La fotografía os hará libres
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exposición sobre el documental obrero

La fotografía os hará libres

El Reina Sofía explora la importancia de la fotografía documental de los años 70 y 80 en la lucha por la conquista de los derechos de la clase obrera

placeholder Foto: Uno de los documentos incluidos en la exposición 'Aún no', del Museo Reina Sofía.
Uno de los documentos incluidos en la exposición 'Aún no', del Museo Reina Sofía.

Antes de visitar la nueva exposición de fotografía del Museo Nacional Centro de Arte reina Sofía debe aclararse que no es una exposición de fotografía. Aún no. Sobre la reinvención del documental y la crítica de la modernidad es un recorrido ilustrado(cerce de 800 piezas, entre fotos, revistas, libros, carteles, películas, vídeos, instalaciones) sobre la importancia de la fotografía en la lucha por la conquista de los derechos de la clase obrera. Es la cara b de la historia de la foto, la que tiene a los desfavorecidos como protagonistas del relato, sus heridas, sus dolores, sus vidas y necesidades, la imagen en la que reconocerse en medio de un sistema que no les tiene en cuenta aunque les necesita. Les explota.

Jorge Ribalta es el comisario de la muestra, que supone la segunda experiencia en la fotografía documental que desarrolla en este museo. La primera, hace cuatro años, incidió en los orígenes de la misma, en los años veinte, ante la necesidad de dar testimonio del nuevo sujeto político de la democracia de masas. Las nuevas clases populares necesitaban cómplices que retrataran su lugar en el mundo y encontraron en la fotografía la herramienta de propaganda perfecta e imprescindible en la lucha de clases revolucionaria. El género documental creció como práctica colectiva y anónima, hecha para circular al margen de los circuitos artísticos y que cuestionaban la autoría burguesa. Arte al servicio del proletariado.

Lo que ocurrió cincuenta años después es lo que ha tratado de resumir ahora Ribalta. “La cultura documental revolucionaria quedó neutralizada por el aparato propagandístico de la Guerra Fría, que se consagró en el humanismo como el discurso dominante en la cultura fotográfica”, explica. La revista Life y la gran exposición The Family of Man, de 1955, en el MoMA de Nueya York, impusieron un “inconsciente paternalista y conciliador de fraternidad universal”, justificado naturalmente por el trauma de la guerra y la geopolítica derivada de la tensión entre los dos bloques.

La muestra toma dos artículos de referencia de la nueva práctica de la fotografía: Desmantelar el documental, reinventar la modernidad, escrito por Allan Sekula en 1978, y el de Martha Rosler, Dentro, alrededor y otras reflexiones (sobre la fotografía documental), de 1981. Ambos reclaman el regreso de la foto a su dimensión de práctica social, cuestionando, claro, la integración de la foto en el museo, dado que éste forma parte del discurso dominante. Sekula plantea una resistencia a la fotografía moderna y a los mecanismos de control de la imagen. La entendía como una forma artística híbrida, menor y “en cierto modo antiartística, indisociable de proyectos políticos de transformación social”.

Contra los humanistas

Pero además planteaba una lectura crítica del modo de representación victimista y paternalista de los desfavorecidos y las minorías sociales, “y que enmascaraba sus propias condiciones de producción y, en cierto modo, reproducía las desigualdades que denunciaba”. “Era necesario un nuevo “contrato documental”, en el que las relaciones entre sujeto y objeto de la representación fueran explicitadas y relativamente pactadas”, cuenta el comisario.

En el recorrido, la exposición no plantea el enfrentamiento directo entre las propuestas documentales obreras y las documentales humanistas, quizás habría sido interesante para comprobar la tensión entre ambas. Lo mismo con el fotoperiodismo de los diarios. Debemos imaginar cómo en aquellas fechas en las que emergía la reivindicación de la nueva fotografía obrera moría Walker Evans, fotógrafo comprometido con la dimensión social desde un discurso formalista y humanitario. No pasó de la bella estampa paternalista que retrata al obrero como una víctima necesitada de la caridad del Estado. Evans es una consecuencia de la despolitización del género documental.

Ya se pueden imaginar que este renacer documental politizado surge con las experiencias de mayo del 68, como una revolución urbana que pretendía acabar con la representación de la realidad impuesta desde los medios de comunicación tradicionales. Desde donde se construyen las identidades sociales bajo la referencia del beneficio empresarial. De ahí el título de la exposición: “Aún no”, porque el documental es una práctica incompleta hasta que no alcance sus objetivos, es decir, los derechos de la clase obrera y de los nuevos marginados por el neoliberalismo.

Fotografía de resistencia

Junto a Sekula y Rosler figura una fecha clave: 1979, ascenso de Margaret Thatcher al poder en Inglaterra. Con la llegada de la dama de hierro y de sus políticas, las propuestas de la fotografía en diferentes procesos sociales de empoderamiento y en espacios alternativos a los espacios artísticos institucionales dominantes se desmoronaron. Desde entonces y hasta nuestros días hemos visto cómo los recortes en inversión en cultura no han dejado de avanzar y dilapidar el tejido social autónomo, con participación estatal.

Por eso explica Ribalta que el marco documental creado por Sekula (fallecido en 2013) y Rosler sigue plenamente vigente, sobre todo, con los nuevos movimientos urbanos. De nuevo, el 15M como referencia del museo Reina Sofía. Paradójicamente, en cada una de sus exposiciones la institución trata de acercarse a la calle y a sus reivindicaciones, procurando involucrarse en estos movimientos, pero incapaz de dejar de ser lo que es en esencia, un centro legitimador del discurso oficial.

Lo mejor de la exposición de Ribalta es el foco en los márgenes, desde el Apartheid en Soweto a los Panteras negras, pasando por el movimiento contracultural neovanguardista de ocupación del Nieuwmarkt de Ámsterdam, donde se dató los orígenes de la ocupación como foco de actividad creativa frente a la destrucción especulativa y el empleo de la fuerza contra estas iniciativas. Son las historias de los perdedores y la manera en la que nos las han contado. ¿Cómo las vamos a seguir contando, dónde?

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