ENTREVISTA A XOSÉ M. núñez seixas

"La División Azul creía que la guerra duraría poco y sería un paseo militar hasta Moscú"

El historiador revisa en un ensayo las tribulaciones de los voluntarios españoles que lucharon en el frente del este junto al Tercer Reich

Foto: Despedida de la División Azul en la Estación del Norte (AGA)
Despedida de la División Azul en la Estación del Norte (AGA)
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Se llamaba la División Española de Voluntarios (DEV), pero pasó a la historia como la División Azul. Hablamos de los 47.000 españoles que combatieron al lado de los soldados nazis de la Wehrmacht en el helador e inhóspito frente del este de la II Guerra Mundial. Unos 5.000 de ellos cayeron en combate. Víctimas colaterales del desmoronamiento del Tercer Reich.

El historiador Xosé M. Núñez Seixas recupera ahora la experiencia y memoria de la División Azul en 'Camarada invierno', “historia desde abajo” que recrea las peripecias de unos voluntarios entre el fervor ideológico, la mezcla de osadía e ignorancia y la carne de cañón. Y con matices ideológicos curiosos dentro del antimarxismo militante: “Entre los protagonistas del 23-F de 1981, había quien defendió la Constitución, como Aramburu Topete y José Gabeiras, y quien protagonizó el golpe, como Armada o Milans del Bosch. Todos ellos eran veteranos condecorados del frente ruso", nos cuenta Núñez Seixas en esta entrevista.  

PREGUNTA. En el libro hablas de un del carácter "interclasista" y "variopinto" de la División Azul. ¿Enrolarse era una decisión política alimentada por el anticomunismo o había motivaciones diversas?

'Camarada invierno'
'Camarada invierno'

RESPUESTA. El fenómeno del voluntariado de guerra está en el fondo poco investigado. Está claro que se trata de una decisión individual, tomada en un contexto de oportunidades e información limitada, y vinculada a expectativas. Para muchos de los integrantes de la "primera" División, en junio-julio de 1941, jugaban los móviles ideológicos (anticomunismo, fascismo revolucionario), personales (venganza contra la URSS por ser considerada responsable de la muerte de algún familiar a manos de la represión republicana; deseo por demostrar ardor guerrero y méritos por la causa, sobre todo entre falangistas jóvenes, o que no habían podido luchar en el bando que deseaban durante la guerra civil; masculinidad y presión social de la comunidad de simpatizantes del franquismo), e incentivos selectivos (la paga, deseo de ascender en el escalafón militar, aspirar a la condición de excombatiente a la vuelta, méritos políticos). Todo ello en un ambiente en el que perduraba la cultura de guerra heredada de la guerra civil. La decisión, incluso en el caso de que hubiese coerción (en patios de cuartel, por ejemplo) era más fácil si se tomaba en grupo. Alguno hubo que se alistó para intentar desertar, o para redimir "pecados" (servicio militar en el ejército de la República, etc.), pero su cuantía fue limitada. Todos, además, creían que la guerra duraría poco y sería un paseo militar hasta Moscú.

Los combatientes de la División Azul no sabían dónde se metían

En los reemplazos posteriores a marzo de 1942 incrementan los casos de incentivos selectivos, y aparecen casos de voluntarios reclutados mediante coerción indirecta; son difíciles de rastrear, pues lo que los protagonistas cuentan a posteriori no siempre refleja cuáles fueron sus móviles. En todo caso, incluso en 1943 había voluntarios por motivos ideológicos, y voluntarios que reengancharon, en parte porque no se adaptaban a la guerra civil. Resumiendo: había de todo, como en otras unidades voluntarias (de las Waffen SS, por ejemplo, pero también en la División Leclerc o en las Brigadas Internacionales), pero estimo que un porcentaje muy significativo fueron falangistas, muchos más anticomunistas, incluyendo a la mayoría de los militares, algunos "aventureros" en sentido laxo, y más de uno que lo hizo por una combinación de aventura, exaltación de hombría, móviles pecuniarios y la "inercia" de la cultura de guerra de la Guerra Civil.

