¿Qué ocurrió en 1942?

El telegrama que salvó a Franco. ¿Cómo logró sobrevivir la Dictadura?

El historiador Carlos Collado ha tenido acceso a documentación inédita que revela el contexto y las razones de la anómala supervivencia del último régimen fascista de Europa

Foto: Francisco Franco
Francisco Franco

En mayo de 1945 concluye a sangre y fuego la era fascista en Europa. ¿Toda? No. Un pequeño país de la ribera mediterránea del continente gobernado con mano de hierro por un dictador militar resiste y resistirá aún tres décadas. Y lo logrará pese a que Londres y Washington, las dos grandes capitales de los victoriosos aliados, habían acordado impulsar activamente la caída de Francisco Fanco en España. ¿Qué ocurrió? La clave de esta anomalía  hay que buscarla en las relaciones internacionales en juego entre los años 1942 y 1945. Tal es el marco de la investigación apasionante emprendida por el historiador Carlos Collado (1966) en 'El telegrama que salvó a Franco, Londres, Washington y la cuestión del Régimen' (Crítica, 2016).

'El telegrama que salvó a Franco'
'El telegrama que salvó a Franco'

Pregunta. Explica en su libro que la supervivencia del "último régimen fascista" de Europa en plena Guerra Mundial sigue cargada de tópicos, el más importante de ellos es el de "la hábil prudencia del Caudillo". ¿Cómo se forjaron y a quién beneficiaban?

Respuesta. El tópico -más bien habría que hablar de un mito- de la “hábil prudencia” de Franco se creó en la postguerra mundial para el consumo interno, pero posteriormente fue reproducido también por los sectores conservadores fuera de España que consideraban a Franco como un baluarte en defensa de los valores de Occidente. Este mito estaba dirigido sobre todo a demostrar que Franco se había enfrentado a Hítler en su ambición de lograr la entrada de España en la guerra del lado del Eje, amenazando constantemente con una invasión. Franco, sin embargo, lograría algo considerado como imposible: mantener a nuestro país apartad del conflicto y asegurar así el bienestar de los españoles. En un primer momento, este mito también estaba dirigido en contra de los Aliados: éstos habrían intentado imponer sus intereses egoistas al pretender derrocar a un régimen que no hacía más que oponerse a una imposición foránea.

La investigación, sin embargo, ha dejado claro que Franco sí quiso formar parte del orden fascista en Europa y que además se aferró premeditadamente y hasta el último momento a la amistad con el Tercer Reich. Esta amistad incluso fue más allá, al dar cobijo a nazis que huían de los tribunales de las potencias de ocupación. Pero sobre todo, ni los Aliados, ni el Eje se plantearon en ningún momento seriamente una intervención militar en España. Las desventajas fueron consideradas en todo momento como mayores que las posibles ventajas. De lo contrario hubieran invadido la Península sin miramientos. La situación del Régimen estaba asegurada a no ser que Franco cometiera graves errores, que de hecho cometió y que estuvieron a punto de provocar una intervención de los Aliados, como en 1941 con motivo de la creación de la División Azul.

La investigación aclara que Franco sí quiso formar parte del orden fascista en Europa y se aferró hasta el último momento a la amistad del Tercer Reich

P. El año clave fue 1944. Entonces se jugó la supervivencia del régimen sin que Franco pudiera intervenir. ¿Qué ocurrió aquel año y de qué manera afectó a España?

R. Los aliados estaban cada vez más atónitos porque, ante el curso de la guerra, España no diera señales de querer adaptarse a la situación y siguiera haciendo votos de amistad con el Tercer Reich. A finales de 1943, a Washington se le acabó finalmente la paciencia y decretó el cese de los suministros petrolíferos. España dependía en un cien por cien de dichos envíos, y su interrupción hubiera conducido al colapso de la economía. La postura oficial mantenida en Washington era forzar al Régimen a romper con el Tercer Reich; pero se trataba de un secreto a voces que detrás de este planteamiento se encontraba la destitución de Franco y la disolución de la Falange.

Los británicos, por su parte, abogaron en todo momento por una política de presión comedida convencidos de que así lograrían inducir un cambio de régimen por vía pacífica que culminaría en la restauración de la monarquía en la persona de Don Juan. El gran impulsor de esta línea fue Samuel Hoare, un peso pesado de la política conservadora británica, que finalmente impuso su estrategia, a pesar de las dudas del ministro de Exteriores y de una durísima presión ejercida por Washington en los primeros meses de 1944 para forzar un giro en la política hacia España. Pero Hoare fracasó en su pretensión de que el Gobierno británico respaldara sus movimientos conspirativos para forzar la situación en España, y fracasó igualmente en su ambición de que los generales disconformes y los monárquicos se enfrentaran abiertamente al dictador. Así le hizo el juego a Franco al salvarle de la línea dura por la que apostaban los estadounidenses.

