Un cómic recupera la mítica obra de velázquez

‘Las meninas’ salen del Prado

“Lo nuestro está lleno de mentiras”. Al otro lado contesta por escrito Santiago García (http://santiagogarciablog.blogspot.com.es/), desde Baltimore (EEUU). El autor de guiones de cómics como Beowulf,

Foto: Fragmento de una de las páginas de la obra de Santiago García y Javier Olivares. (Astiberri)
Fragmento de una de las páginas de la obra de Santiago García y Javier Olivares. (Astiberri)

“Lo nuestro está lleno de mentiras”. Al otro lado contesta por escrito Santiago García, desde Baltimore (EEUU). El autor de guiones de cómics como Beowulf, Fútbol, la novela gráfica, El fin del mundo o El vecino reflexiona sobre el día en que decidió liberarse del exceso de documentación para dejar volar su imaginación al recrear la historia de Las meninas. El resultado es una de las mentiras mejor contadas de uno de los cuadros más reproducidos en postal. Y la recrea con la complicidad del dibujante Javier Olivares, que escenifica la vida de Velázquez con el aparato gráfico marca de la casa: tan tenebrista como Ribera, tan expresivo como Picasso.

Tanto uno como otro insisten en lo mismo: esto no es ni una biografía ni un manual de historia, es una ficción una fábula que no duda en alterar lo que haga falta para encajar las piezas. Incluso un final de leyenda. Las meninas (Astiberri) traiciona todo lo que puede a la historia del arte para rendirle homenaje. Así, pasan por los ojos del cuadro a Dalí, Picasso, Goya o Equipo Crónica para escrutar cómo una obra de arte se convierte en una obra maestra. Básicamente: no muere nunca.

García y Olivares templan la brillantez del genio, para rebajar el mito y evitar una visión demasiado complaciente. El personaje como persona

“Santiago ha sido muy elusivo con los datos y lo historicista, sin fechas ni explicaciones”, resume Olivares, que reconoce que se han decantado por la opción elusiva. “Esta fórmula necesita un dibujo legible y veloz, sencillo en apariencia, que no se detiene en los detalles que tratan de convencer al lector de que lo que ve es real, puro siglo XVII. ¡Es un dibujo, ya sabe que no es real! Es un lastre heredado del cine”, cuenta.

El dibujante se ha apoyado en el telón negro que lo cubre todo durante el Barroco para esconder la brillantez del genio, para rebajar el mito y no entregarse a una visión demasiado complaciente. “Creo que hemos intentado hacer un retrato humano”, asegura el guionista. “Me parece que hay cuestiones sombrías en nuestro personaje. Velázquez no es precisamente alguien que se mueva por ideales nobles. Es una persona y, como tal, sus motivaciones me parecen humanas y justificadas”. El personaje hecho persona. 

El precio de la belleza

Santiago García se refiere a la parte más popular de la vida del pintor sevillano, esa que le dibuja como alguien con aspiración de desclasarse y llegar a la nobleza vía la Orden de Santiago. Desmitificar incluso al propio Rubens, que le abre los ojos cuando le explica que “la pintura es una industria”. “La industria del dinero. El dinero da nobleza. La nobleza convierte la industria en arte”.

Olivares explica que el deseo de trascendencia de Velázquez no se ha perdido, porque hoy se busca reconocimiento social

De hecho, el libro insiste en tratar de contar todo lo que ha dejado de contarse; los terrenos pantanosos que incumben al hombre y no al héroe, y que tanto menosprecia el relato historiográfico. El empeño en dejar los pinceles para llegar a los guantes. Velázquez y sus amantes, Velázquez y su poder en la corte, sus dudas, su ira, su orgullo. Allá donde el documento no alcanza, la ficción tiende puentes. Así es como Las meninas salen del Prado para colarse en las viñetas de la ilusión (sin olvidarse del humor del siglo XXI).

"Las meninas me parece un cuadro rarísimo. Y eso me gusta. Para ser una pintura que representa el canon de la pintura de nuestra tradición, es bastante heterodoxa”. García es licenciado en historia del arte y hasta que no entró en las aulas el cuadro le pareció “simplón”, para terminar descubriendo al poco “un pozo sin fondo” en él. “Las meninas es un espejo en el que nos vemos reflejados por dentro: es un enigma como cuadro y como construcción cultural”, por eso ambos eligieron hace casi seis años esta pintura, porque ningún otro lienzo tiene la potencia histórica de este. 

Olivares explica que el deseo de trascendencia de Velázquez no se ha perdido, “hoy lo que buscas es un reconocimiento social”. La lucha del artista por que le reconozcan su trabajo y ganarse la eternidad en vida.

Precisamente, en este trabajo el dibujante no ha mostrado sus maneras habituales: ni un picado o contrapicado, ni personajes que se retuercen sobre sí mismos, no hay efectos expresivos y dramáticos exagerados. Hay control y contención,  a la manera velazqueña. Con un punto de vista frontal y a ras de suelo, tal y como colocaba a sus personajes el propio pintor sevillano. “Bien plantados”. Altaneros. “Velázquez no era dibujante, era pintor. Su mundo es el de la mancha más que el de la línea, todo lo contrario a mí. Y a pesar de ello, Velázquez ya se ha metido en mi ADN. Ahora me salen personajes orgullosos”. 

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