 P. Algunos de los combatientes españoles continuaron su lucha hasta el hundimiento del Tercer Reich, incluso combatieron entre las ruinas de Berlín. ¿Alimentaba la ideología este ardor guerrero?

R. Eran pocos, unos centenares a lo sumo. Había entre ellos tres grupos: falangistas y anticomunistas fanáticos y/o ex divisionarios inadaptados a la vida civil, con ganas de luchar contra la URSS; trabajadores civiles españoles en Alemania, que se quedaron sin trabajo, fueron atraídos por el salario y el prestigio guerrero de las Waffen SS, o buscaban un pasaporte para sobrevivir y llegar cerca de Italia o Suiza; y un grupo variopinto de aventureros, supervivientes (más de uno de patibularia condición) y hasta algún antiguo trabajador forzado que en 1939-40 había sido refugiado republicano en Francia. No eran nazis desde el punto de vista ideológico, aunque entre fines de 1944 y marzo de 1945 el Instituto Iberoamericano de Berlín editó un boletín con el objetivo de propagar un nuevo "falangismo nacionalsocialista", antisemita y ateo, de cuya codificación se ocupó nada menos que un cura nacionalista vasco que fue rescatado de un campo de prisioneros. 

"La División Azul creía que la guerra duraría poco y sería un paseo militar hasta Moscú"

P. ¿Sabían los combatientes dónde se metían o eran un tanto ingenuos? Me refiero a que si en 1941 eran conscientes de ir hacia una guerra de exterminio o de las características homicidas del Tercer Reich...

R. No, no sabían dónde se metían, como tampoco lo sabían los italianos, los flamencos o los propios alemanes. Empezaron a darse cuenta durante la marcha a pie al frente, al encontrarse con los restos del avance alemán y la ofensiva soviética (tumbas, tanques destripados, ruinas), ciudades como Grodno o Vilnius donde las huellas de la discriminación y segregación racial contra los judíos eran evidentes, y observar las represalias masivas que los ocupantes alemanes desencadenaban contra la población civil en respuesta a los ataques partisanos. La guerra que los divisionarios excombatientes habían conocido no tenía mucho que ver con la guerra en el frente del Este. Y tampoco esperaban que llegase un invierno tan prematuro y tan duro como el de 1941-42, para el que ni la División Azul ni la Wehrmacht en su conjunto estaban bien equipados. Todos estaban imbuídos de entusiasmo por la "máquina militar" germana, el espejismo causado por la guerra relámpago y las grandes maniobras envolventes de las divisiones acorazadas, etc. Pero se encontraron en un frente estático, a temperaturas de -40º.

P. Escribes que el mando alemán no tenía en alta consideración como colectivo a la División Azul: "Los consideraban un cuerpo insuficientemente organizado, mal adiestrado, y dirigido por oficiales y suboficiales incompetentes y poco preparados para las exigencias del Frente Oriental". ¿Eran los combatientes españoles conscientes de esto? ¿Hubiera cambiado la guerra en algún aspecto si la División Azul se hubiera quedado en casa?

El mando alemán les tenía en poca estima
R. La División Azul era una gota de agua en el océano del frente del Este. Era una división más, que el mando alemán tenía en poca estima (aunque los partes del Alto Mando de la Wehrmacht, por cuestiones diplomáticas, la alabasen desproporcionadamente, y el propio Hitler tenía una opinión romántica e idealizada de los combatientes españoles), tanto por su falta de preparación técnica como por el engorro de tener que tratar con una unidad que poseía una cultura militar distinta. Algo semejante les pasaba a los mandos alemanes con flamencos, holandeses, franceses, italianos o rumanos, no era una cuestión "racial", sino de arrogancia profesional, tamizada por sus propios estereotipos (por ejemplo, que los españoles eran maestros en la guerra de guerrillas).