P. Ha tenido acceso a una documentación "no utilizada hasta hoy" como el telegrama que da título al libro... ¿Qué nos cuenta?

R. De entre la documentación que hasta el momento no ha tenido un reflejo en los resultados de la investigación, resalta aquel borrador de telegrama redactado por Churchill en el momento culminante de la crisis de 1944, que hubiera dado un giro fundamental al planteamiento de la política aliada respecto de España. El líder británico estaba dispuesto a secundar la política dura propuesta por Washington contra España. Pero no fue necesario enviar aquel telegrama, pues los estadounidenses al fin accedieron a mantener la política que se había seguido hasta entonces. Aquel 25 de abril de 1944 se jugó el futuro del Régimen.

Hasta la fecha tampoco se tenía constancia de la existencia de una propuesta presentada a finales de 1944 con gran urgencia por William Donovan, el Jefe del servicio de inteligencia estadounidense OSS, de realizar una operación encubierta en España con el cometido de derribar el régimen imperante e instalar uno liderado por el dirigente nacionalista vasco José Antonio Aguirre. Finalmente me gustaría mencionar la correspondencia particular de Hoare, de la que se desprende claramente que a finales de 1943, el político conservador persiguió una gran ambición personal: inducir un cambio de régimen orquestado por el sector monárquico y lograr de esta forma la restauración en la persona de Don Juan. Así, no solo regresaría a Londres de forma victoriosa sino que habría podido afianzar su futuro político dentro del partido conservador.

En 1944 el Jefe del servicio de inteligencia estadounidense propone derribar el régimen e instalar uno liderado por el nacionalista vasco Aguirre

P. Dedica páginas apasionantes a las intrigas y conspiraciones de aquellos años. ¿Cuáles son sus preferidas?

R. La de haberle podido seguir la pista a Samuel Hoare en sus intrigas y conspiraciones con los monárquicos a espaldas de su propio gobierno. En este contexto también merece mencionarse el asalto de Hoare al ministro español de Exteriores, Jordana, a finales de junio de 1944, cuando en el marco de una cena privada exigió abiertamente un cambio de régimen y la restauración monárquica. Este paso dado al margen de todas las usanzas diplomáticas no solo acabó en un grave escándalo, sino que mostró la desesperación de Hoare al ver que su táctica de persuasión no había dado el fruto deseado.

Muy revelador es también el trasfondo de la propuesta de Donovan de acometer la tarea de derribar la Dictadura por medio de una operación del OSS, pues aquí trasluce un conflicto en el seno del Ejecutivo norteamericano entre los partidarios del planteamiento tradicional de la actuación exterior estadounidense de no entrometerse en los asuntos internos de terceros países con los que se mantenían relaciones diplomáticas, y aquél que comenzaría a cobrar fuerza y a imponerse en la postguerra mundial: la razón de ser de los intereses nacionales de EEUU que justificarían la ejecución de tales operaciones.

P. ¿Y cómo se salvó finalmente la dictadura y pervivió casi cuatro décadas?

R. A partir de mediados de 1944 comenzaron a imponerse los planteamientos de postguerra que, aun con toda la repulsa al Régimen de Franco, y aun deseando su desaparición, no acosejaban forzar su derrumbamiento, provocando así una situación incontrolable que podría haber desembocado en una nueva guerra civil. Churchill veía con gran preocupación la situación de inestabilidad existente en muchos de los países liberados, y sobre todo en Francia, Italia y Grecia, así como las incógnitas que presentaba la ocupación militar de Alemania. Ante esta perspectiva era preferible mantener la estabilidad en una región tan sensible para los intereses británicos como lo era precisamente el paso por el Estrecho de Gibraltar como ruta vital para el abastecimiento de las Islas Británicas.

Los americanos, por su parte, aprovecharon la situación para sacar, de cara a sus intereses de postguerra, todo el partido posible de un Régimen ansioso de sobrevivir, logrando de esta forma unas concesiones que no hubieran podido obtener de no encontrarse en tal aprieto. Y el comienzo de la Guerra Fría se impuso finalmente también en Washington la convicción de que era preferible arreglárselas con la Dictadura. A fin de cuentas, tal y como se constató en aquel momento, Franco no era más que una desgracia para los españoles, pero no una amenaza para sus vecinos.

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