celebrando la victoria

Natos y Waor, los raperos madrileños que revientan las salas de Barcelona

El dúo de hip-hop reventó las noches del viernes y el sábado la sala Apolo de Barcelona y se dispone a rematar su triunfal gira en Madrid el próximo sábado

Foto: Dual Todd, DJ Saik, Waor y Natos, el viernes en la sala Apolo
Dual Todd, DJ Saik, Waor y Natos, el viernes en la sala Apolo

Son las 21.30 y la calle Nou de la Rambla está desierta. El dúo madrileño Natos y Waor actúa en Apolo y todas las entradas están vendidas hace días, pero en el bar-frankfurt vecino apenas hay cinco o seis matrimonios. "Todos estos son los padres de los chavales", me sopla el camarero. Son, traduzco, los padres de los chavales que llevan varias horas dentro de la sala esperando que Natos y Waor salgan a escena. En la puerta del parking anexo a la sala hay tres chavalas y dos chavales sentados en el suelo. Ya han salido del Apolo. Están mareados. Pobres, tantos meses esperando este concierto y se lo perderán por haber calculado mal la mezcla y la cantidad.

Los raperos saldrán puntualmente, a las 21.45. Ni un minuto antes ni un minuto después. El clamor es atronador. Ante ellos, un millar de jóvenes gritan como cinco mil. Mañana habrá otros mil. Sumados son cinco veces más que los que convocaron Pxxr Gxng meses atrás. La edad del público en la gira de presentación de su disco 'Martes 13' es, según informa el promotor, de 15 a 22 años. En primera fila, más de la mitad son chicas.

Natos y Waor, los raperos madrileños que revientan las salas de Barcelona

Local lleno, barras vacías

Cuenta también Unai Fresnedo, promotor de esta gira de Natos y Waor y antiguo mánager del grupo indie El Inquilino Comunista, que en muchas salas le han subido el precio del alquiler porque ya saben que este público no gasta en copas. No hace falta que lo diga. Las barras están vacías; como si una invisible alambrada electrificada impidiera acercarse. Dos chavales que beben cerveza me describen el calambrazo: "Nos ha costado cada una 4'5 euros", lamentan educadamente. La entrada al concierto costaba diez.

Natos, con ese pelete rubio esculpido hacia atrás, con esas gafas de espejo azulado y esa voz de caño roto y oxidado, parece Dave Gahan con la garganta de Rosendo. Waor con un look más normalito, podría ser uno del público. Juntos tienen un directo rodadísimo, como cuando Violadores del Verso empezaban a llenar salas. A ratos se hacen monótonos, como cuando Violadores del Verso empezaban a llenar salas. Pero ya van cargaditos de temazos. Ases en la manga como 'Malas noticias', 'Camarón' ("no me comas la oreja, Tyson"), 'Rocknrollas' (con su infame letra), 'Quién soy'...

Juntos tienen un directo rodadísimo, como cuando Violadores del Verso empezaban a llenar salas. Y vienen cargaditos de temazos

En el rincón más alejado del escenario, media docena de madres observan el concierto sentadas sobre la baranda. No quieren entorpecer la ceremonia de excitación y desenfreno de la chavalada. Son la garantía de que sus hijos puedan entrar en la sala. Aquí los héroes de la noche no son ni Natos ni Waor sino ellas y los demás padres estratégicamente distribuidos por la sala. Conforme avanza el concierto, algunas madres improvisan un timidísimo headbanging. Hay otra que cuanto suena 'A corazón abierto' saca el móvil para filmar al dúo y la reacción del público. Lo más chocante es ver a una, agarrada con la mano a una de las farolas y emular un discreto baile de barra americana para su marido mientras suena 'Rockanrollas'.

Natos y Waor, los raperos madrileños que revientan las salas de Barcelona

Putas, ratas y agujeros follables

El segurata va de un lado a otro de la sala pidiendo a los que fuman que apaguen el cigarro. ¡Hay que ver la de chicas que fuman! Muchas más que chicos. Y cuando el segurata se aleja, vuelven a lo suyo. También mandan ellas en cuanto al volumen. Cada vez que Natos y Waor invitan al público a cantar y se las oye muchísimo más a ellas. Al final de 'Hija de put'", un chaval grita "¡puta!" fuera ya de tiempo, en plan chiste. Se giran tres chicas, le miran y ríen en un gesto de complicidad.

De pie sobre un banco de los laterales, hay una chica con camiseta de rugby (Gorham 90) que recita las letras con tal fuerza que a veces pierde el equilibrio, cae y vuelve a subir al banco. Tres bancos más atrás, hay otra, maquillada con exagerada línea de ojos, que gesticula con menos energía pero más autoridad. Lleva 40 minutos sin fallar una sola sílaba de Natos y Waor. El hombro de su novio le sirve de apoyo para no perder el equilibro. Su novio-estatua no canta. Su hombre solo es hombro. Ella está que se sale.