En todo caso, el rendimiento militar de los españoles no parece haber sido superlativo, pero tampoco muy inferior al de las unidades alemanas vecinas. El mando alemán los quería relevar por una división alemana, pero la Wehrmacht desde fines de 1941 tenía pocas reservas, y consideraba que los españoles valían para guarecer frentes estáticos o posiciones defensivas. Además, los españoles recibían relevos de personal, lo que no era irrelevante. 

La guerra no habría cambiado si los españoles se hubiesen quedado en casa
La valoración de los soldados alemanes de a pie era distinta: apreciaban en los ibéricos a buenos camaradas, individualmente valientes y hasta temerarios; eso también explica la buena fama de que gozaron los divisionarios entre los veteranos alemanes del frente del Este, muy superior a la de italianos o rumanos, lo que también se relejó en la cultura popular (alguna serie de televisión alemana en los 70, novelas ilustradas sobre la guerra, etc.).

En todo caso, la guerra no habría cambiado si los españoles se hubiesen quedado en casa. Se puede especular sobre si una división alemana, por ejemplo., habría resistido más o menos en la batalla de Krasny Bor (febrero de 1943), o si habría tenido mejor rendimiento en acciones concretas, pero eso pertenece al campo de la microhistoria contrafactual.

Despedida española a los divisionarios (AGA)
Despedida española a los divisionarios (AGA)

 

P. Cientos cayeron prisioneros del Ejército Rojo y permanecieron en campos soviéticos. 247 retornarían a España en un viaje paradójico: compartieron buque de la Cruz Roja junto a niños de la guerra evacuados por la República (1937) y acogidos por la URSS. ¿Qué sabemos de ese viaje? ¿Compartieron experiencia ambos bandos en la travesía?

R. Sí, ambos bandos, en particular aviadores republicanos españoles retenidos en la URSS en 1939 contra su voluntad, marineros de algunos mercantes también retenidos en la URSS e incluso divisionarios que habían desertado o habían colaborado con los soviéticos durante el cautiverio, convivieron en los campos de prisioneros y en el viaje de vuelta. En general, en el cautiverio las diferencias ideológicas tendieron a desaparecer, lo mismo que durante el viaje de vuelta. Incluso, las Hermandades de la División Azul también procuraron trabajo o apoyo a los repatriados que no eran divisionarios, o que se sabía eran desertores. En parte, los desertores habían quedado profundamente desencantados por el trato recibido y las penurias observadas en su trato con la población civil soviética, al trabajar fuera de los campos.

No he abordado en el libro el tema de los prisioneros, que requiere de un tratamiento específico y de la disponibilidad de más fuentes rusas, hasta ahora inaccesibles. Tengo la impresión de que, como ocurría con los alemanes o italianos a su vuelta, funcionó una suerte de pacto de silencio entre todos o la mayoría. Cuando son interrogados los retornados por orden del Ministerio del Ejército, en 1954, los interrogadores fueron incapaces de descifrar quién había sido antifascista colaborador de los soviéticos y quien no, salvo un par de casos; o quién  había desertado y quién había caído prisionero.

"La División Azul creía que la guerra duraría poco y sería un paseo militar hasta Moscú"

P. Respecto a la memoria de la División Azul hablas de "recuerdo incómodo" para el régimen franquista. ¿Cómo gestionó el régimen su legado?

R. De modo un tanto vergonzante, al principio, y discreto, después. Desde 1944, la consigna en la prensa falangista era: la División fue a luchar contra el régimen soviético por anticomunismo, no contra el pueblo "ruso" ni a favor de los alemanes. Entre 1945 y 1953, apenas hay publicaciones o testimonios sobre la División en la prensa. Molestaba recordar la presencia de casi 48.000 españoles con uniforme de la Wehrmacht. En algunas obras sobre España y la II Guerra Mundial publicadas tras 1945, ni siquiera se menciona a la División Azul.

