el máximo que se paga a protagonistas en el teatro

Mario Vargas Llosa: 360 euros diarios por subirse al escenario y hacer de actor

El escritor ganador del premio Nobel ha cobrado casi 10.500 euros por protagonizar hasta el pasado domingo la versión escénica de su obra 'Los cuentos de la peste' en el Teatro Español

Foto: Mario Vargas Llosa y Aitana Sánchez-Gijón protagonizaron 'Los cuentos de la peste'.
Mario Vargas Llosa y Aitana Sánchez-Gijón protagonizaron 'Los cuentos de la peste'.

Ponga a un premio Nobel en su teatro y arrastrará al público. La rentabilidad estará (debería estar) garantizada. Eso debió pensar Natalio Grueso, el que fuera director de programación de los teatros municipales de Madrid. De su mano desembarcó Mario Vargas Llosa en la capital y lo hizo como un idilio a largo plazo que le está saliendo muy rentable al escritor. Grueso le dijo entonces que quería llevar todas sus obras a las tablas del Español y cumplió su palabra aun estando fuera de la gestión del teatro.

La Chunga, protagonizada por Aitana Sánchez-Gijón, Asier Etxeandía e Irene Escolar; Kathie y el hipopótamo, con Ana Belén, y El loco de los balcones, con José Sacristán, fueron las tres primeras propuestas. La diferencia llegó este año con Los cuentos de la peste. Vargas Llosa sumaba a su condición de dramaturgo la de actor sin serlo. Una carambola por la que ha terminado cobrando más que muchos actores protagonistas. El escritor ha ganado 360 euros al día durante los 29 que ha estado en cartel la obra (desde el 28 de enero hasta el 1 de marzo teniendo en cuenta que los lunes no hay función), es decir, 10.440 euros. 

Desde el Teatro Español aseguran que es el tope que se paga en este teatro a los actores protagonistas. Un máximo que, claro está, tiene un mínimo. El convenio de los actores estipula que el protagonista de una obra en temporada y que está en cartel más de 21 días en la misma plaza (es decir, en el mismo teatro) tiene que cobrar como mínimo 158,21 euros diarios. Quedarse en el convenio o llegar a este tope, explican, depende en primer lugar del contrato que acuerdan teatro y actor (o escritor en este caso) y de baremos como el número de protagonistas del montaje, el tipo de producción, la dificultad del papel y, por supuesto, el nombre del intérprete.

 

Iñaki Guevara, secretario general de la Unión de Actores, asegura que esta retribución no variaría en el caso de cualquier actor reputado. "No se puede censurar cuánto cobra. Es la ley del mercado, lo que pueda generar a quien pongas ahí", asegura. Y lo aclara ejemplificando con el fútbol: "No cobra igual Cristiano Ronaldo que un jugador de Segunda División". El convenio, prosigue, es el mínimo legal que debe cobrar el actor y que se aplica "al 90% de la profesión. Otra cosa son las estrellas y la gente mediática".

El problema, señala, no es un sueldo concreto, sino la falta de cualificación. El intrusismo profesional, algo que permite que cualquiera, sea un premio Nobel, un modelo o un adolescente de ojos verdes, se convierta en actor. "Esto pasa aquí porque no hay legislación. Son 48 millones de españoles y los que quieran venir de fuera tu competencia", insiste.

"Es una contradicción que deberíamos empezar a resolver o, al menos, iniciar el debate. Es complicado porque es un debate en torno al arte y al talento, pero sería necesario que esta profesión estuviera reconocida como un oficio. El problema son los límites", explica sobre algo que, garantiza, dentro del sector "duele". "También es importante la educación del público. Cuando las artes escénicas y visuales estén en la escuela, tendremos un público educado que podrá elegir", remacha.

'Es complicado porque es un debate en torno al arte y el talento, pero sería necesario que esta profesión estuviera reconocida como un oficio'

El dramaturgo y autor Juan Margallo explica que estas cuantías máximas que tienen los teatros públicos –él estuvo en enero en el Centro Dramático Nacional con ¡Chimpón! panfleto post mórtem y cobró el tope del teatro de 270 euros por función, cuenta– las puede cobrar cualquiera. "Lo hacen para arrastrar al público. Y si eres conocido, te dan el máximo. En este momento es fundamental no la obra, sino tener un rostro conocido. Si es de la televisión, mejor que mejor. Prima el resultado económico, no si el actor es bueno o malo o si la obra es buena o mala", dice.

"No cabe  duda de la calidad del premio Nobel, pero cuatro obras seguidas de él... me parece un poquito exagerado, cuando además siempre ha destacado por la novela", opina sobre la apuesta de Grueso.

De Nobel a novel

Para el novelista Mario Vargas Llosa, el teatro fue uno de esos retos queridos. Por eso, cuando Grueso le propuso llevar a escena sus textos se mostraba así de pletórico: "El teatro fue mi primer amor, siempre soñé con ser un buen dramaturgo". Con Los cuentos de la peste, su versión del Decamerón de Bocaccio, el salto iba más allá ya que el escritor iba a transmutarse en actor novel con todo el peso de una función sobre sus hombros. "Para un autor es una experiencia extraordinaria ser un actor, es decir, pasar a ser un personaje de ficción uno mismo", explica en el vídeo promocional de la obra.

'Los cuentos de la peste', de Mario Vargas Llosa
'Los cuentos de la peste', de Mario Vargas Llosa

Vargas Llosa ya había pisado los escenarios antes, también de la mano de su inseparable musa teatral Aitana Sánchez-Gijón y dirigido por Juan Ollé –con quienes comenzó este idilio escénico hace una década–, con las lecturas o narraciones dramatizadas La verdad de las mentiras (2005), Odiseo y Penélope (2006) y Las mil y una noches (2008), pero esta vez era un doble mortal.

"Escribir teatro siempre lo tuve presente, pero el hecho de llegar a las tablas ha sido muy impremeditado. Después de La verdad de las mentiras, Odiseo y Penélope y Las mil y una noches, este que voy a dar es el salto definitivo. Ya no son sólo dos personas, no sólo es una narración, es mucha actuación. Algo casi suicida", aseguraba en una entrevista a El País. Porque en esta obra no está el Nobel en escena. No debería estar. Durante dos largas (muy largas) horas, tenía que estar el duque Ugolino vencido en el suelo, loco y castigado por su amada Aminta, hedonista y poderoso. Demasiado personaje para alguien que no es actor y que convierte su papel en un lento y plano dibujo que sólo levantan las historias paralelas interpretadas por Marta Poveda y Óscar de la Fuente.

Además de contar con el tirón de público que supone tener a Vargas Llosa en las tablas de un teatro haciendo de actor, la puesta en escena de Sebastià Brossa también fue lo más llamativo de un montaje que levantó literalmente la platea del Español para convertirla en un jardín con una fuente central en la que se desarrollaba toda la acción y con las butacas dispuestas en círculo en los palcos y dos graderíos. Esta escenografía costó 60.000 euros al teatro y va a servir, explican, para cambiar la moqueta del patio de butacas tras las representaciones, que acabaron el domingo.

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