes. Histórico, quiero decir. No perciben, diría, cuál es su recepción actual, su valor, su autoridad o su pertinencia. El orden de cosas que favorecía su prestigio, en fin, ya no existe. Ese orden de cosas, por cierto, estaba más relacionado con el orden que con cualquier fenómeno intelectual.  

"El orden de cosas que favorecía su prestigio ya no existe. Orden de cosas más relacionado con el orden que con un fenómeno intelectual"

Jorge Lago (editor y responsable del 'think tank' de Podemos, Instituto 25-M): Supongo que hay dos razones: una, el contenido mismo que se defiende, otra, distinta y creo que por la que preguntas, el lugar desde el que se hace la defensa. Pero no dejemos de lado el contenido: para mucha gente es evidente que el PSOE de Sánchez se oculta detrás de un pacto con Ciudadanos para no afrontar la posibilidad real y concreta de un Gobierno del cambio. Pero con respecto al tipo de manifiesto, creo que es claro que la crisis que vivimos es también cultural: de los lugares que decían y marcaban las pautas y relatos de lo que se podía o no pensar. Y ahí el intelectual o artista se resiente, pierde poder porque se multiplican los espacios de poder. 

Ignacio Sánchez Cuenca (profesor de la Universidad Carlos III y autor de 'La desfachatez intelectual'): Creo que, fundamentalmente, por razones coyunturales. El manifiesto llega muy tarde, cuando la mayoría de la gente da por imposible el pacto transversal entre los dos partidos. Si ese mismo manifiesto y esos mismos firmantes hubieran pedido un acuerdo entre PSOE y Podemos, habría tenido mucha mayor repercusión. 

P. ¿Está en decadencia la figura del intelectual progresista oficial? ¿Cuáles serían las causas? ¿Qué papel habría jugado el 15-M en dicha decadencia?

Guillermo López García: Sin duda. Yo lo asociaría, muy claramente, con la desaparición del intelectual como instancia crítica, independiente del poder. En España, los que han sido tradicionalmente considerados intelectuales lo eran casi con carácter oficial, con carácter orgánico, ligados muy estrechamente con determinados partidos y medios de comunicación. Que Antonio Muñoz Molina, por ejemplo, publique un libro criticando la locura de la España de la burbuja, como si él (director del Cervantes de Nueva York, escritor y columnista con enorme influencia a través del grupo PRISA, etc.) fuera totalmente ajeno a dicho proceso, no se sintiera concernido con el poder, me parece ilustrativo al respecto. 

"Los intelectuales españoles lo eran casi con carácter oficial, ligados estrechamente con ciertos partidos y medios de comunicación"

Ignacio Sánchez-Cuenca: Está en decadencia todo lo que suene 'oficial', ya sean partidos, grandes empresas, periódicos o intelectuales. No creo que el 15-M como tal haya sido muy determinante. Más bien, pienso que es la crisis y el desgaste de las instituciones y la política lo que hace que todo lo que huela a 'oficial' resulte sospechoso o cuestionable. 

Jorge Lago: Insisto en que no sé si es ejemplo exclusivo de la decadencia de esa figura o, simplemente, que el acuerdo con Ciudadanos no es deseado por mucha gente. Pero es claro que la figura del intelectual progresista está enormemente ligada a una idea de lo político más cercana a un consenso sin conflicto que a pensar lo político como un espacio donde nos jugamos mucho: no se puede estar con los que desahucian y con los desahuciados, y eso no está lejos de lo que pide ese manifiesto, herencia de esa cultura de la Transición que pide siempre consenso, y hay veces que el consenso es necesario y otras en las que hay compromisos difíciles por los que apostar. 

Guillermo López García: El 15-M es una protesta que surge ante la insatisfacción general por la situación económica, política y social del país. Esa insatisfacción tiene mucho que ver con la ausencia de referentes, o con la constatación de que los referentes 'oficiales' de la cultura y la intelectualidad españolas no son representativos para muchas personas, porque no han cumplido ninguna de las funciones que tradicionalmente tenía el intelectual, como acicate de la sociedad, como instancia crítica. Surge con independencia de ellos, sin que lo vieran venir, y en muchos casos sin que entendieran (y, mucho menos, aceptaran) el movimiento.

Visita a la exposición 'Los encargados'.
Visita a la exposición 'Los encargados'.

