informan de una caída de ventas del 80%

La edición se aferra al Diccionario de papel

Los editores analizan cómo hacer rentable unas obras que han perdido el 70% de facturación en los últimos cinco años fagocitados por su versión digital

Foto: Detalle de la nueva versión del DRAE (RAE)
Detalle de la nueva versión del DRAE (RAE)

¿Fórmula agotada? ¿Cambio de modelo? ¿Nuevo paradigma? La dualidad papel-digital del mundo editorial y, en particular, de los diccionarios, cuando no la oposición de dos mundos que parecen hoy condenados a no entenderse, se puede resumir en estas tres preguntas. Fueron las que formularon ayer los editores, en la segunda jornada del simposio El futuro de los diccionarios en la era digital, organizado por la Real Academia Española.

Responder a un futuro que está aquí es más complicado, pero quedó claro que las versiones digitales de los diccionarios han fagocitado a las analógicas. Son las que se imponen, que hay que ofrecer algo más para competir con las fórmulas “nativas” y, sobre todo, que no dan dinero. ¿Y el papel? Mejor no me lo toque usted. Darío Villanueva, secretario de la RAE, volvió a señalar ayer a El Confidencial que el futuro pasa únicamente por “refundar el Diccionario”, porque de lo contrario se va a convertir en una obra “obsoleta” y con un único carácter “monumental”. Pero ¿cuál es la fórmula para hacer rentable los diccionarios online?

Las ventas de diccionarios y enciclopedias han caído un 70% en España desde 2008 a 2013, pasando de una facturación de 146 millones de euros a 45 millones

De momento, la Academia busca patrocinadores para el DRAE digital, que se lanza a principios del año que viene, para ganar dinero para sus mermadas arcas, manteniendo la gratuidad de los usuarios. Es "una fórmula elegante de rentabilizar las búsquedas". Y parece que la editorial del Diccionario en papel, Espasa, no se sumará a ella: "Espasa lo que hace es el papel y le aporta un negocio importante a la RAE, que es parte de su entramado económico. De momento, en la parte digital Espasa no está", dijo este diario Ana Rosa Semprún, directora editorial de Espasa.

Semprún defiende la supervivencia del papel mientras “la generación de nativos de la era Gutenberg siga presente. Eso va a hacer que el Diccionario siga existiendo impreso por largos años”, aunque sea como "artículo de lujo", matizó tras dejar claro que “el futuro del DRAE será digital”. Pero hay una evidencia que nadie puede negar: la pasada edición del DRAE vendió más de un millón de ejemplares y parece muy difícil repetir con la nueva versión de hace tres semanas. A pesar de ello, su editora se mostraba con esperanzas: “Ha salido hace nada y es número uno entre los libros más vendidos. Se están vendiendo varios millares de ejemplares por semana”.

El papel se muere

Sin embargo, la realidad de las obras lexicográficas impresas dice todo lo contrario. Miguel Barrero, director general de negocios digitales de Santillana, detalló ayer que las ventas de diccionarios y enciclopedias han caído un 70% en España desde 2008 a 2013, pasando de una facturación de 146 millones de euros a 45 millones. Pero hay más: el año pasado se vendieron 1,7 millones de ejemplares, lo que supone un 80% menos que hace cinco años, según los datos de la Federación de Gremios de Editores de España. A pesar de las cifras -que reflejan a la perfección la maltrecha situación del sector-, el negocio digital sólo supone el 14% del conjunto de la facturación.

Michael Proffit, Laurent Catach, Darío Villanueva, Ana Rosa Semprún y Miguel Barrero ayer en el simposio organizado por la RAE (RAE)
Michael Proffit, Laurent Catach, Darío Villanueva, Ana Rosa Semprún y Miguel Barrero ayer en el simposio organizado por la RAE (RAE)

Para Barrero la lexicografía “está padeciendo la tormenta perfecta del sector editorial” aquejados tanto por la crisis económica como por la conversión digital. “Sectores como el de la referencia y la consulta son los grandes damnificados. Es casi imposible encontrar una enciclopedia en papel y más aún, que se compre”, apuntó.

La conclusión parece clara. Los diccionarios en papel están muriendo y la alternativa digital no es rentable. Hay que estar ahí pero no se hace negocio. Y las alternativas pasan desde reivindicar la autoridad de instituciones como la RAE para imponer criterio en un mundo con sobreabundancia de información hasta generar nuevas alianzas con terceros y, sobre todo, interactividad y personalización.