​A partir del retorno de los prisioneros, la consigna es: a) la División era anticomunista, no pronazi, y el falangismo de sus promotores se diluía en favor del componente militar; b) se acentuaban las diferencias con los alemanes, e icnluso la supuesta "discriminación" de la División por el mando tudesco, aunque los divisionarios y sus organizaciones de veteranos fueron, en general leales a sus antiguos camaradas de armas; c) España había ya descubierto en 1936 al auténtico enemigo de la civilización occidental, el comunismo soviético, y por eso mandó a la División al frente. Su sacrificio, y el hecho de que sus prisioneros se contasen entre los últimos en regresar, mostraba que España había sido quien más había sacrificado en la lucha contra el comunismo, y ya había prefigurado lo que sería la Guerra Fría; y d), la División había entrado en contacto con la auténtica Rusia, anticomunista y oprimida por Stalin, gracias a no caer en el error alemán de maltratar al pueblo ruso.

El régimen franquista les trató de un modo un tanto vergonzante, al principio, y discreto, después
De todos modos, los divisionarios retornados disfrutaron de las ventajas de todos los excombatientes franquistas; en la Delegación Nacional de Excombatientes, ocuparon posiciones destacadas. Muchos divisionarios ocuparon puestos de responsabilidad en las escalas media e inferior de la Administración, y en particular en el Levante y SE de España (donde había menos excombatientes franquistas de la guerra civil, porque esas provincias habían permanecido en manos de la República hasta 1939), alcanzaron gran visibilidad, al ser los excombatientes franquistas más numerosos. Muchos fueron alcaldes, concejales, delegados provinciales de sindicatos, etc.

Con todo, siempre sintieron que el recuerdo de la División Azul tenía menos presencia pública que el recuerdo de la guerra civil. Un vistazo al nomenclátor, en parte, lo confirma: no había muchas calles dedicadas a la División Azul, los divisionarios retornados y fallecidos a consecuencia de sus heridos no fueron inhumados en el Valle de los Caídos, salvo en Albacete no hubo ningún lugar de memoria o gran mausoleo dedicado a su recuerdo...

P. Cuentas que se han escrito una ingente cantidad de apologías de la División Azul. ¿Cuáles serían sus características más destacadas?

Hay mucho apologeta, sea neocatólico o neofascista, que cree que la División Azul es patrimonio suyo
R. Hay de todo. Trabajos académicos notables, más centrados en la esfera diplomática y en la descripción de las operaciones militares que desde el punto de vista de la "historia militar desde abajo" o historia cultural de la guerra, que es el enfoque  que intento desarrollar. En general, sin embargo, se ha tratado a la División Azul desde una perspectiva sólo española y sin tener en cuenta que es un fenómeno transnacional, y que requiere de la comparación y contextualización en la guerra germanosoviética, la inserción en debates internacionales y no el ombliguismo un tanto autista que suele ser usual en la historiografía española. Hay literatura memorialística, muy útil como fuente, aunque serían necesarias más ediciones de diarios. Hay un enfoque de historia militar tradicional y metodológicamente arcaico, propio de amantes de la militaria y de las batallitas, que suele aportar poca cosa de nuevo salvo montañas de erudición mayormente inútil.

Hay literatura apologética y carpetovetónica, que responde más o menos a las características de la narrativa divisionaria desarrollada durante el franquismo y que he mencionado más arriba, y que reacciona con virulencia ante cualquier planteamiento historiográfico que cuestione la narrativa heroica o, simplemente, proponga aplicar a la División Azul lo que es usual en el tratamiento del ejército alemán por la historigorafía alemana profesional. Naturalmente, hay mucho apologeta, sea neocatólico o neofascista, que cree que la División Azul es patrimonio únicamente de sus respectivas parroquias. Sin embargo, ya señalaba el escritor Tomás Salvador que, precisamente porque en la División había habido de todo, su recuerdo y legado es disperso y heterogéneo. Entre los protagonistas del 23-F de 1981, había quien defendió la Constitución, como Aramburu Topete y José Gabeiras, y quien protagonizó el golpe, como Armada o Milans del Bosch. Todos ellos eran veteranos condecorados del frente ruso.

Brazo en alto en la actual estación de Príncipe Pío
Brazo en alto en la actual estación de Príncipe Pío

 

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