rodrigo garcía perseguido por 'accidens'

El teatro no puede matar a un bogavante, la televisión sí

El director hispanoargentino vuelve a estar señalado por la representación en Montpellier de una obra en la que se mata y cocina a un crustáceo que ya lleva años copando titulares

Foto: 'Accidens. Matar para comer', la performance de Rodrigo García
'Accidens. Matar para comer', la performance de Rodrigo García
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Ejercicio práctico. Vea el siguiente vídeo y responda: ¿Es censurable? ¿Polémico? ¿Incorrecto? ¿Irrespetuoso? ¿Le agrede?

 

Ha visto un resumen de Accidens. Matar para comer, una obra de teatro de Rodrigo García, probablemente nuestro mejor dramaturgo y director de teatro. Y, además de no ser profeta en su tierra, uno de los más censurados y tildado de polemista. Esta performance, estrenada en 2006 en Reus, fue de hecho prohibida por la Generalitat y sacada del ciclo Radicals del Teatre Lliure de Barcelona en 2007 y en Turín (Italia) la policía impidó su representación. Durante estos años se ha podido ver en escenarios de muchos países como España, Francia, Portugal e Italia. En Polonia, por ejemplo, propició la denuncia de una espectadora por "torturar un bovagante". 

La verdad es que nunca un crustáceo ha protagonizado tantos titulares y enfrentamientos entre los defensores de los animales, dolientes por matar una langosta en escena, y los del arte performativo que busca golpear la conciencia del espectador. ¿Por qué hablamos ahora de ello? Pues porque la obra vuelve este mes de abril a Francia, al Centro Dramático Nacional de Montpellier que dirige el hispanoargentino. Y, otra vez, se han encendido las alarmas sobre la conveniencia o no de matar, asar y comer un bogavante sobre el escenario de un teatro. ¿Es maltrato? ¿Es arte? ¿Tiene límites el espectáculo?

Una petición en Avaaz.org (similar a change.org) ha dispado las alarmas en el país vecino. "Este espectáculo es aún más impactante ya que tiene una fuerte carga simbólica: aceptar esta representación es aceptar que la tortura y la muerte de un animal en escena puede ser hecho en público con el fin de entretener", argumenta esta carta abierta que acaba pidiendo al Centro Dramático de la ciudad y a su alcalde que cancelen el espectáculo.

Protestas contra la obra del argentino rodrigo garcía 'golgota picnic'
Protestas contra la obra del argentino rodrigo garcía 'golgota picnic'

Rodrígo García ha respondido a este nuevo ataque contra su obra y, como en ella, lo ha hecho sin pelos en la lengua. Pero primero  (por si no hizo los deberes antes) habría que explicar que Accidens nace de un accidente de tráfico que sufrió el dramaturgo y el sentido último de esta acción teatral es una metáfora sobre la agonía y la muerte.

"He visto a lo largo de mi vida como demasiada gente moría en accidentes de tráfico en la carretera, pero ninguna ha sido peor que la hostia que me pegué con el Ford Scorpio el verano de 2003 lloviendo a mares. Me llama la atención la suerte que tuve. Seguro que aquellos desgraciados que he visto palmar merecían vivir un poco más que yo. Seguir afligidos por asuntos de trabajo, beber, engordar, tener una aventura y toda esa mierda. Hay que tener mucha imaginación pero no la tengo para temblar ante la idea de la muerte abriendo una lata de albóndigas en salsa en al cocina de casa", aparece en la pantalla mientras el actor se sirve una copa de vino antes de ponerse a degustar el bogavante.

"Al bicho no se le tortura, no se le hacen putadas", comentó García en 2007 tras la cancelación de la obra en Barcelona. Ahora ha sido mucho más contundente. "Sois rematadamente tontos", escribe en una carta en su web. "Hay más de 20.000 firmas en una petición que no dice más que falsedades. Os dejáis manipular por desconocidos: sois rematadamente tontos", les espeta.