Una conversión necesaria

“Hay que repensar el diccionario digital y olvidarse del papel”, afirmó ayer Laurent Catach, director de ediciones del diccionario francés Le Robert, a pesar de que “no garantiza la continuidad económica de las editoriales”. Abogó por su conversión en una “herramienta” y un necesario “cambio de mentalidad” hacia nuevos formatos, actualizaciones permanentes, interactividad y siempre mirando los hábitos de consumo de los usuarios.

Mientras la generación de nativos de la era Gutenberg siga presente el Diccionario existirá impreso por largos años

Dicho lo cual, señaló que “el diccionario digital funciona bien pero no garantiza un relevo y cierta rentabilidad económica a las editoriales”. La versión digital de su diccionario es de pago (representa el 14% de su facturación) y, explicó Catach,  “es muy complicado seguir manteniendo una oferta de pago de calidad mientras todos los compañeros han abandonado la partida. Todo es gratuito, incluso las grandes editoriales de enciclopedias han renunciado a cobrar en internet”. 

Barrero, por su parte, habla de un futuro alentador. No se sabe bien por dónde pero con oportunidad a la luz de datos como los 500 millones de consultas anuales del DRAE online. “Nunca ha habido tantas oportunidades para dar un servicio de lexicografía como ahora que nuestra vida transcurre pegada a la tecnología móvil”, añadió. Por eso, su receta pasa porque los diccionarios no se vendan como productos sino como “servicios”. “No podemos pensar en que tenemos una marca consolidada, lo que hay que hacer es dar valor añadido al usuario porque sus consultas buscan más la inmediatez y la facilidad de acceso que la autoridad que hay detrás. Hay que refrescar las marcas, hacerlas vivas e inteligentes”.

Un buen modelo al que mirar sería el Oxford English Dictionary (OED), el más importante en lengua inglesa y desde 2000 online con una fórmula freemium. Su director, Michael Proffitt, explicó ayer que este mes de noviembre se va a actualizar la obra en su versión digital con nuevas funcionalidades porque, en su opinión, “hay que customizar y hacer más accesible la información que se presenta”. Han optado por nuevas maneras de desplegar los datos incluyendo la opción de consultar en una búsqueda desde etimología histórica hasta citas referenciales (por ejemplo el uso de love en las obras de Shakespeare), imágenes e incluso infografías.

José Manuel Blecua en la presentación del nuevo Diccionario (RAE)
José Manuel Blecua en la presentación del nuevo Diccionario (RAE)

Una apuesta muy visual y, sobre todo, interactiva y que permite la casi total personalización de la búsqueda que para Villanueva es difícil de exportar al DRAE. A pesar de ser un modelo avanzado, "nosotros no podemos actuar como cualquier empresa", dijo.

Wikipedia, el mal a imitar (pero mejor)

Hablar de los diccionarios digitales es hablar de Wikipedia indudablemente. Los editores mencionaron esta enciclopedia colaborativa en varias ocasiones como el modelo al que hay que tender pero con su credibilidad: "Está bien denigrar a la Wikipedia por su dudosa fiabilidad pero no hay que olvidar que ha hecho cosas muy interesantes", aseguró Catach. Además de que ha superado a las grandes enciclopedias clásicas, la tendenica camina hacia un modelo similar en forma de gran diccionario online para todos y muy personalizable.

Semprún analizó que Wikipedia con su gratuidad, facilidad de uso, ubicuidad y "aparente fiabilidad para el usuario común" lo que ha hecho ha sido "desplazar a las grandes enciclopedas como la Larousse, la Británica o la Espasa. En internet se otorga la misma autoridad a las obras fiables y a las que pueden no serlo", dijo. Por eso puso sobre la mesa la necesidad de reivindicar la "autoridad" -"el DRAE debe imponer el peso de su prestigio"- como algo "imprescindible en la lexicografía" ante "un bombardeo de información en internet que otorga el mismo espacio al sabio que al ignorante". 

Es muy complicado seguir manteniendo una oferta de pago de calidad mientras todos los compañeros han abandonado la partida. Todo es gratuito, incluso las grandes editoriales de enciclopedias

Por su parte, Concha Maldonado, responsable de Lexicografía de la editorial SM, señaló a las alianzas como la manera de intentar hacer rentable el mundo online. "El problema es que lo digital no devuelve dinero", aseguró. La solución está en las alianzas como la que están probando con su diccionario Clave -lo colgaron en 2001 y les llegó a reportar 800.000 visitas al mes pero "lo dejamos perder"- con Linked Data.

"Tenemos que asumir nuestra invisibilidad. El concepto de nuestro trabajo es el diccionario invisible", agregó porque al usuario final no le importa quién le hace llegar la información sino resolver su duda en el momento y lugar que se produce. Por eso, concluyó, "aliándonos con terceros que nos hagan llegar al usuaro hay futuro y muy esperanzador porque está casi todo por hacer".

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