 

P. ¿Por qué Pedro Sánchez no logró en 2015 montar una plataforma cultural de apoyo electoral como las zapateristas?

Ignacio Sánchez-Cuenca: No creo que sea responsabilidad de Sánchez, es decir, aunque hubiera sido otro el secretario original, habría sucedido algo similar. El problema es que la marca del PSOE está gastada y su credibilidad mermada, de manera que mucha gente piensa que lo que el PSOE defiende luego no lo lleva a la práctica. Hasta que eso no se supere, no se volverá a las condiciones en que muchos intelectuales se prestaban a participar en ese tipo de plataformas.

"El problema es que la marca del PSOE está gastada y su credibilidad mermada"

Guillermo López García: Creo que habría dado lo mismo, porque habrían estado allí los de siempre. Pero, en cualquier caso, sí que creo que la apertura de más opciones es un problemón para muchos de los intelectuales que llevaban décadas cómodamente instalados: ahora, ¿a quién apoyan? ¿A los de siempre? Ya no estamos en un bipartidismo perfecto, y los referentes del poder son menos claros. 

Jorge Lago: Quizá porque la crisis era, antes que nada, de los lugares con poder: y algunos intelectuales y artistas eran, también, un espacio de poder (limitado, variable, pero de poder). Porque se estaba democratizando (con todos los límites, sin duda) la palabra; porque había (también con muchos límites) más canales de expresión, porque las columnas de los dos grandes periódicos cada vez crean menos opinión, como los suplementos culturales de esos u otros periódicos dictan cada vez menos lo que se lee o se expone. 

Guillem Martínez: Un intelectual es/era alguien que crea cosmovisiones. La decadencia del intelectual es un tanto universal. El intelectual está sometido a crítica en Occidente desde el 68. En España, y esto es llamativo, está sometido a pitote. Es un tratamiento irrespetuoso que tiene que ver con las funciones que ha mantenido ese concepto/oficio en los últimos 40 años, más cercanas a reproducir cosmovisiones -del Estado- que a crearlas.  

De la 'ceja' al ostracismo, la decadencia de la intelectualidad progre

P.¿Qué papel pueden jugar estos intelectuales en la actual batalla por la hegemonía de la izquierda entre PSOE y Podemosnbsp;

Ignacio Sánchez-Cuenca: Los intelectuales son importantes para dotar de ideas y valores (no quizá de propuestas) a los partidos de izquierdas. El PSOE necesita intelectuales que contribuyan a la reflexión sobre la socialdemocracia, su crisis, sus desafíos, etc. A Podemos le sucede algo similar: necesita intelectuales que ayuden a definir hasta dónde se puede llegar en el intento de transformación social y política en el seno de un país desarrollado como España e integrado en la UE.

Guillem Martínez: Me atrevo a suponer que anecdótico. Hace años que no describen más cosas que las que el Gobierno va necesitando. Y ningún Gobierno necesita lo que está pasando en España -debate territorial, 15-M, crisis democrática, social y política-, por lo que no las han descrito, o las han descrito en la dirección esperada por el poder -nazismo catalán, bolivarismo 'hardcore', olvido de las normas perfectas creadas en la Transición-. Por lo -poco- que les leo, han perdido -así, en general; estadísticamente- la capacidad de lectura de la realidad. No la entienden. Su antigua función, en la que brillaron con luz propia, no les capacita para ejercer una función determinante en el futuro que no sea propagandística.  

Guillermo López García: Diría que absolutamente menor, casi inexistente. La disputa entre ambos partidos se da en términos de poder, no ideológicos. Las diferencias entre el PSOE y Podemos, inicialmente, sí que se delinearon según una frontera de tipo ideológico-programático, pero las negociaciones dejaron claro que el verdadero problema es estratégico: son partidos que buscan el mismo espacio y, precisamente por eso, en realidad no sería tan complicado que se pusieran de acuerdo en un mínimo común socialdemócrata. En todo caso, en todo este proceso de discusión y de lucha por la hegemonía de la izquierda, la voz de los intelectuales no se ha notado demasiado. En un caso (Podemos), porque no cuentan con demasiados referentes conocidos por parte de la ciudadanía (y, de hecho, sus referentes intelectuales son también sus referentes políticos); en otro, porque son 'demasiado' conocidos, y no sorprende que apoyen a quienes han apoyado siempre. No sorprende, y tampoco impacta en el electorado  

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