Teniendo en cuenta la cantidad de letras en las que el dúo pinta a las mujeres como putas, ratas y agujeros follables, estoy tentado de preguntar a esa chica por qué no deja de replicar los versos de Natos y Waor y se pone a componer los suyos. No me atrevo, pero no dejo de pensar en las miles de adolescentes que carecen de raperas que las representen y tienen que tragar con los recalentados tópicos machistas de los raperos: el amor posesivo, la injusta ecuación entre orgullo de barrio y desprecio hacia la mujer... Ahí hay un filón clarísimo. España necesita cientos de raperas. Las necesita ya.

No dejo de pensar en las miles de adolescentes que tragan con los recalentados tópicos machistas de los raperos. España necesita cientos de raperas

'Gloria' resuena como el tema principal de su triunfal gira: "Ahí tienes los números de mi trayectoria / Yo estoy ocupado celebrando la victoria", cantan. Han sido 36 conciertos desde octubre y más de veinte con entradas agotadas. En 'A corazón abierto' un chaval con barba grita a todo pulmón eso de "un día menos pa' reunirme con mi abuelo". Cuatro colegas se abrazan por los hombros y corean juntos 'Hijos de la ruina'. Un chaval rollizo con sudadera Gadafi Click rima la letra de 'Recuperando el tiempo' con precisión y concentración. Al levantar la cabeza ve que a dos metros un chaval flaquísimo, con gafas y camiseta sin mangas de Sons of Anarchy, rima con una precisión similar. Se miran. No se conocen pero se reconocen. Chocan las manos sin dejar de rapear y siguen a lo suyo. Se palpa el orgullo, la felicidad y el desahogo. Toda la sala vibra, tiembla y retumba.

Natos y Waor, los raperos madrileños que revientan las salas de Barcelona

Flashback a 1986

Llegan los bises y el caos. Teloneros, discjockeys y demás personal del concierto toman el escenario. Algunos, en brazos de otros. A Waor se le cae el micro. Natos se quita las gafas de sol. ¡Natos se quita las gafas de sol! Waor reparte botellines de agua entre el público de las primeras filas y se vacía una de ellas en su cabeza. De repente, ffffffooooooooomm, viajo en el tiempo hasta septiembre de 1986. Estoy en la Recta del Estadi de Montjuïc y, muy a lo lejos, El Último de la Fila. Manolo García reparte agua al público de las primeras filas y se vacía una botella sobre la cabeza. Lo recuerdo con la misma precisión con la que recuerdo que aquella noche decidí que molaría pasar de leer artículos de música a escribirlos yo mismo.

Vuelvo a Apolo. No puedo ni pretendo sintonizar tan intensamente con el repertorio de Natos y Waor como lo hace la gente de mi alrededor. Entre otras razones, porque estas canciones no están hechas para mí sino para ellos. Alguno está viviendo, quizá, la hora y cuarto más intensa de su corta vida. Aun así, yo lo estoy disfrutando muchísimo. De otra manera. No paro de recibir estímulos. Las ideas se me amontonan en la cabeza. Intento recordar cuántas veces sale la palabra parque en mis discos de juventud. Parque como espacio público en el que acumular y ubicar experiencias. En las de Natos y Waor hay muchos parques. Tomo notas a toda velocidad tecleando mi iPod Touch con UN DEDO, lo cual me sitúa en la liga de dinosaurios digitales. Cualquiera en esta sala teclea con DOS DEDOS.

Tomo notas a toda velocidad en mi iPod Touch con UN DEDO, lo cual me sitúa en la liga de dinosaurios digitales. Cualquiera aquí teclea con DOS DEDOS

Lo sé, no soy el cronista ideal para un concierto de Natos y Waor. Lo sé porque cada vez que cruzo la mirada con un chaval sus ojos me dicen: 'señor, le juro que no estoy haciendo nada malo'. Lo sé y pienso: ojalá alguno de estos chicos y chicas se animase a poner por escrito lo que ha visto y sentido hoy. Para que lo lean los que han ido al concierto y los que no. Miles de lectores están huérfanos de una nueva generación de cronistas.

Acaba el concierto al son de "Es como la cocaína". El rap da paso al maquineo. Toda la sala es una fiesta descocada. Para los padres quizá es ya demasiado. Estos raperos deberían estar en la cárcel, ¿no? Sí, pudriéndose al lado de Eric Clapton, el de 'Cocaine'. En el puesto de merchandising ya solo queda una sudadera a la venta. Se vendían a 30 euros. Solo se han vendido una decena de CDs. Costaban diez euros. Dos de los chavales que han comprado una copia física de 'Martes 13' lo desprecintan, excitados, nada más salir a la calle. Les pregunto qué edad tienen: 12 años.

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