'Os fastidia que nos expresemos libremente. Lleváis dentro a un dictador y no me dais pena'

"Ya no queremos descubrir nada, porque descubrir por nosotros mismo cansa, ensucia, agota. Ahora queremos que nos digan a qué debemos adherirnos y a qué debemos decir no. Y siempre igual: una firmita o un me gusta o un no me gusta. Lo dicho: que no nos lleve esfuerzo. No reflexionáis en soledad ("nadie tiene tiempo", jaja, me parto) acerca de las consecuencias de vuestra adhesión a ciertos movimientos que en el fondo pueden hasta ser un atentado contra la libertad de expresión. Como, por ejemplo, intentar prohibir una performance", prosigue criticando "la holgazanería de cobardes" de estos fenómenos virales.

Sobre el "tema del bogavante", explica que "el actor mata y cocina al bogavante tal y como se lo enseñó el chef del restaurante La Rula de la localidad de Lastres en Asturias, España. Y luego lo cocina a la plancha y se lo come. Quiero decir que si en el mundo mueren en las mesas de restaurantes (y en casas también, yo por ejemplo cocino y como en casa, que es la mitad de caro) vamos a suponer unos cien mil bogavantes por día, resulta que el único que lo hace para una causa poética es el nuestro (porque se pescan para comer, no los tiene la gente como animales de compañías en casa). Y eso, os molesta enormemente. Os fastidia que nos expresemos libremente. Lleváis dentro a un dictador y no me dais pena".

Y al hilo de sus palabras, le proponemos un segundo ejercicio práctico: mire este vídeo a partir del minuto 9.

¿Hay mucha diferencia entre cocinar un bogavante en escena que hacerlo en la televisión? Esa es la crítica que en el fondo lanza contra el espectador acomodado Rodrigo García. "Recordad que mi performance Accidens lleva un subtítulo: matar para comer. A vosotros, los animales os llegan ya muertos y hasta cocinados a la mesa. Escucháis del disco de la vida sólo la cara A".

Una crítica que, de hecho, está presente en toda su obra. La etiqueta de irreverente y provocador le lleva acompañando desde que llegó a España de Buenos Aires a mediados de los ochenta. Sus obras resultaban demasiado para ese país que se estaba desperezando de la dictadura. Crea su compañía La Carnicería Teatro y sus obras comienzan a verse en salas como la Pradillo o la Cuarta Pared, pero realmente su carrera despunta en Europa. De hecho, contadas son las ocasiones que sus obras se pueden ver en nuestro país.

Las polémicas, sin embargo, son las mismas en cualquier lugar porque García entiende el teatro de una manera contestaria e impúdica. Lo hace desde el título, como Conocer gente, comer mierda, Compré una pala en IKEA para cavar mi tumba, Prefiero que me quite el sueño Goya a que lo haga cualquier hijo de puta o Arrojad mis cenizas sobre Mickey, donde deja constancia de su pasado como publicista y su ruptura con el teatro tradicional. Pero lo hace especialmente  en la forma -directa, física y contundente- y en un fondo de denuncia social especialmente certero contra el consumismo y el adormecimiento de cultura de masas.

Protestas contra la obra del argentino rodrigo garcía 'golgota picnic'
Protestas contra la obra del argentino rodrigo garcía 'golgota picnic'

Accidens no ha sido la única obra que ha levantado ampollas. Su reinterpretación de la Última cena en Gólgota Picnic provocó una masiva manifestación de católicos conservadores y ultracatólicos en Argentina y en París en 2011 que acusaban la obra de blasfema. El verano pasado la bronca tocó en Varsovia, donde inicialmente se prohibió la obra pero después se levantó esa censura. Paradógicamente con esta obra volvió además a España, al Centro Dramático Nacional entonces bajo la dirección de Gerardo Vera.

"Contradigo mucho, todo lo que puedo. La obra tiene que ser, ante todo, contradicciones. La coherencia no es buena. Cambiar de opinión debería ser una aventura cotidiana. Mucha gente se enorgullece de tener ciertos valores y de conservarlos intactos. Yo los valores me los cuestiono a cada rato y eso es más violento, por lo visto, que algo obsceno o sucio en el escenario", aseguraba hace meses en una entrevista en Clarín. Una cita que da cuenta a la perfección de lo que es el teatro para Rodrigo García. No quiere emocionar -"la emoción lo jode todo", dice, porque anula la inteligencia- a un público que va al teatro como al centro comercial. A ninguno de hecho. Quiere conmocionarles para que piensen. Y lo mejor para ello es sacudirles, escupirles y gritarles en la cara. El bogavante o el pan de hamburguesa son sólo la excusa que no deja ver la cara B del disco.

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