la historia desconocida

Franquistas contra franquistas: lucha feroz en el corazón de la dictadura

Ejército, Iglesia, carlistas, alfonsinos, ex cedistas, empresarios, propietarios agrarios... El historiador Joan Maria Thomàs relata las poco estudiadas luchas de posguerra entre las familias del régimen

Foto: 'Franquistas contra franquistas'.
'Franquistas contra franquistas'.

El 16 de agosto de 1942, al mediodía, la misa acababa de comenzar en la explanada de la basílica bilbaína de Nuestra Señora de Begoña. Centenares de carlistas abarrotaban el interior y el exterior del templo, en un ritual que se repetía cada año desde el final de la Guerra Civil. Los ánimos se enaltecían por momentos y bramaban gargantas y pancartas: "¡Viva España!", "¡Viva el Rey!". Dos falangistas vallisoletanos que acababan de aparcar su coche en la explanada saltaron como un resorte al escuchar los gritos: "¡Arriba España!", "¡Viva Franco!". La multitud respondió con nuevos vivas al Rey y un inquietante "¡Mueran los traidores!". Nuevos falangistas llegados de Madrid se unieron a la trifulca, los requetés atacaron... Al comprobar que llevaban las de perder, uno de los falangistas arrojó una granada de mano.

'Franquistas contra franquistas', de Joan Maria Thomàs. (Debate)
'Franquistas contra franquistas', de Joan Maria Thomàs. (Debate)

Los sucesos de Begoña se saldaron con 71 heridos y el fusilamiento del falangista que arrojó la bomba, y supusieron el punto crítico de la hostilidad entre las familias de los vencedores. Hostilidad que envenenó los agitados años de una posguerra que la propaganda de la Dictadura disfrazó como serena y de voluntad monolítica, todos a una bajo el manto del Caudillo. En 'Franquistas contra franquistas. Luchas por el poder en la cúpula del régimen de Franco', el historiador Joan Maria Thomàs, experto en las visicitudes del fascismo y el falangismo, recupera la olvidada historia de aquellas guerras intestinas que no solo agitaron los despachos ministeriales. También mancharon de sangre las calles.

Pregunta. Si bien siempre se habló de 'familias' dentro del Franquismo, la imagen que ofrecía a la población fue la de un régimen 'monolítico'. ¿Se trataba de un mito forjado por la propaganda?

Respuesta. La imagen que trató de transmitir el régimen franquista fue siempre la de unidad, pero las aguas de la rumorología -típica de todas las dictaduras, que impiden una plena libertad de información- siempre bajaron llenas. Los diferentes componentes del bloque franquista o coalición autoritaria eran eso, diversos y varios, con distintos proyectos políticos en concurrencia, pero estaban de acuerdo en aquello que había que destruir y arrasar -la República, la democracia, los partidos y los sindicatos de izquierdas, y aun de centro, los nacionalismos periféricos, el laicismo, etc.-, y en una profunda represión contra las personas. Estaban más de acuerdo en aquello que venían a destruir y destruyeron con la Guerra Civil que en lo que querían construir.

Ahí los proyectos divergían: el fascismo de los falangistas; la monarquía autoritaria de los alfonsinos (después juanistas); la monarquía neoabsolutista de los carlistas; la monarquía corporativa de los ex de la CEDA y sectores importantes de la Iglesia; la dictadura militar del Ejército; etc. De ahí las tensiones y de ahí el papel de Franco, presidiendo y manejando con mano de hierro -y con habilidad en diferentes momentos, todo hay que decirlo- una Dictadura durante 41 años (1936-1977).

Franco manejó las disensiones con mano de hierro -y con habilidad en diferentes momentos, todo hay que decirlo-, preservando la Dictadura durante 41 años

P. ¿Cuáles son los episodios críticos en aquella lucha entre facciones?

R. El libro estudia dos de las cuatro crisis internas que se dieron entre 1937 y 1942: la provocada por la 'defenestración' como delegado nacional de Sindicatos del falangista Gerardo Salvador mediante el uso del arma antimasónica por parte de sus enemigos militares, empresariales y carlistas; y el llamado 'Atentado de Begoña' de 1942, cuando carlistas, falangistas y militares se enfrentaron, con el resultado del lanzamiento de una granada de mano, 71 heridos y tres ministros destituidos: el general Varela -Ejército-, el coronel Galarza -Gobernación- y Serrano Suñer -Asuntos Exteriores-. Esta fue la más violenta, sin duda. No me ocupo de la de 1937 y Hedilla -que estudié ya en el libro 'El gran golpe' (2014)- ni de la de mayo de 1941.

P. ¿Y cómo enfrentó el régimen a los enemigos dentro de sus propias filas? Usted describe los gobiernos de Franco como "de concentración"...

R. El régimen nunca tuvo enemigos internos. Los tuvo, muchos, externos -la oposición- e internacionales. De la oposición se ocupó con la represión, y ahí están las 150.000 muertes violentas, que triplican las 50.000 del bando republicano. Lo que sí hubo fue diversos sectores que le apoyaban, que constituían el núcleo de su régimen y de sus partidarios, los vencedores de la Guerra Civil, mucho más importantes y numerosos de lo que con frecuencia se dice. Incluyendo centenares de miles de pequeños y medios propietarios rurales, parte de las clases medias urbanas de algunas zonas del país y no hablemos de los grandes interés económicos y patronales, de la Iglesia, etc. Y, desde el punto de vista político, falangistas, carlistas, alfonsinos, excedistas, militares, etc. Franco concedió cuotas de poder -cargos de ministro, de gobernador, etc- e instituciones a personas de todos estos sectores para mantener la cohesión del bloque político que dirigía.

P. ¿Qué fue más importante en aquellas luchas? ¿La ideología o la pugna por el poder?

R. Resulta difícil separar ambas, al menos al principio del Franquismo. Los falangistas luchaban por un régimen fascista homologable al nazi y al fascista italiano, lo que implicaba acceder a todo el poder civil y apartar a los demás sectores políticos; los carlistas luchaban por su rey y por su tipo de monarquía; etc. Seguían su propia ideología. Lo que ocurrió es que a través de las crisis citadas fueron abandonando sus ideologías y se habituaron al disfrute del poder y las prebendas. Los falangistas se fueron domesticando y pasaron de ser una Falange ávida de poder total a una Falange franquista cada vez más inocua y sumisa; muchos carlistas pusieron su fidelidad a Franco por delante de su ideología, y así otros muchos. Pero aun así, se disputaban cuotas de poder.

Falangistas y carlistas fueron abandonando poco a poco sus ideologías y se habituaron al disfrute del poder y las prebendas

P. ¿Cuáles son las sorpresas principales que le ha deparado la investigación, aquellas con las que no contaba cuando comenzó?

R. En la crisis de Gerardo Salvador, he descubierto la importancia del arma antimasónica en el Franquismo a través de su uso en el caso más importante de este tipo de represión. En cuanto a Begoña, he podido explicar quiénes fueron los falangistas actuantes, por qué actuaron como lo hicieron, cuáles fueron sus motivos y qué ocurrió realmente allí. En ambos casos, tal y como creo que es mi deber como historiador, he movilizado fuentes inéditas, he cuestionado las versiones establecidas y he deshecho algunos mitos. Y, sobre todo, he explicado lo que realmente sucedió.

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